PIECES OF A LIFE
XXXII.
Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.
Kagura amanece en el hospital, más asustada que una niña en una casita del terror y blanca como una hoja de papel. Kondo está a su lado y también Kamui, quien acaricia su hombro cariñosamente para consolarla. Ella abraza a su hermano con fuerza, como si estuviera asustada de que pudiera alejarse de ella y abandonarla. En ese mismo instante tiene miedo de todo. De lo que puede pasar y de lo que sucede únicamente en su imaginación.
—Ese idiota —masculla Kondo, tan molesto como preocupado—. ¿Está planeando destruir su vida?
Nadie le responde, tampoco lo esperaba.
Okita está en urgencias, intoxicado por beber tanto y a esperas de que el lavado de estómago mejore su condición. Kagura ha sido quien lo ha llevado hasta allí porque se dio la tarea de asistir a cada fiesta de la universidad donde pudiera ir también él, sólo para evitar que hiciera algo realmente estúpido. Siente como que no ha hecho su trabajo bien y que está en deuda con todos. Con ella, con Kamui, con Kondo y con Hijikata, a quien ni siquiera han querido informar de la situación (está tan destrozado como su cuñado).
—¿Se va a poner bien? —se le ocurre preguntar por novena vez.
—Sí —dice Kondo. Kamui asiente, pero ella no cree en su hermano.
Parece como si Sougo estuviera dando todo de sí mismo para intentar estar al lado de Mitsuba y hacer realidad aquel deseo que le compartió a Kamui en el funeral.
"Soy yo quien debería estar muerto. Me gustaría estar muerto".
