"El tiempo es como el viento,
arrastra lo liviano y deja lo pesado"

Doménico Cieri Estrada

[…]

—Wah~ ¡Increíble! ¿Alguna vez habíamos visto algo así, Yuri?

El mencionado negó con la cabeza, desviando su atención a los diferentes lugares que había a sus alrededores desde locales de comida, ropa uno que otro pequeño supermercado. En todas estas descartaba algo en particular y ese algo eran los enormes carteles que decían en grande: Katsuki Yuuri el héroe de Hasetsu y Katsuki Yuuri el príncipe del hielo.

El pequeño ruso no hizo más que suspirar pesadamente.

—Podría quedarme a vivir aquí si viera esto todos los días— comento Viktor observando una de las vitrinas de los diferentes locales, dentro de ese lugar habían diferentes artículos todos referentes a su adorado ídolo y ahora entrenador.

Después de unos segundos de fantasear volvió la vista esta vez al enorme castillo que sobresalía bastante por su imponente altura.

—Leí que el castillo de Hasetsu es la única base turística que se tiene por aquí— Viktor dio una mirada al pequeño libro de turismo que había comprado en la tienda de regalos del aeropuerto, este solo tenía como 10 páginas y la mayoría solo hablaba del castillo, las aguas termales y demás cosas que no llamaron mucho su atención.

—El castillo tiene una exposición de samuráis y una casa ninja— inquirió el japonés luego de lidiar con dos chicas que le reconocieron apenas y puso un pie en la estación del tren.

El ruso apenas escucho eso sus ojos destellaron un brillo de emoción, que se vio apagado tas la punzada de su vientre, llevando ambas manos a este e inclinándose un poco intento calmar aquel dolor.

—Viktor, ¿estas bien? — el pentacampeón se acerco hasta el de cabellos platinados luego de verlo hacer esa expresión de dolor y como se llevaba las manos al estomago.

El adolescente se tomo unos segundos antes de asentir con una pequeña sonrisa.

—No se preocupe, solo fue una punzada— quiso aliviar la notoria preocupación que se reflejo en el rostro del contrario, pero cuando apenas tuvo una visión mejor de él se percato de que estaba lejos de hacerlo sentir tranquilo. Lucía en verdad preocupado como si él se tratase de la persona más importante para él y con el simple hecho de verlo haciendo una expresión de dolor o una ligera mueca… se preocuparía de tal forma.

Se sintió avergonzado por preocuparlo de esa forma.

—Estoy bien, Katsuki-san— dicho esto posó sus manos en el pecho del japonés, casi de la misma forma que había hecho con su abuelo cuando este lo vio con heridas tanto en rostro como en el torso, le pidió una y otra vez perdón, se culpaba así mismo por haber tomado horas extras y no ido a recoger a los dos menores. Viktor tuvo que abrazarlo para calmarlo y lo logro, ahora… ¿debía hacer eso con alguien que solo llevaba conociendo dos días?

Bueno, prácticamente Viktor conocía al pie de la letra cada cosa de Yuuri Katsuki, desde sus comidas favoritas, las menos favoritas, sus hobbies, lesiones, cumpleaños, inicios como patinador, etc.… ¡era un milagro que no supiera más allá de eso! Aunque si, pero no lo recordaba.

Lo escucho claramente, pero al sentir las manos del menor en su pecho fue como si volvieran en el tiempo a aquella vida donde Viktor hacía lo mismo sin embargo él colocaba sus grandes manos en sus hombros solo para obligarlo a encararlo y que le confesará que de verdad estaba bien, eso hacía Viktor y él siempre las colocaba en el pecho de Viktor, en un intento por hacerlo sentir alivio alguno.

Fue casi como si se viese reflejado en aquel joven Viktor que ahora lo miraba fijamente.

Manos pequeñas y delicadas, cuerpo esbelto, largo cabello y unos ojos que lo miraban… como si el fuese un dios. Ese chico de 16 años delante de él, era… Viktor.

Nadie más que Viktor.

—Katsuki-san

"Me sentiría más cómodo si me llamara "Yuuri" como el anterior Viktor lo hacía"

—Puedes llamarme Yuuri no son necesarios los honoríficos.

Viktor sintió su rostro sonrojar al escucharlo, podía llamarlo por su nombre, muchas veces había practicado su forma de hablar cuando llegase el día en el que conociera a su ídolo, a su adorado Katsuki Yuuri, lo práctico con una almohada y cuando Yuri tenía posibilidades de sostenerse por sí mismo comenzó a practica con él.

Podía hacerlo, podía llamarlo por su primer nombre.

—Y-Yuu…— comenzó pero de inmediato se detuvo, no… por el momento no podía hacerlo.

"¡No puedooo!"

—No te fuerces…

[…]

¿Cómo describiría su experiencia una vez que llegaron a la casa de Katsuki Yuuri? Tal vez… única y muy extraña.

Había demasiadas habitaciones, era algo así como un… ¿hotel?

—Las aguas termales están en la parte trasera, dejen sus cosas por aquí— indico el pentacampeón señalando una de las habitaciones más espaciosas del lugar, ahí habían dos camas y un closet para cada una.

—Que espaciosa— admiro el mayor de los rusos adentrándose con las maletas en mano, las cuales fueron retiradas por su entrenador solo para colocarlas cerca de ambas camas.

—Otabek y yo nos quedaremos en la habitación que esta a lado.

Viktor parpadeo confundido por el aviso.

— ¿No sería mejor que usted y yo durmiéramos en la misma habitación, Katsuki-san?

Yuuri se detuvo en seco luego de escucharlo, ¿había dicho que los dos durmieran en la misma habitación?

— ¿E-Estas seguro de eso? — hablo tragando saliva con dificultad antes de hacerlo.

Viktor asintió con su sonrisa más contenta.

—Por supuesto, además Yuri y yo cabemos en una cama así podemos ser los tres en la habitación y si Otabek está de acuerdo puede dormir en su cama, Katsuki-san.

Y toda esa emoción de saber que Viktor aceptaba que ambos durmieran en la misma habitación desapareció con la simple mención de los menores, desapareció como su primer beso robado a manos de una de sus admiradoras cuando solo tenía 15.

—No— intervino el rubio —dormiré en otra habitación—

Los tres más altos dirigieron su vista al rubio que lucía seguro de sus palabras, palabras que le dolieron un poco al otro ruso.

— ¡¿Por qué Yuri?! ¡¿Me odias?! — interrogo a su hermanito mientras lo atrapaba en un fuerte abrazo.

— ¡No te odio pero roncas! — declaro intentando alejarse de su hermano mayor, luego de sentir como le dejaba sin aire.

— ¡Que cruel! — devolvió el peli plateado entre sollozos fingidos y uno que otro verdadero.

Yuuri entendió que no se trataba más que de una pelea entre hermanos, pelea que llamo la atención de Otabek al ver la seriedad y honestidad con la que el pequeño rubio de 8 años decía las cosas. Y no solo a su hermano mayor, el tiempo que compartió con él en aquella vez de parque también lo notó, que Yuri tenía una especie de forma de hablar y ser que le parecía interesante además de que poseía una extraña mirada.

Aun para ser un niño bajo esos cabellos rubios sobe sus cejas pero cubriendo su frente podían verse unos orbes entre azules y verdes que le parecían familiares.

Pero… ¿de dónde?

— ¿Compartimos habitación o no? — pregunto Otabek al pequeño Yuri.

—Ok— respondió Yuri sin agregar más.

[…]

La noche no tardo en caer sobre ellos cuando menos lo notaron, Viktor, Otabek y Yuri tomaron un largo y relajante baño en las aguas termales para los tres era nueva la sensación de algo tan agradable como el agua caliente mojando sus cuerpos y el vapor dándoles una grata sensación refrescante.

Viktor fue el primero en salir, pidiendo a Otabek que cuidará de Yuri mientras no estaba este solo le hizo la seña de "Ok" con su pulgar, estaba seguro que vería esa seña muy seguido con esos dos.

Con su hermanito y su nuevo amigo.

—Las aguas termales son lo mejor~— espeto el ruso adentrándose a la habitación para encontrarse con el japonés cerca de la ventana, al parecer estaba fumando. —no sabía que fumaba—

Yuuri miro de reojo al menor, se retiro el cigarro de los labios y lo apago en el cenicero que tenía cerca.

—Los medios no cuentan todo— contesto al mismo tiempo que exhalaba el denso humo gris del cigarrillo.

—Ya veo— fue lo último que Viktor dijo.

Ninguno de los dos emitió palabra, cosa que incomodo un poco al adolescente, tal parece que no tenían temas de que hablar. Suspiro y opto por retirarse antes de hacer más incomodo el ambiente entre ambos.

—Viktor.

El mencionado se estremeció por el llamado de su entrenador.

— ¿S-Sí?

Yuuri se dio la vuelta y con un movimiento del dedo índice de su mano derecha pidió a Viktor que se acercara.

El ruso quedo un poco confundido por ello, salió de su transe luego de unos segundos y se acerco a donde estaba el japonés. Quedo a su lado, justo delante de la ventana la cual tenía una vista bastante agradable de Hasetsu, desde locales que aun tenían las luces encendidas hasta otros que no, todos resaltaban bastante de entremedio de la oscuridad de esa noche.

—Dime, Viktor— inquirió el azabache. —aquellos chicos que te golpearon, tendrían que tener un motivo para hacerlo—

Viktor sintió que la sangre se le helaba por las palabras de su entrenador, sabía adónde iba todo eso, sabía que sería descubierto y tendría que contarlo alguna vez.

—…— Viktor prefirió guardar silencio hasta escuchar lo que ya esperaba.

Yuuri dio una calada al cigarro que había sacado de la cajetilla que ahora estaba sobre el marco de la ventana al igual que su encendedor.

— ¿Me lo dirás?

[…]

Las noches en San Petersburgo eran frías, más frías que cuando era de día.

Con pasos decididos Viktor llego de la mano con su hermano menor Yuri a la estación del tren, donde no había más que tres personas, que él ya conocía bien.

— ¿Estás listo, Viktor? — pregunto Mila a Viktor a un Viktor nervioso y algo asustado.

—No te pongas nervioso eso nos delatará, recuerda que hacemos esto por Nikolai, por tu abuelo— hablo Georgi esta vez y solo necesito decir eso para que Viktor sujetara firmemente la mano de su hermanito y se dirigieran al último vagón del tren, el vagón que no se revisaba hasta después de llegar al destino del transporte.

Viktor se las arreglo para que Yuri se abrazara de él y guardara silencio, solo hasta que el tren comenzó a moverse.

—El vagón del equipaje es el tercero, así que Georgi y Chris distraerán a los dos oficiales— dijo Mila asomándose por la pequeña ventanilla que daba al segundo vagón. —Mientras tú y yo buscamos algo de valor, ¿de acuerdo? — se dirigió a Viktor esta vez quien asintió enseguida.

Los cuatro sabían lo que hacían, lo habían planeado desde hace días, los mismos días en los que no soportaron ver como Viktor se desgastaba en trabajos que solo le daban algunos centavos, los mismos en los que el abuelo de ambos rusos enfermo y Viktor siendo el mayor con tan solo 13 años se ausento de forma indefinida de la escuela solo para trabajar y cuidar de su hermano.

La paga de aquellos trabajos era poca, Viktor hacía lo que podía dividía el dinero para pagar lo que podía de los medicamentos que su abuelo Nikolai necesitaba, compraba comida, pagaba la escuela de su hermano menor, todo eso hacía aun cuando solo era un niño todavía.

—Mira que tenemos aquí~— espeto la pelirroja elevando un collar de pequeños diamantes, lo coloco en su cuello e hizo una extraña pose de mujer elegante y pretensiosa. —Con esto le compraremos las medicinas que le faltan a tu abuelo—

Viktor se quedo sin palabras por dos cosas, por el collar de diamantes que ahora Mila guardo en su mochila y también por lo que dijo. Sus amigos estaban preocupados por su abuelo, lo estaban ayudando en algo que reconocía no era para nada de su agrado pero… lo hacía por su abuelo, por su familia.

Pensaba en eso en cada maleta o mochila que revisaba, encontrándose con algunas carteras y una que otra pieza de joyería, ya tenían lo necesario para sobrevivir algunas semanas con lo que se guardaron en los bolsillos de sus sudaderas y en la mochila de Mila.

—Vitya— Yuri llamo a su hermano mayor, Viktor al escucharlo dejo de lado la maleta que revisaba para centrar su atención en su hermanito.

— ¿Q-Que ocurre, Yuri?

Viktor estaba nervioso, Yuri se dio cuenta de ello pero opto por no decir nada y solo asomar a la vista de su hermano mayor un anillo de plata con incrustaciones de diamantes.

—…— el peli plateado se quedo sin palabras.

—Bien hecho Yuri, con lo que encontramos ya podemos ir a uno de los vagones donde están los demás y decir que perdimos nuestros boletos, encontré algo de dinero así que podremos pagar por los pasajes.

Yuri entrego el anillo que encontró a Mila, ganándose una enorme sonrisa por parte de esta y también un beso que le hizo fruncir el ceño pero a la vez sonrojarse un poco. Salieron del vagón con preocupación, afortunadamente Chris y Georgi seguían distrayendo al único oficial que estaba de guardia ese momento, planearon algo rápido antes de dirigirse a donde estaban ellos.

Fue fácil siendo menores de edad solo pagaron a un hombre para que se hiciera pasar por su familiar y abogara por ellos. El dinero manejaba todo y ellos habían conseguido el suficiente esa noche.

Y en muchas otras donde Viktor tuvo ese mal sabor de boca al ver como su hermanito de igual manera saqueaba varias maletas, en total robaron lo suficiente para las medicinas, comida y la escuela de ambos. Solo hubo necesidad de hacerlo tres noches más antes de por fin ser atrapados por una mujer de expresión seria y algo aterradora, en palabras de Georgi, el nombre de aquella mujer era Lilia y se trataba de una excepcional mujer de negocios dueña de diferentes restaurantes en todo San Petersburgo, la misma fémina que decidió no llamar a las autoridades luego de descubrirlos hurtando su bolso, tomo aquella decisión por cuestiones personales de las que no les hablo a ninguno de los niños.

Así como también tomo la decisión de darle a cada uno un trabajo en alguno de sus restaurantes así con horas de trabajo pagarían lo poco que le alcanzaron a robar y ganarían dinero de forma honesta.

Y les dejo claro algo: Nunca saben a quién le están robando.

[…]

—Y fue más que obvio llegar a la conclusión de que le habíamos robado a alguien que era de armas tomar— con eso dio por finalizada la anécdota del porque aquellas personas le habían molido a golpes, eso había ocurrido hace varios años, mismos años en los que intento pagar lo que le había robado a aquella persona pero al atrasarse en uno de los pagos decidió mandar a alguien para darle una "pequeña" lección.

Yuuri no emitió palabra o sonido alguno solo hasta estar completamente seguro que Viktor había terminado de contar su "anécdota"

—Había otras maneras de conseguir dinero— comento el azabache aspirando lo último de aquel cigarro.

— ¿Se refiere a la prostitución?

El japonés casi se ahogo con el humo al escucharlo y lo hizo, al menos un poco, tosió varias veces hasta recuperar el aire.

— ¡N-No! — negó varias veces tanto con su cabeza como con sus palabras.

Viktor dejo escapar una diminuta risa al ver la forma de reaccionar de Yuuri, verlo en la tv siempre tan imponente y serio le ocasionaba un cierto temor pero ahora que lo veía haciendo esa expresión además de avergonzarse un poco no sabía cómo explicarlo, pero le resultaba tanto extraño como adorable. ¿De verdad tenía 23 años? Las personas de esa edad que conocía eran serios y bastante reservados, pero Katsuki no.

El era algo más allá que solo una figura excepcional del patinaje, era algo más que un simple patinador.

Era…

—Katsuki-san, estos chicos se quedaron dormidos en las aguas termales— aviso una de las empleadas con dos hombres detrás de ella que llevaban en brazos tanto a Yuri como a Otabek que lucían bastante mareados.

—Ahhh, no debieron haber leído el aviso de no quedarse dormidos en el onsen— dejo reposar lo que le quedaba de aquel palo lleno de tabaco, el cual Viktor vio fijamente, observo con detenimiento la forma en la que se consumía; casi de la misma forma que… se detuvo de pensar en eso luego de que una punzada en la frente, se llevo una mano hacía la parte donde dolía.

Viktor tenía dolores dolores de cabeza siempre que intentaba recordar ese fatídico día en el que perdió a sus padres, sabía que había sido por un despistado conductor que no vio el auto de sus padres en medio de la carretera, lo último que recordó fue la deslumbrante luz de aquel auto ir de lleno contra el de ellos, después de eso.

Nada.

Y era mejor así, no le agradaba la idea de pensar en algo sí ahora que estaba viviendo uno de los mejores momentos de su vida.

—Yuri también se queda dormido en la tina cuando toma un baño— Viktor se acerco hasta donde estaban los dos menores aun mareados.

—Menos mal los encontraron si no estarían más que hechos pasas.

Viktor soltó una risa para después ayudar a Yuuri a cargar con ambos chicos.

[…]

Con solo ver lo que Viktor tenía delante de él tanto su estomago como su memoria se activaron.

— ¡Katsudon! — grito aproximándose a tomar un sinfín de fotos de aquel latillo humeante y que muchos (todos) reconocían como delicioso. —Sé muy bien que es su comida favorita, ¿verdad, Katsuki-san? ¿Verdad? —

Yuuri no le quedo más que asentir porque era verdad, aun en esta vida el Katsudon era y sería siempre su comida favorita.

El pequeño rubio no lo pensó ni dos veces antes de comenzar a comerlo, Viktor se sorprendió un poco por ello no lucía confundido por la comida, muchas veces se cercioraba que contenía el alimento que se le ponía enfrente siempre pero ahora parecía que lo comía nuevamente Otabek de igual forma ataco su propio plato, no dijo nada aunque por la expresión de su rostro al sentir el sabor del cerdo en sus papilas gustativas le hizo estremecer ligeramente.

—Ah~ no puedo esperar— apenas tomo los palillos Yuuri se apresuro a retirar el plato y sustituirlo por uno lleno de arroz y verduras.

Aquel plato de delicioso puerco y arroz se le fue arrebatado como aquella "oportunidad" que Hitler tuvo para conquistar Rusia.

—Comerás Katsudon una vez que bajes de peso y llegues a calificar para la Grand Prix— declaro Yuuri, pensando un poco lo que hacía y en la sonrisa tétrica que formaban sus labios. ¿Estaba disfrutando esto?

Plisetski pudo darse cuenta de ello.

—Te pondrás gordo como ese conejo que cuidaste en secundaria— comento entre bocados.

— ¡E-Eso no es cierto! — se defendió el adolescente.

El sentimiento de felicidad que Yuuri sintió emerger de su pecho no podía ser descrito con palabras, era como si estuviese en uno de sus muchos sueños o fantasías donde era él, Yuuri Katsuki el que le prohibía algo a Viktor Nikiforov.

—No, creo que hay algo más apropiado— interrumpió el japonés. —a partir de hoy no comerás ningún plato de Katsudon o alguna otra grasa, ¿entendido… cerdito? —

Yuri casi se atraganto con la comida al oírlo, ¿de verdad lo había dicho? ¿en verdad lo había bautizado con ese apodo tal y como Viktor lo había hecho en una de sus vidas pasadas?

Viktor sintió enrojecer sus mejillas al ser llamado de esa forma.

—Creo que ahora me gusta más ser reconocido como aquel conejito de la secundaria… — murmuro, con resignación se dejo caer en el suelo, acercándose hasta la mesa y tomando un pequeño bocado de arroz y algo de apio, casi lucía como un niño obligado a comer sus verduras.

Viktor observaba con una mirada tristona la forma en la que todos comían su Katsudon, había soñado tanto con el día en el que por fin lo probaría y ahora que lo tenían delante de él… no podía ni siquiera tocarlo.

Debía bajar esos kilos de más lo antes posible.

[…]

—Debo admitir que soñé con esto muchas veces— dijo el ruso en medio de la oscuridad de aquella habitación que ahora estaba compartiendo con Katsuki Yuuri.

— ¿S-Si?

—Si… aunque yo era más alto y había muchos caniches a nuestro alrededor, hermosos caniches de todos los tamaños y colores— apenas pensó en aquel sueño se perdió de lo que verdad estaba hablando con Yuuri.

Katsuki lo escucho fuerte y claro, aun en la oscuridad de la habitación le era bastante visible el perfil del adolescente recostado en la cama, era él. Era su adorado Viktor, él que tanto había buscado por tanto tiempo, aquel que nunca olvido se esforzó en hacerlo aun cuando tenía familia, cundo tenía otra vida que vivir.

El recuerdo de Viktor prevalecía en su corazón, en su memoria en cada segundo que estuvo con vida y estaba seguro que siguió ahí hasta que murió.

—Viktor…— tenía que decirle, contarle todo a detalle, hablarle de la vida de ambos juntos, la promesa de siempre estarlo… de siempre estar juntos.

No consiguió respuesta, lo único que obtuvo fueron pequeños ronquidos por parte de Viktor.

"Así que de verdad ronca…" pensó, debía darle la razón a Yuri cuando lo escucho decir eso.

Se detuvo a pensar en el pequeño rubio de 8 años, era obvio que recordaba todo al igual que él. Y era más que seguro que quisiera hablar de eso. Pero Yuuri no, no quería, le dolía el simple hecho de recordar ese trago amargo que Yurio le hizo pasar.

"Historia…"

[…]

Las noches en las que Yuri no podía dormir prefería pasarlas pensando en lugar de tratar de conciliar el sueño. Le gustaba hacerlo porque le llevaba a recordar todos esos buenos momentos que vivió con ella.

Pero su mente le hacía pasar malos ratos también.

Perdona, Historia…— en todo momento sostuvo la mano de esa hermosa chica mitad japonés y mitad rusa, de cabello platinado y ojos marrones, la que siempre le sonreía en todo momento, ahora ya no lo hacía.

Esa hermosa chica su prometida, no le dio respuesta, le había dado la peor noticia de su vida posiblemente la segunda peor después de la muerte de uno de sus padres.

Historia se levanto de su asiento, salió por la puerta de aquel departamento y jamás volvió.

Yo amo a alguien más…—

¿Cómo puedes decir algo así a tu pareja dos semanas antes de su boda?

Yuri no lo sabía, pero estuvo seguro que eso la había destrozado… sin embargo Historia era fuerte, decidida y hermosa, conseguiría algo mejor, algo mejor que él.

Era joven y talentosa.

Pero ninguno de esos atributos le ayudo a esquivar aquel auto que le arrebato la vida en instantes.

Yuuri se sintió como una torre de naipes por la noticia, todo lo que amaba se había ido por completo, su amado esposo a manos de una enfermedad y su adorada hija por la incompetencia de un conductor. ¿Qué le quedaba?

Solo un mensaje por parte de Historia, de su pequeña, explicando que la boda se cancelaba porque Yuri había encontrado a su verdadero amor y pedía que no lo culpara ni odiara, que no tenía nada de malo encontrar el amor.

Pero fue inevitable.

Con su último suspiro, Yuuri le otorgo una mirada de odio al otro Yuri una mirada que Plisetski jamás olvidaría dado que fue la última que obtuvo del japonés.

—Historia…— la imagen de su prometida se desvanecía para ser sustituida por la del chico que ahora estaba durmiendo en la cama de alado.

Yuri se sentía impotente, cargaba con la culpa de la muerte aquella chica, de su prometida, la hija de Viktor y Yuuri. Debía buscarla, por más que fuese difícil o imposible la encontraría y… ¿Qué haría cuando la viera? ¿Historia le reconocería? ¿Reconocería a su ex prometido ahora que era un niño de 8 años?

Bueno… tenía que intentarlo.

[…]

La hora de los cuatro para levantarse fue exactamente a las 6 am, Otabek fue el primero en enlistarse mientras que los dos rusos tardaron más de lo que Yuuri esperaba, corrieron lo suficiente hasta llegar a la enorme pista de patinaje que Hasetsu tenía.

— ¡Sí que es grande! — alago Viktor observando los diferentes extremos del lugar. — ¿aquí aprendió a patinar? —

Yuuri asintió dejando en manos de una de las encargadas sus cosas, desde que se volvió "el héroe de Hasetsu" tenía que pedir a las encargadas del lugar unas trillizas que prefería no mencionar por el momento, debía pedirles que cerraran el lugar hasta que sus sesiones privadas de patinaje finalizaran y todo solo hasta que Minako y Nishigori dijeran.

Ambos eran más un tipo de verdugos que unos entrenadores, no aviso a ninguno que estaría a esa hora en la pista pero sabía que llegarían apenas pusiera un patín en la pista, tenían un sexto sentido que le aterraba los huesos.

—Si quieres entrar a la Grand Prix Junior como Otabek, debes comenzar a practicar más allá de loops y salchows— indico para después adentrarse al hielo.

Viktor estuvo a punto de decir un sonoro "si" pero calló al escuchar pasos detrás de él.

—Así que era cierto…

Yuuri conocía esa voz y le desagradaba un poco escucharla, pero solo un poco, ese chico aun no se ganaba el puesto para "odio" o "repudió"

— ¿Qué haces aquí…Javier? — interrogo al español y cuatro veces campeón de Europa, Javier Fernández.

Este solo sonrió de forma contenta sin decir nada.

—Escuchamos el rumor de que comenzarías a entrenar tanto a Otabek Altin ganador de la reciente Grand Prix Junior como a cierto chico desconocido— fue una segunda voz que Yuuri también reconoció apenas con el simple hecho de decir una palabra.

Ahí estaban sus dos mayores rivales en las competencias.

—Siempre al tanto de todo, Yuzuru.

Viktor no supo ni que decir a lo que ocurría delante de él, era como el encuentro de tres titanes del patinaje, en primera su adorado Katsuki Yuuri y en segunda el segundo y tercer lugar... Javier Fernández y Yuzuru Hanyu.

De verdad que estar con Yuuri como su estudiante no le traería días tranquilos.

[…]

¡Nuestros patinadores han llegado!

Y sé que más de uno los conoce~ si no, pues… ¡investiguen!

Chicos, hoy me gradué así que solo hoy pude publicar el cap en la tarde aunque ayer en la noche lo hice en wattpad, sorry ;_;

¡En fin!

¿No saben quienes son "Javier Fernandez" y "Yuzuru Hanyu" investiguen, se los dejo de tarea ;)

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