PIECES OF A LIFE
VIII.
Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.
Kagura mira el paisaje cambiar de rojizo a negro mientras el día se convierte en noche. Siente el culo plano y cierta incomodidad en su hombro izquierdo. Se le está entumiendo y, posiblemente, humedeciendo.
—Sabes que puedes abofetearlo si quieres —sugiere Hijikata con un tono de voz bajo.
—No necesito tu permiso, Toushi, uh-uh. Y yo no abofeteo. Yo doy puñetazos.
—Ya.
Hijikata le da una calada a su cigarrillo, no sin antes cerciorarse que Mitsuba está dormida en el asiento del copiloto y no puede regañarlo por ello. Luego, el camino continúa en silencio.
—¿Cuánto falta para llegar?
—Todavía unas tres horas.
—Pero ya llevamos como cinco, sí.
—Llevamos cuatro horas y media en carretera.
Con un chasquido de lengua, Kagura desestima la certeza de Hijikata y se pregunta cómo va a soportar otras tres horas de esa sensación en su hombro antes de que se harte y despierte a Sougo de una vez por todas.
—Te he dicho que puedes golpearlo si quieres. Parece incómodo —insiste Hijikata.
—Métete en tus propios asuntos.
El ronroneo del motor del auto es todo lo que se escucha durante las próximas tres horas.
