-Sawada Tsunayoshi.-pronuncio el prefecto. La chica lo miro a los ojos. ¿Cómo sabe mi nombre? Esa era su duda.-Te quiero ahora mismo en el auditorio o si no…-la miro fijamente a los ojos. Gris contra café. Su mirada se volvió amenazante-…te morderé hasta la muerte.-finalizo mientras le mostraba sus tonfas en señal de que lo que le decía no era algún tipo de broma. Tsuna dio un saltito del susto y salió en dirección al auditorio como alma que lleva el diablo. Hibari en cambio dejo salir una risa de autosuficiencia al ver la reacción de la castaña, al parecer esa herbívora había logrado captar su atención.

-¿Quién era ese tipo? Parecía alguien importante. Importante y aterrador. ¿Morderme hasta la muerte? ¿A qué se refería? Mejor ni quiero saber.-la cara le empezó a arder.-Mi corazón aun no deja de palpitar fuertemente.-apretó su maletín contra su pecho intentando inútilmente ocultar su evidente sonrojo.


Capítulo 2

"La primera sonrisa"

Durante un buen tiempo he querido huir sin saber de qué. ¿De ella? ¿De su sonrisa? ¿De ambas? Creía que si me alejaba lo suficiente podría olvidarla. Dejar de lado esos estúpidos sentimientos que solo les concernían a los herbívoros. Creía que si ponía la distancia necesaria entre nosotros me bastaría para disipar su ingrata sonrisa de mi mente. Pero…cuan equivocado estaba.


Este año avanzaba con bastante rapidez y la secundaria Namimori se encontraba igual de pacifica que en sus inicios.

Los alumnos de nuevo ingreso se adaptaban bastante bien, casi no causaban desorden. Y no les convenía, claro. Ya que sabían las consecuencias a cualquier disturbio Kamikorosu por supuesto. Me gustaba tener orden en todo y en especial en una de las cosas que más amaba. Namimori.

-Kyo-san.-pronuncio Kusakabe.-es hora de su ronda matutina a la escuela.-me recordó.

-Bien.-dije sin muchos ánimos. No me entusiasmaba la idea de ir a castigar a algunos cuantos herbívoros por llegar tarde. No eran un reto para mí, así que me era tedioso tener que hacer esa dichosa ronda que irónicamente yo me había autoimpuesto. Me levante de mi escritorio con fastidio y me dirigí a mi tarea.-Kusakabe Tetsuya.-sentencie.-cuando vuelva quiero bien ordenada toda mi oficina.

-Hai, Kyo-san.-contesto con algo de temor.

-¡Kuzo! ¡Kuzo! ¡Kuzo!-maldecía por volver haberme despertado tarde. Solo faltaban quince minutos para que tocaran el timbre y yo aún seguía en mi habitación tratando de encontrar mi uniforme. Mi cuarto era un campo de guerra total; Ropa por aquí y por allá. Ya había encontrado las calcetas y la blusa, pero aún me faltaba la falda. ¡¿Dónde estaba esa maldita falda?!

-Oh, Tsu-chan.-mi madre había entrado a mi cuarto con un montón de ropa limpia doblada en los brazos.- ¿No es tarde ya para la escuela? Aunque pensándolo bien, siempre vas tarde, hija.

Sentí como me caía un balde de agua fría. Mi madre sí que era alentadora, sobre todo en las mañanas.

-¡Sí! ¡Es muy tarde!-le grite mientras buscaba en uno de los cajones del buro de al lado de mi cama. -¿Ah?-solté al ver una prenda azul marino hasta arriba de toda la pila de ropa que llevaba.- ¡Mi falda!-grite emocionada. Estaba salvada.

-Ara, oh esto.-señaló mi madre.-anoche entre a tu cuarto y decidí lavarla ya que estaba muy sucia. Tsu-chan, debes de ser más cuidadosa con tus cosas.-regañó ella.

-Si si, como digas.-le conteste mientras me ponía la falda lo más rápido que podía. Aún estaba a tiempo de no ser mordida hasta la muerte por Hibari-san.

Empecé mi ronda, no había nada fuera de lo normal. Solo faltaban cinco minutos para el inicio de clases y los alumnos ya comenzaban a entrar a sus salones correspondientes. Eche un vistazo por los salones de tercero, luego por los de segundo y por ultimo por los salones de primero. Cuando los estudiantes me miraban pasar quedaban petrificados. Ah, como amaba esa sensación de temor que causaba en ellos.

Hibari seguía recorriendo la escuela. Su ronda no solo constaba de vigilar los salones. No, el recorrido tenía que ser completo; Tenía que darle una vuelta completa a la escuela, y eso incluía el gimnasio, todos los patios y también los salones de recreación.

La escuela estaba completamente en orden. Ningún alumno fuera de su lugar. Eso me agradaba, que mi escuela fuera tan pulcra y silenciosa. Pero esa paz pronto se acabaría. Ya casi era hora. Estábamos a un minuto de la hora de entrada, a solo unos cuantos segundos de que el timbre sonara he inundara toda la cuadra donde se localizaba Namimori.

Ante lo inevitable solo decidí esperar en la entrada de la escuela, me recargue en el muro izquierdo mientras cerraba los ojos y dejaba que el tenue viento me golpeara el rostro.

Ella no tardaba en llegar.

-Diez, nueve, ocho, siete, seis…

-¡Sí! ¡Lo logre!-canturreo emocionada la herbívora castaña más desalineada que había pisado mi escuela. Y como todos los días anteriores, venia agitada, con la respiración entrecortada y las mejillas rojas por la intensa carrera que hacía de su casa a mi escuela. A veces me preguntaba si no podía despertarse un poco más temprano.

El timbre al fin sonó.

-Wao. Cinco segundos antes del toque del timbre, es un nuevo record, Sawada Tsunayoshi.-dije con burla y a la vez clavándole la mirada.

-¡Hiee! ¡Hibari-san! ¡Lo siento!...-se alejó lo más que pudo de mí, he hizo la misma reverencia de siempre mientras temblaba levemente. Esta era mi diversión matutina, y lo único que le quitaba lo aburrido a mis rondas. Sawada Tsunayoshi siempre llegaba al último minuto. Desde que había entrado a la escuela secundaria no había un solo día en que ella hubiera llegado antes de las 7:59 de la mañana. Cuando llegaba a esa hora la primera semana de clases, no le vi el problema, después de todo, era la única que llegaba a esa hora y no hacía mucho ruido. No era algo tan grave como para morderla hasta la muerte. Era verdad, no llegaba a clases junto con los demás, pero tampoco se pasaba de la hora. No violaba el reglamento. Pero luego esa semana se transformó en dos, luego en tres y así sucesivamente hasta que entendí que esa chica nunca podría llegar más temprano.

Estaba perdido en mis pensamientos cuando la volví a escuchar hablar.

-…yo enserio lo siento, Hibari-san.-volvió a decir sin atreverse a mirarme a los ojos.

Esa era mi parte favorita, cuando mostraba toda su pequeña vulnerabilidad ante mí. Como conejo indefenso al lobo, como gacela al león. Ese era uno de los pocos placeres que me "permitía" en la vida.

-No importa herbívora. Llegaste antes del timbre. Así que lamentablemente no me está permitido morderte hasta la muerte.-dije alzando la cabeza la cabeza al cielo, como si buscara la luna a pesar de ser de día.

-¡Hiee!-chillo.

-Así que será mejor que te vallas en este mismo instante hacia tu salón, Sawada Tsunayoshi, si no quieres que te castigue por hacerle perder el tiempo al presidente del "Comité Disciplinario".-de nuevo la mire a los ojos, ella no pudo sostenerme la mirada y en cambio dio un brinquito asustada mientras acataba obedientemente mi orden. Yo sonreí y cerré los ojos de nuevo, sabía muy bien que tenía este poder con todos los alumnos de Namimori, pero por alguna extraña razón, me gustaba en especial tenerlo sobre la herbívora desalineada.

Estaba a punto de seguir con mis deberes cuando note que la herbívora detenía su caminata hacia su salón y volvía hacia mí dirección. Se paró frente a mí con las mejillas coloreadas de rosa y me miro directamente a los ojos. Yo alce una ceja ante su acción…

¿Qué acaso era idiota?

-Hibari-san…

No dije nada, solo me limite a acercarme más a ella para saber qué es lo que quería.

-¡Muchas gracias por no morderme hasta la muerte!-grito con todas sus fuerzas mientras agachaba su cabeza y hacia una reverencia. Eso solo duro unos segundos, cuando volvió a levantar su cabeza me mostro la sonrisa más deslumbrante que había visto. La más radiante y cálida sonrisa qué alguien me había mostrado.

Tsunayoshi salió corriendo de nuevo.

Me quede un rato observando el camino por donde se había ido, meditando un poco lo que había pasado. Me sentía extraño, y mis mejillas se sentían un poco acaloradas.

-Tsk. Estúpida herbívora.-masculle de mala gana mientras me dirigía de nuevo a mi oficina.

-Con que esto es Namimori.-el italiano observaba con detenido asombro la ciudad.-así que es aquí donde vives, Sawada Tsunayoshi.-dijo mientras miraba un folder que contenía cierta información y una foto tamaño infantil de la castaña.-al noveno le encantara saber que ya te encontré…

Continuara…

Ciaossu:3 Lo siento, en realidad no sabía si debía seguir con esta historia, pero bueno, pues tuvo aceptación. Así que la seguiré xD

Y bien, ¿Qué les pareció? Ya sé, este capítulo está un poco parecido al primero, pero enserio les prometo que es para un bien mayor -w-

*mel-yug15: Gracias:3 no se si fue una buena continuación, pero pues se hace lo que se puede :b Jajaja ya los acerque un poco c:

*Amakii: ¡Hi! Oh muchas gracias n.n He aquí la continuación, sayo -w-

*Okumura Sora-kun: Dile a tu ser que ya le treja más *-*

*Ariana P: Ya no esperes mas, que ya está aquí x3

*Beast: Muchas gracias c: ya lo seguí:)

Matta ne, Sayonra n.n/