PIECES OF A LIFE

IX.


Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.


—No sé cuándo fue que te convertiste en un pervertido. No eras así de niño, uh-uhm. Ni en la secundaria. No se te veía. Eras un nerd que no sabía de la vida y que hacía todo bien para que su hermana le acariciara la cabeza y le dijera que estaba orgulloso de él. ¿Qué te pasó?

—Jamás fui un marginado.

—Pero casi, sí. Antes de que fueras un maldito pervertido verte bien para Mitsu era todo lo que te importaba.

—¿Conoces a Makoto?

—¿El tipo de ese anime que acaba teniendo un harén? ¿Él qué?

—Exactamente ese. Él no era así, ¿sabes? Fue víctima de las circunstancias. De Sekai. Ella comenzó todo eso.

—Makoto es bastante bastardo y ni siquiera te odio tanto como para querer compararte con él. ¿Pero quieres decir que Mie fue tu Sekai, uh? Fue ella con quien fornicaste en mi cuarto, así que la recuerdo, bastardo.

Sougo se encoge de hombros dejando al aire si le da la razón o no. Kagura asume que es un sí.

—Eres un bastardo —vuelve a insultar Kagura con poca energía. Ella también deja la duda de si lo dice por ahora o por toda la vida.

Están afuera del consultorio de un urólogo (Sougo no había querido ir solo, así que arrastró a Kagura con él), esperando su cita. El muchacho está casi seguro de que tiene una infección venérea y, tras mucha vacilación y luego de Kagura darle unos veinte puñetazos en todo el cuerpo para que fuera a revisarse, están allí.

—Odiaba a Mie —declara la muchacha sin ganas.

—Nunca lo noté.

—Soy buena fingiendo.

—Era un sarcasmo.

—Me da igual. La odiaba. La odio. Por su culpa debo estar afuera del consultorio del urólogo en mi día libre del trabajo —se queja la chica, harta de todo ese asunto.

—¿Ves? Culpa de Sekai.

—En realidad es tu maldita culpa, sí. ¿Debías meterte con cualquier puta y contagiarte de su…? Yo que sé, ¿herpes? Y pensar que todas mis bromas sobre tú teniendo herpes se volverían realidad, uh-uh.

—No son cualquier puta. No cobran.

—Eso es lo de menos, ajá.

—Neh. Es gratis. No puede ser lo de menos.

—¿Entonces yo debería meterme con cualquier tipo mientras no me cobre? ¿Unas cinco veces a la semana y con uno diferente cada día?

Sougo la toma de la muñeca fuertemente, lastimándola.

—Ni se te ocurra.

—¿Tú puedes hacerlo y yo no? ¿O es machismo?

—No te pongas feminazi —la suelta. Kagura se queda con las marcas rojizas de sus dedos delgados sobre su piel pálida. Se molesta por la palabra que utiliza más que por la violencia ejercida, pero lo deja hablar sin recriminarle—. Simplemente… tú no lo hagas. No sé cómo esté Kamui con estos asuntos, pero creo que estoy lo suficientemente jodido por los dos. Quizás los tres.

—Ya. Ni siquiera me dan ganas de hacerlo con cualquiera, uh-uh —admite, luego susurra—. Porque soy una romántica de mierda y tú ni siquiera lo sabes.