PIECES OF A LIFE

XXXI.


Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.


Es una fiesta de la universidad, de las últimas del semestre y Kagura encuentra a Sougo ahogado en alcohol cuando apenas y es la una de la madrugada. No puede pararse por sí mismo y ha vomitado sobre sus pantalones. Está solo en un rincón y sus amigos, un poco más sobrios que él, echan a la suerte quién será el pobre diablo que lo lleve a su cara.

—Yo lo llevaré —dice Kagura, metiéndose en donde no le llaman, pero los chicos parecen aliviados de que se ofrezca voluntaria, tanto que ni siquiera preguntan por su nombre, como si lo supieran de antemano. Es eso o de verdad Okita les vale un reverendo pepino.

La chica se pregunta cómo ha estado viviendo su vida últimamente su vecino mientras se echa un brazo en el hombro y le obliga a caminar a su lado. Por supuesto, ella tiene la fuerza para llevarlo cargado ya sea en su espalda o en estilo de novia, pero no lo hace para ayudarle a conservar la poca dignidad que le queda en la velada.

Kagura se marcha sin despedirse de sus propios amigos y pide un taxi para llevarlos a ambos. Ella le toma la mano todo el camino, casi rogando para que deje de ser tan imbécil y abandone el alcohol.

Al día siguiente, Okita no recuerda nada de la noche anterior, ni siquiera cómo ha llegado a casa, pero no se lo pregunta. Se vuelve a marchar esa misma noche y regresa cuando el número en el calendario ha cambiado.