PIECES OF A LIFE
XI.
Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.
Kamui se fuma un pitillo frente a Sougo, quien nunca pensó que su vecino fuera del tipo que fumara. Ese es un hábito que considera exclusivo de Hijikata.
—Está roja como un tomate —dice el de cabello bermellón—. Suda como en un sauna.
—Ya.
—Tiene una intravenosa. Sueros dicen.
—Ya.
—Pero no se va a morir.
—Ya.
—Sólo es una insolación.
—Ya.
—Y hemos cerrado el balcón con llave desde el otro lado.
—Ya.
—Y es tu culpa.
—Ya.
—Quiero romperte ambas piernas, ¿lo sabes? —Kamui sigue sonriendo encantadoramente, como siempre—. No debiste traerla de arriba para abajo todos estos días.
—Mi culpa. Nunca creí que fuera tan débil —Sougo levanta las manos en señal de rendición—. Golpea tan fuerte que a veces olvido que es tan frágil como un vampiro.
—Sabes que es verano —prosigue el otro—. No debiste llevarla.
—Ya.
—Y estabas buscando un regalo para una mujer.
—Perdóname por considerar a tu hermana menor como una mujer y pedirle su ayuda. Dejaré de hacerlo de ahora en adelante.
Kamui medio suspira y se queda con una idea a medio camino de salir de su boca, rindiéndose antes de lanzarla. Seguramente otra discusión.
—Eres un idiota —dice al final.
—Ya.
—Mi viejo te odia.
—Nunca le agradé de todas formas. No es una noticia nueva.
—Mamá te odia también.
Sougo masculla un "mierda" y patea una piedra de su jardín. Eso sí le parece malo.
—No quiero gastar fuerzas en odiarte también, así que haz un favor y al menos deja de escalar hasta el cuarto de mi hermana.
Okita ríe sin ganas.
—No sé cómo eso va a solucionar su insolación, hermanito.
Kamui sacude la cabeza en negativa y observa el árbol donde hace muchos años ambos enterraron un bote de dulces para comer durante emergencias. Aquel que desenterró cuando Sougo sobornó a Kagura para que lo acompañara a hacer una tarea. Aquellos tiempos cuando su vecino era un idiota y no sabía de mujeres.
—Es una lástima —dice, luego aparta su mirada del limonero y se aleja de la casa Okita a paso moderado—. La próxima vez voy a darte algo más que una advertencia —Sougo sabe que Kamui está sonriendo mientras lo dice.
Kagura debe estar muy mal como para que su hermano mayor haya ido a amenazarle, concluye. Como en una telenovela.
Al menos debería ir a visitarla.
(Sabe que el balcón de su cuarto siempre estará abierto para él, no importa cuántos candados le pongan).
