Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Esta historia participa en el Reto Especial de Aniversario «Almas gemelas» del foro Hogwarts a través de los años.


V

Más miserable que antes

con Draco Malfoy y Myrtle «La Llorona» Warren.

No cambies lo que más quieres en la vida por lo que más deseas en el momento, porque los momentos pasan pero la vida sigue.


La presencia de Draco en ese baño se había vuelto recurrente desde la segunda vez que fracasó en asesinar a Dumbledore. Jamás imaginó encontrar en una fantasma, en Myrtle La Llorona más específicamente, el confort que tanto ansiaba desde que el Señor Tenebroso le había encomendado semejante misión; Draco se había esforzado en mantenerlo lo más discreto posible, cosa imposible con una Pansy más insoportable de lo normal que no aceptaba un no por respuesta.

—¡Hola, Draco! Te ves más miserable que antes. ¿Todo va peor? —saludó Myrtle al salir de su cubículo y ver al Slytherin mirándose al espejo, acto que se volvió casi una manía en él— ¿O ya mejoraste? Tu cara de desdicha no dice nada.

Draco miró a Myrtle a través del reflejo. El cuerpo fantasmagórico de ella se encontraba levitando a un par de centímetros por detrás de él y conversaba esa perturbadora sonrisa en el rostro, perturbadora para quien no estuviera acostumbrado a la manera de ser de Myrtle.

—No, Myrtle —respondió lúgubremente mientras venía a su memoria el veneno que se encargó de colocarle al hidromiel que le regaló a Slughron, sin que éste lo supiera obviamente, y que acabó bebiéndose la comadreja en lugar Dumbledore.

A veces se preguntaba qué era lo que había salido mal esa vez sin embargo se llenaba de pánico y horror al darse cuenta de lo que eso significaba para él y el resto de su familia. Un fallo más y el Señor Tenebroso tomaría cartas en el asunto, encargándose de él o de sus padres; antes él pensaba que ser un mortífago era un honor por completo, que demostraría que los magos de sangre pura eran definitivamente mejores que los demás… hasta que la realidad llegó y le enseñó que no supo el terreno en que se metió hasta que fue demasiado tarde.

O era la victoria o la muerte.

O perecía él o Dumbledore.

O aceptaba la marca tenebrosa o su padre pagaría las consecuencias después de su error en el Departamento de Misterios.

O se mantenía fuerte de cara al mundo o se quebraría más de lo que ya estaba por dentro, una parte que sólo Myrtle conocía.

—¿Arreglaste el armario evanescente, Draco? —preguntó Myrtle apoyándose en Draco quien la vio, sin emoción y con nuevas lágrimas en sus ojos.

—¡Todavía no! ¡No sé cómo lo tengo que hacer! Ya se me está acabando el tiempo, el Señor Tenebroso quiere resultados favorables ¡y no soy capaz de dárselo! —gritó bajando la cabeza y permitiendo que las lágrimas fluyeran libremente.

Myrtle se acomodó en él y sonrió.

—Eres un manojo de problemas y de nervios —dijo alegremente, como si le fascinara la escena.

—Lo sé —susurró Draco mirando el lavado que poseía una serpiente en una esquina. Su lavado favorito.

—¿Qué hay con tus amigos? Siempre te quejas de ellos, ¿te dejaron tranquilo?

Draco suspiró y negó con la cabeza.

—Me gustaría que mantuvieran sus distancias.

—¿Eso necesitas? —preguntó curiosa.

—A veces… creo que sí.