"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo
que andábamos para encontrarnos"
—Julio Cortázar—
[…]
Historia Torvill, famosa bailarina de ballet reconocida ya como una "Prima Ballerina" a sus apenas 22 años, recientemente había obtenido un reconocimiento por la excepcional rutina que creó para Evgenia, la cual hizo que se volviera tanto entrenadora como coreógrafa de esta.
Ella era Historia.
Pero no la que tanto esperaron ver, actuaba de una forma más elegante y serena, se movía con gracia, hablaba con un singular acento francés, destacaba su suave voz con cada palabra que decía, tenía ciertas manías cuando conversaba.
Yurio reconoció cada una de estas.
Cuando colocaba su cabello detrás de su oreja significaba cierto nerviosismo, al verla lamerse el labio inferior era señal de incomodidad y lo último, lo único que necesito ver para estar completamente seguro fue como Historia miraba hacia abajo y sonreía ligeramente.
La única y absoluta señal de que estaba avergonzada.
—H-Historia…— Yuri susurro para sí, aunque no tanto ya que la mencionada escucho claramente la voz del pequeño rubio.
Historia no supo muy bien quien le llamaba, solo hasta encontrarse con los ojos azul semi verdoso del rubio se dio cuenta de que no había sido más que él dado que le miraba fijamente, como si tuviese algo en la cara o le conociera de alguna parte.
—Hola— se acerco hasta el rubio como Evgenia la conocía, sonriente y encantada elevo su mano en forma de saludo. —soy Historia Torvill, ¿y tú? —
Yuri ni siquiera supo qué hacer cuando vio a la francesa acercarse a él con una tranquilidad y sonrisa contenta tan más encantadora, no tuvo duda alguna de que era ella. No tuvo duda de eso ni de cómo sus mejillas se vieron inundadas de lagrimas al tenerla delante de él.
Algo en su pecho se contrajo.
—Y-Yuri, ¿Qué pasa?— completamente alarmado Viktor se acerco hasta su hermano menor que no decía nada ni siquiera cuando vio a la más alta preocupada también.
Sintió esa misma extraña sensación de cuando se encontró con Viktor por primera vez en esa vida. Era casi igual… pero no.
"Vamos, saluda a Yurio" no importa cuando Viktor animaba a la pequeña que se abrazaba de su pierna esta simplemente mantenía escondida su mirada.
— ¿Te encuentras bien? — Historia no perdió más tiempo y se acerco hasta el rubio al mismo tiempo posó su derecha en una de las mejillas del pequeño.
"¿Y-Yurio?" la pequeña de apenas dos años con pasos tímidos se acerco hasta el rubio que ahora estaba de cuclillas.
—H-Historia…
"Es Yuri" reitero el rubio casi arrepintiéndose enseguida cuando vio a la infante retroceder con cierto miedo en sus ojos, quiso hacer algo pero cualquier cosa física que intentara podría asustarla así que nada más opto por sonreírle suavemente. "Solo de ti aceptare que me llames así, ¿de acuerdo?"
Historia no sabía qué hacer con lo que ocurría, no era buena lidiando con el llanto de las personas.
"¡Yurio!" la voz de la pequeña Historia llamándolo era como un aleteo en su corazón, adoraba a esa chiquilla la adoro a tal punto en el que espero pacientemente a que creciera y así convertirse en la única persona para ella.
Pero le fallo.
—Lo siento... Historia— estas palabras apenas y fueron audibles para él.
Y ahora iba a remediarlo.
[…]
Las frías brisas del mar no tardaron en aparecer cuando la tarde comenzó a desaparecer y era sustituida por la noche.
— ¿Te sientes mejor, Yuri? — Viktor no pudo evitar posar una de sus manos en la cabeza de su hermano menor, ambos habían tomado un baño juntos por el simple hecho de que el ruso mayor no quería separarse de su hermanito. Lo poco que recibió como respuesta por parte del rubio es que Historia, la entrenadora de Evgenia le recordó a su madre, aquella mujer que había fallecido ya hace algunos años.
—Si— apenas respondió el rubio, una vez fuera del cuarto baño fue a vestirse con sus respectivas ropas para dormir, Viktor hizo lo mismo además de ayudar a Yurio a ponerse la camisa dado que en ocasiones se le dificultaba por sus brazos cortos.
Una vez que Yurio estuvo completamente vestido decidió terminar de colocarse él sus prendas, se detuvo cuando escucho un par de golpecitos en la puerta.
—Adelante— espeto para que la persona que estuviese tocando abriera sin preocupación.
No fue sorpresa que se tratara de su entrenador.
—Viktor necesito…— las palabras de Yuuri se quedaron a medias cuando se adentro a la habitación que había sido designada para los dos hermanos.
— ¡Oh! Katsuki-san, si era usted no necesitaba tocar la puerta— Viktor se terminaba de colocar los pantalones de la pijama cuando la presencia de su entrenador lo hizo detenerse.
Yuuri se quedo estático bajo el marco de la puerta desde ahí tenía la perfecta imagen del torso desnudo y delgado del mayor de los dos rusos. No podía verlo por completo dado los largos cabellos plateados que se colaban por encima del pecho de este además de también cubrir gran parte de la espalda, paso un trago de saliva con dificultad no pudo emitir palabra, nada más siguió observando a Viktor.
A su… estudiante.
— ¿Qué quieres, cerdo? — hablo Yuri sacando o mejor dicho acabando con el extraño silencio que se había formado en la habitación.
El japonés volvió en si al escuchar al más bajo, dirigió su obvio ceño fruncido a este.
—Otabek— Yuuri llamo al Kazajo que estaba a su lado. —ve a la sala con Yurio, los demás están ahí, por favor— ofreció una pequeña caricia a los cabellos del más bajo. Otabek sintió sus mejillas enrojecerse ligeramente, asintió a la petición del más alto.
—Vamos— índico al ruso que saliera de la habitación para así ir a la sala donde los demás patinadores estaban, todos se preparaban para una pequeña reunión a lado de la chimenea que Javier intentaba encender pero su idea de gasolina no había sido muy inteligente o… eficiente, por lo que optaron por solo sentarse todos en los sillones y convivir en el cálido ambiente de la residencia de Mao.
Yuri no pensó dos veces en acompañar al Kazajo.
— ¿Te gustan las cosas dulces? — Otabek decidió comenzar una pequeña conversación con Yuri, una corta charla en lo que llegaban a la sala y tal vez podrían continuarla ahí.
—Un poco, ¿Por qué?
—Evgenia trajo bastantes…
El ruso más bajo no pudo evitar mofarse de la expresión algo resignada del contrario, tal parece que iba a ser obligado a comerlos o tal vez no eran de su gusto. Siguieron charlando, conforme la conversación ya no fue audible para Katsuki decidió adentrarse a la habitación.
—Me alegra que Yuri se lleve bien con Otabek, usualmente es muy callado y las únicas personas con las que habla son Mila y Georgi— conforme hablaba terminaba de colocarse la camisa del pijama lo cual se le complico un poco por la cantidad de cabello que tenía y ahora estando húmedo se volvía más pesado y difícil de manejar.
Yuuri se dio cuenta de ello.
— ¿Necesitas ayuda?
Viktor negó repetidas veces con la cabeza apenas logrando adentrar esta al hueco de la camisa se las arreglo para tomar todos los mechones de su cabello y sacarlos para finalmente dejarlo caer una vez más.
—Mi cabello a veces es difícil de tratar— espeto tomando la toalla que había dejado en la cama antes de que el azabache estuviese dentro de la habitación con esta comenzó a secar algunos mechones de su cabello.
—Me imagino— Katsuki esta vez dirigió su mirada hacía los largos y plateados cabellos del ruso. Iba a preguntar algo más, sin embargo el su lugar se acerco hasta donde estaba el menor, mantuvo su distancia, observaba cada movimiento que este hacía con la toalla sobre su cabeza para secar sus cabellos desde arriba hacia abajo.
Cosa que haría más difícil el secado de este dado lo largo que era.
—Mao debe tener una secadora, ¿quieres que se la pida prestada?
Viktor detuvo el secado de su cabello con la toalla luego de escuchar al más alto, se quedo en silencio antes de negar nuevamente con la cabeza esta vez de forma suave y simple, solo dos movimientos para negar amablemente la oferta.
—Gracias pero prefiero hacerlo de esta forma, es más lento pero… me gusta hacerlo así— ofreció una sonrisa simple al contrario, después continuo con los movimientos de la toalla sobre los mechones de su cabello, debía secarlo bien para evitar cualquier problema con este como puntas abiertas o algo por el estilo.
Yuuri decidió no decir nada más, tan solo se mantuvo con su mirada marrón en el contrario siguiendo cada uno de los movimientos que Viktor hacía sobre su cabello, se canso de solo observar por lo que guio su diestra hacía uno de los mechones.
Viktor se tensó apenas y sintió como su cabello era tocado por el pelinegro.
— ¿K-Katsuki-san? — nerviosamente inclino su cabeza hacia un lado.
—Te ayudare a secarte el cabello así estará seco pronto— con solo eso removió de las manos del peli plateado la toalla con la que estaba secando su cabello.
El ruso se quedo un tanto sorprendido por la acción pero más allá de eso se sintió avergonzado, las únicas personas a las que dejaba tocar su cabello eran sus amigos, su abuelo y por supuesto su hermano menor pero más allá de ellos… nadie lo había hecho.
Hasta ahora.
—Gracias— agradeció en voz baja para después quedarse en silencio y dejarse hacer por los movimientos que Yuuri ejercía en la toalla para secar varios mechones de su larga cabellera. Sentía esa sensación de verdad agradable y de alguna forma… familiar. Como si el japonés tuviese mucha experiencia en ello o como si antes ya lo hubiese hecho con él.
Un tanto extraño, pensó.
Katsuki pasó la toalla varias veces por la cabellera del ruso, por esa larga y plateada cabellera que solo Viktor podía cargarse. Seco los cabellos llegaban hasta estar a la mitad de sus glúteos pero húmedo llegaban hasta estar completamente debajo de estos.
De verdad era largo pensó Yuuri.
"Debes secarte el cabello si no podrías resfriarte"
Pensar en ese recuerdo le hizo detenerse y mirar fijamente el mechón que tenía en las manos.
"Sécalo por mí, Yuuri~"
Desenredo sus dedos por el largo de ese mechón plateado hasta llegar a las puntas y finalmente dejarlo mezclarse nuevamente con los demás.
"Está bien, está bien, pero debes hacerlo tu mismo"
Acerco sus labios con suma lentitud a uno de los aun mojados tramos de cabello para inevitablemente besarlo con tal suavidad que lo hizo pensar dos veces en lo que estaba haciendo.
"Te amo, Yuu…—ri"
—Recuérdame, Viktor— susurro.
— ¿Dijo algo, Katsuki-san? — Viktor creyó escuchar al azabache decir algo por lo que tenía que preguntar, tal vez no se había lavado bien los oídos y por ende no lo escucho.
—No, no dije nada.
[…]
La noche con los demás patinadores en palabras de Viktor fue algo… único.
Jamás se había sentido tan contento, estaba delante de personas que muchas veces vio por televisión que los creía casi ficticios porque individuos como ellos era imposible que existieran. Fuera de la pista eran personas normales, con vidas no tan normales como lo deseaban pero si lo suficiente para que tuviesen amigos, estudios y demás.
La mayoría de ellos estaban concentrados en las competencias pero de igual forma en su educación en sus familias y obviamente en sus relaciones personales como lo eran con las parejas y amigos.
Viktor nunca pensó que los conocería más afondo.
— ¿Estas emocionado por mañana, Yuri? Iremos a patinar con patinadores profesionales— de solo pensarlo le daban escalofríos y una agradable sensación de nauseas, obviamente provocadas por la emoción. Entre su imaginación sobre que podría pasar mañana pudo ver perfectamente como su hermano lucía de alguna forma extraño. — ¿pasa algo, Yuri? —
Yuri lo escucho pero no respondió tan solo miro fijamente el techo de la habitación como si fuese lo más importante en todo el lugar.
—Tengo sueño— espeto casi de forma mecánica.
—Oh, lo lamento ya es tarde y sigo con la luz encendida, disculpa— enseguida se apresuro adentrarse en la cama que había decidido compartir con Yuri aunque este se negó rotundamente no pudo ganar contra su hermano mayor, tan solo le quedo suspirar y aceptar de mala gana. —Buenas noches, Yuri~—
El menor asintió y cerró los ojos acurrucándose en los brazos de su hermano mayor.
—Buenas noches.
[…]
Eran ya apenas las dos de la mañana, no había sonido alguno en la residencia. Así que tuvo que arreglárselas muy bien para no hacer ruido, tenía entendido que la habitación de la francesa era compartida con Evgenia así que si quería entrar debía no ser visto por la rusa.
Camino casi de puntillas por el pasillo, el cuarto estaba en el fondo de este, debía pasar el de Javier y Yuzuru primero para llegar al que deseaba.
Sin embargo, no necesito eso cuando vio una pequeña luz provenir de una de las habitaciones o mejor dicho de un salón. Apenas alcanzo a ver algo por la pequeña rayita de luz que dejaba ver la puerta no completamente cerrada, dentro pudo distinguir lo que parecía ser una barra fija a la pared.
El piso era de madera completamente liso.
Solo necesito verlo un poco más para entender de qué se trataba esa habitación.
—Es un salón de ballet personal— hablo una voz fémina y suave al otro lado de la puerta.
Yuri enseguida se sobresalto al escucharla acto seguido estuvo a punto de caer directamente al suelo por la sorpresa pero fue detenido cuando la misma dueña de la voz le sostuvo.
— ¿Sabes ballet? — interrogo de la nada.
En un parpadeo estaba dentro de aquel cuarto iluminado donde una de las paredes estaba completamente cubierta por espejos, en ellos pudo distinguir su delgada figura de infante digna de uno de 8 años ya casi de 9. No solo pudo ver su imagen en los espejos si no también la de ella.
—Todo patinador debe tener principios de ballet, ¿lo sabes? — Historia se aproximo hasta el rubio menor colocándose detrás de él y posando sus dos manos en los hombros de este señalo el enorme espejo que había delante de ellos. —tienes una hermosa figura, pero sabes… la belleza no sirve de nada si no se tiene fuerza—
Eso lo había escuchado antes.
Sentir a la fémina alejarse de él fue idéntico a aquella ocasión esa en el que la vio por última vez, verla salir del departamento que habían prometido compartir, verla llevarse el anillo de compromiso que sus padres con tanto cariño le habían entregado para que así se uniera a la persona que más amaba.
Para que ambos se unieran.
Historia estaba de espaldas acomodándose los mechones de su cabello en un chongo para poder comenzar a practicar de nuevo, Yuri desde donde estaba la sentía tan lejana.
—Historia Nikiforov Katsuki— comenzó el rubio. —Naciste el 2 de abril, comenzaste a practicar ballet con Lilia Baranovskaya justo cuando tenías 5 años, asistí a tu primer recital el cual fue "el cascanueces"; te lleve a casa de mi abuelo y comiste pirozhki de katsudon por primera vez, perdiste tu primer diente de leche a los 6 con el dinero le compraste un cascabel a mi gato, con 10 años me pediste que me casara contigo yo te dije que si crecías más que yo o si llegabas a alcanzarme un poco lo iba a considerar, a los 12 tuviste tu primer regla, con 15 años entraste al Grand Prix Junior Femenil y quedaste en segundo lugar, a los 18 me entregaste tu primer beso y a los 21 te entregaste a mí, una semana después… nos comprometimos—
En ningún instante Yuri se quebró, se conservo firme hasta terminar sus palabras, palabras que no estaba seguro si Historia entendería. Desde el fondo de su pequeño corazón deseaba que lo hiciera, que su "pequeña" prometida lo recordara, al menos… un poco.
Historia no dijo palabra alguna se mantuvo de espaldas, Yuri sintió como algo nuevamente se contraía dentro de él, ella… no lo recordaba.
—N-Nunca debí haberte dicho mi primera regla.
— ¿Eh?
La rubia semi castaña se dio por completo la vuelta así dejando ver sus orbes azules inundados de lágrimas, lagrimas que ahora corrían por sus mejillas hasta su barbilla y para finalmente caer al suelo.
Dichas lágrimas fueron como una salvación para Yurio, una respuesta para todas sus dudas. Sin darse cuenta completamente… él había comenzado a llorar también. No hubo fuerza alguna que los detuviera a ambos de fundirse en un abrazo que no solo Yuri había anhelado hace tanto tiempo si no también Historia, pero ella… había tenido otras oportunidades de abrazarlo.
Hablaría de ellas con él eso era obvio pero ahora no, para nada quería arruinar ese único momento entre ambos. El reencuentro de dos vidas pasadas que tanto deseaban volverse a encontrar.
—Te busque en tus otras vidas— murmuro Yuri.
Historia asintió sin dejar de pasar sus dedos por los cabellos rubios del pequeño ruso.
—No fue una chica en todas, Yuri— inquirió la francesa en respuesta.
Yuri se separo para por fin verla fijamente y obviamente con confusión.
— ¿A qué te refieres?
La fémina no pudo si no reír ligeramente por lo que no sabía si era duda o curiosidad por parte del pequeño pero sin duda era algo que le causaba gracia.
—Cuando morí estuve vagando por poco tiempo en un espacio vacío donde tal parece no había lugar para mí, no sé si fue casualidad o el mismo destino pero una mañana desperté y era tu gato— declaro y eso fue suficiente para que los ojos del pequeño ruso se abrieran en forma de sorpresa. —Me volví "Miru", tu dulce gatita mascota que estuvo a tu lado hasta el día en el que morí… otra vez—
No entendía bien pero el tema de la muerte ya no le causaba la misma impresión de antes.
Yuri no cabía en la sorpresa y eso que aun no sabía lo que había sigo en su segunda vida.
—Mi segunda vida fue más tranquila, vivía en los suburbios de Inglaterra hasta que a las puerta de mi hogar fue a dar un pequeño bebé, de ojos verdes, cabello rubio y… una peculiar expresión en sus ojos— conforme hablaba pasaba sus manos tanto en los cabellos como en el rostro del pequeño ruso, no entendió bien el mensaje, le tomo unos segundos darse cuenta de a qué se refería.
Paso un trago de saliva con suma dificultad.
—T-Tú…
Historia asintió segura.
—Yo fui tu madre en aquella vida— sintió un sabor raro en la boca luego de decir aquella, de alguna forma de solo pensarlo le causaba escalofríos, su prometido había sido también su hijo… no de sangre pero seguía siéndolo, lo vio crecer y demás. Fue un milagro que nada se le escapara en aquella vida.
Yuri tuvo que respirar profundo, era mucha información, muchas noticias, ¿Cómo debía tomarlo? Su primera vida no la recordaba bien solo hasta el momento de su muerte, su segunda vida si… tenía una madre, una mujer de largo cabello negro que cuidaba de él, ella era su madre.
Ella era…
—T-Tan… raro— murmuro completamente confundido y extrañado, sentía su estomago revuelto su cabeza dolía, debía… debía…
—Está bien, Yuri— Historia se apresuro a calmarlo no quería que tuviese una migraña o algo por el estilo, se inclino para besar la frente del pequeño ruso en busca de que este dejase de pensar. —te críe de la mejor forma posible, te alimente, cuide, bañe, te di la educación que mejor pude, ¿no crees que se repitió lo mismo que cuando yo era hija de Yuuri y Viktor? —
Ahora que lo ponía de esa forma… si, era casi lo mismo.
Yuri no pudo si no suspirar completamente agobiado y por supuesto cansado dejo que su frente chocara ligeramente contra la de la contraria.
—Nunca dejamos de estar comprometidos— murmuro bajo.
Historia sonrió grande por lo dicho.
—Llegaste tarde— respondió. —Me case con Seung hace año y medio—
El rubio no pudo evitar mostrarse sorprendido pero a la vez contento por ello, volvió a chocar suavemente su frente contra la de Historia al mismo tiempo que frotaba ligeramente sus narices.
—Me alegro— admitió.
[…]
La inesperada falta de una persona en la cama le hizo despertarse pero además de ello también el sonido de su teléfono celular, pudo distinguir el tono de llamada algo que le pareció extraño dado que era demasiado tarde para que alguien estuviese llamando.
Ni siquiera vio de quien se trataba solo se llevo la bocina del aparato a la oreja.
— ¿Si?
Más te vale que no te estés escondiendo, Vity
La sangre de Viktor enseguida se heló al escuchar esa voz con ese peculiar acento asiático. La línea inmediatamente se volvió el sonido de que la persona tras la llamada había colgado, se retiro el aparato y vio la pantalla.
GHJ
Las siglas de un hombre que era el causante de muchas de sus preocupaciones, problemas y… frustraciones. Se levanto de la cama enseguida por el hecho de que sentía la boca seca y porque quería saber dónde estaba su hermano menor.
Salió de la habitación sin hacer mucho ruido, camino taciturno por el pasillo hasta que algunos sonidos lo hicieron detenerse.
Camino inseguro hacia el lugar de donde provenían, no era más que la habitación que Yuuri su entrenador compartía con Otabek Altin, el ganador de la reciente Grand Prix. Se asomo un poco por la rejilla que la puerta entreabierta dejaba ver hacia el interior del cuarto.
Lo que sus orbes azules vieron fue suficiente para que contuviera el aire de sus pulmones.
—Otabek— Yuuri aparto al menor que incisivamente intentaba acercarse hasta él nuevamente. —Basta, Otabek—
El Kazajo no se detuvo, fue todo lo contrario, tomo por el cuello del pijama al rubio y lo atrajo contra sí. Lo suficiente para que sus labios chocaran en un beso del cual Yuuri se separo nada más hasta darse cuenta de lo que pasaba, lo cual fue… en menos de 10 segundos.
—Dije basta, vete a dormir— declaro el japonés acto siguiente empujo al menor hacia su cama este chasco la lengua quiso levantarse de donde había sido empujado pero se detuvo cuando el mayor abrió la puerta de la habitación.
Dejando ver así al mayor de los rusos quien lucía como un conejo pasmado por la luz de algún automóvil.
Yuuri no supo que decir en ese momento, basto con ver al de cabellos plateados para darse cuenta de que lo había visto o mejor dicho… los había visto.
—V-Viktor— lo llamo pero Viktor no reacciono.
Fue extraño pero había sido como si algo en su interior… se quebrara.
¿Qué había sido eso?
[…]
Son libres de poner lo que quieran en los comentarios, todo insulto me lo merezco, sean libres.
Si tienen dudas también déjenlas.
Si tienen halagos que no me merezco también.
Si me quiere desear la muerte están en su derecho.
Buenas noches.
