Nota aclaratoria: Hiashi Hongou, el novio de Kagura es, efectivamente, el chico de los ejercicios matutinos de la radio.
PIECES OF A LIFE
XXV.
Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.
Cada uno de los golpes de Kamui le han hecho un daño infernal, piensa Okita palpándose el estómago con una mano. Está seguro de que tiene unos verdugones allí y en la espalda. No quiere ver siquiera su cara, debe estar hinchada y hecha mierda. Lo siente. Al igual que siente crujir los hombros cada vez que mueve los brazos. Fue una pelea corta, pero la superioridad del otro se hizo evidente.
Está en su habitación, tirado en la cama y sintiéndose miserable. Kagura, a pesar de su llantina y la inutilidad de él para decirle algo que pudiera confortarla, lo ha seguido hasta allí y ahora mismo está en el primer piso buscando el botiquín de primeros auxilios que Mitsuba dejó escondido en alguna parte de la casa. Okita no entiende ni una mierda, pero comprende al menos que Kamui tiene un motivo para su ira exacerbada y busca en su cabeza una afrenta tan grande que haya involucrado la sed de sangre de quien una vez fue su mejor amigo.
La posible razón le llega tan de repente como la patada inicial de Kamui, como una epifanía violenta.
Oh.
¿Quizás…?
Kagura entra a la habitación, cuya puerta está abierta de par en par. Tiene banditas, desinfectante, gasas, pastillas, algodón y cinta adhesiva médica. Es evidente que no tiene una maldita idea de medicina, pero aún así está allí y se acerca silenciosa como nunca antes y con los ojos rojos por el llanto que, al menos ahora y para alivio de Sougo, ya ha cesado. No le dice nada y, como él ya está tirado en la cama, se le hace más fácil comenzar a limpiar sus heridas con el algodón.
El alcohol escoce las heridas abiertas del chico tanto que ahoga una maldición en la garganta. Tiene la sensación de que, si se queja, todo será peor para Kagura. Ella comienza a poner curitas en cada raspón sin orden ni concierto y una enorme gasa en su abdomen. No, China no sabe ni una mierda de primeros auxilios a pesar de los años y todas las heridas que se ha hecho ella misma. Sougo quiere detenerla y hacerlo correctamente él mismo, pero sólo se da la vuelta dócilmente cuando ella pide que le dé la espalda. Siente que tiene una deuda con ella.
Un celular comienza a sonar repentinamente, aunque Okita conoce la canción, sabe que no es el suyo. Él no tiene ese tono para sus llamadas. De manera que es el de Kagura. Espera a que la chica responda o haga al menos algo para acallar el ruido, en cambio, ella saca su celular de su bolsa trasera y lo deja sobre el buró, sonando.
"Hiashi", dice en la pantalla. Sougo está seguro de que ha escuchado ese nombre anteriormente.
El celular deja de sonar sólo para comenzar con la misma melodía unos segundos después, con el mismo resultado. Pero la tercera vez que llama, por fin el chico habla con Kagura desde que están en su habitación.
—Responde.
—No quiero hacerlo.
El celular vuelve a callar, entonces del otro lado de la línea insisten por cuarta vez.
—Responde o apaga eso.
Pero Kagura no hace ninguna de las dos.
—Responde —regaña—. Es tu novio, ¿no? —recuerda repentinamente. Ella sólo le mira con sus ojos azules hinchados y apagados.
—Debería estar con él ahora —admite desviando la mirada unos segundos—. Debe estar llamándome para eso.
Sougo se da la vuelta sin importar si Kagura ha terminado de darle esos penosos primeros auxilios o no.
—Ve. Es un compromiso que tenías hecho desde antes de que pasara esto, ¿qué haces aquí?
—Yo…
—Vete —la interrumpe tajantemente—. Necesito tiempo aquí para regodearme en mi miseria y pensar en muchas cosas —Sougo se baja la playera y se levanta de la cama. Kagura lo mira sentada desde su lugar durante un tiempo que al chico le resulta eterno. Parece estar buscando algo en su rostro y, cuando no lo encuentra, se marcha sin decir ni una sola palabra.
Sougo no ha mentido. Necesita tiempo para sentirse física y mentalmente como la mierda que cree que es.
