PIECES OF A LIFE
XVIII.
Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.
Okita encuentra a Kagura en el jardín delantero de su casa, Kamui está junto a ella, regando el césped, y de vez en cuando dirige el chorro de la manguera directo hacia su cara. Es una escena veraniega que le parece muy familiar a Sougo, puesto que, en el pasado, él formaba parte de ellas, sin embargo, esta vez no le invitan a que se una puesto que, cuando arriba al jardín de sus amigos, ambos se quedan en silencio y la manguero sólo comienza a hacer un charco en los pies de Kamui.
Sougo sabe que no es momento para bromas, pero la hace de todos modos.
—Te estás orinando —le dice a Kamui. No sabe si está intentando aligerar el ambiente o sólo es muy idiota.
Probablemente lo segundo.
—Pero mira quién se deja ver cuarenta y ocho horas después de su último avistamiento —dice Kamui, sonriendo como siempre. Esa sonrisa de siempre es la que augura peligro a cada momento.
—Tienes tres segundos antes de que decida ponerte un puñetazo entre los ojos y un rodillazo en las costillas, uh-uh —dice Kagura. Suena como una amenaza cualquiera, una de esas amenazas de las de siempre, pero hay algo de seriedad en su cara y en el andar cauteloso de Kamui que le dicen a Okita que esta no es una simple discusión porque está molesta como muchas veces antes, sino que ella está molesta de verdad.
En el pasado, sólo han tenido unas cuantas de estas peleas. Son peleas horribles para Okita. En ellas no hay patadas ni puños al aire, no hay insultos graciosos ni ridículos, esas cosas son más fáciles, las conoce, puede manejarlas. Empero, cuando Kagura está molesta de verdad, nunca lo golpea ni le dice "Sádico". Cuando está molesta de verdad hace que todo le explote en la cara, como un globo de agua.
—Uno —comienza a contar la Yato. El agua sigue haciendo un charco a los pies de Kamui—. Dos —. Sougo sabe que es malo no darle una respuesta, pero tampoco tiene una. Ni siquiera está buscando una excusa en su cabeza. Sabe que le ha prometido algo y no ha cumplido. Punto. Sabe que la razón tampoco será suficiente para ella. ¿Desde cuando estar enamorado de la hija del patrón cuenta como excusa para plantar a tu mejor amiga? Para empezar, la palabra "enamorar" ni siquiera va con él. Es antinatural. Ella se reiría—. Tres.
Aunque la muchacha acaba de contar, no hay ruido ni las amenazas se cumplen. Están los tres en silencio.
—Pudiste haber avisado —dice Kagura llena de rencor—. Pudiste al menos decir que no ibas a venir, sí. Así no hubiera estado esperando por ti como una idiota toda la noche.
No está levantando la voz. Tiene el tono medio bajo y le mira a los ojos con rabia. Kamui se mantiene en silencio, pero su cuerpo está girado hacia su hermana, como cuidándola en lugar de mirarle molesto él también. Seguramente ya han hablado de esto antes. Seguramente Kamui ya sabe qué tantas mierdas le quiere reventar su hermana a la cara. Y la apoya. Puede que él sea su amigo, pero ella es su hermana y ahora el uno a la otra son todo lo que tienen.
—Lo olvidé —admite, aunque no dice que recordó su compromiso un poco más tarde, cuando ya pasaba la medianoche y decidió que era demasiado tarde y ni siquiera tenía ganas de estar allí. Empero, para suavizar las cosas, añade—: lo siento.
Eso enfurece más a Kagura.
—Estabas con una puta —suelta la chica con la cabeza muy caliente para buscar otra clase de excusas o para razonar lo que está diciendo. Comienza con un tono de voz normal, pero poco a poco va elevándolo hasta comenzar a hablar a gritos en medio de su jardín—. ¿O estabas demasiado borracho para llamar? ¿O es que estabas demasiado harto de tu vecina la llorona que se ha pasado los últimos cuatro meses lamentándose por la muerte de su madre un día sí y otro también? ¿Es eso? ¿Estás harto de mí y toda mi mierda?
—Kagura —es Kamui quien intenta detener el caballo desbocado que es la boca de su hermana menor.
—¿De dónde demonios sacas eso? —inquiere Sougo un poco exaltado por el ímpetu y las acusaciones de su amiga, sin embargo, intenta controlarse para no acabar gritando como ella y terminar peor.
—¡Nunca estás cuando te necesito! ¡Siempre encuentras algo mejor qué hacer o alguien más interesante! Estás harto de mí, sólo tienes que admitirlo para que este maldito problema se acabe. Prefieres estar con putas y borracho cada maldito día.
—¡No seas dramática! Esas mierdas no tienen nada qué ver con lo de ayer. ¡No es como si te hubiera dejado plantada en el altar!
—No le grites a mi hermana —advierte Kamui, acercándose a la chica y tomándola por los hombros para tranquilizarla. Pero la chica no se deja. Eso no va a quedarse allí, al parecer.
—Sólo era una maldita fiesta de graduación a la que ni siquiera querías ir.
—¡Era mi puta graduación! —grita de una vez por todas—. ¡Incluso si no quería ir ya tenía el vestido puesto y el compromiso hecho! ¡Tenía los putos platillos pagados, incluso uno para ti, como si te lo merecieras! ¡Era mi maldita graduación y llegué tan tarde que ni siquiera pude despedirme de nadie porque estaba esperando que tu cara de idiota se apareciera por aquí!
—¡¿Por qué diablos no sólo te fuiste?! —acaba gritando Sougo de una vez por todas. Kamui le gruñe y le dice que no tiene derecho a hablarle así a su hermana. Pero al muchacho le vale un reverendo pepino la opinión de Kamui en este momento.
Siempre es así. Siempre que Kagura está enojada de verdad grita cosas incoherentes, como una reina del drama y él no puede hacer nada excepto defenderse de la misma forma aunque sabe que esa no es la manera de hacer las cosas en esos momentos. Es sólo que, cuando la escucha gritar, sus ojos se llenan de ella y no puede razonar si lo está haciendo bien o la está cagando. Sólo quiere que pare de gritar y de tomarla en su contra.
No lo soporta.
—¡No me fui porque me lo prometiste! ¡Era una promesa!
Okita se queda en silencio. Aire es todo lo que sale de su boca.
Es su culpa. Lo sabe. Él es el malo de la película y le ha gritado como si tuviera derecho, no importa qué tanto ella haya sobrerreaccionado.
—Lo siento —dice con un deje de arrepentimiento. No sabía que Kagura acabaría poniéndose así. En el pasado nunca lo había hecho por algo como eso. Nunca. Le parece ilógico y ridículo—. La próxima vez…
—No tendré una próxima graduación de bachillerato —espeta, interrumpiéndolo.
—Lo siento, ¿quieres? No volverá a pasar. No en una graduación. Simplemente no volverá a pasar.
Okita quiere parar esa discusión ya. No lo soporta. Simplemente no soporta que ella le grite en ese estado.
A decir verdad, lo odia.
—Vete a la mierda.
Kagura toma a su hermano del brazo y lo arrastra con ella hasta su casa. La puerta se cierra con un golpe tan sonoro que acaba de alertar a los vecinos de su pelea, si es que no se habían enterado antes por los gritos. Okita se queda en el jardín, como un estúpido varios segundos más, con el "vete a la mierda" de ella resonando en los oídos.
