Waylon realmente quería ayudarlo.

Era muy difícil, sin embargo, más aún al estar en las mismas condiciones con el resto de los pacientes. Aunque bien sabía Waylon que había diferentes variaciones en cada caso, como en todo.

Personas con alucinaciones, con arranques de ira, con personalidad disociativa, con compulsiones, ansiedades, depresiones y miedos, entre otras muchas cosas. La lista de padecimientos era tan larga y diversa como lo era la cantidad de pacientes dentro de las instalaciones.

Waylon había conocido e incluso hablado con algunos de ellos. Ante sus ojos, pese a haber diferentes y muy diversos casos, y pese a que algunos eran muchos más complejos entre sí, al final del día todos entraban dentro de un mismo molde al ser pacientes y necesitar la máxima ayuda posible para poder sobrellevar aquella caótica etapa, la cual todos experimentaban en conjunto.

El sonido de los gritos por el pasillo lo había despertado aquella noche. Al levantarse de la cama y ajustar sus pantuflas, Waylon abrió lentamente la puerta para encontrarse con la prominente imagen de Eddie Gluskin siendo llevando a la fuerza por algunos cuantos guardias, mientras uno de los enfermeros se apresuraba a preparar una inyección de potentes tranquilizantes para calmarlo.

Eddie gritaba, moviendo sus piernas de manera frenética, provocando que uno de los guardias terminara por caerse sobre el suelo ante la fuerza y brusquedad de sus acciones. Eddie parecía completamente fuera de sí ahora.

Algunos otros pacientes salieron de sus habitaciones de igual manera, mostrando curiosidad, asombro y temor al notar la forma en la cual el hombre se retorcía, haciendo la tarea cada vez más difícil.

Waylon, por su parte, no sabía qué hacer en realidad. Había una punzada de tristeza y preocupación atravesando su cuerpo, mientras una de sus manos terminaba por aferrarse con firmeza sobre el marco de la puerta.

Tenía poco de conocer a Eddie. Tenían muy poco de empezar a mostrar su mutuo interés entre ambos, pero este hecho no restaba o impedía que Waylon sintiera una enorme opresión en el pecho, notando como la inyección cumplía su objetivo al observar a Eddie perder el conocimiento, siendo arrastrado a una habitación a final del pasillo.

La puerta se cerró y los tres guardias y dos enfermeros salieron, escuchándose a lo lejos el sonido de la puerta haciendo eco al cerrarse. Waylon nunca había visto algo así durante toda su estancia en el asilo. Esta era la primera vez en realidad que era testigo de algo como esto en toda su vida.

El resto de los pacientes volvieron a su habitación de la misma forma que Waylon cerró la puerta tras de sí. Dudaba mucho que pudiera dormir el resto de la noche, teniendo la imagen de Eddie gritando muy grabada en la cabeza.

Sus gritos no habían tenido mucho sentido, pero eran lo suficientemente fuertes para sentir el eco colarse sobre las paredes, dejando una sensación de energía ante el desborde de acciones ejecutadas.

Necesitaron de varios hombres para poder llevarlo. Eddie era demasiado fuerte, demasiado grande y demasiado pesado. Los ojos de Waylon vagaron sin un rumbo fijo por su pequeña habitación.

Las flores sobre la mesa aparecieron en su campo de visión en poco tiempo, notando como algunos pétalos marchitos empezaban a caer lentamente por los alrededores del florero. Era deprimente, pero también bastante llamativo de observar.

La pregunta constante de saber que había ocasionado esa reacción en Eddie no dejaba de aparecer en su cabeza. Los ojos de Eddie se habían visto vidriosos y fuera de sí. Parecía que no reconocía donde se encontraba y Waylon empezaba a creer que así lo era.

Jamás habían hablado de porque estaban ahí, ya que Waylon quería ver a Eddie más allá que eso. Ambos eran un par de personas con problemas, de eso estaba seguro, pero no quería ver a Eddie como un conjunto de trastornos únicamente.

Sonaba romántico y hasta incluso absurdo, pero para Waylon, Eddie era mucho más que solo un paciente del asilo, descubriendo con el pasar de los días su personalidad, sus gestos y su manera tan detallista de comportarse en su convivencia.

Después del beso, para Waylon había sido mucho más fácil entender la naturaleza de la situación que experimentaban ambos en ese momento. Ambos se gustaban, por extraño que eso pareciera en este momento de sus vidas, intentando sobrellevar esta extraña afinidad mutua de la mejor manera, pese a las diferentes situaciones que ocurrían día con día dentro de este ambiente tan controlado.

Ambos habían empezado a realizar actividades juntos, como el comer, el leer o estar en un mismo lugar en las horas recreativas, habían hablado de sus diferentes profesiones en otra ocasión, enterándose de primera mano que Eddie había sido un gran sastre y diseñador de vestidos de novia, revelando a su vez que sus actividades como programador en diferentes proyectos y compañías.

A Eddie le gustaba más los lugares tranquilos, pero por motivos de trabajo se había tenido que quedar en la ciudad, colocando un local con sus diferentes diseños cerca de una calle concurrida, a unas cuantas calles de un centro comercial.

En cuanto a su pasado, Eddie parecía no muy contento de querer revelar detalles al respecto. Waylon tampoco se sentía cómodo de cuestionarle, por lo que ambos prefirieron enfocarse en conocer detalles más relacionados a su presente o pasado no muy lejano, sin abundar mucho en lo que se refiere a temas como la familia o la niñez en todo caso.

Sus conversaciones casi siempre eran de acontecimientos actuales o de detalles banales, pero a Waylon le gustaba escuchar la forma tan entusiasta que tenía Eddie de contarle los diferentes aspectos de su profesión, siendo sumamente detallista es describir ante Waylon cada diseño, detalle y acabado de sus creaciones, lamentando en muchos casos el no poder mostrarle alguna fotografía de sus vestidos.

La especialidad de Eddie era todo lo relacionado con vestidos de novia y prendas formales. Había hecho varios modelos, sintiéndose especialmente orgulloso de ese talento casi natural.

Waylon se preguntaba cuanto tiempo había estado desarrollando sus habilidades, sobre todo por ser un fuerte contraste entre su apariencia, no pudiendo imaginar con una sonrisa en el rostro como sería el ver a Eddie ante una máquina de coser, elaborando detalladas prendas con sus propias manos.

Waylon nunca había sido una persona muy platicadora, por lo que escuchar a Eddie durante las tardes era una buena y amena forma de pasar el tiempo. La voz elocuente y formal era algo verdaderamente relajante de escuchar, perdiendo la noción del tiempo en muchas ocasiones, limitándose a asentir y a recargarse ligeramente en su hombro, deseando poder pasar el resto de su estancia de esa forma tan agradable.

Eddie se había disculpado en un par de ocasiones, creyendo que sus eternas conversaciones terminarían por aburrir a su interlocutor. Waylon, por el contrario, negaba con la cabeza, regalándole una enorme sonrisa antes de acerarse suavemente a su rostro, dejando un suave beso antes de volver a su posición original, sintiendo los brazos de Eddie rodearle protectoramente.

Había habido más besos y muchos más roces, sin poder evitar pensar en esto como un noviazgo de escuela nuevamente. Ambos se miraban en el almuerzo, en los recesos y en la hora de la comida, encontrando un escondite después de esto en donde ambos pudieran disfrutar de un poco de privacidad.

Eddie era habilidoso. Sus labios eran mucho más suaves de lo que imagino, encontrando camino en poco tiempo por sobre las caderas, cintura y espalda baja de Waylon, haciendo que el rubio terminara por soltar ligeros gemidos y sonidos entrecortados. Waylon jamás se había sentido en riesgo en ninguno de esos lapsos.

La calma que le transmitía Eddie al momento de hablar se había esfumado. La imagen de serenidad de sus tardes juntos había sido reemplazada por la imagen mental de Eddie al ser arrastrado, gritando cosas sin sentido, siendo su rostro el reflejo de su estado mental en ese instante, estando completamente contraída en un gesto que aún le era indescifrable.

Waylon había notado el temor en su mirada. Fue por una fracción de segundo, pero era demasiado intenso para poder olvidarlo del todo, sintiendo la impotencia llegarle al no saber qué hacer en una situación como esta.

En definitiva, Waylon no podría dormir bien esa noche. Eran demasiadas emociones experimentadas en tan corto lapso. Sabía que en parte se debería a su ansiedad, pero había una genuina preocupación creciente hacia Eddie que realmente no podía evitar experimentar. Había meditado durante mucho tiempo el cómo podría llamar a aquella extraña relación. ¿Sería corrector considerar a Eddie como un potencial novio? Waylon realmente no lo sabía.

La palabra le sonaba absurda e infantil. Había una connotación extraña en llamarse novio a si mismo al considerar sus edades por un momento. Waylon sentía que era un término que no alcanzaba a reflejar del todo la situación. Había cierta madurez en su relación, pero también había un creciente nerviosismo en sus acciones, siendo torpe al interactuar con Eddie, notando esa torpeza reflejarse en el momento en el que ambos se vieron después de tomarse las manos en la pequeña función de cine.

Había detalles y diferentes momentos que prefería no etiquetar. Sentía que el ambiente que los rodeaba no era el indicado como infundir aquella dudas entre ellos, sobre todo por pensar que su unión era algo que verdaderamente estaba beneficiando su estadía en el asilo, algo que permitía hacerlo dejar de pensar en tantas cosas, pudiendo limitarse a disfrutar únicamente del momento.

Waylon no quería pensar, porque pensar lo llevaría a cuestionarse que tan duradero seria para ambos esta extraña relación. Pensar en eso siempre le traía una muy marcada tristeza, sabiendo bien que sus días dentro de las instalaciones tenían incluso una fecha de expiración. Waylon no quería pensar en el día que tuviera que dejar el asilo nuevamente. ¿Acaso Eddie no podría salir en algún momento también? Jamás se había cuestionado aquello. La pregunta le resultaba muy amarga de formular.

El tiempo pasaba con bastante lentitud. Waylon incluso empezaba a creer que era como si se hubiera detenido repentinamente. Como lo supuso, intentar conciliar el sueño le era imposible en este momento. A unos cuantos pasos, a final del pasillo, la enorme y vulnerable figura de Eddie Gluskin se encontraba encerrada en una habitación especial.

La sola idea provocaba una reacción en su pecho, sintiendo una opresión cada vez más evidente. ¿Acaso se encontraría bien? El sedante que le aplicaron parecía ser realmente fuerte. En cuanto la inyección fue administrada, Eddie había caído al piso, siendo muy difícil para los hombres el poder sostenerlo debidamente.

Los ojos de Waylon se cristalizaban ante aquellas imágenes mentales. Todo parecía tan surrealista, preguntándose incluso por un momento si realmente se encontraba en ese lugar ahora, acostado en una oscura habitación en un asilo, empezando a cuestionarse por cómo se habían dado las cosas desde hace tiempo.

A veces se sorprendía a si mismo con esos pensamientos repentinos sobre la realidad, pero estaba seguro que era más a su estrés de ese momento que a su verdadera percepción del mundo, intentando aclarar sus ideas al levantarse súbitamente, dando grandes zancadas hasta llegar a la puerta.

Había duda en Waylon al momento de girar la perilla. La oscuridad del pasillo le pareció abismal, pero al girar lentamente por uno de los pasillos, la luz de la ventana lograba facilitar su tarea de caminar pausadamente por el recinto.

La luz que se filtraba apenas lograba iluminar parcialmente la puerta en donde Eddie se encontraba alojado. El corazón de Waylon latía aceleradamente, colocando la mano con duda sobre la perilla de la puerta por un momento. ¿Acaso Eddie continuaría en su estado de alteración? Quizás lo mejor sería no perturbar su descanso, pero el deseo de saber si todo se encontraba bien era bastante poderoso para poder ignorarlo.

Waylon contuvo la respiración mientras su mano empujaba lentamente la puerta, entrando en la habitación en completo silencio. Sus ojos se abrieron con sorpresa al encontrar la prominente figura de Eddie sentado al borde de la cama, con el rostro escondido entre las manos, levantando la vista al notar la extraña presencia que se aparecía en su cuarto a esa hora.

— ¿Cariño?... —

Los ojos de Waylon no perdían de vista la forma en la cual Eddie encorvaba su cuerpo, casi intentando desaparecer de su vista. Su voz sonaba afectada, realmente cansada y hasta incluso temerosa. Su cabello estaba completamente despeinado, haciendo el movimiento lento de intentar levantar su cuerpo, pese a parecer bastante complicado ante la sensación de entumecimiento posterior al efecto del calmante.

Waylon pensó que Eddie era un hombre sumamente fuerte, ya que pocas personas podrían despertarse tan rápido de algo como esto con tanta facilidad, más las secuelas de somnolencias eran todavía muy visibles en la forma en la cual sus ojos intentaba enfocar su rostro en la oscuridad, dando un par de pasos para que fuera más fácil para el mayor tener una nitidez de su presencia.

— Espero que realmente estés aquí, cariño, y que no seas un producto de muy muy perturbada imaginación... —

— Realmente estoy aquí, Eddie, quería venir a verte. —

Hubo un silencio después de aquel comentario. Los hombros de Eddie parecieron desplomarse, como si un peso de encima estuviera siendo retirado de su cuerpo en ese momento. Waylon se acercó con paso más firme hasta lograr acomodarse al lado de Eddie en la cama.

El cuerpo del mayor lucía rígido aun así, casi como si estuviera incomodo de tener que estar bajo su propia piel en esta clase de circunstancias. Waylon empezaba a creer que era una manera muy acertada de describir a Eddie en ese momento.

Había una manera tan particular en la que parecía rechazarse continuamente, como si le diera repulsión la idea de tener que convivir consigo mismo por el resto de sus días. Waylon lo comprendía un poco, pero no estaba consciente de que tan grande era la magnitud del problema de autorechazo que experimentaba Eddie día con día.

Siempre hay autorechazo en las personas, pensó, pero siempre es un estigma mucho más marcado dependiendo las situaciones experimentadas en el pasado. Algo había marcado a Eddie de esa forma. Algo en su pasado había dejado una marca permanente en Eddie y en su percepción.

Waylon se quedó pensativo por un prolongado momento. La respiración de Eddie parecía mucho más errática ahora, haciendo un esfuerzo por mantener cierta serenidad. Los ojos de Waylon se dirigieron en su dirección, notando como su semblante parecía relajarse un poco más. Había un brillo en su mirada, algo que había visto en los momentos anteriores en donde ambos convivieron y compartieron cosas de su día a día. Era una mirada amigable, un semblante mucho más suave al anterior, pero la persistente sensación de inestabilidad parecía rodear a Eddie todavía.

— Lamento mucho que hayas tenido que ver eso, cariño. —

— No tienes nada de qué preocuparte. —

— Tengo muchas cosas en que preocuparme, Waylon. Una de ellas es saber que viste una de mis decaídas en esta noche. —

Los ojos de Waylon estaban fijamente puestos en cada acción, movimiento o acción que Eddie hacía en este momento. Realmente quería decirle que todo estaba bien, que no había necesidad de preocuparse por eso, que todos tenemos malos días y malas noches a lo largo de una recuperación como esta, pero una parte de él sabía que debido al estado mental de Eddie, quizás lo mejor no era presionar esas ideas por el momento.

Los brazos de Waylon se levantaron en dirección contraria, en un movimiento sumamente lento y delicado. Se sentía como si estuviera acercándose a una fiera salvaje en ese momento, aunque una parte de él sabía que Eddie sería completamente incapaz de poder hacerle daño de alguna forma.

La cabeza de Waylon terminó por recargarse suavemente sobre el hombro ajeno. Eddie se sobresaltó, más su respiración se volvió acompasada luego de un momento. Una de las enormes manos vagaba por sobre su antebrazo. Se sentía realmente cálido el tacto sobre su piel.

Waylon siempre había pensado que las manos de Eddie eran especialmente cálidas al acariciarlo o tomarlo de la mano. A veces se sentía indigno de tantas atenciones delicadas. A veces sentía que no hacia lo suficiente para corresponder a todo ese cariño demostrado.

— Nunca voy a salir de aquí — mencionó la voz de Eddie, con apenas un hilo de voz.

Waylon parpadeo un par de veces ante el comentario. Fue completamente inesperado, tomándolo bastante desprevenido, sin saber muy bien como poder contrarrestar una declaración así. Se estaba acostumbrando demasiado a tener a Eddie cerca como para pensar en ello. Waylon sabía que su duración en aquellas instalaciones no sería algo demasiado prolongado. Era cuestión de meses, pensó, dependiendo de su recuperación y de la manera en que sus terapeutas le notaran con el transcurso de las terapias.

Le era muy difícil imaginar que una persona como Eddie pudiera tener tantos problemas que lo privaran completamente de su libertad. Sus manos siempre eran tan cálidas... ¿acaso esas manos podrían llegar a dañar?

Waylon cerró fuertemente los ojos, reteniendo las lágrimas lo mejor posible mientras su cuerpo se inclinaba con mayor firmeza, logrando colocar de manera descuidada sus brazos en torno al torso contrario.

Eddie era grande, era un hombre de hombros anchos, de espalda grande, con brazos prominentes y bastante marcados, pero por ahora, a Waylon le parecía que se encontraba consolando a un niño en la oscuridad, sonriendo ante el ligero temblor del mayor ante su roce, quien acomodó su cabeza lo mejor posible sobre el hombro de Waylon.

La respiración de Eddie fue mucho más acompasada ante aquella interacción. Sus manos continuaron su curso, empezando a estrechar con firmeza uno de los brazos de Waylon, jalando un poco su cuerpo hasta que ambos estuvieron mucho más cerca el uno del otro.

El cuerpo de Eddie se giró, logrando acomodar su rostro a manera de esconderse sobre el delgado pecho de Waylon. Los ojos de Waylon continuaron cerrados. Su cabeza ahora estaba recargada sobre la cabeza contraria.

Había una marcada sensación de opresión en su pecho, creyendo que si soltaba a Eddie por un momento era un sinónimo de que lo dejaría ir para siempre, de que lo perdería durante esa misma noche.

La respiración de Eddie parecía un tanto más errática y marcada, colando sus manos por sobre la delgada espalda hasta apretar las prendas de Waylon de manera desesperada. Eddie tampoco lo quería dejar ir. Eddie tampoco quería que esa sensación de calidez se acabara tan repentinamente como comenzó.

Waylon había evitado pensar en un posible adiós. La sensación era abrumadora ahora, pero estaba seguro de no quererle poner fin aunque su estancia en el asilo acabara. No estaba dentro de sus planes el dejar a Eddie así. Había muchas cosas que quería conocer de él todavía.

— Entonces aquí estaré. —

Waylon no sabía muy bien a que se refería con aquella frase. Realmente no lo sabía y realmente desconocía que tantas cosas pudieran pasar entre ellos con el pasar del tiempo a partir de ese punto.

Lo único que sabía era que la sensación de las manos de Eddie se volvía cada vez más apretada, sin llegar a ser realmente incomoda, y que la sensación de tener a Eddie acomodado entre sus brazos era una sensación agradable. Demasiado agradable si se permitía agregar.


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