Pues si, decidí hacerle una segunda parte.
VIRGEN A DOMICILIO
DOS AÑOS DESPUES
Ni que decir, los días se convirtieron en semanas, antes de darse cuenta pasaron a ser meses y terminaron siendo años; cada minuto desbordaba lujuria que la súcubo jamás creyó fuese capaz de protagonizar, ni de chiste su yo del pasado le creería al del presente. Los ojos esmeralda, antes delatadores de vergüenza, pasaban a ser lascivos con tan solo pensar en cierta castaña. Bueno, literalmente al ser lo que era, ella debía vivir por y para el sexo. Claro, cabía destacar que Natsuki Kuga era la demonio más absurda de la historia.
En la ciudad donde residían, dentro del último piso ubicado en un lujoso edificio, allá en la envidiable oficina de la rompe corazones número uno, se encontraba la heredera de esa empresa ridículamente millonaria: Shizuru Fujino.
Fastidiada, golpeteó con sus dedos sobre el enorme escritorio e hizo un esfuerzo titánico para evitar blanquear los ojos y no mostrar una mueca de disgusto. El hombre frente suyo dio grito tras grito en una secuencia que amenazó con sacarle canas a ambos, causaba que de a poco la paciencia de la mujer rozase el límite; no pedía ayuda a dios por obvias razones. Al caño el pacifico ambiente que tenía antes de que su padre despotricara hasta por los codos. Si, su padre. Hermosa familia…
-¿¡Cuando piensas dejar a esa cosa!?-. Vociferó con los ojos saltones, en definitiva las expresiones exageradas eran un rasgo que desafortunadamente se heredaba. Esperaba que ella no se viese tan loca cuando se exaltaba. Con elegancia, posó ambos codos sobre el escritorio y cruzó los dedos, dispuesta a defender lo técnicamente indefendible.
-¿Cosa?-. Alzó una ceja desafiante. A no, eso sí que no, con su súcubo no se iba a meter nadie. Antes se cambiaba el apellido que ceder ante su padre. –Natsuki no es una cosa-. El aire fue impregnado con sus palabras.
-¡ES UNA ABOMINACIÓN!-. Él patriarca levantó su mano, ignorando el hecho de que sobraba en esa oficina. -¡ABOMINACIÓN!-. Acusatorio apuntó con el dedo a su hija, quien no se inmuto en lo más mínimo. Si quería discutir, podría buscarse otra persona. -¡Y TÚ SALES CON ELLA!-. Tenía cosas mucho mejores en las cuales invertir su tiempo.
Entre sus comisuras fue formándose una sonrisa cargada de burla e ironía, brilló más por el descaro de no disimularle ni un poco. Además de pecadora era muchas cosas, pero hipócrita no figuraba en tal lista. –Saldré con quien me dé la gana-. Afirmó desvergonzada ante quien estuvo a nada de rezar por su hija. Mantuvo su sonrisa acompañada de ojos expectantes.
-¡SHIZURU FUJINO!-. Si algún empleado tuvo duda del nombre de su jefa, esta quedó disipada hasta para quienes estaban de vacaciones.
-Padre-. Inició un juego mortal de miradas, o bueno no mortífero pero sí bastante tenso. Porque cuando querían, ambos Fujino hacían gala de una legendaria perseverancia, o sí, ningún humano podía igualar la terquedad de padre e hija.
La victoria tomó lugar con Shizuru, suceso comprensible cuando el lugar de combate era donde ella reinaba. Su progenitor colocó una mirada de: Esto no ha terminado. Después maldijo a la peli-azul, con un fuerte deseo de que así como de la nada apareció en sus vidas también desapareciera mágicamente. Despotricando a diestra y siniestra, salió de la oficina azotando la puerta.
Una vez a solas la castaña dejo de censurarse; su sonrisa burlona pasó a ser lujuriosa y sin exagerar el volumen para que no le escuchase su secretaria, soltó algunos gemidos nada decentes. –Sigue así Natsuki-. Así es, debajo del escritorio la demonio, absolutamente gustosa, brindaba placer a su ama; estaba ahí desde antes que el Fujino mayor llegara y por detallitos del suegro no pensaba frenar sus labores. Mientras no se le viese pecando el pecado no contaba.
En esos dos años aprendió a usar la lengua de modos que Shizuru jamás creyó pudiese emplear ninguna mujer. Cuando cumplió con la tarea, alzó el rostro relamiéndose los labios, idolatró el delicioso sabor e incluso osó decir ese era su preferido. –Mi suegro sí que me odia-. Comentó con evidente burla. Le causó cierta gracia como le denominaron cosa y después abominación, dichas palabras pensando que solo era una cosplayer extremista. "Si supiesen la verdad, les da un paro cardiaco a mis suegritos" Lejos de molestarle la idea, bien pudo pasar por alto el asunto y organizar ella misma los funerales.
Salió de debajo del escritorio para poder acomodarse en las piernas de Shizuru. Los ropajes de la ocasión estuvieron conformados por decenas de pulseras, pantalón holgado con cadenas plateadas a ambos lados, finalizando con un chaleco negro que portaba abierto y sin nada debajo; así que la castaña podía acariciar fácilmente el cuerpo de la súcubo.
-Bueno, no eres lo que un padre querría para su hija-. Rieron ambas. –Pero-. Las mejillas de oji-verde adquirieron un color rojizo pues Fujino tomó su cola. –Aunque él no lo quiera-. Acarició lentamente lo que tenía entre dedos, satisfecha al escuchar bajos gemidos. –Aunque seas una demonio-. Metió la mano contraria debajo del chaleco y besó el terso cuello, deteniéndose un segundo en el collar que inició todo. –Eres mía, Nat-su-ki-. Besó, mordió y lamió los labios tan adictivos, convenciéndose una vez más de que Natsuki en efecto hubo de convertirse en droga y ella en drogadicta.
La intensidad del momento rápidamente avivó las hormonas de ambas, unas cuantas caricias serían insuficientes para calmarles.
Pero…
El aire vibró debido al gran estruendo que anunció azotaron la puerta por segunda vez consecutiva. -¡SHIZURU!-. Gritó furioso y confuso, en realidad había regresado para seguir el pleito pero la escena agregó carbón al incendió. Hizo rápidos cálculos llegando a la conclusión de que la manzana de la discordia no tuvo tiempo suficiente para llegar a la oficina de su pura e inocente hija (cof cof Shizuru "Cogidas locas") y por lo tanto debió estar ahí desde el principio. Por otra parte, Natsuki cayó al suelo cual costal de papas.
-¿¡Qué rayos!?-. Desde el piso Kuga gruñó, molesta por la violenta e injustificada interrupción; sus ojos, similares a llamas verdes, brillaron en afán de fulminarle, sus manos adquirieron garras en lugar de uñas e hicieron acto de presencia los colmillos que solo aparecían cuando enfurecía. Ella no fue consciente del hecho que completó una impactante apariencia satánica, solo ansiaba deshacerse del estorbo ahí parado.
Cual papel húmedo el Patriarca Fujino palideció. -¿¡QUÉÉÉÉÉÉ!?-. Sus facciones compusieron una indescriptible cara de terror y un escalofrío le recorrió desde las uñas hasta el cabello. Las ansías asesinas de la súcubo se apoderaron del ambiente; ¡Nadie interrumpía su momento feliz! Nadie que saliese sin un susto que le hiciese cagarse encima.
Shizuru vió toda la bulla, serena por fuera y hecha furia por dentro. ¡Inaceptable! Cuanta falta de respeto en su oficina, que escena más descabellada. ¡Nadie interrumpía su momento feliz!
-Natsuki-. Supo la otra actuaba guiada por sus demoniacos instintos, por lo cual no era consciente del casi casi infarto de su suegro. –Natsuki-. Aún tumbada en el suelo prometía pena, dolor y agonía inigualables. Shizuru suspiró, negó con la cabeza y dio otro suspiro. –Natsuki, te ordeno volver a tu estado normal-. Dicha la orden automáticamente Kuga paró de lanzar rayos y centellas visuales.
-Como ordene ama-. Cerró los ojos, al abrirlos estos recuperaron su usual apariencia, sus manos eran normales y los colmillos habían desaparecido. Sin embargo la mera imagen diaria seguía siendo intimidante para muchos, además de satánico para el padre de Shizuru.
La castaña le conocía muy bien por lo cual se adelantó a los hechos. –Nada de gruñidos Natsuki-. Sumisamente asintió con la cabeza, detalle demasiado contrastante a ojos de cualquiera. Antes casi escupía sangre cuando tenía que obedecer, lanzaba majaderías mentales cuando recibía órdenes en el inframundo, sucedió lo mismo los primeros días en la tierra pero tuvo que regular su altanería y rebeldía al lado de la oji-rubi. Ahora gustosa actuaba para complacer a la idolatrada Fujino.
-¿Pe… pero qué… -. Además del tremendo susto carente de comparaciones, al pálido hombre le cogió desprevenido la confusión. Primero encontrar a quien alucinaba en plena oficina, con ropajes que consideró desvergonzados e insultantes; segundo, ser testigo de una imagen alejada de la mano de dios; tercero, contemplar que su hija le dio órdenes a esa abominación.
También Shizuru experimentó ganas de ahorcar a su padre por ser un mata pasiones de la peor categoría, pero respiró hondo para ganar piscas de paciencia, consecutivamente abandonó su cómoda silla. Entre la mirada decidida y sus labios firmes compuso un semblante imponente. –Padre-. Algo de calor volvió al susodicho. –Es malo buscar respuestas que no te gustaran-. Con los dedos hizo una seña a Natsuki para que se levantase; esta relajó el ceño fruncido, joder, mantenerlo así mucho tiempo resultaba cansado; enrolló la cola en su abdomen, completamente despreocupada de que el hombre lo presenciara; acomodó el chaleco y caminó para posicionarse al lado de Shizuru.
-¿Qué rayos es esa abominación?-. Acusatorio e imprudente señalo a la demonio.
-Es de mala educación señalar, al igual que el entrar sin tocar antes-. Habló la acusada, usando una voz de catacumba a la cual añadió su mejor cara de: corre o muere. Dicho y hecho, quiso asustarlo lográndolo con creces. Dibujó una sonrisa demoniaca rebosante de satisfacción, pero optó por quedarse callada cuando la castaña le reprochó mediante la mirada. "No me arrepiento de nada" Observó silenciosa. "Viejo amargado, yo no te critico cada 2x3. Ni aguantas nada" Como método de relajación pensó en los hermosos gemidos de cierta oji-rubi.
-Yo que tú, no insultaría a quien te da miedo-. Punto para el inframundo.
Apresurado saco el teléfono, esté estuvo a punto de caérsele por que no paraban de temblarle los dedos. -¡Llamare al exorcista!-. "¿Por qué coño anuncia eso? ¿No sabe que así podemos evitarlo? Joder, los humanos son muy raros." Movió la cabeza de un lado a otro en señal de negación y fe en la humanidad perdida. Vio de reojo a su ama, quien compartía la sensación de desconcierto.
-Suficiente de tonterías-. Al parecer esa desfachatez si provocó la heredera se enojase. Obrar contra su demonio… La sola mención del señor causó dolores de cabeza a la menor, un exorcista sería una pesadilla andante para su súcubo. Por las manos de Fujino corría que ninguna religión molestase a Kuga. –Natsuki-. Esa expresión lo dijo todo.
Antes de que marcasen a cualquier número, que por cierto el del exorcista estaba en marcación rápida pero los nervios no le dejaron recordar el detalle, Natsuki tronó sus dedos.
Cayó desmayado.
-No recordara esto, ¿cierto?-. En lugar de levantar a su padre, primero besó pasionalmente a la manzana de la discordia. Prioridades, prioridades bien ordenadas de Shizuru Fujino.
-Nada-. Corroboró. –Repito, mi suegro me odia-. Le vio ahí tirado, con sonrisa burlesca y ojos victoriosos. Inframundo 2, Patriarca Fujino 0. –Pero en serio, es de mala educación no tocar antes-. Muy demonio, muy pecadora, pero modales son modales(?
EN CASA
Cual alma en pena deambulaba de un lado a otro. Tuvo que quedarse sola en casa debido a que Shizuru salió por cuestiones de trabajo; tal hecho tendría que sacarle canas por el estrés acumulado pero afortunadamente las canas ni de chiste arruinarían su hermosa cabellera. Bajó las escaleras víctima del aburrimiento, estar en la habitación sin su castaña le salía igual que estar en pleno desierto acompañada de cactus. Cada paso costó un horror. Detestó saber que un tic amenazó su ojo derecho, ya era suficiente con aquel estúpido temblor en su pierna izquierda. El silencio que reinaba definitivamente planeaba sacarle de quicio, un incómodo, persistente y total silencio; la falta de sonido confabulaba en su contra o ella estaba ya un poquito paranoica.
-¿Los demonios podemos tener paranoia?-. Se auto cuestiono confusa. -Que mierda, es cierto, soy la demonio más ridícula de la historia-. Genial, agregar paranoia a su lista de defectos alegraría a Midori…
-¡Joder!-. Si odiaba algo además de que le interrumpiesen su momento feliz, ese algo era quedarse sola en casa. Cada parte de su cuerpo gritó desesperado por extrañar el tacto de Shizuru. –Joder, joder, joder-. Maldijo guardándose para si el florido lenguaje infernal, tampoco ansiaba que se marchitasen las plantas del jardín o que sus vecinos se quedaran sordos ¿Luego cómo se lo explicaría a Shizuru?
Pero el persistente temblor le acosó sin descansó. Por motivos desconocidos ningún truco de su conocimiento remedió dicho problema. Malhumorada aceptó el cruel destino. –Tiene que ser broma-. Conforme avanzaron las manecillas resultó más tentador jalarse el cabello hasta quedar calva. -¡¿Cómo que siento síndrome de abstinencia!? ¡Si solo han pasado cuatro horas sin sexo!-. Golpe bajo de la vida. Primero una súcubo virginal para después ser una adicta al sexo. –Esto no me causa gracia…
-¡Maldita Midori!-. A ella le achacó la mayoría de las culpas y tragedias ocurridas durante esos dos años. Aún poseía el vivo recuerdo de la maliciosa sonrisa, una muy buena razón para culparle incluso de la pornografía censurada.
-Tu puedes Natsuki, tu puedes-. Recurrió a auto animarse mientras se mordía los labios. A ese ritmo corría el riesgo de violar a Shizuru cuando está entrase a casa. Alterada movía la cola, mejor dicho, le sacudía como si tuviese un ataque epiléptico. La desesperación llego a tal grado de incluso pensar en contactar con su madre para saber cómo manejar el asunto; le descartó igual de rápido que lo pensó. Su madre estaba loca y para hablarle debería carecer de cordura también.
-Antes vivías sin sexo Natsuki-. Iba enojándose consigo misma. –Debó dejar de hablar sola-. Aparte demente, no gracias.
Malhumorada soltó un par de gruñidos mientras intentaba ponerse de pie, las piernas te temblaban como gelatina y su equilibrio era de dudosa procedencia. -Joder, ¡Deja de moverte piso!-. Continuaba guardándole rencor a la superficie por ser fría, pero también seguía descalza. Tras algunos intentos logró pararse decentemente. Por otro lado, su cola aún parecía tener un ataque epiléptico. Volvió a pensar en llamar a su madre. "Claro, y que te lo recuerde el resto de tu vida Natsuki." -Bueno cerebro, ¿De qué lado estas?-. "Del mismo que te mantuvo virgen 19 años." -Ok de verdad debo estar aburrida-.
Mientras daba vueltas por la casa, pasó frente a un espejo, regresó sobre sus pasos y observó fijamente su reflejo. Sus suegros le alucinaban más desde que tenía dos piercings nuevos en la ceja derecha, además de tres hélix en la oreja izquierda, también había cambiado el de la lengua a petición de su ama. Sonrió burlonamente, el Fujino mayor se asustaba con ella sin imaginarse lo que había en el inframundo.
Posó la mirada sobre su collar, ridículamente le parecía reconfortante tenerlo puesto. "Aunque allá se burlarían de mi." Dejo de ver su reflejo y caminó a la cocina. Casi casi se le cayó su oscura alma al ver un sobre negro sobre la mesa.
-Que no sea de Midori, Midori no, quien sea menos ella-. Lentamente se fue acercando, como si aquella carta fuese a explotar en cualquier segundo. En el transcurso, su descontrolada cola le pego a un jarrón y lo tiró al suelo. -¿En serio?-. Era la cuarta vez que lo rompía, ¿o era la quinta?. -Le dije a Shizuru que ya no lo pusiéramos-. Volvió a poner atención en la mesa. Sudó aún cuando los demonios casi nunca sudaban. -Midori no, no, no. Quien sea, menos esa desgraciada hija de puta-. Con los ojos entrecerrados al fin tomó el sobre. Le sostenía con la punta de los dedos y tenía el impulso de quemarle, pero con su suerte terminaría quemando la cocina.
"Para: Natsuki Kuga."
No decía quien le enviaba, eso daba mala espina. Desconfiada, lo pensó dos veces. Quemarle no era opción, no obstante, podía meter el papel en el triturador del lavabo. "Claro, así jodes la tubería y cuando Shizuru llegue encuentra la cocina inundada. Perfecto Kuga." Negó con la cabeza.
Ni modo, total, ¿Qué era lo peor que podía pasar?
Cuando abrió el sobre olvidó por completo la abstinencia.
El sonido de la puerta abriéndose fue amortiguado por el de la lluvia. Ahí afuera el cielo se caía a pedazos. -Estúpido pronostico-. Una empapada castaña entró en la casa. Hizo una mueca de asco al ver que dejo huellas de lodo en la entrada. -Soleado, si, aja-. Se quitó la chaqueta. -Jamás aciertan, debería demandarlos-. Colocó las llaves en una mesa. De repente cayó en cuenta del silencio. -¡Ya llegue Natsuki!-. Ese silencio absoluto le puso la piel de gallina. -¿Natsuki?-. Comenzó a pensar en docenas de cosas catastróficas que podrían haberle pasado a la chica en su ausencia, su mala suerte no conocía límites.
-¡Natsuki!-. El cri cri de un grillo.
Alarmada, entró corriendo en la cocina. Ahí encontró a la súcubo hecha un ovillo en el suelo. -Natsuki-. Tenía los ojos abiertos pero no reaccionaba. Temió que los demonios pudiesen entrar en estado catatónico; ¿a quien rayos le iba a hablar si eso era posible? ¿¡Que hospital atendía súcubos!? Es más, ¿¡A algún otro le había pasado además de a Natsuki!?
-¡Contéstame!-. En medio de la histeria le dio una cachetada, no obtuvo resultados. Le pegó dos bofetadas más, le sacudió, le tiró un balde de agua encima y poco le faltó para usar gas pimienta.
Con una gota de sudor frío en su cuello, decidió jugarse su última carta. Se tragó la histeria y puso su voz más sexy. -Natsuki, quiero que me lo hagas-.
De inmediato la súcubo reaccionó, se levantó como un resorte y su cola se agitó de un lado a otro.
-¡Me habías asustado tonta!-. Abrazó a su demonio. Al carajo que las dos estuvieran empapadas, una cabreada y la otra desorientada. -¿Qué sucedió? ¿Qué tenías?-. Alcanzó a ver el jarrón roto. -¿Por quinta vez, en serio?-. En realidad le valía tres hectáreas de verga el jarrón así que lo pasó por alto. Era más importante saber que atormentaba a la menor. -¿Cancelaron otra de tus series en Nexflix?-. En aquella ocasión se había deprimido como ningún demonio podría hacerlo.
Kuga negó con la cabeza. -¿Entonces?-. Y como Fujino de verdad tenía ganas le metió una mano en el pantalón.
En respuesta, la peli-azul comenzó a besarle, pero más temprano que tarde su mirada terminó regresando al maldito sobre en la mesa. Por segunda ocasión, sintió palidecer y su libido desapareció. Paró el beso e intento hablar. -Es… es que-. Pero la castaña le besaba y lamía el cuello con la pasión que cinco horas de abstinencia podía provocarles. -Espera Shizuru…-. Le quitaron la playera como por obra de magia. -Tenemos un problema-. Era difícil concentrarse mientras acariciaban su cola y le mordían el hombro. -Me quieren en el inframundo-.
Listo, pasión asesinada. Shizuru palideció.
-¿¡QUÉ!?-.
20 MINUTOS DEPUÉS
-Entonces, tu madre reclama tu presencia allí abajo-. Un tic amenazaba con aparecer en su ojo debido al enojo.
-Bueno… técnicamente no esta abajo-. Una mirada de reproche le calló. Nunca había visto a la chica con ese humor de perros. Incluso el carácter de Midori parecía cosa de nada en comparación con la sed de sangre en los ojos carmines.
-Alguien fue de chismoso con ella-. Alterada se pasó una mano por el cabello. Dicha acción fue suculenta a los ojos de Natsuki y se debatió entre seguir el instinto de supervivencia o ponerse los ovarios e intentar conseguir sexo. -Le dijeron que ya no eres virgen, que estas viviendo conmigo y que eres mi novia-. Suspiró incrédula, al parecer metiches había en todos lados. -Y ahora te quiere de regreso en el inframundo para solo Lucifer saber que cochinadas-.
-Si lo dices así suena muy feo-. Intentó decirlo despreocupada aun cuando el nerviosismo le consumía. Su madre había sido muy explícita en esa carta hasta para una súcubo. Shizuru tenía buenos motivos para decirle cochinadas a esos planes.
-¡No dejare que te revuelques con nadie!-. Porque cualquier cosa sería una cochinada si no la hacia con ella. La terquedad Fujino hizo acto de presencia. -Me dijiste que serías mía hasta el momento en el que ya no quisiera que lo fueras-. La determinación de sus ojos opacaba todo lo demás. Ya mantenía a raya a sus propios padres, si su suegra decidía aparecer… ¡Que lo hiciera! ¿Guerra quería? Guerra iba a tener.
-Si yo no voy ahí, ella vendrá aquí Shizuru-. Bajó la mirada impotente. Era vergonzoso que su madre hiciera eso. En el fondo tenía miedo; quizá era una súcubo, la más extraña que existía, sin embargo, se había enamorado perdidamente de la castaña. Sonrió con tristeza. -Yo…-.
La mayor le tomó de la barbilla y le alzó el rostro. -Iras ahí Natsuki, pero iré contigo-. La mirada carmín transmitió seguridad a la esmeralda. -Resolveremos el problema y regresaremos aquí-. Le besó, mordiendo los demoniacos labios. -Eres mía Natsuki Kuga-. Su aliento rozó el oído de la susodicha.
La madre de Natsuki sería una súcubo, pero ni siquiera un demonio podía ganarle a una mujer enojada.
-El inframundo sabrá quién es Shizuru Fujino-.
HORAS DESPUÉS
Natsuki mantenía su cola enrollada en la cintura de Shizuru, le usaba para pegar más sus cuerpos mientras los dedos de la castaña le penetraban. No pudo evitarlo, encajó sus uñas en la espalda de la otra y los delgados hilos de sangre se mesclaron con sudor. A cambio le mordieron el labio causando sangrara, aun así, el beso solo subió su intensidad. Las marcas les importaban poco, Kuga podía desaparecerles con un tronar de dedos. Poco después, el orgasmo hizo gemir a la demonio. Lentamente, Shizuru sacó sus dedos.
-Oye Nat-. Estaba recostada en su pecho, disfrutaba del embriagante aroma de la oji-verde. Parsimoniosamente, deslizó los dedos por su terso abdomen, trazaba caminos invisibles donde había depositado decenas de besos.
-¿Sí?-. Su cola reposaba sobre la cintura de Fujino; le encantaba remarcar su territorio y con esa acción lo hacía a la perfección. Con su tranquilidad nadie creería que horas atrás estaba en un estado catatónico.
-Estuve pensando-. Quizá era su calma la que mantenía tranquila a Natsuki. -Quería saber si existe alguna manera con la cual sea imposible nos separen-. La menor se mordió los labios. -¿Existe?-. Bueno, de existir, existía…
No encontraba las palabras adecuadas. -Emmm bueno… veras…-. Shizuru sospechó que le daba vergüenza contestar.
-Te ordeno contestar mi pregunta-. A veces ordenarle era la única opción.
Suspiró. -Si, existe-. Sintió la mirada carmín sobre sí. -Bueno emm, hace unos días me comentaste como era una boda entre humanos-. Se acomodó mejor en la cama. -Hay algo parecido en el inframundo. Tú puedes evitar que otros demonios, incluida mi madre, me reclamen, si emm…-. Desvió el rostro, se había sonrojado.
-¿Si yo qué?-. El aliento de Shizuru en su cuello le provocó un cosquilleo en la entrepierna.
-Si te casas conmigo-. La mirada carmín brilló con determinación.
-Entonces, ¿es posible casarnos?-. Nunca se imaginó casada, ella era la rompecorazones número 1, pero si mediante el matrimonio aseguraba a su demonio, no era mala idea.
Natsuki apretó los dientes antes de hablar. -Si, es posible. Sin embargo, Shizuru, el matrimonio con un demonio afectaría directamente tu vida-. Por eso no le había mencionado dicha posibilidad. -Principalmente porque si te casas conmigo, estaríamos unidas de por vida. No el tiempo que dura la tuya, sino que… el tiempo que duré la mía-. En el fondo tenía miedo de que su ama no le quisiera lo suficiente como para eso.
-No le veo el problema-. Besó el cuello de la oji-verde. -Así pasaría mucho tiempo contigo-.
-No lo entiendes, mi vida será… muy larga-. Posó sus dedos en la espalda que minutos atrás arañó. El tacto con la piel de Shizuru le encendía las hormonas.
Quería poder tocar ese cuerpo cada día, cada minuto.
Pero no se sentía capaz de encadenarla a ella sin su consentimiento.
-¿Así? ¿Cuántos años vive un demonio?-.
-…
-Nat, ¿Cuántos años vivirás?-. Buscó la mirada esmeralda.
Kuga abrazó su cintura con fuerza y le miró a los ojos. -Soy inmortal-. La ronca respuesta ocasionó un placentero escalofrió. Una eternidad de placer sonaba bastante atractiva.
-Quiero hacerlo, quiero casarme contigo-. Volvió a morderse los labios.
-Me gusta la idea Shiz-. De hecho, le fascinaba. -Quisiera cumplir tu deseo-. Que también era el suyo. -Pero…-. De un momento a otro, la castaña pegó sus intimidades.
-¿Pero qué?-. Frotó lentamente, a la espera de un gemido.
-La forma en que se casan las súcubos es muy diferente a la manera humana-. Gimió tal como su ama deseaba. El picor en su entrepierna agradecía el contacto.
-Dime lo que tengo que hacer-. Lamió su cuello, subiendo hasta su oído. -Y lo haré-. Un sonrojo legendario apareció en el rostro de la súcubo. Pocas veces había sentido tanta vergüenza de decir algo. No obstante, las caricias de Shizuru le robaban la pena. -Dímelo Natsuki-. Mordió su lóbulo.
-Si quieres casarte conmigo, mi mamá debe consentirlo, y para ello… debemos hacerlo enfrente de ella-.
Shizuru sonrió desvergonzada. -Eso quiere decir que mañana regresaremos casadas-. A esas alturas, el exhibicionismo era el menor de sus pecados. Cosita de nada para tenerlo todo.
-Shiz…-. Más que una palabra fue un gemido.
-¿Quieres quedarte conmigo, Natsuki?-. Un poco más y llegaría a otro orgasmo.
-Eternamente-. La sonrisa de la castaña mostraba satisfacción.
Justo cuando culminaron su momento feliz, sonó el timbre de la casa.
-Pero que.. ¿Quién viene con el segundo diluvio ahí afuera?-. Alzó una ceja confundida.
La oji-verde rio nerviosamente. -Jejeje es que… pedí una pizza-.
-…
-¡Tenía hambre!-. Se paró de la cama para ir a recoger la comida. Estaba por salir de la habitación cuando...
-¡Mínimo ponte ropa Natsuki Kuga!-.
Una almohada le tiró al suelo.
AL DÍA SIGUIENTE
Estaban paradas en medio de la habitación. -Recuerda, debes mirar por donde caminas-. Después de dos horas de aclaraciones, solo quedaba viajar al inframundo. -Porque sí pisas la cola de algún pendejo o te acuestas con el/ella o termino en una pelea-. El brillo de sus ojos dejo claro que pasaría lo segundo. ¡Ningún depravado tocaría a su ama!
-Ok, debo evitar cualquier tipo de contacto con los susodichos-. Hizo notas mentales, supuestamente solo verían a la madre de Natsuki, no obstante, no estaban de mas las precauciones. La noche anterior apenas y pego ojo por quedarse pensando en todo el arguende de su suegra, pero su rostro estaba fresco como una lechuga. ¡Nadie le quitaría a su demonio!
Natsuki suspiró. -Si, los hijos de puta toman todo como insinuaciones sexuales-. Un escalofrío le recorrió al recordar malas experiencias, luego recordó la carta extremadamente explicita de su madre y le dieron ñañaras. Sacudió la cabeza. -Por último. Cuando nos teletransportemos, es posible que tú tardes un poco más en aparecer; por eso de que eres humana-. Enrolló su cola en su cintura, ocultándole bajo la ropa. -Pero yo estaré ahí esperándote, no te preocupes-.
Kuga vestía un pantalón militar negro, playera de tirantes gris oscuro, chaleco de cuero y sus usuales pulseras en ambos brazos. A la mayor le gustaba más cuando usaba el chaleco sin nada debajo, aun así, le encantaba la apariencia de la oji-verde.
Fujino llevaba un jeans ajustado, camisa roja y chaqueta negra. Su postura era relajada pero segura e imponente, como si dijera: Soy la reina, arrodíllate. Además, la determinación de su mirada le daba un toque seductor insuperable.
-¿Lista?-. Sacó su cola del escondite en su playera. Un poco nerviosa, tomó la mano de Shizuru.
-Lista-. Y con un tronar de dedos, desaparecieron.
El lugar estaba como le recordaba. Era un sitio amplio, con un techo demasiado alto para cualquier demonio; el aire era caliente y el suelo entibiaba los pies de los presentes. Hasta cierto punto fue reconfortante sentir el calor abrazando su piel. Sin embargo, la familiar melodía compuesta por gemidos le incomodaba igual que siempre.
Tal como había pensado, ella apareció primero. Terminó justo enfrente de un sofá negro.
-Hasta que te dignas a venir Natsuki-. Alzó el rostro, su madre estaba sentada en el sillón, en compañía de dos demonios con los cuales se había estado entreteniendo. Con una seña, les ordenó retirarse y así madre e hija quedaron a solas. -Ven, siéntate conmigo-. Kuga se quedó en su lugar. -Dije que te sientes conmigo-. Permaneció inmóvil.
-No me moveré aún, estoy esperando a alguien-.
Su madre rio burlonamente. -¿Tú?¿Esperar a alguien? Ni conmigo has tenido esa amabilidad-. Volvió a reír. La hija que recordaba era una rebelde que se pasaba por el arco del triunfo todas las ordenes y jamás consideraba a nadie. -Dime Natsuki-. Se acomodó mejor en el sofá. -¿A quien esperas?-. Nat detestó el sarcasmo en aquella mirada.
Apenas iba a responder cuando otra persona apareció. -A mí-. Los ojos carmín brillaron desafiantes.
-Pero si eres solo una humana-. Decía eso, no obstante, el giro de acontecimientos le parecía interesante. Sin molestarse en disimular, pasó la mirada por todo el cuerpo de la castaña. Inconscientemente dio un asentimiento de aprobación, le gustaba lo que veía.
-Es mi ama-. Aclaró la súcubo, sentía que querían robarle el mandado.
-Eso no quita su especie-. Para ella los humanos eran inferiores, solo una forma de entretenimiento, un buen polvo de vez en cuando. Hizo contacto visual con ella. -¿Quién eres?-.
-Soy Shizuru Fujino, la mujer de Natsuki Kuga-. Había sentido el desvergonzado escaneó y le valió pinga. No era la primera vez que le desnudaban con la vista y tampoco sería la última. -Y debo decirle que me la llevaré conmigo-. Aseguró con una autoridad desconocida por el hombre.
Otra carcajada resonó en el lugar. En seguida se percató de que Nat había heredado todos los rasgos físicos de su madre; solo que esta tenía cuernos tres veces más grandes. -Serás su ama, pero yo soy su madre-. Un sonrisa maliciosa marca: Soy tu peor pesadilla. -Y puedo romper ese contrato cuando yo quiera-. Shizuru permaneció tranquila, su demonio ya le había dicho eso. Posó una mano en su cadera y le sonrió de vuelta a su suegra.
-Hágalo si quiere. Igual me la llevare-. Abrazó a la oji-verde. -Es mía. Y no puede hacer nada para evitarlo Saeko-. Tuvo la osadía de decirle por su nombre. También tuvo los ovarios para besar pasionalmente a Natsuki ahí mismo. Saeko vio desconcertada todo el acto, jamás hubo visto que su hija besara a alguien.
La castaña ganó varios puntos con eso.
-¿Es un reto?-. Alzó una ceja, divertida. A decir verdad, Shizuru comenzaba a caerle bien.
-Yo solo juego para ganar-. Natsuki tuvo la prudencia de mantenerse callada. Interferir entre dos féminas era un suicidio. Bueno, si pudiera morir.
Saeko tronó sus dedos.
El collar de Natsuki se rompió.
La sonrisa de Shizuru solo creció.
-Ahora mi hija vuelve a pertenecerme-. Sonreía con el triunfo de quien no conocía lo que una mujer enamorada podía hacer. La terquedad y orgullo Fujino se le subió a la oji-rubi. Kuga deseaba que la tierra se la tragara. -Natsuki, ya tengo preparada tu habitación, ciertas demonios te esperan ahí adentro-. Saeko nunca había visto a una mujer enojada, no hasta que los ojos de Shizuru prácticamente se volvieron llamas.
-¡Pido la mano de Natsuki Kuga!-. Todos quedaron en silencio.
-¿Acaso sabes cómo nos casamos las súcubos?-. Dijo con cierta incredulidad.
-Lo sé-. Se quitó la chaqueta mientras que Kuga, alias el sonrojo viviente, se retiraba el chaleco.
Su suegra le miro con burla. -Mi hija se sonroja al oír la palabra "sexo"-. Nat no podía ponerse más roja. -Y quieres hacerme creer que pueden hacerlo frente a mi-. Ambas ya estaban en ropa interior-.
-No dude de mi poder-.
4 HORAS DESPUÉS
Shizuru y Natsuki continuaban en plena acción, era como si no tuvieran llenadora. Saeko les observaba con cara de póker face. Llego a dudar si la castaña en verdad era humana, a esas alturas, si le decían que Fujino era una súcubo, lo creía sin peros. Desprendían una lujuria que rebasaba al propio pecado.
-Pero que…-. ¿En serio esa era su hija?¿Aquella ex virginal? -¿Dónde carajos aprendieron esas posiciones?-. Estaba segura que la oji-verde no era la autora de dichos conocimientos, eso sumo más puntos para la de mirada escarlata.
Era sorprendente que Natsuki pudiera gemir así. Si hasta lo hacía sin penas ni recatos.
Fue ahí donde tuvo sentido que Midori enviara a la demonio con Shizuru. En 2 años la castaña logró lo que el inframundo no pudo en 19.
-¡ALTO!-. Un segundo más de esa escena pornográfica e incluso ella tendría pesadillas. -Shizuru Fujino, te reconozco como la esposa de mi hija-. Nadie más tenía tales dones sexuales. -Están oficialmente casadas-. Tronó los dedos y aparecieron dos anillos negros.
Quizá no fuesen muy bonitos, pero representaban un lazo irrompible. Ni Lucifer en persona podría separarlas a partir de ese momento.
-Y decían que mi lujuria no serviría de nada-.
-Llegaras lejos chica, muy lejos-.
Natsuki observó aterrada que su madre y su ahora esposa comenzaban a llevarse demasiado bien. El inframundo le cuidara si esas dos se hacían amigas.
Minutos después ambas estaban vestidas y con fuerzas renovadas. Tal vez llegando a casa continuarían donde se habían quedado. A la mayor le encantaba el anillo en su dedo.
-¿Segura que eres humana?-. Saeko le vio con los ojos entrecerrados.
Se encogió de hombros. -Tan humana como ustedes súcubos-.
-Es hora de irnos Shizuru-. No quería continuar retando a su suerte. -¡Adiós mamá!-. Tomó la mano de la castaña y justo cuando tronó los dedos…
-¡Las visitare en invierno!-.
-¿¡QUÉ!?-.
Regresaron a casa.
-Sabes, ya estamos casadas en el inframundo pero nos falta algo-. Con eso la confusión le llegó a la menor.
-Shizuru, acabo de hacerte inmortal. ¿Qué más puedo ofrecerte?-. Sabía que su esposa no tenía llenadera, pero no sabía que más podría darle, ya le pertenecía en todos los sentidos a Fujino. Además, le deba pánico pensar en la futura visita de su madre.
-Falta casarnos aquí-. Los arreglos legales no se harían solos.
-A mis suegros les dará un infarto-. Una boda humana era cosa de nada en comparación con una demoniaca; o eso pensaba una ingenua Natsuki, no sabía lo histérica que se pondría Shizuru con la organización del evento.
-Ellos no tienen que saberlo, mejor pedir perdón que pedir permiso-.
Total, ya estaban unidas eternamente.
FIN.
Ahora si el fin XD
