PIECES OF A LIFE
III.
Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.
—No es como si te fuera a dar cólera o rabia. Pero admito que sería divertido si te diera. Lástima que Sadaharu no esté enfermo, uh-uhm.
—¿Por qué no simplemente haces el trabajo en equipo con Kika y terminas con todo esto? —sugiere Kamui.
Sougo patea una gran piedra que estorba en el camino de pavimento puro y caliente de regreso a sus casas. Tiene el ceño bien fruncido y las manos hundidas en los bolsillos del pantalón de la primaria. Su situación no le parece tan simple como a sus torpes vecinos. Él simplemente no quiere trabajar con Kika. Ella es… es…
—¿No saben lo empalagosa que es esa niña? Todo el rato está molestando con «Sougo mira esto» o «Sougo ayúdame en esto otro» o «Sougo, acompáñame a este lugar». ¡No me deja en paz ni un solo maldito segundo! ¡Y ni siquiera le puedo hacer nada porque la muy perra es hija de la maestra de aula!
Kamui silba largo y Kagura ríe abiertamente, con toda la intención de burlarse de su amigo y provocarle una vez más.
—¿Qué es tan gracioso?
—Si Kika no te lo ha dicho no soy quien para decírtelo —explica Kamui conteniendo una risilla tonta y encogiéndose de hombros, zanjando el asunto.
—Para ser tan listo, en realidad eres muy tonto —declara Kagura, ganándose una mala mirada del susodicho y un zape en la nuca.
Sougo sacude la cabeza dejando de lado la batalla con la niña. Eso no va a llegar a ninguna parte y el problema no es lo que Kika debe decirle o no (que ni siquiera sabe qué es y ni le importa), sino el estúpido trabajo en parejas de la escuela. Lleva toda la semana procrastinándolo y ya es el último día. Ya había pensado en hacerlo solo, pero no confiaba en que Kika no fuera a contarle el chisme a la maestra (que además era su maldita madre) y la maestra ya había amenazado que si el trabajo era hecho por una sola persona le sacaría una mala nota. No le asustan las malas notas (él sabe que sabe y eso es lo que le importa), pero no le gusta entregarle malas notas a su hermana mayor sabiendo que puede conseguir una buena, y así obtener halagos y regalos con eso.
—Tú, acompáñame. Te dejo mi play station por una semana—chantajea un poco como última opción. El trabajo será más tolerable si hay allí alguien que al menos le agrada en serio.
—Tengo que reunirme en un rato para mi propia exposición. Así que paso. Ah, y hay videojuegos allí con Kounan.
—Está bien: un mes completo. Pero vamos.
—Dije paso.
—Te doy mis dulces que quedan en el bote que escondimos bajo el limonero de mi casa.
—Que no me da la gana. Y tú ya ni tienes dulces allí. Deja de comértelos.
Sougo chasquea la lengua, ignora la acusación y luego masculla insultos por "traidor abandonador" a Kamui.
—Vamos entonces, Kagura —pide como resignado a utilizar su último recurso.
Kagura se exalta de inmediato.
—¡¿Ah?! ¡¿Estás loco?! Kika ya me odia. Si voy contigo me va a odiar más. Y al menos aspiraba a que me invitara a su fiesta de diez años por eliminación. Ya sabes, por el pastel, los juegos y los dulces. Sus fiestas son geniales. ¡No me quiero perder la de este año otra vez por culpa de alguien que yo me sé!
—¿Qué? ¿Te odia alguien más aparte de mí? ¿Qué le haz hecho aparte de existir?
—Ya quedamos en que eres demasiado tonto para ser tan listo, uh-uh —la niña pone los ojos en blanco, como resignándose a la estupidez de su vecino—. Ya no preguntes.
—Te doy los dulces que quedan en el bote. Son de café. Te gusta el café y no te dejan tomar en tu casa. Es un gran trato ¿no lo crees?
—¡Que esos dulces no son tuyos! —exclama Kamui, indignado y planeando sacar el mentado bote esa misma noche para evitarse sorpresitas a futuro.
—No quiero tus dulces.
—Añado: dejaré de ponerle tierra a tu sándwich a partir de ya.
—¡¿Le ponías tierra a mi sándwich, tarado?!
—Sólo a veces. Pero dejaré de hacerlo. Lo prometo. También dejaré de ponerle insectos.
—¡Argh! ¡Deberías morir!
—Deberían dejar de gritar. Me están dejando sordo —intenta tranquilizar Kamui con las manos en las orejas. Por eso no le gusta juntarse con el vecino cuando su hermana está cerca o estar con su hermana cuando Okita Sougo está cerca. Siempre gritan.
—¡Bien! ¡Prometo no embarrarte contra el pastel en ninguno de tus cumpleaños por el resto de tu vida! ¡¿Qué más quieres de mí, mujer?!
—¡Quiero todos tus dulces de la fiesta de Kika! ¡Y que me traigas pastel! ¡Una rebanada bien grande!
—¡Eres una…! ¡Bien! ¡Trato! —cede.
—¡Trato!
