PIECES OF A LIFE

II.


Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.


¡Crack!

Algo se rompe. No es un brazo, no es una pierna ni una quijada. No se rompe lo que es usual en los últimos dos años que lleva en ese vecindario que todavía odia, pero no tanto.

Es una maceta. Muchas macetas.

Sougo siente un empujón violento inmediatamente después. Su cabeza es un torbellino en ese momento. Ya puede sentir el regaño de la dueña de la casa, el de su hermana y el del tonto de Hijikata.

Un segundo más pasa, siente el césped fresco del jardín de la casa Yato bajo sus pantaloncillos cortos y al otro se siente arrastrado por un brazo que lo jala y lo insta a correr con vehemencia.

"Largo", le dice la mirada apurada de Kagura mientras ella misma corre hacia su perro Sadaharu y se embadurna con la tierra de las macetas. Es tan tonta que incluso acaba con algunos cortes en las palmas de las manos.

Oh.

De manera que Kamui, el hermano mayor de Kagura, es quien lo está jalando.

Para ser un niño tan listo a quien le llaman prodigio desde el jardín de niños, Sougo se tarda demasiado en procesar todo lo que acaba de pasar: estaba jugando con Kagura en el jardín de la casa de ella, luego se resbaló como un tarado y rompió una fila de macetas, las favoritas de la madre de su amiga. Ella lo echó de su casa con un empujón, exigiéndole a Kamui que se lo llevara y llamó a su perro, posiblemente para cubrir su fechoría y fingir que ella ha sido quien ha provocado el desastre.

Sougo no entiende. ¿Por qué Kagura haría eso?

—Porque yo no me puedo escabullir por la ventana de su habitación —responde cuando lo deja entrar en medio de la noche por la ventana de su balcón—. No hay un árbol y las cañerías están del lado de Mitsu.

—Pero estás castigada.

—Dos semanas. Sin salir uh-uh.

—Son vacaciones.

—Está bien. El sol este verano está muuy caliente y me va a achicharrar toda. No quiero quedar como una papa frita de cualquier manera.

A Sougo le cuesta entender todavía, ¿por qué habría de echarse la culpa y ganarse un castigo por él? No es como que él no le hubiera puesto la zancadilla esa misma mañana. O el día anterior a ese. O le hubiera dado de comer lodo el último día de clases antes de las vacaciones de verano. O le hubiera contestado mal una tarea a propósito y le hubiera dado de comer las cartulinas de su exposición a Sadaharu una noche antes de entregarla también.

—No entiendo. ¿Por qué lo hiciste? —masculla la pregunta una vez más, todavía en el balcón, duda de entrar por si hay alguna clase de trampa en todo el asunto.

—Ya te dije. Porque el simio de los dos eres tú.

—Eres más changa que yo —refuta y entra en el cuarto.