PIECES OF A LIFE
XXX.
Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.
Mitsuba tiene un funeral sencillo en la ciudad donde Kagura vive. No fue ni en el pueblo donde se encontraba ni en la tierra donde nació, sino en el lugar donde ella afirmó que fue más feliz. Hijikata está silencioso, lúgubre todo el rato, pareciendo una sombra del hombre que una vez fue, sin rastro de la sonrisa tímida y embobada que siempre ponía al lado de su esposa, y Kondo trata de animarlo, haciendo lo imposible al tratar de partirse en dos y estar también al lado de Okita. Kagura atiende a los invitados con el corazón encogido y recibe condolencias como si fuera la principal doliente.
El estómago se le revuelve cada vez que alguien le dice "lo siento" porque le recuerda a su madre muerta y a su sepelio, pero consigue permanecer firme a pesar de todo mientras las horas transcurren y la gente viene y va.
Las manos le tiemblan cuando va a buscar a su amigo y un nudo se le hace en el estómago. Desde la muerte de Mitsuba no parece ser el mismo. Parece un fantasma, apenas habla y come, y los ojos se le ven vacíos más allá de lo humano, como si todo, incluso su alma, se hubieran marchado con su hermana.
Lo encuentra con Kamui a su lado, sentados en el suelo de uno de los pasillos más alejados de la funeraria. Parecen estar hablando muy quedamente, así que duda en acercarse.
—Soy yo quien debería estar muerto —alcanza escuchar a Okita decir a media voz.
Kamui no intenta decirle lo contrario, se queda en silencio unos momentos.
—Te entiendo —responde al final.
Lágrimas se derraman de los ojos azules de Kagura y no sabe si son por Mitsuba y el dolor que su muerte le provoca, por su madre, por el corazón desgarrado de su hermano o por el pozo de dolor que es el de Okita Sougo.
