Kunoichis En La Guerra

Por Pryre-Chan

Los Personajes de Naruto No me Pertenecen

Capítulo 03

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Ladrón de oportunidades

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Ino estudio con cautela a cada persona que pasaba por el vitrina de la tienda de su familia, trataba de determinar los atributos que debería tener su pareja.

Después de la reunión de esa mañana había empezado a estudiar con ojo clínico a todos los hombres con los que se cruzaba de camino a casa, pero todos eran demasiado mayores, muy jóvenes o poco agraciados o de aspecto torpe.

Nunca lamento tanto que su amado Sasuke-kun se hubiera ido de la aldea, con el su decisión estaría cantada. Pero como no era así, se decidió a buscar a alguien más, lo cual no sería fácil.

Pensó en varios nombres mientras acomodaba las rosas y regaba los girasoles, ninguno la satisfacía y solo tenía dos días, seria tortuoso y estaba segura de que los mejores candidatos estaban siendo acosados en ese momento, dio un vistazo apreciativo a la pequeña bolsa lila y al pañuelo blanco que descansaban sobre el mostrador, cuando llego su padre se había escandalizado a su manera en un numero de llanto que la había avergonzado al máximo.

Pero al menos de todo aquello, su padre, ya repuesto le había prometido dejarle la casa a ella sola esos dos días, para que se encargarse de "sus" asuntos en un lugar seguro. Sin nada mejor que hacer decidió abrir la tienda.

Cuando termino de arrinconar los crisantemos escucho un tumulto fuera, se asomó por curiosidad y vio como tres chicas peleaban por darle su pañuelo a un pelirrojo.

Ino lo conocía por supuesto, era Kyohei un chico atractivo como ninguno y también ninja, era mayor que ella por dos años y había tratado de ocupar el lugar de Sasuke a su salida.

Era uno de sus candidatos, no el mejor, admitió para ella misma, quizá no fuese el indicado, era muy conocido y seguramente estaría muy ocupado, con un suspiro volvió a entrar, al segundo la campanilla de la puerta sonó.

-Kyohei- llamo al chico que veía nerviosamente por entre las enredaderas fijas, al parecer había una discusión fuera.

-Ahm…hola Yamanaka-san. ¿Te importa si me quedo un momento?-

-No me importaría si compras un cactus de interiores- le respondió sonriendo, señalando una repisa de pequeños cactus con flor.

El joven hombre carcajeo.

-Está bien me llevare uno- Camino por la estancia y de repente se detuvo, Ino siguió la dirección de su mirada y la encontró clavada en el pañuelo sobre el mostrador.

Ino se removió incomoda.

-¿Ese es tuyo?- le pregunto el hombre señalando con el dedo.

-Por supuesto- Ino le respondió rápidamente, a fin de cuentas no tendría que ocultarlo ¿no? Hasta su padre lo sabía lo cual era la epitome de lo vergonzoso y colindante con lo irreal.

Pero luego reacciono, no era esa una buena oportunidad de acabar con eso de una vez, no era su moreno perfecto pero valia.

Con pasos decididos se acercó al mostrado, solo debía dárselo y ya.

Un terrible ¡crash! sonó en el piso superior, lo que era extraño ya que estaba sola en casa.

Sin decir nada subió al piso de arriba solo para ver un florero roto en el suelo, por suerte no era el favorito de su madre, la ventana cercana estaba abierta y el viento movía las cortinas.

Bajo para recoger una escoba y se sintió estudiada bajo la larga mirada de apreciación que le dirigió Kyohei, de arriba y abajo y otra vez.

Kyohei se lamio los labios.

El tipo resulto ser un degenerado.

-Si quieres decirme algo, este podría ser el momento- le dijo con voz escabrosa y pose adulante.

Ino reprimió un golpe.

-Vamos no seas tímida- insistió y se atrevió a ponerle una mano en el hombro. Como odiaba a los hombre que se creían con atribuciones solo por haberles sonreído.

-Su-el-ta-me- le dijo con voz contenida-¡Y largo!-

Ino empujo al sorprendido hombre por la puerta y cuando él se giró para enfrentarla con gesto indignado, agarro una de las macetas de cactus y se la arrojo a la cara.

-¡Te lo regalo!-

Sabía que tenía que buscar otro candidato. El segundo nombre surgió.

Shin Masamune era un ninja elite hasta donde sabia, era el encargado de la oficina de finanzas de la aldea, lo había visto muchas veces y hablado pocas, pero le resultaba alguien agradable y aceptable, no tenía un gran atractivo físico, pero el color de sus ojos grises con líneas verdes llamaba mucho la atención, aunque casi siempre estaban ocultas bajo gruesas gafas.

Lo eligió por ser en apariencia un ser tranquilo y no parecía ser un pervertido, tenía la certeza que la trataría bien.

Lo busco en las oficinas y casi nadie creía que le buscaba a él, pero poco importo hasta que el hombre en cuestión la empezó a esquivar como una plaga.

¡Lo había visto esconderse tras otra gente!

Eso hizo mella en la seguridad de Ino, que se estudió a detalle en el reflejo de una ventana, todo parecía en orden y bien, era atractiva y sexy como siempre, ¿porque huia?

Con una punzada de curiosidad y otra grande de orgullo se fijó la meta de sacarle al menos una respuesta al hombre. Lo siguió hasta que salió del trabajo, tarde como nunca, el hombre detuvo sus pasos y se metió en un parque para mecerse en un columpio.

Ino se sintió rabiosa ¿la rechazaba por nada? Había imaginado una novia o algo parecido.

Agarro el pañuelo en sus manos con fuerza y se dispuso a enfrentarlo. Pero se tropezó.

¡Pero si no habia nada a sus pies!

Corto el tren de sus pensamientos cuando vio otra figura acercarse a Shin, al parecer charlaban hasta que noto que el escurridizo ninja trato de alejarse y el otro hombre lo sostuvo, le quito los lentes y se abrazó a él.

El corazón de Ino empezó a palpitar con un sentimiento desconocido.

Ahora entendía porque Shin la evitaba, al parecer tenía otros intereses.

Suspiro, encontraría a alguien más, dio dos pasos atrás, pero no avanzo más apreciando la escena frente a ella, los dos hombres ahora compartían un beso que merecía algún tipo de premio.

Ino ahogo un gritillo de emoción, pero se obligó a alejarse cuando unas grandes manos se metieron bajo la camisa de trabajo de Shin.

Con el corazón batiéndole en el pecho y la cara sonrosada Ino decidió que se encargaría mañana.

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Al día siguiente Ino tardo más de tres horas para encontrar a su siguiente opción. Souji era un instructor de la academia, era joven y apuesto, por supuesto un buen partido además de sensible, le había visto varias veces aconsejar a sus pupilos.

Casi podría considerarlo perfecto, ajusto con más fuerza la cangurera en la cual llevaba su bolsa lila y el pañuelo, decidida a que este tercero sea el correcto.

Lo observo salir de la casa de baños termales con la piel morena toda sonrosada, se le antojo atrayente y por fin sintió el hormigueo de la anticipación, ese hombre era más que adecuado, espero que la tratara bien, era todo lo que pedía, ya después podía disfrutar a sus anchas con un compromiso más serio fuera de un compromiso burocrático.

El hecho disminuyo su entusiasmo, pero se negó a caer el ello, ya lo había pensado demasiado, sobre amor y entrega, pero al final siempre supo que era su deber cumplir, al menos les habian dado la oportunidad de elegir.

Su última oportunidad se le escapaba, tenía que aprovechar que se encontraba solo, saco su pañuelo, se lo entregaría y planearían su encuentro para esa noche.

Se acercó decidida.

-¡Ah!- empezó a gritar su objetivo- ¡Aléjate!

Con un sobresalto se acercó, el hombre estaba sobre un banquillo agitando su toalla, para espantar a un pequeño gato negro.

-¡Shoo! ¡Aléjate mala suerte!-

Ino se puso las manos en la cadera molesta ¿cómo podía espantar de esa forma a una adorable criatura como aquel gatito?

Cuando el pequeño felino esquivo una barra de jabón Ino se aproximó y lo tomo entre sus brazos.

-Oye que te sucede solo es un gatito- le reprendió.

-¿Es tuyo esa cosa?- Ino sintió la primera puñalada de ira.

-No, pero…-

-Llévatelo si no quieres que le arroje un kunai- La puñalada creció y el gatito maulló apretándose en su pecho, pobre criatura que por su color tenía que sufrir tal desprecio.

-Claro que me lo llevare, ¡eres un peligro!-

-¿Yo?-

Y antes de que el hombre pudiera refutar algo más, Ino le lanzo un kunai para cortar la cinta de su buzo deportivo que tenía, al momento se le cayó y sumado que estaba encima de un banquillo lo hacía visible aún más.

Se rio de él y se dio la vuelta.

De camino a casa se encontró con Tenten que parecía más perturbada que ella misma ¿sentía acaso el peso del tiempo como ella?

-Te ves algo nerviosa ¿no te gustaría tomar un té en mi casa?- le ofreció pero su propuesta fue rechazada, lo entendía en realidad, ella misma se haría uno cuando llegara.

Se despidió y la siguió con la vista hasta que se perdió.

Llegando a casa y luego de pensarlo mucho preparo el infusión que le habían dado y decidió tomarla, ya que a fin de cuentas tenía poco tiempo y anochecía con rapidez.

El gatito maulló.

-Te daré un poco de leche ¿si?- el gatito trepo por la enredadera de su ventana, no era muy firme y se balanceaba por fuera del balcón.

-¡Espera que haces!- le alerto cuando la planta se movió atemorizante mente.-¡Oye!-

Ino se asomó al balcón tratando de tomar al pequeño felino pero estaba fuera de su alcance.

-Oye Ino ¿pasa algo?- le preguntaron desde debajo de su alfeizar, Ino se asomó y vio a un amigo suyo, habían compartido un par de misiones juntos y se llevaban bien.

-Y si le digo…- susurro al aire

Antes de articular las palabras predestinantes Ino escucho un objeto caer a su lado, lo busco con la vista y contemplo un pincel manchado de tinta negra. Se le hacía familiar, tan familiar que…

-Si estoy bien, no es nada- le dijo al de abajo y dio un salto hasta el techo de su casa, lo que vio la dejo de un pieza. Allí sentado con un pequeño gato en manos estaba el compañero sustituto del equipo siete, Sai.

-¿Qué haces aquí?-

-Solo pasaba por aquí- le respondió con una desesperante sonrisa, siempre se lo pregunto ¿porque hacia eso? Aquel gesto vacío.

Ino no le creyó y lo estudio a detalle, no había nada sospechoso en él.

-Ven baja, tomemos un te- Ino le dio la espalda y lo oyó enderezarse bajo a su balcón y entro a su cuarto, allí solo tenía el "especial", debería ir por otro.

-Siéntate iré por algo de te- le aviso cuando salió, en realidad no estaba del todo segura de la situación, sentía que sería difícil tratar con un hombre como aquel, casi no lo conocía de nada , pero le había causado una buena primera impresión, y algo le decía que podía confiar en él.

Pero podría confiarle "eso"

Se mordió los labios con indecisión mientras ponía la tetera a hervir, le temblaron las manos.

¿Que le pasaba? Hace menos de cinco minutos estaba por ofrecerle su pañuelo a un chico cualquiera.

El reloj sonó y lo miro de soslayo, eran las siete ya y quedaban pocas horas para el fin del plazo de la normativa. ¿Por qué no les había dado una semana?

Subió con la bandeja en las manos y entro a su habitación, su visitante estaba igual como lo había dejado, salvo que examinaba con demasiado interés su pañuelo blanco. Ino dio un brinco.

-¿Que haces eso es privado?-

-Note que tiene un olor extraño-

Ino no respondió, así que se limitó a servirle una taza de té y ponerlo frente suyo.

¿Ahora qué?

El gatito maulló mientras se frotaba insistentemente en el cuello de Sai, empezó a ronronear. A Ino le pareció extraño el apego repentino.

-¿Ese gatito te tiene mucho cariño?- le pregunto mientras lo veía fijamente

-Es mío- y guardo silencio como si de pronto hubiera dicho algo que no debía.

Algo ahí no encajaba.

-Lo encontré cerca de los baños, estuvo a punto de ser atacado por un hombre neurótico-

-Lo se…-

Ino arqueo una ceja

-¿Lo sabes?- le pregunto despacio y en tono acusador. –Pero no hiciste nada.

Sai tardó en responder lo cual le dio a entender a Ino que le mentiría, y todavía tenía esa sonrisa en el rostro, antes de que le dijera nada levanto la mano para callarle.

Pasaron un momento en silencio. Hasta que el reloj marco la hora en tenues timbreos que llegaban desde la cocina.

-Ya en serio ¿Que hacías en mi casa?-

-Los amigos de Naruto se han vuelto los míos, al menos eso es lo que me dijo- Sai se vio sumido en un silencio reflexivo

-¿Qué?-

-He leído sobre la amistad y su significado, se supone que debo mostrar el mismo grado de cariño hacia todos, pero siento la necesidad de mostrar más afecto hacia ti sobre los otros-

Ino sintió un pálpito.

-Por eso cuando me comunicaron de la normativa, pensé en ayudarte a escoger un candidato adecuado, pero ninguno de los hombres que parecían llamar tu atención parecieron convenientes-

Esperen.

-¿Tratas de decir que me seguiste o algo así?-

La rabia y la ternura se peleaban en su interior, pero notaba algo, claro que no por nada Ino conocía a los hombres, incluso uno así, sabia por la fretezota amiga que Sai trataba de aprender de las emociones, a Ino le parecía un gran salto el hecho de que la prefiriera sobre Naruto.

El palpito de nuevo.

-¿Como planeas ayudarme?…¿que harás cuando el tiempo se acabe y no haya cumplido con el requisito de la normativa?-

Ino sintió las palmas sudar y se removió con un sentimiento de expectación, ¿podía Sai captar su filtreo a la primera?

El reloj volvía a sonar, el tiempo pasaba muy rápido, a este paso tendría que ser un poco más que descarada.

Para su sorpresa Sai saco un papel de entre su ropa.

-He estado observando y creo que pude encontrar a…-

-¡Ino! ¡Ya estoy aquí!- aviso la voz de su padre desde el piso de abajo, en un reflejo que no supo explicar Ino jaloneo a Sai hasta su armario cerrando la puerta.

-¡Ya oi!- grito de vuelta-No salgas- susurro a la puerta cerrada.

¿Que hacia? Bajando las escaleras se golpeó la frente, ella no era tímida en absoluto, podía decirle a su padre que el chico que eligió estaba allí y que no la molestase, o quizá solamente regañarlo porque le había prometido la casa sola para ella hasta mañana.

-Papa ¿que haces aquí? Dijiste que volverías mañana-

-Sí, sí pero olvide unos papeles, mi escuadrón…- su padre paro y la miro con detenimiento- Mi niña- empezó a decir con voz rota.

No quería pasar por eso de nuevo.

Ino se apresuró a darle los papeles que había juntado en la mesa y se los puso entre las manos, luego lo empujo hasta la salida.

-Vete papá…hasta mañana- Y cerró la puerta.

Suspiro. Ahora debía encargarse de otro asunto, el reloj volvió a sonar. Eso le recordaba la famosa lista ¿Sai había elegido hombres para ella? Se sentía de pronto mal.

Pero a Sai le gustaba ¿no? Se había tomado muchas molestias por ella y con su problema de emociones seguro no se habría dado cuenta.

Ella le ayudaría con eso.

Se paró frente a su puerta y se arregló el cabello y la ropa. A ella también le gustaba él casi desde el primer momento, era halagador, atractivo y talentoso. En sus pinturas como en batalla, y ella lo sabía bien.

Abrió la puerta de su armario y encontró a Sai leyendo un pequeño libro entre la luz de una linterna.

-He leído que los hombres que se esconder en armarios son acosadores o parejas sexuales de mujeres casadas-

-Dame eso- Ino estiro la mano pero Sai se echó atrás, ella lo siguió y quedaron atrapados en el pequeño armario. ¿Esto era una trampa?

Con los cuerpos pegados, Ino sintió que el aire se hacía más delgado. Volteó a verlo y lo miro con la misma sonrisa en el rostro. Ino tomo el pañuelo que aun Sai tenía en su mano libre y se lo tiro a la cara.

-Sabes lo que significa ¿no?-

Sai sonrió, pero Ino noto que se tensaba. Abrió los ojos negros y vio como las emociones iban y venían en desorden.

-He leído sobre el acto…-

-Silencio, no tienes que decírmelo, sabes…-Ino trago- ¿Sabes que hacer y cómo verdad?-

En ese campo estaban en igual de condiciones, la experiencia de Ino se limitaba a la imaginación y lectura.

Se arriesgó.

Ino se puso de puntillas y se apoyó sobre el cuerpo masculino, no encontró rechazo, pero tampoco aceptación plena.

-Necesito mi libro-

Ino quiso gruñir.

-No- le paso con decisión los brazos por el cuello y lo acerco a ella.

Un beso, podía empezar por eso, ella sabía hacerlo, se acercó a sus labios y le dio un beso corto y tentativo, lo sintió abrir los labios para hablar, pero Ino no quería oír, ese hombre le sacaría canas verdes.

Profundizo por su cuenta y estuvo así un momento, no recibió respuesta y se rindió, se sentía tan ridícula, se alejó sin querer verlo a los ojos siquiera, quizá había mal entendido algo o quizá este hombre en realidad no…

Sintió la presión en su mandíbula y luego la vacilación, antes de sentir el ataque a sus labios, decidido, firme y algo salvaje. Apenas su mente maquino la sensación cuando ya se estaba derritiendo, abrió la boca y correspondió como pudo, su rostro inclinado para más acople.

¿Se estaba imaginando aquello?

El agarre se hizo más fuerte, que la lastimo, tomo las manos masculinas con las suyas y las forzó a retirarse.

-Asi no, me duele- le advirtió, todo toque ceso y se hizo un pesado silencio, Ino no tenía paciencia para eso, las mariposas en su estómago amenazaban con arrasarla.

Lo tomo de las manos y las guio a su rostro.

-¿Se gentil quieres?- y sin esperar respuesta se lanzó de nuevo al beso, menos caótico y mejor, mucho mejor, suave y dulce. Sus manos se novieros solas y se acomodaron en la espalda masculina recorriéndolo con ansias, poco después las masculinas empezaron a imitarla, se sentía bien, tan íntimo.

El reloj sono de nuevo en un sonido tenue y amortiguado, apenas lo registro en su sub consiente ¿cuánto tiempo llevaban allí metidos?

Su mente se empaño, Sai había movido sus caderas de manera que Ino sintió toda la firmeza de su atracción.

Una escena fugaz se apodero de ella, una que había leído con insistencia un tiempo antes.

¿Se atrevería?

Sin pensarlo más se puso de rodillas ignorando el poco espacio y que su espalda choco con la pared, se acomodó lo más que pudo y lanzo una mirada hacia arriba con lo que esperaba mostrar seguridad. Los ojos negros la miraron sin pestañar un momento. Sai abrió la boca algo que Ino quería evitar.

Con manos temblorosas desabrocho los pantalones masculinos y descubrió aquello que hasta el momento solo había imaginado, lo tomo con delicadeza tanteando su firme suavidad, pensó en su siguiente paso con delicadeza, empezando a mover sus manos arriba y abajo en recorridos cortos, observo con recelo las reacciones de su compañero, encontrándolo con la frente perlada de sudor y los ojos entrecerrados, pero aun así con el gesto vacío. Quería cambia eso.

Tanteo la punta con la lengua y siguió las líneas de su novela favorita, lamiendo en largos trazos y besos cortos en la cabeza sin dejar de mover sus manos, tras un par de espasmos decidió intentar jugando con su testículos y el perineo.

Escucho un jadeo y fue feliz. Lo sintió tensarse y tratar de alejarse, sabia a que se debía esa reacción, le dio un último apretón amistoso y se puso de pie, aun con la boca ensalivada le dio un beso a su orgullosamente descompuesto compañero, ahora era su turno.

Empezó a quitarle rápidamente todos sus estuches conocedora del lugar donde los broches lo sostenían, luego la polera y el protector.

-Has lo mismo- le dijo con la voz ronca. Su compañero obedeció dócilmente, sin comentarios pero con la mirada empañaba y brillante.

Ino suprimió el reflejo de cubrirse la desnudez y golpear al que la viera. Junto sus cuerpos y fue como una latigazo de calor y comodidad que la recorrió por completo, inesperadamente su compañero reacciono y la estampo en la pared entre un amasijo de extremidades, Ino sentía el piso bajo ella solo con su allux, sus brazos se sostuvieron de donde pudo para no caerse. Los besos eran completamente abrumadores, pero esta vez no se quedaron en sus labios, bajaron y se situaron con rapidez en sus pechos, ansiosos e impacientes la devoraban, lo atrajo hacia ella sosteniendo su pelo y gimiendo.

La mordió y la apretó tanto que estaba segura de mañana tener moretones, pero no le importó. Con el fuego en las venas Ino trato de deslizar la última prenda de su cuerpo y de paso tratar de bajar los pantalones de su compañero para el acople esperado.

De algún modo debía logra que llegasen a la cama.

Ino quiso dar un alto, pero en cuanto la dureza cálida y atrayente rozo su entrada húmeda como nunca supo que la cama no era buena idea, se empezó a empujar contra esa dureza para que penetrara en ella, hubiera usado las manos pero esta la sostenían para no caer.

Pronto se vio apoyada en el suelo, una de sus piernas sujeta en el aire, miro a su compañero con curiosidad pero este solo tenía una mirada decidida, se acercó a su cuerpo y presiono su pierna elevándola.

-Sostente de mi- le dijo entre susurros, dos segundos después Ino sintió que se enterraban en ella, su cuerpo quiso colapsar, pero a cambio se afianzo más, la puñalada de dolor la corto y se dejó ir. Un sonido húmedo resonó a medida que su compañero se hundía aún más en su cuerpo.

Misión cumplida no pudo evitar pensar.

Empezaron a moverse torpemente buscando ritmo, al encontrarlo se movieron con fluidez, jadeos y pequeños gritos de parte de Ino resonaron en el cerrado espacio, se sentía tan bien, esa mezcla de emociones que ni el mejor libro capto para ella ahora la inundaba, quería más, quería todo, lo forzó a moverse más rápido entre jadeos y beso robados.

-Mas…Mas fuerte- unió sus bocas impaciente. Sentía aquella presión en el vientre, tan caliente y esperada.

Pero la penetración se detuvo, con un bufido Ino se separó, su mirada de confusión e ira.

-¿Q-ue pasa?-

La besaron, bien y profundo, las manos masculinas la obligaron a girarse y a acomodar sus manos en la pared, aquello calentó aún más la cara de Ino ya de por si roja de esfuerzo y pasión, su cuerpo tembló imaginando lo que vendría, sin incitación hecho el cuerpo lo más atrás que puso y abrió las piernas.

Sintió caricias en la espalda y su cuello, su cabello fue soltado de su agarre y acomodado sobre sus hombros, besos dulces y suaves marcaron su columna más de una vez.

¡Ese hombre la estaba matando!

Más atrevida y ansiosa se impulsó a atrás buscando la dureza que ya extrañaba.

-Hazlo que esperas- le exigió cuando lo miro sobre el hombro. Su compañero parecía inseguro.

-Ven- Le llamo seductoramente- Vamos te necesito dentro.-

No paso.

-Si sigues sin moverte saldré de aquí y lo hare con cualquier chico que se me atraviese- le amenazo por ultimo.-¡Lo juro!-

Indeciso y desesperante empezó su compañero a entrar a su cuerpo con lentitud agónica, hecho atrás la cabeza y gimió, el movimiento empezó de inmediato.

Ino sintió que le agarraban los pechos con fuerza moviéndolos torpemente, pero eso no enfrió su pasión, con algo de dificultad se separó de la pared y puso sus manos sobre las masculinas tratando de guiarlas a acomodarse sobre el movimiento de penetración, la sensación mejoro y empezó a gemir sintiendo volutas de aire caliente en el cuello que venían de su compañero, casi de inmediato lo sintió engrosarse más en su interior, plena y llena trato de empujar su caderas atrás con fuerza.

Su compañero se detuvo, intrigada trato de verlo sobre el hombro, notando sus piernas entumidas.

-Sai...pasa…- su voz ronca y la garganta seca le impidieron seguir, carraspeo.

Sintió una caricia suave desde el hombro hasta su cintura, el movimiento le pareció erótico e impaciente, sus ojos chocaron y Ino supo con certeza que algo pasaba por la cabeza del pelinegro, veía la indecisión y el deseo pelear en ellos, la caricia continuo rozando su glúteo y su muslo.

Lo sintió alejarse.

-Sai…¡ah!-

Ino lanzo un gritillo de sorpresa cuando su compañero le levanto la pierna y un grito cuando se hundió en su cuerpo con fuerza, moviéndose rápidamente, apoyando todo su peso en ella y en la pared, el aire no parecía llegarle, jadeaba y sujetaba la pared con las uñas, el movimiento la hundía levemente lanzado uno que otro grujido de amenaza, pero poco pensó en eso, su pierna fue elevada aún mas, y su cuerpo fue llenado de esencia.

Cuando pudo pensar su cuerpo había caído de rodillas, detrás de ella sentía jadeos que luchaban por controlarse, miro al pelinegro apoyado en la pared cubierto de sudor, le extendió la mano y Ino la tomo, acalambrada se acercó tomándolo de los hombros y le beso suavemente.

Fue entonces que la varilla que sostenía su ropa cayo y les golpeo la cabeza.

Ino había tomado un corto baño y se había ido a acostar, Sai se fue poco después de que salieron del armario, no sin preguntarle si tenía antojo de comer algo o si sentía calambres o nauseas.

Al responder todo negativo quedo el mutismo, algo que Ino no quería que pasase, lo había pasado bien y sentía aun el aleteo en el pecho, volvió a besarle y lo invito a quedarse, sería algo problemático lidiar con su padre al día siguiente, pero sabía que valdría la pena.

Su ofrecimiento fue rechazado, algo que apuñalo el corazón de Ino, pero lo dejo estar al fin de cuentas no se olvidaba de la normativa. Como apoyando a sus pensamientos Sai le entrego su pañuelo ahora manchado de sangre, no se había dado cuenta que la tenía. Sai tomo el gatito entre sus manos y se acercó a la ventana.

-Nos vemos-

Y salto.

-o- -o- -o- -o- -o –

Se viene el epilogo.

Para su disfute.

Yo.