"La memoria del corazón
elimina los malos recuerdos,
y gracias a ese artificio,
logramos sobrellevar el pasado"

Gabriel García Marquez

Viktor tenía un recurrente sueño, el cual podría tratarlo de visión o recuerdo, por lo real que se sentía. Era como si estuviera ahí mismo, viviendolo en carne propia.

Más de una vez se cuestionaba el porque este aparecía cada noche que se disponía a dormir, al cerrar sus ojos se sumergía en una cálida sensación que nacía de su estomago y subía hasta su pecho, lo hacía sentir extraño, confundido... intranquilo. Sin embargo este sentimiento también le provocaba una infinita calma,

Además de esto, había algo que resaltaba mucho más que todo aquello.

El escenario donde vivía ese sueño solo era uno y ese era una enorme pista de hielo, no era la que había en su ciudad ni ninguna otra que haya visitado antes, era grande y alrededor tenía enormes dibujos así como también palabras que le eran imposibles de distinguir.

Se sentía confundido, pero no solo por eso, si no porque su alrededor habían multitudes de personas diciendo su nombre, aplaudiendo y llamándolo: Príncipe del patinaje.

¿Porque era llamado de esa forma? Ni siquiera tomaba tan en serio el patinaje, no era ni lo suficientemente bueno para clavar el doble lutz que se había propuesto hace dos semanas, lo practico una y otra vez pero simplemente terminaba en el frío de la pista. Ese recuerdo de sus caídas llego al extraño sueño, el sonido de su cuerpo caer, el bullicio que hacían las personas le hacía más imposible el concentrarse.

¿Concentrarse en que?

No había nada más en esa enorme pista de hielo, fría y solida.

Viktor.

De entre todas esas voces, una voz lo llamo, una que sobresalía por llamarlo con una delicadeza la cual inundo su cuerpo con solo un sentimiento.

"La calma"

Dirigió su mirada solo a la dirección de donde esa voz provenía, había una presencia al otro extremo de la pista.

Por la distancia le fue imposible distinguir a la persona, por lo que no hizo más que deslizarse hacía donde estaba, pero no logro llegar, no importo cuanto patino, la silueta de ese individuo estaba cada vez más lejos de él, estiro su mano para alcanzarla pero ni así lo logro.

Sus ojos se abrieron y le permitieron darse cuenta de que se trataba del mismo sueño de siempre.

—Vitya— Yuri lo llamo con calma.

Viktor se giro hacía su derecha solo para encontrarse con los enormes ojos azules de su hermano menor viéndole fijamente.

—Yuri— susurro Viktor ahora reincorporándose con cuidado y mirando mejor el lugar donde estaban, no se trataba de otro más que el cuarto de ambos, a excepción de que estaba en la cama de su hermanito. — Ahhh~ Yuri, tuve ese sueño de nuevo sin contar también que soñé Yuuri Katsuki estaba aquí. ¿Puedes creerlo? ¡Yuuri Katsuki! No se que me provoco tan alucinación pero comenzaré hacer una cena menos pesada— golpeo suavemente sus mejillas para así despabilarse mejor.

Se levanto de la cama, emitió una pequeña risa luego de pensar una vez más en el simple hecho de que la leyenda viviente, Katsuki Yuuri estaba en su casa y sobretodo en su cuarto. ¡Vaya locura!

Estiro sus brazos y piernas, estas emitieron un crujido reconfortante; tomo su cabello y lo amarro en una simple coleta, un nuevo día comenzaba así como su rutina diaria. Una ducha rápida para él y Yuri, preparar el desayuno, ir directo a la pista e impartir su clase de una hora, después ir a la preparatoria de la cual saldría a las 12:00 perfecta hora para ir a recoger a Yuri de la escuela, trabajar medio tiempo en el restaurant, llevarlo a la pista darle a él y los demás niños una pequeña lección de hora y media para después ir al supermercado comprar lo necesario para la cena y listo.

Su rutina estaba hecha, haría todo al pie de la letra, el transcurso de su vida seguiría con tranquilidad y terminaría así, como si nunca hubiese soñado eso.

—Ten— Yuri entrego a las manos del peliplateado un pequeño trozo de papel doblado.

—¿Qué es?— pregunto. —¿Tuviste otra pelea, Yuri?— su ceño se frunció ligeramente luego de recordar aquella vez en la que tuvo que recoger a su pequeño hermanito luego de que este tuviese una pelea con otro de sus compañeros de clase, que admitía no era de su agrado, tal vez por el simple hecho de que este hablaba en tercera persona y se refería siempre así mismo como: El rey JJ.

Tomo el trozo y espero encontrarse con algún recado de la profesora, pero no, en su lugar fue algo suficiente para sacarle el aire y hacer que su corazón se detuviera por un segundo.

Su rostro re torno más pálido que de costumbre.

—Vitya— su hermanito lo llamo así como jalaba la manga del suéter de este. —se hace tarde—

Y por más que el pequeño rubio lo llamara, no consiguió respuesta alguna de Viktor.

"Piensa en lo que te dije
y llamame
xxx-xxx-xxx"
-Katsuki Yuuri-

[...]

El comienzo de su día fue turbio, pero este continuo con tranquilidad su había estado bien; pudo ver un perfecto avance en los niños los cuales pronto estarían listos para comenzar con saltos fáciles como toe loop.

—Te ves cansado— comento Mila quien caminaba de lado izquierdo del peliplateado.

—No dormí bien— se limito a contestar, a la vez que dejaba salir un bostezo. —tuve ese sueño de nuevo—

—¿Aquel sueño donde te llaman "el príncipe del patinaje"?— interrogo Georgi desde su derecha a lo que Viktor asintió.

Suspiro pesadamente, la interrogante de su amigo y compañero de pista lo hizo pensar nuevamente en aquel sueño, el cual se había vuelto bastante frecuente, lo suficiente para hacerlo sentir algo agobiado. ¿Que significaba? Era lo único que necesitaba saber, pero tal vez esa pregunta se respondería luego, ahora tenía algo en que más pensar.

—Bueno, los veré más tarde en la pista— Viktor se apresuro a dejar pequeños besos en las mejillas de sus dos amigos para después alejarse en dirección a una calle no tan transitada.

Georgi y Mila se sonrieron antes de elevar sus manos y despedirse de Viktor.

—¡Saluda a Yuri de nuestra parte!— exclamo Mila a lo que Viktor asintió y devolvió la despedida, agito su mano y comenzó hacer camino a la escuela de su hermano menor.

Las dudas que anteriormente lo atormentaban ahora eran reemplazadas por una extraña sensación, se detuvo solo para mirar hacía atrás, encontrándose con nada más que la acera cubierta de nieve y personas que transitaban con tranquilidad, tal vez era su imaginación pero se sentía de alguna forma... observado.

[...]

Con respiración agitada llegó hasta la entrada del plantel estudiantil, con tres minutos a su favor pudo arreglarse y ahora esperar pacientemente a que las puertas de este edificio se abrieran. Terminando aquellos minutos, las 12:00 dejaron escuchar el sonido de un timbre, un centenar de pequeños niños comenzaron a salir, de entre todas estas resaltaba una al menos para Viktor.

Cabello rubio y corto, expresión seria, baja estatura aun cuando tenía 8 años; efectivamente, ese era su hermanito.

—¡Yuri!

El mencionado dejo aquella expresión seria, la cual fue reemplazada por una resplandeciente sonrisa y mejillas ligeramente rosadas. Vio a Viktor esperándolo cerca de la entrada, para ninguna de las profesoras que veían a los niños desde el enorme portón fue extraña aquella escena, salvo para una de estas que al parecer era una nueva maestra.

—Ese chico...— murmuro la nueva profesora de la escuela sin despegar la vista de aquellos dos varones.

—¿Te refieres a Viktor? Es el hermano mayor de Yuratchka— contesto la directora, una mujer mayor la cual miraba con una pequeña sonrisa al más alto y bajo.

—¿Hermanos? No se parecen en nada— espetó la fémina con mirada extrañada.

La anciana movió su cabeza en forma de negación, volvió la vista a aquellos jóvenes y volvió a sonreír.

—No hay necesidad de lazos de sangre para reconocer cuando una persona se vuelve algo más que solo un conocido— reitero la mayor. —Viktor perdió a sus padres a la edad de 5 años en un accidente automovilístico—

De inmediato la expresión de confusión de aquella mujer joven cambio repentinamente a una completamente horrorizada.

—Y-Yo no sabía, de verdad...

—Esta bien, querida— la anciana detuvo la disculpa que se aproximaba por parte de la contraria. —Yuratchka sufrió lo mismo que Viktor, sin embargo el lo hizo cuando apenas tenía dos años—

La fémina miro con confusión a la contraria, antes de caer en la obvia idea de que Yuratchka...

—Entonces...

Aquella anciana asintió.

—Yuratchka perdió a su madre y su padre le abandono a su suerte con su abuelo.

Aquello le hizo sentir una horrible sensación en el estomago, como si le estuvieran apretando directamente ahí pero nada le ganaba a ese sentimiento en su pecho, ¿como era posible que dos niños experimentaran algo como eso? Nadie debería ser testigo de la muerte de sus padres mucho menos a una edad tan joven. Una impotencia sobre aquel hombre que había abandonado a Yuratcha, aquel que no merecía ni llamarse "padre" le invadió.

Pero desapareció cuando apenas y fue testigo de algo que aparto todo sentimiento negativo.

—¡Vitya!— fue lo único que Yurio alcanzo a decir cuando Viktor lo tomo en brazos y cargo, para después depositarle un pequeño beso en la mejilla, Yuri no se aparto en su lugar solo dejo que su hermano le diera esa cálida muestra de cariño.

—¿Como te fue en la escuela, Yuri? ¿Quieres algo especial de cenar?

Yuri no tuvo que pensar dos veces en su respuesta.

—Pirozhki— respondió con firmeza, Viktor coloco la mano con la que no sostenía a Yuri y la posiciono en su cintura.

—No más pirozhki, Yuri— declaro mientras caminaba aun cargando a Yuri. — comenzaremos una dieta porque si engordamos más no podremos clavar esos saltos que nos hemos propuesto, ¿entiendes?—

El pequeño rubio no pudo evitar darle la razón a su hermano mayor, pero estaba en una lucha interna entre clavar esos saltos o seguir degustando el delicioso sabor de los pirozhkis.

—¡Hoy será nuestra ultima noche cenando pirozhkis!— declaro Vitya elevando su puño al cielo, Yuri lo observo un par de segundos solo para después hacer lo mismo.

Viktor no pudo evitar reír después de notar como su hermanito seguía su juego, no perdió más el tiempo y comenzó a hacer camino al restaurant, Yuri decidió bajarse para así solo caminar de la mano de su hermano mayor.

Conforme caminaban Yuri dirigía miradas a Viktor quien estaba concentrado en el camino, casi en ese instante pudo recordarlo, aquel momento que jamás olvidaría.

[...]

"Ningún pequeño debería experimentar algo como esto"

Durante toda la mañana de ese helado martes escucho esa oración, una y otra vez, estaba cansado de escucharla. Quería bajarse del asiento en donde estaba y salir de la funeraria, pero sus pasos eran torpes aun, no podía ni siquiera dar un paso cuando caía al suelo.

"Vaya porquería" pensó.

Otra vez vivía ese momento.

El ver a su abuelo contener las lagrimas luego de perder a su única hija, a su madre y para colocar la cereza del pastel la rabia que sintió tras llegar al departamento y ver que las pertenencias de su padre ya no estaban.

Una vez más, vivía ese amargo momento.

Creía que el empezar otra vida le traería momentos más gratos, pero al parecer estaba equivocado, apenas tenía dos años, un niño de esa edad ni siquiera podría creer que jamás volvería a ver a su madre y que su padre le había abandonado a su suerte.

Pero no... Yuri Plisetski era diferente.

Un pequeño de dos años pero con los recuerdos de aquel joven de 16 años que fue en otra vida.

—Yuratchka voy a despedirme de tu madre, ¿quieres venir?— Nikolai espero respuesta de su nieto pero no hubo ninguna, eso lo tomo como un no. —espera aquí— agrego.

Yuri se quedo sentado en la acera de la funeraria, observando la enorme cantidad de nieve que cubría el lugar, elevo la vista al cielo solo para ver los copos de nieve caer no tras otro a su rostro.

Había vivido ese momento antes, había llorado hasta quedarse sin lagrimas que derramar, tal vez por eso ahora no lloraba.

—Yuratchka.

"Esa voz..."

El pequeño rubio bajo la vista, dirigió sus orbes azules a unos iguales a los de él.

"Viktor"

—Vi...

No tuvo tiempo de decir el nombre del contrario cuando este lo rodeo con sus largos brazos y lo atrajo contra él, le saco el aire por completo.

—L-Lamento que tengas que vivir esto tu también... Yuri— emitió el aludido, sin ocultar su notable llanto, conforme hablaba atraía más el pequeño cuerpo del menor contra el suyo, los largos cabellos plateados de Viktor cubrían ahora el rostro de Yuratchka.

"Ya lo he vivido antes, no es como si me fuese afectar de nuevo"

Yuri no emitió palabra.

—Desde este momento, estaré a tu lado siempre, no importa las circunstancias— continuo sin separarse del pequeño de dos años. —q-quisiera que no estuvieras viviendo esto, Yuri...—

"Deja de llorar idiota... luces como... un..."

En el justo momento en el que Viktor se separo, Yuri pudo se capaz de ver cada recuerdo después de su nacimiento, fue una extraña visión que se conformaba de un sin fin de momentos.

Hola, Yuratchka~ yo soy tu hermano mayor— ese era Viktor quien se mostraba delante de su cuna con su más resplandeciente sonrisa. —voy a llamarte Yuri, porque... ¡te queda mejor!—

¡Muy pronto te saldrán los dientes para que puedas comer el pirozhki del abuelo!— Viktor hablaba mientras se llevaba el ultimo trozo de aquel pancillo a la boca.

¡Mira Yuri un salchow!— saltó pero ni siquiera logro aterrizar correctamente cuando cayó completamente a la fría pista, pudo escuchar a su abuelo gritar "Vitya" una vez que lo vio ahí tirado. —¡Estoy bien lo intentaré de nuevo!—

Solo un paso más Yuri, un paso más y llegarás adonde estoy— Viktor intentaba hacerlo caminar hacía él, pero Yuri aun se mantenía de pie con ayuda del asiento de una de las sillas de la sala.

V-I-K-T-O-R— Viktor repetía letra por letra su nombre, a un Yuri de apenas un año que solo lo miraba con expresión seria. — o puedes decirme Vitya más fácil, ¿no crees?—

Cada uno de esos momentos pasaron por su memoria, ocasionando lo inevitable.

—¡Waaah!— Yuri lloro como nunca antes había llorado, con gruesos ríos de lagrimas corriendo por sus mejillas dejo salir todo ese dolor que sentía dentro de él.

Había perdido a su madre una vez más, su padre no estaba, su abuelo era el único que estaba con él, su única familia.

Al menos así era antes.

—Todo estará bien, Yuri— Viktor volvió abrazarlo, al mismo tiempo que acariciaba nuevamente su espalda. —Yo siempre estaré contigo

Yuri lloro lo más que pudo en el hombro Viktor, abrió los ojos y pudo contemplar la silueta de su vida pasada. De aquel joven patinador de 16 años que ahora parecía despedirse de él con una sonrisa, esa imagen se diluyo luego de que se limpiará las lagrimas con la manga de su abrigo.

Tenía todos los recuerdos de aquella vida, todos y cada uno de estos, donde estaba Viktor y por su puesto... Yuuri.

"Más te vale encontrarnos... cerdo"

[...]

La campanita que estaba colocada arriba de la puerta del restaurant sonó y el moreno que atendía en el mostrador sonrió cuando apenas y vio la silueta de ambos rusos entrando.

—¡Viktor!— exclamo y el mencionado se acerco enseguida al moreno.

—Voy tarde, lo sé, Yuri se entretuvo jugando con el gato de la señora Kriest— Viktor le entrego sus pertenencias y las de Yuri al chico de cabellos negros y piel morena. —¿Y-Ya...?—

—Esta bien, cheque por ti, oficialmente entraste hace diez minutos.

Viktor no pudo sentir más alivio después de esas palabras.

—Phichit, hoy la comida va por mi cuenta.

Phichit soltó una risa asintiendo solo para volver la vista al mostrador.

—Yuri puede quedarse aquí conmigo, hoy parece que será un día tranquilo~— respondió mientras posicionaba su cabeza en el mostrador.

El peliplateado lo escucho pero no respondió, estaba ocupado colocándose su uniforme el cual constaba de solo la camisa blanca, el pantalón negro se lo había puesto en la preparatoria, ahora solo se puso un mandil oscuro y ato su cabello en una coleta.

—¿Ya haz pensado en cortarte el cabello?— pregunto el de piel oscura mientras dejaba su teléfono en manos del pequeño rubio.

—Lo he pensado, pero...— su respuesta se vio interrumpida luego de escuchar la campanita de la puerta, con los menús en la mano se dispuso a comenzar su trabajo. —Bienve...—

Las palabras se le quedaron en la boca.

—Mesa para dos— respondió el azabache, detrás de él venía Otabek Altin el ganador del oro de la Gran Prix Junior con solo 15 años.

Viktor sintió que la sangre se le iba directo a los pies, por si fuera poco su ritmo cardíaco estaba lejos de ser normal y menos cuando Yuuri Katsuki se retiro los lentes de sol, dejando ver esas hermosas gemas de color café que tenía por ojos y que a más de uno hacían derretir o tal vez eso solo a él.

De verdad que su vida estaba dando vuelcos demasiado drásticos.

[...]

¿Qué les pareció esto?

Los momentos que están así son recuerdos de Yurio cuando era bebé

Y los que están con comillas, son pensamientos.

Yuri si recuerda a Yuuri.

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