PIECES OF A LIFE

XIX.


Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.


Regresa temprano del trabajo. Supone que, luego de tres días, es tiempo suficiente para que su amiga haya olvidado su bravata y hagan las paces. No sabe si necesitará disculparse nuevamente ni qué clase de disculpa espera la chica de él, pero lleva dulces, chocolates, frituras y esa mierda agria de sukonbu para sobornarla. Si algo sabe de ella a lo largo de tantos años de conocerse es que nunca puede resistirse a las chucherías y a esa otra porquería que él siempre ha odiado.

Es muy tarde en la noche y no olvida las miradas que Kamui le ha dado el día anterior, cuando de mera casualidad lo vio sacando la basura por la mañana, así que no piensa siquiera en acercarse a la puerta principal. En su lugar, Sougo escala el viejo árbol de mandarinas que siempre le ha servido de apoyo cuando se quiere colar a la habitación de la chica. Aterriza en el balcón y, por primera vez en su vida, encuentra las cortinas bajadas y el pasador de la ventana puesto.

Se alarma en su interior, pero no lo demuestra.

Con los nudillos casi temblándole por la ansiedad, toca una vez el vidrio de la ventana que separa al balcón del cuarto. Toca una segunda vez, una tercera y una cuarta. No es hasta la quinta vez que se da cuenta de que Kagura no va a abrirle, entonces se marcha dejando todas las chucherías en el suelo del balcón.

No intenta no hacer ruido, en realidad, hace todo lo que puede pero, incluso luego de llegar al suelo, la luz en la habitación de Kagura nunca se enciende.

Okita entiende que algo entre los dos se ha roto y no sabe cómo repararlo.