"No perdamos nada del pasado. Solo
con el pasado de forma el presente"
-Anatole France-
Estaba seguro que su día no sería diferente de otros; con su abuelo en el trabajo, Yuri siendo vigilado por Phichit y el ateniendo cada una de sus mesas. No había nada que afectara su pacifica vida, al menos ese pensamiento prevaleció por algunas horas más hasta que "ellos" entraron al restaurant.
— ¿Q-Que les gustaría ordenar? — intento mantener su compostura, pero había tartamudeado, se sentía nervioso y confundido.
¿Cómo sabía que trabajaba ahí? No era coincidencia alguna que se volviesen a ver, ¿acaso estaba siendo acechado?
"¡Que tonterías piensas Viktor! Él es un famoso patinador, ¿crees que acecharía a un adolescente como tú?" se regaño internamente luego de que al parecer su paranoia lograra tomar el control dentro de su cabeza, opto por una cosa y esa era, no mirar al japonés.
Prefería concentrarse por ejemplo… ¡en el chico que acompañaba al azabache!
Se trataba ni más ni menos que de Otabek Altin, el joven patinador de 15 años, ganador del Grand Prix Junior. A imple vista lucía como cualquier adolescente, de cabello negro y con una expresión neutra en el rostro.
—Escoge tu primero, Otabek— índico el japonés, para Viktor el simple hecho de escuchar la voz del mayor le hizo estremecerse ligeramente.
Otabek miro por un par de segundos la carta donde venía cada uno de los platillos, opto por uno que llamo su atención.
—Yo quisiera pirozhki— respondió el menor volviendo la vista al menú. —y Solianka*—
Viktor escribió lo que el más bajo dijo, ahora solo faltaba…
Suspiro y dirigió su vista al mayor quien vaya sorpresa, lo miraba fijamente; con esos orbes marrones que estaba seguro, habían seguido cada uno de sus movimientos desde que llegó hasta cuando se posó delante de la mesa de ambos.
— ¿P-Para usted? — ¡Contrólate! Fue su subconsciente el que gritaba eso.
Yuuri no tenía necesidad de ver el menú, sabía perfectamente lo que quería.
—Para mi será borsch*— fue lo único que Katsuki dijo, Viktor soltó un suspiro y escribió su pedido.
Después tomo de vuelta los menús y los guardo en su mandil.
—De beber tenemos té, soda y agua.
Ambos patinadores optaron por algo de té, pero además también pidieron un par de sodas.
—En un momento traeré sus ordenes— y sin necesidad de decir más se alejo de la mesa, con una expresión seria fue adonde Phichit quien con mirada ansiosa lo estaba esperando para enterarse de todo.
Viktor llego hasta donde el moreno estaba.
—Ahhh…— Viktor dejo salir un largo suspiro, una vez que volvió en sí, sus mejillas se tornaron de una tonalidad rosada. — ¡N-No puedo hacerlo, Phichit! — grito.
Chulanot no dejo que agregará más, lo tomo por los hombros y lo zarandeo lo suficiente para que reaccionara y si era necesario le daria una o dos bofetadas. Lo introdujo hasta que ambos estaban detrás del mostrador.
—No es momento para esto, Viktor— declaro el moreno —irás a esa mesa y los atenderás como atiendes a todos tus clientes, ¿entendido? —
Viktor quiso protestar pero la mirada decidida y seria de su amigo le hizo mejor quedarse con las palabras en la boca, trago saliva y asintió. No era momento de ponerse como un idiota. Golpeando sus mejillas suavemente se reincorporo y con decisión fue a la cocina, dejo la orden a los cocineros no sin antes saludarlos.
Después salió de la cocina con la misma mirada que le otorgo a Phichit, Viktor elevo su mano la cual tenía el pulgar levantado en señal de "OK" y como espero de su amigo, este hizo la misma seña.
Sería nuevamente una experiencia interesante.
[…]
Una vez que llevo sus ordenes, estos comieron de forma tranquila, conversando cosas desde una distancia considerable no alcanzaba a escuchar, pero por las expresiones que el adolescente hacia ante cada cosa que el mayor decía, podría decirse que toda conversación tenía que ver con patinaje.
"Quisiera escuchar de que hablan…"
Se resigno a que no todo se podía en esa vida, con un suspiro volvió a otra mesa que atendía, una de dos chicas que si por no fuera su voz lo hubiesen confundido perfectamente con una chica, su cabello largo y rasgos femeninos en sí no le ayudaba en nada. Quería cortarse el cabello pero siempre que iba al estilista algo se lo impedía.
Habían pasado 11 años desde aquello, tenía que aprender a vivir en el presente, la próxima vez seguro iría, ya empezaba a volverse un poco tedioso tener que lidiar con las llamadas de atención de su jefa, al menos esta acepto que arreglara su cabellera en una coleta o trenza. Se inclinaba más a lo primero ya que con una trenza se ganaba diferentes apodos, el que más gracia le hizo fue el de "Elsa".
—Viktor— lo llamo uno de sus compañeros y vecino —Recogí una de tus mesas—
— ¡Oh! Muchas gracias, Chris— agradeció al rubio que ahora se dirigía a la cocina para dejar una nueva orden.
Viktor volvió la vista a la mesa de ambos patinadores, para su suerte fue en el instante que Yuuri Katsuki elevo su mano e hizo una seña, que solo significaba la petición de la cuenta.
—E-Espero que la comida haya sido del agrado de ambos— espetó el peli plateado sacando la misma nota donde había escrito lo que los dos patinadores habían comido, hizo la cuenta y la entrego al azabache, este ni siquiera miro la hoja solo se la devolvió salvo que esta vez con una tarjeta.
Se alejo con la tarjeta y nota en mano, en el mismo instante que Viktor vio la tarjeta de crédito sintió que casi le daba un infarto era la primera vez que veía y tocaba una, pero santo dios, esta era negra y por lo que sabía todas las tarjetas de crédito destacaban por sus colores y significado.
— ¡Santo dios! Con esta tarjeta podríamos… ¡no se me ocurre ni siquiera que podríamos hacer con tanto dinero! — fueron las palabras de Phichit.
Viktor solo pudo pensar que con tener todo el dinero que esa tarjeta tenía podría pagar completamente la escuela de su hermano, quien ahora estaba concentrado en…
— ¿Qué vez, Yuri? — interrogo dirigiendo su vista hacía donde la tenía puesta o más bien pedida su hermano menor, se sorprendió cuando solo en esta se encontraba el igual menor, Otabek Altin. El más alto no entendió el porqué Yurio miraba fijamente al kazajo, así que se dedico a hacer alguna bromita. — ¿te has enamorado, Yuri~?—
Apenas hizo esa pregunta, su pequeño hermanito se sonrojo lo suficiente para que Viktor quisiera abrazarlo sin importarle nada, pero este ahora se veía molesto, había logrado su cometido.
Phichit entrego la factura ya hecha y por supuesto la tarjeta, que aunque por mucho quisiera conservarla, no quería ser llevado a la cárcel tan joven.
—Aquí tiene— entrego la factura a su comensal japonés, después de eso se levanto no sin antes dejarle una generosa propina a la cual Viktor le sonrió de oreja a oreja.
Vio a ambos patinadores levantarse, una vez que cruzaran la puerta marcaría otra experiencia única en su vida.
— ¿Pensaste en lo que te ofrecí?
¿Eh?
Viktor había escuchado perfectamente bien; el momento que nunca espero que llegará por fin lo había hecho. Lo que la anterior noche había ocurrido si era verdad, el teléfono que tenía aquel papelito era de Katsuki Yuuri, el mismo que admiraba desde que tenía 11 años el mismo… que le estaba ofreciendo la oportunidad de ir a la Grand Prix.
Sus manos comenzaron a sudar, la mirada afilada del japonés estaba completamente puesta en él, ahora maldecía no haber heredado la altura de su padre. Tenía 16 años y media menos que el adolescente promedio.
—Y-Yo…— tartamudeo sin saber que responder, una parte de él lo incitaba a ir a la Grand Prix, a ser entrenado por el mismísimo Katsuki Yuuri.
Pero otra parte de él…
Dirigió su vista a Yuri, a su pequeño hermanito quien lo miraba detrás del mostrador.
No podía.
No podía abandonar a Yuri de la misma forma que su padre lo había hecho.
Estaba a punto de decir cuatro palabras que marcarían por completo el final de todo ese "tormento".
—Lo siento, pero…
"Solo una más y todo terminará"
La campanita del restaurant se escucho, un cliente había llegado aunque no sabían si era buena idea considerarlo como tal. Además de ese sonido, algo más lo interrumpió.
"¿Un ladrido?"
Dirigió la vista a la entrada, de donde a toda prisa venía un enorme cachorro caniche de tez grisosa, Viktor completamente sorprendido solo pudo decir una cosa.
— ¡¿Makkachin?!
Solo eso alcanzó a decir, cuando el enorme caniche lo tacleo de lleno, tal y como Viktor había hecho con Yuuri hace algunos días.
Viktor en apenas dos segundos fue lanzado al suelo de lleno, siendo ahora aplastado por el enorme caniche quien empezó a lamerlo una y otra vez.
Yuuri Katsuki quiso detener al cachorro, porque él no era más ni menos que el dueño del canino.
— ¡Vicchan! — Minako, la entrenadora de Katsuki Yuuri se adentro al restaurant, lucía agitada y el único porque ahora estaba encima del chico de 16 años, empleado del mismo recinto.
El patinador mayor dirigió su mirada a la fémina, quien sonreía de forma avergonzada, tal parece que había sacado a pasear al cachorro pero tal vez no recordaba que este no estaba acostumbrado a Rusia, así que lo más obvio es que se hubiese alterado.
Después de ver a su entrenadora volvió la vista al ruso que aun se encontraba en el piso, ofreció su mano para ayudarlo a levantarse pero apenas y lo vio… algo en él lo detuvo.
Lo que vio fue como un "deja vu"
— ¿Vicchan ¿Es tu nombre? — preguntaba Viktor al cachorro sin esperar respuesta alguna, porque se trataba de un pero con quien hablaba. —el mío es Viktor, ¡ambos empiezan con V! —
Fue casi como si volviese al pasado, a una de sus primeras vidas… donde era él quien conocía de esa forma a Makkachin.
Una sensación de nostalgia surgió de sus entrañas.
[…]
Por ordenes de su jefa fue mandado a casa temprano, aunque se opuso incontables veces, la palabra de aquella mujer fue la única que importo, con una trenza de lado ya hecha y todas sus cosas en su mochila así como las de Yuri saló del restaurant, no sin antes despedirse de sus compañeros.
— ¿Estás bien, Vitya? — pregunto Yuri quien ahora caminaba de la mano de Viktor.
—Sí, solo me duele un poco la espalda— respondió al mismo tiempo que pasaba una mano por su espalda, quiso agregar algo más cuando cruzaron la calle que daba directo a un parque, pudo ver dos siluetas o mejor dicho tres.
Cuando menos lo espero o sintió, fue tacleado nuevamente, por el mismo cachorro de antes. Lo único que amortiguo su caída fue la cantidad de nieve que se había acumulado en los alrededores.
—S-Se hará costumbre…— comento tirado en el piso y con el cachorro volviendo a lamerle la cara.
De inmediato aquellas dos siluetas se acercaron a él, su hermano menor no porque ya sabía lo que venía con esa tacleada, Viktor cerró los ojos y sin pensarlo quedo inconsciente.
[…]
Lo único que podía recordar en ese momento era a su hermoso caniche, su hermoso Makkachin, la suavidad y esponjosidad de su pelaje; el cómo le recibía todo los días después de llegar de la escuela y los entrenamientos, la forma en la que a Yurio no parecía agradarle el canino pero cuando menos lo esperabas, ambos estaban jugando juntos.
"¿Dónde estarás ahora, Makkachin?"
—Makkachin…
— ¿Makkachin? — repitió el megane.
Viktor se sobresalto luego de escuchar al patinador decir el nombre de su cachorro, estaba recostado cuando lo escucho, se levanto enseguida y miro en diferentes direcciones para cerciorarse de donde estaba.
Pero más que eso, para ver donde estaba su hermanito.
— ¿Yuri? — su corazón empezó a latir sin control alguno cuando no vio señal alguna de su hermano.
—Tranquilo, esta por ahí — Yuuri señalo el lugar de juegos que había cerca de donde estaban sentados ambos, desde ahí se podía obtener una perfecta vista de Yurio y Otabek armando lo que al parecer sería un muñeco de nieve pero tenía más forma de gato.
Viktor suspiro con alivio pero a la vez rió por verlo jugar.
—Vaya…— inquirió —Yuri no es de jugar con otras personas, me sorprende que con él lo esté haciendo—
El japonés volvió toda su atención al ruso, quien al parecer ya estaba más consciente ahora.
Al menos por fuera, Viktor en cuanto se dio cuenta de que era Katsuki Yuuri quien estaba sentado a su lado quiso volver a desmayarse, pero no… ya no debía.
—Me disculpo por lo que mi cachorro te hizo— espeto el patinador, antes de continuar su disculpa Viktor le detuvo.
—No tiene nada de que disculparse— interrumpió el menor —los caniches son bastante impulsivos—
— ¿Tienes uno? — se animo a preguntar el japonés, cosa que quiso no hacer, cuando la expresión de Viktor cambio. Bajo su mirada un poco y su sonrisa parecía desaparecer en cualquier momento.
—Tuve uno hace año y medio— contesto —pero falleció—
Yuuri reconoció al instante esa expresión de tristeza que el rostro del muchacho reflejaba, fue la misma que él tuvo en su primera vida, cuando su adorado caniche falleció. El azabache prefirió no preguntar nada más, no quería estropear de peor forma el ambiente que entre ambos se había formado, era la primera vez que tenían una conversación sin que el de cabellos plateados colapsara a la mitad o tartamudeara.
Por mucho que no quisiera arruinarlo… debía preguntar.
— ¿Has pensado en mi oferta sobre la Grand Prix?
Viktor se tensó apenas hizo mención de eso.
"Maldición" se maldijo así mismo.
Se quedaron en silencio por unos cuantos segundos hasta que Viktor elevo la mirada y la dirigió a su hermano menor, quien seguía de verdad entretenido con aquel patinador, al parecer ahora estaban haciendo otro pequeño gato de nieve. Dejo salir una diminuta risa.
—Siempre ha sido mi sueño ser visto por un millón de personas, escucha el sonido de los aplausos, ovaciones y demás…— espeto el joven de 16 años, sin dejar de ver a aquel pequeño rubio. —Mentiría si le dijera que no quiero entrar a la Grand Prix—
Yuuri sintió una chispa de felicidad nacer en su pecho con cada palabra, sin embargo... esta no duraría.
—Pero, debo rechazarla— y eso fue el balde de agua fría que apago aquella chispa que comenzó a brotar de su pecho. —Agradezco mucho que se fijase en un chico como yo, sin embargo…—
Volvió la vista a su hermanito, lucía contento incluso más que eso, Yuuri le quedo algo en claro cuando toda su atención se la llevaba el pequeño ruso.
Entendió a la perfección una cosa.
—No puedo abandonar todo lo que ahora tengo y… que antes me fue arrebatado.
"¿Arrebatado?"
Yuuri elevo su vista, intento detener al peli plateado pero fue tarde, cuando menos lo notó este fue directo adonde Yurio. Lo tomo en brazos y se fue, ¿adónde? No lo sabía, pero eso no quedo desconocido durante mucho.
"Estamos en la pista de las 6 hasta las 8" –Yuri P.-
Yurio era como un tipo de espía para el otro Yuuri, ¿Cómo sabía que Viktor trabajaba en aquel restaurant? Yurio se lo había dicho. Y todo por simples mensajes de texto que mandaba desde el teléfono del propio Viktor, pero que enseguida borraba, porque Yurio… no era un niño tonto.
— ¿Qué haces, Yuri? — pregunto Mila asomándose por encima del hombro del pequeño rubio justo cuando este tecleaba lo que al parecer era un mensaje.
Yuri enseguida mando el mensaje luego lo borro y finalmente guardo el teléfono en la mochila de su hermano mayor.
— ¡Suéltame vieja bruja! — grito intentando zafarse del agarre de la pelirroja, pero está siendo mucho mayor que él lo impidió sin esforzarse mucho, lo rodeo con sus brazos y comenzó a plantar besos en toda su cara.
—Que cruel, Yuri~— dijo Mila deteniéndose para darle un descanso al menor, acto siguiente siguió besándolo. — ¿dejarás de decirme "vieja bruja"?
— ¡No!
— ¡Pues entonces seguiré!
Y nadie detuvo a Mila, más que Georgi cuando llego y los separo para llevarlos a la pista. Yuri se quito todo el brillo labial que la chica dejo esparcido en tanto mejillas como frente y demás de su rostro, detestaba cuando Mila hacía eso.
Pero… de hecho no del todo.
Lo que hacía le traía todos los recuerdos que tuvo con ella cuando era un joven quinceañero, ella fue de sus pocas amigas y compañeras de patinaje con la que mejor se llevo. Pensó tanto en que nunca volvería a verla, que cuando lo hizo… casi sintió como algunas lagrimas amenazaban con caer de sus ojos.
Cuando la veía era como si estuviera viendo a un tipo de hermana mayor molesta, lo mismo de Georgi. Era bastante serio cuando se lo proponía pero usualmente jugaba con ambos en la pista, hacía poses de películas infantiles que había visto, uno de los mejores papeles que le salía, sorpresivamente fue el de… la hada malvada de la bella durmiente.
"Vaya sorpresa" se dijo Yurio a sí mismo.
—Muy bien— golpeando suavemente sus palmas, Viktor consiguió llamar la atención tanto de sus amigos como de los pequeños niños que venían a su clase. —Comenzaremos con saltos simples como algunos "toe loop" y practicaremos el flip, ¿de acuerdo?—
No espero más que un "¡Sí!" por parte de todos los presentes, así dio comienzo a su clase.
Todo fue como siempre, los niños tropezaban, se levantaban, el daba indicaciones y ayudaba cuando alguno se equivocaba. Se sentía orgulloso del progreso que todos tenían, en cualquier momento estarían en una exposición de esas enormes que la pista hacía y venían un centenar de personas a verlos.
Estaba tan sumido en sus pensamientos que ni siquiera se percato de que se habían pasado de sus horas de práctica.
— ¡Todos lo hicieron muy bien! Nos vemos mañana~— exclamo Viktor despidiéndose de todos, las madres de los pequeños hicieron lo mismo desde la barrera que les dividía de la pista a los pasillos y asientos del recinto.
—Hasta mañana~— se despidió Mila acompañada de Georgi, menos mal ambos vivían por el mismo camino así ninguno tenía que volver solo a casa.
Viktor y Yuri eran los últimos en la pista, no se escuchaba ruido alguno más que el de ellos cuando sacaron sus ropas de los casilleros, el cuidador de seguro había ido a la tienda de autoservicio para llenar su termo de café, ese hombre era muy amable con todos, otorgo a Viktor un juego de llaves cuando quisiera practicar en los días que la pista permanecía cerrada al público.
— ¿Tienes hambre, Yuri? — pregunto al rubio mientras le retiraba los patines.
Yuri asintió al igual que Viktor hacía con su patín derecho el hizo lo mismo con el izquierdo, aunque le dijera una y otra vez que no necesitaba ayuda, Viktor siempre hacía cosas innecesarias.
—Cuando lleguemos a casa tomemos un laaargo baño caliente y cenemos con el abuelo, dijo que compraría alunas vatrushkas* de camino— la simple mención de esa comida hizo que el estomago de Yuri gruñera ligeramente.
Entre las risas del mayor y los gruñidos del pequeño estomago del menor, ninguno se percato de cómo algunos individuos se adentraban a la pista y peor aún.
Adonde ellos estaban.
Fue solo hasta que la puerta de los vestidores se abrió, Viktor espero ver al encargado de la pista pero no, se dejo ver a cuatro muchachos, las vestimentas que traían no solo le dieron una mala espina a Viktor si no la mismísima sensación de peligro. Coloco a Yuri detrás de él, cualquier cosa que estos quisieran hacer, tendrían que hacérsela solo a él pero a su hermano no, no permitiría que lo tocarán.
—Quédate detrás de mí, Yuri.
[…]
Recargado en un estacionamiento de bicicletas que había fuera de esa enorme pista, estaba Yuuri Katsuki, con una bufanda cubriendo su boca y sin anteojos espero no ser reconocido pero aun así varios de sus fan lo hicieron y pidieron fotos u autógrafos.
No negó ninguno.
Después de un par de minutos el frío no calo ni un poco sus huesos, Otabek había decidido acompañarlo ahora estaba en la tienda de autoservicio que había cerca de la pista, comprando alguna cosa que le hiciera sentir más calor. Yuuri decidió quedarse, por un simple motivo.
Estaba esperando a que ambos rusos salieran de la pista. Yurio había dejado en claro que las clases terminaban a las 8 en punto, ahora eran las 8:15 y no había señal alguna de ellos. Vio a varias personas salir, pero ninguno era Viktor o Yurio.
Cerró los ojos por unos segundos, dejando que la fría brisa de esa noche en San Petersburgo rondara cada rincón de su cuerpo, no podía dejar de pensar en las palabras del adolescente. Él de verdad no quería decir eso, se podía ver en su mirada, se podía detectar en su tono de voz el cómo se detuvo cuando en lugar de un "no" quería responder un "si".
Y había un porque detrás de todo eso.
—Viktor perdió a sus padres en un accidente automovilístico a la edad de 5 años, yo perdí a mi madre a los 2 y mi padre me abandono, ambos pasamos por situaciones similares… por ello Viktor se esfuerza tanto en mi bienestar y felicidad, porque no quiere que pase lo mismo que él paso a sacrificado muchas cosas por mi…—
Yuuri volvió abrir los ojos, solo para encontrarse con Otabek ya de vuelta.
—Me encontré con un hombre en la tienda de autoservicio, al parecer es él cuidador de la pista— espeto el azabache —dijo que si queremos entrar a buscar a Viktor no tiene problema en ello—
El japonés sonrió ligeramente y posó su mano en la cabellera del más bajo.
—Muy bien, vamos.
No espero respuesta cuando se dirigió al interior del lugar, sorpresivamente algunas luces ya estaban apagadas y todo estaba en completo silencio… al menos al principio, cuando se adentraron más pudo escuchar algunos ruidos provenir del vestidor.
—Y quiero que deje de hacerlo, es mi hermano mayor pero no puedo dejar que sacrifique su propia felicidad por mí, no puedo dejar que siga haciéndolo…—
Lo que Yurio le había dicho en aquella noche que fue a la casa de ambos rusos aun rondaba por su cabeza, nunca espero que aquel explosivo rubio pudiese decir cosas así. Aun en su primera vida, cuando Yurio contrajo nupcias con su hija, jamás termino de conocer al ruso.
Tal parece que en esa vida lo haría.
Siguieron caminando, solo hasta que el abrupto sonido de algo ser golpeado como si se tratara de un saco de box los hizo detenerse.
[…]
Golpe tras golpe, el dolor solo fue en aumento, pero ninguno de estos importo; tenían remedio algunos días de descanso, analgésicos y ungüentos, podría salir de esto. Pero no se perdonaría ni un poco que tocarán hasta el mínimo cabello de su hermano.
— ¡Que divertido! — grito extasiado uno de los agresores, luego de brindar otro golpe directo al vientre del peli plateado. Si no fuese porque estaba siendo sujetado por otro desde atrás ya hubiese caído al suelo.
La sangre le goteaba desde la nariz hasta de la boca, el sabor metálico de esta abundaba por todo su rostro.
—¿Cómo se siente, Vity~?— pregunto burlón el contrario, antes de golpear esta vez el rostro del ruso, ese golpe dejaría más allá de un ojo morado, pudo sentir perfectamente como su labio se abría. Viktor se conservo en silencio, simplemente dejo salir uno que otro jadeo y pequeño grito, pero nunca una palabra.
Era la segunda golpiza que tenía, anteriormente uno de los tipos le dio solo tres golpes, dos en las costillas y uno en el rostro, después siguió el individuo que al parecer se extasiaba más con cada golpe.
—Parece que no va hablar— comento el que sostenía a Viktor por los brazos ahora halando su cabello. — ¿Su hermanito si puede hablar? —
Viktor abrió los ojos de sobremanera.
— ¡Hagan lo que quieran conmigo pero déjenlo a él! — grito, lejos de escucharse preocupado estaba asustado, bastaba con ver la expresión de su hermanito. Uno de esos malditos le tapaba la boca mientras que otro fumaba a lado de él.
Los agresores sonrieron contentos con el resultado que esperaban.
—A Vity le preocupa su hermanito, aw~ pero no sería justo que tú te llevarás toda la diversión, ¿no crees, Vity?
Aquel tipo que fumaba se retiro el cigarro de los labios, cosa que alarmo al peli plateado.
— ¡Les daré dinero pero no le hagan nada! — intento zafarse del agarre del hombre pero solo consiguió que este le arrancara varios cabellos, el dolor era abrumador, pero ninguno se comparaba con el que sintió cuando vio la expresión de miedo en el rostro de su hermanito menor, al que juro cuidar y proteger sin importar nada.
No importo cuantos gritos dio Viktor, lo inevitable había llegado en forma de ardor que hizo retorcer al pequeño de 8 años.
Justo en el brazo, justo en esa parte aquel hombre había hundido la colilla de su cigarro. Yurio se retorció frente al dolor, algunas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos cuando el tipo le dio vueltas al cigarro solo para marcar más la quemadura.
— ¡YURI!
El grito de dolor que Viktor emitió se escucho en cada rincón de la pista, había roto la promesa que hizo el mismo día que Yuri nació.
"Sin importar que, yo siempre te voy a proteger y cuidar, Yuratchka…"
La luz del vestidor se apagó de repente, dejando a cada individuo sin poder ver o que pasaba frente a sus ojos. Solo hasta que diferentes sonidos comenzaron a escucharse, desde golpes, hasta gimoteos, leves llantos y el crujir de huesos rompiéndose.
Todo eso duro por lo menos 3 minutos.
3 minutos que bastaron y sobraron para que Yuuri Katsuki solo les diera un 5% de lo que planeaba para cada uno. Otabek encendió la luz, justo después de hacerlo fue a auxiliar al pequeño rubio que parecía estar en shock en ese momento además de que sujetaba su brazo derecho, en donde estaba la quemadura perfectamente fresca.
—Esto no cubre ni el 10% de lo que quiero y voy hacerles— espeto el azabache, haciendo su cabeza hacia atrás solo para que su cuello crujiese un poco y lo suficiente para seguir con su trabajo. —La policía llegará por lo menos en 10 o 5 minutos… lo suficientes para divertirme—
Lo último que los cinco agresores recordaron fue un destello negro que en cuestión de segundos cortó, diferentes lugares de sus cuerpos con las simples navajas de unos patines y rompió varias partes de sus extremidades. Las autoridades llegaron incluyendo los paramédicos, pero Yuuri se apresuro a introducir a ambos rusos a su coche y llevarlos con alguien que evitaría que se hiciera de todo un escándalo.
—Estará bien, afortunadamente no rompieron alguna costilla solo tiene diferentes golpes en el estomago y rostro, ya le di algunos analgésicos por lo que podrá dormir por esa noche— fueron las palabras del único medico que Yuuri conocía y en quien confiaba plenamente. —el pequeño estaba un poco alterado, le di la mitad de un calmante así que dormirá toda la noche, vendé su brazo así que la quemadura sanará en dos o tres días—
Yuuri asintió a todo lo que el contrario dijo.
—Gracias, Seung.
—Si pasa algo más, avísame— después de eso se despidió de ambos, Seung Gil Lee, un médico particular que la Grand Prix había contratado para tratar lesiones u enfermedades de alguno de los participantes.
—Lleva a Yuri a alguna de las camas— pidió a Otabek, sin chistar o algo, tomo al pequeño de 8 años en sus brazos y lo llevo a una de las enormes camas que había en la habitación que gracias a la Grand Prix compartía con el japonés.
Yuuri se tomo la libertad de llamar al abuelo de ambos rusos, para avisar del incidente del cual ya estaba avisado por las autoridades, pero estas no le hablaron del paradero de ambos ni nada. Sintió un enorme alivio cuando se lo comunicaron, agradeció y informo que iría a primera hora de la mañana por ellos, dado que era muy peligroso trasladarlos de noche.
El japonés nunca estuvo más feliz por ello, dado que así… tendría la oportunidad que en la tarde no tuvo.
Todo el cuarto hubiese estado en completa oscuridad si no fuera por la pequeña lámpara que había sobre la mesa de noche a lado de la cama, Yuuri estaba recostado en el sofá que estaba cerca, mientras Viktor dormía en la cama, su respiración se había moderado. Cuando llego era agitada y eso lo asusto, no fue hasta que Seung lo auxilio.
Se sintió de verdad aliviado que nada más le hubiese ocurrido, ¿Qué sería de Yuuri si volvía a perder a Viktor?
—¡Yuri! — Viktor se levanto y grito el nombre de la única persona que rondaba sus pensamientos en esos momentos.
—Está bien, Yuri está bien— Yuuri se aproximo al ruso para calmarlo, se veía agitado y tenía por qué, con un vaso de agua en la mano tomo asiento en la cama. —Está durmiendo en la otra habitación—
Viktor parpadeo confundido por la situación, ¿estaba soñando? Fuera o no fuera sueño, se sentía… real.
Porque su estomago dolía en serio.
Tomo el vaso de agua y dio un largo trago a este, sintió su seca garganta ser refrescada, nunca se sintió más aliviado con esa sensación, que enseguida fue reemplazada por un punzante dolor en su cara.
—Esos… tipos— murmuro con voz llena de ira.
—Tranquilo, me encargue de ellos.
— ¿Eh? — Viktor se reincorporo tras escucharlo decir eso, ¿a qué se refería? Quería preguntar, pero basto con ver los nudillos lastimados del pelinegro, entonces él… vaya.
Nikiforov no supo que decir en ese momento realmente, su corazón comenzó a latir con fuerza, sus mejillas ahora cubiertas por parches dado que los golpes más fuertes fueron dados ahí estaban sonrojadas pero por estos tal vez ni siquiera se notaba. Katsuki Yuuri, el patinador estrella, su ídolo, su musa... ahora también era su héroe. Quería agradecerle, pero no con un simple "gracias" con algo que de verdad mostrara todo su agradecimiento hacía él.
Y conocía una cosa que lo haría.
Suspiro antes de hablar.
—Si no le molesta, quisiera cambiar la respuesta que le di en la tarde…
Yuuri parpadeo confundido.
—Acepto su oferta de entrar a la siguiente Grand Prix, como muestra de mi eterno agradecimiento me esforzaré al 100% daré todo de mi para ganar el oro y dedicarlo solo a usted.
Si la felicidad se describiera en escalas, Yuuri estaría en la más alta, quería abrazarlo pero no podía. El pobre muchacho con trabajos y podía respirar sin perforarse un pulmón con alguna costilla o algo, ya sería para después.
—Sin embargo…
La escala de felicidad de Yuuri comenzaba a bajar.
—Tengo una pequeña condición.
Fuera la que fuera Yuuri la aceptaría, sin importar nada, lo que Viktor dijera sería una ley para él.
—Mi hermano Yuri vendrá conmigo.
A excepción de eso…
¿Por qué la reencarnación gustaba de burlarse de Yuuri?
[…]
¿Reviews?
