PIECES OF A LIFE
VII.
Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.
Las maletas en sus manos son bastante pesadas, pero Sougo decide no quejarse. Favor con favor se paga y es lo mínimo que puede hacer por Kagura y la salvada de vida que le está haciendo a él y a su cartera. La encamina hasta el coche de sus papás y pone las maletas en la cajuela del auto.
—Dejé una copia de la llave en el balcón. Hazla de simio otra vez y la alcanzarás. Sabes cómo hacerlo, ¿verdad?
—Ya. Gracias —ni siquiera le refuta que la simia de la relación es ella. No viene al caso.
—Me debes una. Una grande. Una enorme. Una del tamaño de la Torre de Pisa, ajá.
—Te la pagaré, lo juro.
—No me has pagado un montón de cosas que me debes. ¡Pero esta sí te la cobraré, uhm-uh! ¡Lo prometo!
—Sí, cóbramela. Te la pagaré. Y lavaré tus sábanas. Lo prometo.
—¡Lávalas! ¡Por favor, lávalas! ¡Y quiero una botella de desinfectante para cuando vuelva! ¡Diez botellas de desinfectante! —pide a voz en grito, luego añade a media voz—. Sólo no me dejes recuerditos de tus fornicadas con tu novia —Kagura finge escalofríos un segundo y arcadas. Luego suspira más apachurrada de lo normal para un charla como esa y le da dos palmaditas a Sougo en el hombro a modo de despedida—. Mi familia y yo volvemos en tres semanas. Despídeme de Mitsu y Toushi.
—Lo haré. Gracias. Adiós. Y no lo llames Toushi. Me da asco.
—¡Deja de agradecerme! ¡Me das escalofríos!
Sougo se encoge de hombros y ríe.
