PIECES OF A LIFE

XXII.


Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.


Okita le ofrece el porro a Kagura, quien lo rechaza con una mirada aburrida. Es muy temprano para fumar marihuana, se dice; al menos el idiota de su vecino debería esperar a que sea la tarde o por la noche, no las malditas 11:00 am.

—Vamos, China. No es como si no lo hubieras hecho antes —vuelve a insistir.

Ambos chicos están tirados sobre la alfombra rosa que Mitsuba puso a la mitad de la sala de su casa. Kondo casi nunca está en casa a pesar de ser el tutor de Okita, así que el chico tiene carta libre para hacer casi lo que quiera allí adentro durante las horas del día y, a veces, de la noche.

—No puedo. Tengo un compromiso.

Sougo hace una cara de estúpido, sacando el humo por la nariz.

—¿Qué hora es?

—Las once. Llevas como una hora despierto y la has gastado fumando, uh-uh.

—Hoy es mi día libre —tontea.

—Felicidades, el mío también y… —Kagura vuelve a mirar la hora en su celular— tengo una cita. Me voy.

Okita se pone alerta ante la palabra, pero no se mueve. Se está quieto y acostado, apenas moviéndo el pecho para respirar.

—¿Cita? ¿Como con Kamui a las compras?

—No, tarado.

—¿Cita como en hacer uno de esos trabajos raros con tu jefe el permanentado y las gafas?

—Que no, baboso. Cita como en cita, .

—Oh, ya entiendo —se ríe de la nada. A Kagura no le parece que entienda—. ¿Tienes un novio, China?

A Kagura la pregunta la toma por sorpresa. Okita nunca antes se ha interesado por su vida privada más allá de su amistad y lo que ella llega a contarle, que de chicos casi nunca le dice nada. Es decir, nunca le dice nada de chicos, en realidad. Por todas sus charlas, el chico podría creer que ni siquiera ha dado su primer beso, lo cual sería bastante gracioso.

—No tengo un novio.

—¿Nadie te quiere de novia?

—Serás bruto —pone los ojos en blanco y lo golpea en las costillas con un codazo, luego comienza a levantarse del suelo, un poco engarrotada.

—Entiendo por qué. Eres un mono. No alcanzas la categoría de gorila, pero un mono sí eres.

Desde arriba, la chica lo vuelve a lastimar en las costillas, esta vez con una patada.

—¿Quién es el chango que escala por el árbol de mandarinas frente a mi habitación?

—Me declaro culpable —alza las manos en rendición—. Pero eso no me hace un mono. ¿Te has visto esquivar disparos cuando vamos a jugar paintball? Un mono. Eres un mono.

—A la mierda contigo —vuelve a patearlo, esta vez más suave y sobre el estómago—. Me voy, llego tarde.

—Ya —da otra calada—. Yo también tengo una cita después.

Kagura ni siquiera quiere preguntar, pero Sougo se pone hablador.

—Es mi novia. ¿Sabías que tengo novia, China? No, no lo sabes. Pero lo sabrías si no te hubieras puesto nena y me hubieras respondido los whatsapp dos semanas atrás.

—Entonces me alegro de haberte respondido, bastardo —gruñe ella un poco al escuchar la mención de ese vacío en sus vidas donde no se vieron ni se hablaron porque ella le estaba castigando de la única manera que sabía aparte de los golpes.

Hyesung es muy bonita —comienza a numerar las cualidades de la chica—, es amable y elegante. Y es extranjera.

—Tiene nombre de actriz porno coreana.

Okita comienza a reír como un loco.

—Es dulce y buena —prosigue—. Es guapa y delicada.

—Siento que me estás describiendo a Mitsuba. ¿Tu complejo de hermana de ha llevado tan lejos a buscarte una novia que sea su gemela?

Sougo sigue riendo. Kagura sacude la cabeza en un gesto negativo y lo deja allí tirando en el suelo.

Ni siquiera le importa. Tiene una vida propia que atender y ésta comienza con una cita.