"El tiempo pasa, los recuerdos se desvanecen,
los sentimientos cambian, la gente se va,
pero el corazón nunca olvida los buenos momentos"

Desconocido

¿La reencarnación es un mito? ¿Algún tipo de invención creada por alguien que realmente no quería aceptar que la muerte era el final de todo ser vivo? ¿Es eso?

Ningún libro sacio las dudas que existían en él por aquel tema, ni siquiera los más extensos libros de pasta dura que encontró en las diferentes ciudades que visito, ninguno de ellos fue de ayuda.

Con un enorme libro en las manos camino hasta una mesa cercana, acomodándose las gafas tomo asiento en una de las sillas.

— ¿Estás seguro de que es el que buscas?— fue la pregunta de la encargada de la biblioteca, el dueño de los anteojos no respondió, se vio sumido en las pequeñas letras que habían en las ya viejas hojas que pasaba con lentitud.

La mujer prefirió no decir nada, se alejo hasta escuchar un pequeño estruendo justo cuando se dio la vuelta.

Era el sonido de libros cayendo.

— ¿Q-Qué? — emitió la mayor.

Unos largos ríos de lágrimas corrieron por sus mejillas, con la mirada puesta de frente sin mirar hacia otro lado, sin mostrar señala alguna de tristeza aquella agua salada corría hasta su mentón.

No emitió palabra o sollozo alguno, se quedo completamente estático.

En sus oídos solo había un sonido y no era el de la voz de aquella mujer que le preguntaba una y otra vez que le ocurría.

No, no era más que el sonido de... un llanto de bebé.

Felicidades... es un niño

Trago saliva.

¿Cómo piensan llamarlo?

Su respiración se detuvo.

Su nombre será...

Cerró los ojos por un momento.

Viktor.

Soltó aquel aire retenido en sus pulmones, abrió los ojos y no hizo movimiento alguno, una diminuta sonrisa se dibujo en sus labios, había esperado tanto por ese momento.

—Bienvenido. — emitió Katsuki Yuuri, un chico de 8 años, destinado a ser uno de los mejores en patinaje artístico.

Ese día, con un clima invernal como siempre, la familia Nikiforov dio la bienvenido a Viktor... un pequeño de solo 3 kilogramos, ojos azules y cabellos platinado.

— ¡Esta sonriendo! — emitió el padre del recién nacido.

— ¡Debe estar feliz de estar en casa! — comento la madre orgullosa.

El camino del pequeño Viktor, apenas comenzaba ese día.

[...]

La hermosa pista de hielo delante de sus ojos nunca lució tan bella, apenas y se adentro al lugar se calzo un par de patines y fue directo ahí, sin resbalarse o algo, consiguió el equilibrio perfecto.

— ¡Abuelito, mira!— llamo al hombre mayor que ahora se adentraba con calma al lugar.

—Eso está muy bien, Vitya— comento el anciano sentándose en uno de los muchos asientos que había a su alrededor, suspiro un poco cansado.

El peli plateado de 8 años se deslizo juguetonamente por el hielo, sentía que ya había estado ahí antes, la sensación del frío calarle los huesos era bastante conocida para él, no porque vivieran en Rusia lugar donde nevaba todos los días y no podías pasar un día sin traer suéter.

Se deslizo de un lado hacía otro, incluso atrajo la mirada de una de las niñas del pequeño grupo que había ahí o más bien la atención de dos de ellos, desde la fémina de cabellos rojos hasta un chico de cabello negro.

— ¡Eres sorprendente! — alago la chica con una enorme sonrisa dibujada en el rostro. — ¿Habías patinado alguna otra vez? —

Viktor negó, ganando así una mirada un tanto sorprendida por parte de los dos niños.

—Es la primera vez que mi abuelo me trae a la pista— comento mientras daba una mirada al mencionada quien ahora hablaba por teléfono, lucía bastante concentrado en la llamada pero eso cambio cuando una sonrisa se dibujo en el rostro del mayor.

Viktor sonrió por ello.

— ¡Vitya ven! — llamo su abuelo con emoción.

El mencionado sin dudarlo fue directamente a donde estaba el hombre de cabellos grises y bigote.

— ¿Qué pasa, abuelo? — pregunto emocionado y a la vez preocupado.

Su abuelo no hizo más que posar su mano en los largos cabellos del menor y así lo acarició u poco.

—Pronto tendrás a alguien con quien jugar.

Viktor parpadeo confundido, le tomo unos segundos entender porque, la felicidad que sintió no cabía en la sonrisa que se dibujo en su rostro y el brillante de sus ojos cuando la simple idea de que muy pronto alguien nuevo llegaría a su vida.

Se abrazo del hombre mayor con esa resplandeciente sonrisa en el rostro.

[...]

Lo meció con sumo cuidado en sus brazos, Viktor de aun 8 años, lucía encantado con el infante que ahora cargaba.

—Yuri, Yuri, Yuri~— lo llamo repetidas veces, estaba más que feliz con el simple hecho de tener al pequeño rubiecito en sus brazos.

—¿Está dormido, Vitya? — pregunto el mayor adentrándose a la pequeña habitación que Viktor compartía con el pequeño.

Viktor negó y volvió la vista al pequeño de dos meses, no lucía cansado, era todo lo contrario, estaba más despierto que nunca, miraba cada cosa que pasaba delante de él y jalaba el cabello de Viktor en cuanto podía.

Justo como lo hacía ahora.

—E-Eso duele, Yuri— emitió el aludido, sus palabras siendo acompañadas por un quejido cuando el rubiecito le jalo el cabello varias veces, parecía preferir eso que la sonaja que se había esforzado en comprarle.

Bueno... si eso le mantenía entretenido, no podía negárselo.

Consiguió que el bebé conciliara el sueño después de una larga sesión de su cabello siendo halado por este, tomo esto como una oportunidad perfecta para ir a la pista, claro con el permiso de su abuelo. Lo consiguió fácilmente, este le daba un poco más de libertad dado que Viktor tomaba la responsabilidad de cuidar a Yuri siempre que regresaba de la escuela, bien merecido se tenía los pequeños permisos que le daban para ir a patinar.

Una vez que llego fue interceptado por Mila, la pelirroja que había conocido a los 8 años.

—¡Tienes que conocerlo, Viktor! — exclamo Mila llevándolo hasta los vestuarios en donde Georgi, el otro chico que había conocido se encontraba leyendo una revista.

Mila coloco a Viktor delante de la televisión, en donde estaban pasando aquel programa de patinaje que había comenzado desde la mañana, parpadeo un tanto confundido no sabía que tenía que ver ya conocía a los que participaban.

Al menos eso creyó hasta que él pasó frente a sus ojos.

De nacionalidad nipona, cabello negro y figura esbelta, ese chico se mostro en la pantalla, haciendo una coreografía tan perfecta que no pudo retirar los ojos de cada movimiento que hizo.

Con los labios entreabiertos y sin parpadear, Viktor no se percato de que había sido completamente fascinado por... Yuuri Katsuki.

—Es de los más jóvenes en entrar a la Grand Prix, ¡tiene solo 16 años! — exclamo Mila con tal emoción que abrió tanto los brazos al punto de golpear a Georgi con estos.

Viktor la escucho atentamente, cada cosa que dijo de Yuuri Katsuki se quedo grabada en su memoria, no sabía porque o mejor dicho no lo entendía pero por alguna razón quería saber más de este, mucho más.

—Yuuri Katsuki...— murmuro, enseguida recordando a su pequeño hermanito, solo por el nombre.

[...]

—Hm~— tarareaba mientras intentaba imitar los mismo movimientos de la coreografía que había grabado de Yuuri Katsuki en la Grand Prix del año pasado, donde lucía como otras mucha veces había descrito, "espectacular".

— ¡Vity! — le llamo el infante ya de 4 desde su pequeño cunero el cual tendría que dejar dentro de poco.

El mencionado dejo aquellos pasos para dirigirse al pequeño y sacarlo de aquel "feo" lugar. Era sorprendente que aun a su edad lo utilizara pero era necesario, después de lo que había vivido hace un año.

— ¿Qué pasa, Yuri~? ¿Quieres aprender los mismos pasos que Yuuri Katsuki hace? — pregunto sin dejar de cargarlo y por supuesto sin dejar de sonreír.

El pequeño de cabello rubio miro detenidamente la pantalla antes de señalar al azabache.

—Cerdo— susurro.

— ¡Ah! Él no es un cerdo, Yuri— espeto Viktor fingiendo indignación.

Yuri lo miro un par de segundos antes de abrazarlo.

—Lo siento— ofreció esa pequeña disculpa con una vocecita tan suave y baja que el peli plateado tuvo que soportar el no derretirse por ello, su pequeño "hermanito" era tan lindo a veces.

Viktor no dijo nada solo acaricio suavemente la espalda del pequeño de 4 años, lo aceptaba, no podía enojarse con el rubiecito, claro que no podía hacerlo. Lo siguió abrazando hasta que este inconscientemente se quedo dormido en sus brazos, Viktor no hizo más que recostarlo y cubrirlo con aquella sabana de estampado de leones que tenía, no lo entendía pero Yuri tenía una afición enorme por los felinos grandes.

Casi se podía comparar con la afición que este tenía por Yuuri Katsuki.

Salió de la habitación sin emitir mucho ruido, ahí se encontró con el hombre mayor quien estaba dormitando en el sofá de la sala.

—Abuelo, ve a la cama— dijo moviendo un poco al mayor, este no tardo n despertarse.

—A-Ah, Vitya— comento el anciano saliendo lentamente de su ensoñación. — ¿Yuratchka se quedo dormido? —

Viktor asintió a la pregunta.

—No despertara en toda la noche— comento ahora emprendiendo camino hacia la cocina.

El hombre mayor lo observo ir hasta ahí, quiso hablar pero no sabía si ese era el momento indicado para hacerlo, pero... ya habían pasado 12 años desde aquello.

—¿Te sientes bien estando aquí, Vitya?

La pregunta confundió un poco al de cabellos plata, incluso miro con confusión a su abuelo y por supuesto con sorpresa, después de ver la expresión de este, supo perfectamente a que se refería.

—Abuelo— lo llamo con calma. —No hay otro lugar en donde quisiera estar, aquí estas tú y Yuri, ustedes son mi familia—

Nikolai lo observo sin emitir palabra, poso suavemente una mano sobre la cabeza del menor y alboroto esos largos mechones plateados.

—Deberías pensar en cortarte el pelo— comento entre las muestras de cariño un tanto rudas que este le daba al contrario.

—A Yuri aun le gusta jalarlo si lo corto seguro llorara— respondió riendo conforme sus palabras salían.

Reír era lo único que el mayor deseaba para sus dos pequeños, esos pequeños que habían perdido a sus padres, Viktor por aquel conductor despistado que no vio el automóvil donde viajaban sus padres y Yuratchka por una enfermedad que acabo lentamente con ambos.

Esos dos lo único que merecían ahora, era vivir en paz, rodeados de todo el cariño que el solo podía brindarles.

[...]

No podía ocultar su emoción, estaba a segundos de presenciar en vivo la actuación de su ídolo, de su musa, de su todo prácticamente de la persona por la que había tomado el patinaje más en serio. Camino por el largo pasillo del auditorio, entregando los dos boletos tanto el de Yuri como el de él.

—Vitya tengo que ir al baño— aviso Yuri ya no tan menor, tenía 8 años y ahora pronunciaba mejor el nombre de su "hermano" mayor.

Viktor se detuvo.

—Muy bien, vamos rápido porque el programa corto va a comenzar pronto— dicho esto no lo pensó dos veces y cargo al niño en sus brazos, llevándolo directamente al baño más cercano, no entro con él, Yuri no se lo permitió, ya había llegado a la edad en la que él podía hacer muchas cosas solo.

Acepto y se limito a esperar afuera.

Mientras se dejaba llevar por sus muchos pensamientos, todos y cada uno de estos tenía que ver con el patinador que había venido a ver, iba a decir su nombre en voz alta pero alguien se le adelanto.

—¡Yuuri Katsuki! — emitieron múltiples voces chillonas, estas se acercaron y más, eran un tipo de manada que rodeaba a alguien.

Viktor con su corta estatura y parado de puntillas hizo el intento por alcanzar a ver de quien se trataba, pero ni tuvo que seguir esforzándose cuando volvieron a gritar el nombre de él.

—¡¿Y-YUURI KATSUKI?! — exclamo y solo eso fue suficiente, se propuso a entrar en esa multitud y conseguir al menos una foto del nipón, haría hasta lo imposible por esta.

Comenzó empujando a varias señoritas que impidieron su paso, no llego ni a la mitad, tomo otro pequeño atajo y nada tampoco, comenzaba a frustrarse.

Arremango las mangas de su abrigo y con la velocidad y fuerza suficiente entro ahí, para su sorpresa el grupito se disperso luego de que aquella persona lo pidiera dado que quería entrar al baño.

Sin necesidad de verlo dos veces, Viktor termino chocando de lleno con el azabache, lo arrastro incluso hasta la pared que había cerca de ambos, inclusive le saco el aire por completo.

—O-Oí, ¿Qué demonios te pa...?— la interrogante de Katsuki quedo incompleta, una vez que vio esos largos mechones plateados y ojos de color azul.

"Viktor..."

Viktor le tomo algo de tiempo reincorporarse y darse cuenta de que estaba haciendo el peor ridículo de su vida.

—Vik...

— ¡Por favor dame tu autógrafo! — exclamo ahora sosteniendo una pluma y una foto del patinador japonés, que quien sabe de dónde y cuándo la había sacado.

Yuuri parpadeo un par de veces.

No lo entendió hasta después de pensarlo varias veces, esto era perfecto.

Desde lo muy profundo de su ser, Yuuri maldecía... la reencarnación.

[...]

Soy una fiel creyente de la reencarnación así que quise plasmar en un fic, el cómo sería si Yuuri recordará a su amado ruso después de una vida.

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