PIECES OF A LIFE

IV.


Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.


Kagura pasa a través de la puerta sin intentar no hacer ruido en el proceso, en realidad, intenta hacer todo el ruido que puede. A Sougo le duele la cabeza como si se la taladraran y el ruido de cada paso le pone de pésimo humor. Más.

—Me debes una. Una grande. Y gorda.

—¿Cómo tú, cerda?

Ella pone los ojos en blanco. El insulto no tiene efecto en ella y Sougo lo sabe, de igual manera lo lanzó porque fue el más fácil que se le ocurrió en medio de su agonía.

—¿Sabes? Escuché por ahí que los tontos no atrapan resfriados, ajá. ¿Cómo es que tú has atrapado uno? ¿Eres un caso especial, eh?

—Lárgate, perra infernal.

—Sí, sí. Ya me voy. No quiero que me contagies tu herpes. Sólo… —Kagura abre su mochila, saca una carpeta y esparce montones de juegos de hojas grapadas por encima de él y la cama—... Aquí están, bastardo mal nacido, matado de la secundaria, nerd de nerds, complejo de hermana, candil de la calle y oscuridad de la casa, los apuntes de toda la semana. ¿A que te morías por ellos? Y no, no me los regreses. No son de Kamui. Los pasé en limpio para ti, uh-uh. Por eso me debes una tan grande como tu estupidez.

—Yo no te pedí nada —balbucea Sougo con la nariz congestionada y unas ganas de arrancarse la cabeza del dolor.

—Puedes agradecérmelo después. Estaré encantada de escucharlo —Kagura cierra la puerta y se va en medio de unas risas psicóticas.