PIECES OF A LIFE
XXXVI.
Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.
No le parece una novedad despertar en el suelo frío de la estación de policía, dentro de una celda, como el idiota que es y con la cara deformada por la hinchazón. Se ha metido en una pelea y ni Kondo ni Hijikata fueron en su ayuda inmediatamente, han llegado al amanecer, no en las primeras horas, sino después de las nueve de la mañana, cuando el estómago de Okita hace ruidos constantes y se muere de sed.
Hijikata hace todo el papeleo y paga su multa sin siquiera mirarlo a los ojos. Kondo está a su lado, tan silencioso como una figura de cera. Lo sabe sin que se lo digan siquiera. La ha cagado. La ha estado cagando los últimos cinco meses, para ser exactos. Metiéndose en peleas una y otra vez, tomando dinero que no es suyo, drogándose y emborrachándose como un vagabundo y, justo cuando creyó que no podía caer más bajo, durmió en una celda por primera vez en la vida.
—Es la última vez —le dice Hijikata—. Es la última vez que vengo a una estación de policía por ti.
Las palabras del hombre están cargados de rencor y desprecio. Es la primera vez que le dice algo tan duro desde la muerte de Mitsuba. Okita siempre creyó que Hijikata comprendía su dolor, su hermana era su esposa después de todo, por eso se limitó a reprenderle por gastar el dinero en alcohol y faltar más a la universidad de lo que asistía, sin embargo, ahora se da cuenta de que no. Hijikata quien comparte un dolor similar al de él no lo entiende: le tiene lástima. Tiene lástima de ese niño mimado que no puede dejar ir a su hermana ni el recuerdo de su ex novia, por eso le ha dejado hacer lo que hacía. Pero, como él mismo ha dicho, esta es la última vez.
Toushiro y Kondo se marchan en el auto del primero sin esperar a Sougo. Se lavan las manos de él y él entiende que están tratando de darle una lección. La cabeza le punza constantemente, pero lo que más le molesta es la oleada de arrepentimiento que hace a su cuerpo pesar una tonelada más.
Por primera vez en cinco meses… no, en siete meses, Sougo Okita está avergonzado de su vida y se arrepiente de convertirse en lo que ahora es.
Las palabras de Hyesung vuelven en ese instante, las últimas que le dedicó, como un requiem.
"Siempre lo estás arruinando todo".
"Has prometido cambiar tantas veces, nunca lo has logrado".
"No eres más que un borracho idiota".
Ahora no le duelen de aquella manera por su rompimiento; ahora son sólo una melodía lacerante que intenta regresarle a la realidad.
Si tan sólo no se hubiera hundido en la autocompasión y las hubiera tomado como una lección esto no estaría pasando. No tendría que ver la espalda de Kondo y de Hijikata alejarse. Su vida universitaria no estaría hecha una mierda, no estaría solo como ahora y no hubiera lastimado a su mejor amiga de la forma en que lo hizo. Tantos hubiera, una palabra que implica algo que no fue ni puede ser. Se siente como si ya fuera muy tarde para todo. Pero no puede serlo, no puede dejarlo estar todo de esa manera.
Okita se echa a andar por la ciudad sin rumbo fijo. Tiene hambre y sed, la luz le molesta e incluso el ruido, pero no tiene dinero en la cartera ni ánimos para volver a casa. No soportaría ver la cara de decepción en el rostro de Kondo nuevamente ni la furibunda mirada azul de Hijikata por más que se lo merezca.
A cada paso que da es como si recolectara un momento de su vida a partir de que comenzó a arruinarse por completo. Recuerda las fiestas, recuerda personas sin rostro con quien estuvo y recuerda cada pequeña acción que lo llevó hasta donde está ahora con una culpa que le obliga a sostenerse el lado izquierdo del corazón, como si lo lastimaran físicamente. Pero, lo más gracioso de todo es que, sin proponérselo, recuerda en cada momento a Kagura estando allí a su lado, intentando frenar su irremediable caída.
"¿Por qué diablos estás tan borracho, uh-uh? Creí que lo estabas superando o no sé".
"Deja de fumar".
"Han pasado tres meses, Sádico. Tres malditos meses. ¿Y qué mierda es lo que has estado haciendo con tu vida? ¡¿Es que te quieres morir?!"
"Es hora de que lo dejes".
Debió haberle hecho caso, piensa, debió intentar mantener aquello que todavía desea y deseaba.
"Me gusta cuando somos los dos siendo unos idiotas, ¿sabes?".
"Creo que eres la persona que mejor me entiende, China".
¿Cómo le pudo hacer eso a su mejor amiga? Kagura incluso soportó demasiado, más de lo que cualquier persona en su sano juicio lo haría, piensa.
"¿Tú qué sabes, perra?"
"¿No era esto lo que llevas esperando todo este tiempo? ¡Cuán alegre debes haber estado cuando lloré como un perro por la malnacida de Hyesung!".
"Esos ojos de cachorro hambriento que me pones ¿crees que no los he notado?".
"¿Desde hace cuánto tiempo que te arrastras?".
"Vamos a resolver esta mierda ahora. Entonces podrán largarse tú y tu maldita preocupación lejos de mí".
El recuerdo de aquella noche le taladra en los oídos y se da cuenta de que no ha tocado el fondo sólo por Hyesung y Mitsuba, también lo ha hecho por ella, por Kagura. Esa constante en su vida que él siempre dio por sentada y a quien alejó con sus desagradables acciones.
Es un estúpido, se dice, un idiota y un imbécil.
Llora en medio de la calle incluso cuando sigue caminando. No le importa que le vean las personas como si estuviera loco, ya ha tocado fondo y ellos no son quienes le interesan. Su anhelo está más allá, con su tutor y su cuñado, con su mejor amiga y su hermano, con todas las personas a las que ha lastimado.
Llega a casa hasta la noche, está cansado, pero ya ni siquiera tiene hambre. Consigue fuerzas para apenas y lavarse antes de ir a dormir.
Su vida parece un agujero negro.
Despierta al otro día después de la una de la tarde. Los golpes de la cara siguen doliéndole, también los del abdomen, pero eso es lo que menos le importa. Necesita dejar de hundirse en la miseria y en la autocompasión como si fuera algo a lo que tiene derecho, en su lugar debe comenzar a hacer algo.
No puede borrar lo que pasó, pero puede arreglar lo que pasará ahora. Necesita compensarlos a todos, necesita ser el hermano pequeño que Mitsuba siempre quiso que fuera. Necesita cambiar. Va a intentarlo. Por todos y por él mismo. Por la persona a la que más ha lastimado y quien siempre le dio tanto.
"Porque yo no me puedo escabullir por la ventana de su habitación".
"Aquí están, bastardo mal nacido, matado de la secundaria, nerd de nerds, complejo de hermana, candil de la calle y oscuridad de la casa, los apuntes de toda la semana".
"Si quieres llevar a tu novia de dos días en lugar de a mí al evento de promoción de tu cuñado supongo que no es mi problema".
"Me debes una. Una grande. Una enorme. Una del tamaño de la Torre de Pisa, ajá".
"No seas mariquita y deja de quejarte, uh-uh. Voy a acelerar".
"Quita esa maldita cara de funeral, uh-uh. Sólo se está yendo al maldito campo para recuperarse."
"Sabes que me debes un montón".
"Me debes una leche".
Esta vez no puede repararlo con un galón de leche, de eso está seguro. Está vez debe esforzarse por dejar de arruinarle a la vida a Kagura. No puede solo intentarlo, debe hacerlo. Si necesita arrastrarse y suplicar de rodillas para que lo vea una última vez, para poder hacerle entender que, incluso si lo hizo, nunca fue su intención lastimarla de verdad, entonces va a hacerlo.
Es lo mínimo que le debe al final de cuentas.
Después de todo, ella hizo un montón de cosas por él. Es hora de que él haga algo por ella.
Algo.
Al menos debe pagarle una.
