PIECES OF A LIFE

XXIII.


Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.


Okita encuentra a Kagura en una fiesta de bienvenida de la Facultad de Ingeniería que no tiene nada que ver con ninguno de los dos. Él mismo está en la Facultad de Arquitectura y ella en la de Ciencias Políticas y Sociales, ni siquiera Kamui pinta allí porque él estudia en otra universidad.

Las razones que han llevado a Okita a ese lugar son simples: quería divertirse; supone que las de Kagura son más de lo mismo.

A pesar de que su vecina es una de las personas más ruidosas que conoce, así como también una de las más desenfadadas y habladoras, nunca ha parecido ser partidaria de las grandes reuniones, aunque no es que le desagraden del todo, pues se mueve por ellas como pez en el agua por más que nunca se quede hasta el final y siempre ande por los rincones y rara vez en el ojo del huracán. Okita es muy deferente en ese aspecto, si bien no le fascina que todos volteen a mirarlo, tampoco le molesta, y las reuniones con mucha gente le parecen nuevas oportunidades para conseguir cosas que le parecen necesarias: alcohol, drogas, chicas y gente de quien burlarse y chantajear después.

Kagura no le ve de inmediato, en realidad, Kagura ni siquiera lo ve. Está charlando con un grupo de cuatros chicos y una chica, parece animada y deduce que les conoce de antes, aunque con ella nunca se puede saber. Como Okita ha llegado solo, le parece una buena idea unirse a ella antes de buscar a alguien más. China es China después de todo.

—Hey, China.

Ella reconoce su voz de inmediato por encima de las charlas, las risas y la música que atiborra el lugar, y voltea a verlo. Parece sorprendida de verlo allí, cogida con la guardia baja.

Okita se precipita hasta su pequeño grupo de amigos y se abre paso hasta llegar a su lado. Le pone una mano en el hombro.

—Pero mira nada más, ¿qué haces aquí? Creí que estarías estudiando para no reprobar en la próxima ronda de parciales de la universidad como hiciste en la última.

Ella pone los ojos en blancos y le da un manotazo en el dorso de la mano que la rodea.

—No seas tarado. Es viernes.

—Y por eso mismo deberías estudiar también los viernes o tu cerebro de tortuga nunca se pondrá al día con las clases.

Kagura va a responderle la pulla, pero uno de los chicos de su grupo la interrumpe y le pregunta por él.

—Ah, es un bastardo. No deberían prestarle atención.

—Pero… te está abrazando —señala la chica. Parece una niña. Es bajita, más incluso que Kagura, a quien Okita le saca al menos un palmo. Tiene el cabello negro y parece frágil, pero la mirada fiera dicta lo contrario. Kagura se ha conseguido amigas que se le parecen, por lo visto.

—Hemos crecido juntos desde que llegó a apestar el barrio a los cinco.

—¡Oh! —reacciona uno de los otros chicos—. ¡Es ese tipo!

A Kagura se le colorean las mejillas entre ira y vergüenza, apenas se ven por las escasas luces del lugar, pero Okita puede notarlo. La chica se pone fiera con su amigo y le amenaza agitándolo de los hombros.

—¿Qué pasa?

Al escuchar la voz, Kagura termina con su bravata de inmediato y se sacude las manos, como si se las hubiera ensuciado y se voltea a ver al recién llegado.

Es otro chico, de entre todos los hombres presente es el más bajito. Okita calcula que apenas y le saca unos cinco centímetros de altura a Kagura; la piel se le ve pálida, enfermiza, y su pelo es de un rubio oscuro y verdoso que le recuerda al musgo. El muchacho también tiene la expresión de todo un caballero o un señorito de alcurnia que no sabe nada del mundo y la cara redonda, como de bebé. A lo mejor ni siquiera es legal que esté allí.

—Nada —le responde Kagura, yendo hacia su lado y arrebatándole uno de los dos vasos que lleva en las manos. Se lo bebe de una y Sougo no tiene que ser ningún genio para no saber que es cerveza y que China no debería beber de esa forma. Nunca ha sido una buena bebedora. Pero, a pesar de eso, toma el otro vaso de la mano del chico, quien apenas y le ha dado un sorbo a su cerveza, y se lo bebe de golpe también.

El grupo de amigos de Kagura le aplaude y la vitorea por la acción, en cambio Okita siente deseos de sacudir la cabeza y golpear a su amiga. Seguro tampoco tiene nada en el estómago la muy estúpida.

—Eh, vamos por más cerveza —dice con una sonrisa tonta mirándolos a los ojos a todos menos a él. Se da la vuelta y se desaparece. A Sougo no se le escapa que, cuando se larga, lo hace tomada de la mano del chico al que llegó minutos atrás.

—¿Crees que se ponga borracha como en la fiesta de bienvenida? —pregunta uno de los chicos, muy alto y de cabello negro—. Sería divertido.

—Como a ti no te vomitó los pies —señala otro con el ceño fruncido y acomodándose bien las gafas de pasta en la nariz.

—No creo que sea tan estúpida como para hacerlo. Está Hiashi aquí, ¿sabes? A las chicas les gusta impresionar a sus novios —comenta el tercer amigo de Kagura.

—Tal vez quiera impresionarlo vomitándole los pies —se burla el alto de su otro amigo del de las gafas—. Es Kagura después de todo.

—No estaría tan segura —dice la única mujer presente con el ceño fruncido. Echa una mirada con el rabillo del ojo hacia donde se ha marchado la joven de cabello bermellón y otra a Okita, pero éste no se da cuenta. Para él la conversación ha parado cuando ha escuchado la palabra "novio".

Sougo no es estúpido, sabe que Kagura ha salido con otras personas antes de este tipo nada impresionante. Si bien puede que nunca la haya visto siendo novia de nadie y ella no le haya contado al respecto, sí supo de una relación suya que duró todo el verano con un chico de otra escuela. Un verano que Okita pasó en su pueblo natal visitando viejos conocidos con Mitsuba y Hijikata.

Repentinamente, Sougo no sabe cómo tratarla. Nunca ha conocido a una Kagura enamorada y, si bien no tiene reparos en humillarla y dejarle magulladuras por cualquier cosa (al igual que ella con él), no cree que esté bien hacerlo frente al chico que le gusta. A él no le gustaría que lo humillaran frente a Hyesung, razona y luego se ríe en sus adentros, pensando que la chica lo ha vuelto un blandengue de mierda y un sensiblero de lo más asqueroso.

Le da una última mirada al variopinto grupo de amigos de China; se había dado cuenta desde un principio que no encaja allí con esos niños con cara de mamertos, así que no siente ninguna clase de remordimiento cuando se da la vuelta y se aleja sin despedirse siquiera.

No ve a Kagura el resto de la noche y no sabe si es casualidad, si ella lo está evitando o es él quien la evita a ella.