-Como sea. -ignoro el insulto.-tienes prohibido ir ver a Yamamoto Takeni.-le advirtió de manera gélida.

-¿Hibari-san también sabe por qué Gokudera-kun quiere ver a Takeni-chan?

-Kusakabe dice que no estás en óptimas condiciones para salir de aquí, herbívoro.

-Maldito…-hablo apretando los dientes.- ¡No me importa lo que digas! ¡Iré a verla, aunque tenga que pelear contigo! -se le veía determinado. Pero su determinación se fue al caño cuando Hibari le estampo un golpe en la nuca que lo dejo inconsciente.

-¡Gokudera-kun!

-No era necesaria tanta violencia, Hibari.-le comento el Arcobaleno.

-Lo siento, acambo. Pero ese fue el menor de los daños de los que le pude haber causado. -decía el ojos metalizados mientras devolvía "delicadamente" a Gokudera a la cama.


Capítulo 5

¿Qué me paso? ¿Morí?

-¿Qué es morir?
-Morir es alzar el vuelo, sin alas, sin ojos y sin cuerpo.

(Elías Nandino.)


Mi cuerpo se sentía totalmente adormecido, adolorido. Sentía que me faltaba el aire, no podía respirar. Me encontraba en un lugar totalmente obscuro, no podía ver nada, todo se encontraba en absolutas tinieblas. Intente ver mis manos, mis brazos, lo que sea que estuviera a mi alcance, pero era inútil. Esa obscuridad era tan espesa, tan intensa que comencé a creer que me había quedado ciega. Pero no, esa obscuridad no era por eso, sabía que mi vista se encontraba en perfectas condiciones. Las tinieblas en las que me encontraba eran por algo más. Por algo mucho más profundo…

Quizá yo había muerto.

Cuando ese pensamiento se me vino a la cabeza, me llene de temor.

No podía ser cierto. Yo no podía haber muerto, ¿O sí?

Comencé a llorar, estaba totalmente aterrada, asustada…tenía miedo. Yo no quería estar muerta. Me abrace a mis piernas buscando un poco de consuelo. Necesitaba un poco de calor humano, aunque tuviera que dármelo yo misma.

Mientras sollozaba en mis piernas, intente recordar el por qué había muerto. En realidad no recordaba mucho, y lo poco que recordaba eran acontecimientos borrosos, como la venida de todos nosotros al futuro, la familia Millefiore, el escape de la hermana de Sasagawa-sempai. Ahí, ahí todo empezó a cobrar sentido para mí. Al fin empezaba a recordar todo lo que había pasado.

Las imágenes de Gokudera y de mí peleando contra Gamma, el hombre rubio del Black Spell…todas esas imágenes se hicieron visibles ante mí. Había sido una dura batalla, ese tipo era bastante fuerte, y yo había terminado interponiéndome entre el ataque mortal de Gamma para con Gokudera.

Había salvado la vida de Gokudera Hayato a cambio de la mía.

Y aunque pareciera idiota, no me arrepentía, todo fuera porque él estuviera bien…

Así que fui asesinada… ¿Eh?

Esta vez mi llanto se hizo mucho hizo más fuerte al recordar los últimos momentos vividos con él. El chico del que me había enamorado y que me odiaba totalmente.

Sí que eres desdichada, Takeni.-me dije a mi misma con lamento.

¿Por qué todo tenía que haber acabado así?

El agarre a mis piernas fue aún más fuerte.

Yo ahora estaba sola…

-Dame-Tsuna.-Reborn llevaba rato observando al "inútil" de su alumno.-ya quita esa cara larga, me amargas el café.-mascullo intentando sonar duro ante la espera de noticias sobre Yamamoto.

Él también se encontraba preocupado, era el mejor asesino del mundo, y cualquiera diría que no tenía sentimientos, ni emociones, y que tenía cero atisbos de sensibilidad. Pero la verdad era otra, y le preocupaba el estado de la azabache. Estaba acostumbrado a tener el control de todo, pero ahora, ni el mismo sabía con certeza la suerte que correría la chica más alegre de la familia Vongola.

Tsunayoshi no contesto a lo dicho por el hitman. No podía hablar. Y aunque lo intentara, sabía que no saldrían las palabras. La preocupación lo seguía carcomiendo. Y esa preocupación aumento al momento en que Gokudera despertó y le dijo que tenía que ver con urgencia a Takeni-chan.

¿Por qué quería verla?

¿Para qué?

Y lo más importante… ¿Por qué él no entendía lo que le pasaba a su guardián de la tormenta?

Estaba molesto consigo mismo. Gokudera era uno de sus mejores amigos, un camarada y un compañero también, estaba traicionando completamente su amistad al desconocer su estado emocional actual.

Que patético era el Décimo Vongola.

-¡¿Cómo rayos se te ocurrió eso?!-estaba totalmente desconcertada, solo había sido una semana desde que había partido con Fuuta en busca de información para Vongola y pasaba esto. Sentía migraña y cólera a la vez.

¿Cómo Lal Mirch había aprobado semejante estupidez de misión?

Se suponía que ella sabía la situación actual en la que se encontraban. Y ellos no estaban calificados para pelear, ella lo sabía muy bien. Sostenía una dura batalla de miradas con la medio Arcobaleno, quería mostrarle en esa mirada toda la rabia y furia que sentía por ella en ese momento. Lal no se dejó intimidar.

-Solo hice lo que tenía que hacer.-contesto de forma simple dándole la espalda.-no teníamos opción, además, el plan también fue aprobado por el décimo Vongola…

-Pero Tsuna solo tiene 15 años.-gruño ante la excusa.-sigue siendo un niño aun…

-Niño o no, sigue siendo el décimo Vongola, Bianchi.-la mencionada frunció el ceño aún más.

Lal no se sentía cómoda discutiendo con la hermana mayor de Gokudera. En cierta medida, tenía un poco de remordimiento y culpa por haberlos dejado salir del escondite, pero las circunstancias así lo ameritaron, ella solo se había acatado a lo inevitable.

-Como jefe y líder de Vongola debe ser capaz de aceptar y entender las consecuencias de sus acciones, aunque estas consecuencias impliquen hechos terribles…

-Eres una insensible bas…

-¡Bianchi-nii! ¡Basta!

-Fuuta…

Ambas mujeres dirigieron su mirada al chico.

-No arreglaremos nada peleando, así que por favor Bianchi-nii, basta. Pelear solo empeorara las cosas.

El joven rubio también se sentía triste y desesperado. Yamamoto era su favorita de todas las chicas. Ella era la hermana mayor que más quería, siempre sonriente y alegre, y siempre con tiempo para jugar con él o para ayudarlo con cualquier problema.

-Estoy seguro de que Lal Mirch también se siente mal por lo que paso, y no creo que necesite que le estés echando en cara todas sus equivocaciones, Bianchi-nii.

Fuuta había dado en el blanco, Lal si lamentaba lo que había pasado, pero su naturaleza tosca y áspera le impedían exteriorizar sus emociones.

Haru se encontraba sola en la cocina, no se encontraba con ánimos de nada, así que le había encargado a Kyoko que se hiciera cargo de los niños mientras ella se encargaba de lavar los trastes. Necesitaba estar sola. La castaña se había enterado de la situación de Yamamoto solo de casualidad al escuchar la riña de Lal y Bianchi, y ahora, ella también solo ansiaba que la beisbolista saliera bien de esa crítica situación.

-Takeni-chan…-suspiro en un sollozo, se escuchaba el ruido del agua caer y de los trastes chocar. -No quiero que te mueras.-las lágrimas por fin se dejaron caer.

Ella era una de las chicas que más apreciaba. Era una gran amiga, alguien confiable y demasiado leal. No podía ser que alguien con ese tipo de características estuviera entre la vida y la muerte.

Miura estaba tan ida en sus pensamientos y lamentos que no se dio cuenta de que alguien había entrado a la cocina y la observaba detenidamente recargado desde el marco de la puerta.

-¡Hahi! ¿Quién es usted-desu?-pregunto al extraño.

Estaba segura de que aquel hombre recargado en la puerta le era bastante familiar. Porte serio, atractivo, un tanto aterrador y con una mirada que destellaba misterio en su totalidad. Y esas cualidades solo las había visto en una persona…

-Hibari-san…-murmuro de forma tenue.

El hombre sonrió y se dirigió sin decir palabra hacia el gran refrigerador que se encontraba en la cocina para tomar una botella de agua. La chica lo seguía silenciosamente con la mirada mientras dejaba de lavar los trastes, esperando a que Hibari hablara. El azabache en cambio se sentó en la mesa y abrió su botella.

-No tienes por qué preocuparte.-menciono después de beber un poco mientras miraba a un punto incierto de la pared, Haru dio un brinquito, ¿Kyoya la había escuchado llorar por Yamamoto?

-¿Hahi?

El guardián de la nube se paró de la mesa, yendo directamente a la salida y dándole la espalda a la chica.-Yamamoto Takeni se pondrá bien…-Haru abrió de forma exagerada los ojos. ¿Acaso el hombre más temido de Namimori la estaba consolando? Una manera un tanto fría según ella, pero consolación al fin y al cabo.-…así que ya deja de llorar, Miura Haru.-dijo mientras la miraba directamente a los ojos para después desaparecer por la puerta. Dejando a la joven castaña completamente estática, sonrosada y hecha un lio de emociones…

Mi mente aun divagaba en lo que había pasado el día de ayer. Imágenes tortuosas aparecían en mi mente de solo recordar… La pelea contra Gamma. Pelea que hubiera deseado cambiar. Tal vez si hubiera podido cambiar esa pelea, ella… ella ahora no estuviera debatiéndose entre la vida y la muerte.

-Si le pasara algo a Yamamoto yo…-dijo débilmente.

Gokudera había vuelto a despertar, y por alguna "extraña" razón, ahora también tenía un fuerte dolor en la nuca. Hayato se encontraba acostado en su camilla. No se había podido mover desde ayer, debido a que Hibari lo había golpeado directamente en la nuca.

Kusakabe había venido a verlo en la madrugada para colocarle un sedante para que no volviera a intentar escapar como lo había hecho antes, eso lo había dejado completamente sin fuerzas. Reborn le había contado lo sucedido y quería evitar que su jefe lo volviera a golpear por insolente.

Había deseado con todas sus fuerzas que a ese maldito sedante se le fuera el efecto. Cuando había despertado del golpe proporcionado por Kyoya, Kusakabe le había proporcionado una buena dosis y cuando le había preguntado por el estado de Yamamoto este le había esquivado la mirada y dicho que aún era muy pronto para hablar del estado de la guardiana de la lluvia.

-Tengo que verla…-dijo mientras intentaba ponerse de pie.

Tsuna se había despertado muy temprano ese día. Quería saber cómo se encontraba Takeni-chan y de paso llevarle el desayuno a Gokudera porque no había podido comer desde ayer debido al constante número de veces en que lo habían puesto a dormir obligatoriamente.

-Gokudera-kun, voy a pasar.-anuncio el castaño mientras abría la puerta con una charola en las manos.

-Juudaime.-soltó el peliplata sentado desde la camilla.

-Gokudera-kun, sabes bien que no puedes moverte.-regaño el chico dejando la charola sobre la mesita que se encontraba al lado de la camilla.

-Juudaime, yo quiero ir a ver a Yamamoto.-quería ir al grano. Ya se estaba hartando de la negativa de todos. Quería verla, y quería que fuera ahora.

¡Maldición! No sabía cómo contestarle a su guardián. Su mirada se veía tan decidida, tan determinada. ¿Qué podía decirle? Si seguía sin saber por qué su insistencia de ver a Yamamoto. Si seguía sin entenderlo. Estaba odiando no poder ser un buen líder.

-Gokudera-kun, ya te dije ayer que eso no puede ser…debes descansar.-prefirió esquivar la profunda mirada de la tormenta.

-¿Por qué? ¿Por qué, Juudaime?-pregunto con la mirada hacia el piso.- ¿Por qué no puedo verla?

Tsuna se mordió el labio. ¿Qué debía decirle?

¿Para qué quería verla? Él siempre la había detestado. Yamamoto nunca fue su persona favorita, quizá era la persona que más odiaba. Ah, simplemente no entendía a su guardián.

-Gokudera-kun. Ya sabes que no es bueno para tu condición el salir de la sala médica, ¿Si?

-Lo sé, Juudaime, pero yo tengo que verla...-ya estaba cansado de decirlo.

El décimo se sentó junto a él en la cama. Si no entendía lo que le pasaba a Gokudera, entonces tendría que preguntárselo directamente.

-Gokudera-kun. ¿Por qué quieres ir a ver a Takeni-chan? ¿Por qué es…tan importante para ti?-pregunto sin vacilaciones el castaño.

El chico miro por unos instantes a su jefe, como intentando saber que palabras usar para explicarle el extraordinario suceso que había descubierto. Su amor por Yamamoto.

-Juudaime, el día de la pelea contra Gamma…-medito un poco.-…yo descubrí, bueno más bien me entere de que y-yo…-Hayato era un total manojo de nervios; Tartamudeaba, se le atropellaban las palabras y su cara comenzaba a ponerse roja.

-¡Hiee! ¡¿Pero qué rayos está pasando?! Este no es Gokudera-kun…-Te enteraste de que…-dijo a fin de que prosiguiera. El peliplata intentaba no ver a los ojos al cielo.

-Bueno de que…-tomo un poco de aire.-de que Yamamoto es la persona más importante para mí, Juudaime.-confeso al fin encarando a su jefe, quería que el castaño no tuviera duda de sus palabras. De sus sentimientos por Yamamoto.

Tsuna casi entra en un estado de shock. ¿Cómo pudo haber sido ser tan idiota? Todo había sido tan claro, tan cristalino. Era obvio de que su guardián sentía algo por la azabache. ¿Cómo había podido hacer caso omiso a las señales? Siempre había escuchado decir a su madre que Los opuestos se atraen.Y exactamente eso eran Gokudera Hayato y Yamamoto Takeni, opuestos. Takeni-chan era la alegría e ingenuidad hecha persona, mientras que Gokudera-kun era la personificación total de la asperidad y la rudeza. Completamente opuestos.

-¿Juudaime?-cuestiono la tormenta al ver que Tsuna no decía nada, estaba inmerso en sus pensamientos.

-Gokudera-kun. Iremos a ver a Takeni-chan.-declaro con decisión.

A Gokudera se le ilumino el rostro, por fin podría ver a Yamamoto.

Continuara...

Konishiwa:3 (Lo sé, ha pasado demasiado tiempo y lo lamento:v)

¿Y qué les pareció?

Pero en fin, gracias por leer esta rara historia n.n

*Amakii: Ciaossu:3 Jaja lo sé, dejo todo en suspenso:´v Oh gracias, y espero que la historia siga sin defraudarte. Amm, lo siento, pero yo no le voy al yaoi. Pero gracias por los ánimos, sayonara –w-

*Yo: Sipi, ya lo seguí c: Muchos arigatous:3

Matta ne, Sayonara n.n/