PIECES OF A LIFE

XXXIX.


(Especial II)


Porque Okita Sougo fue, a lo largo de los años, la razón de sus sonrisas.


Kagura no esperaba reencontrarse con Sougo tras tantos años en un sucio restaurante de comida china. Puede que fuera cosa de todas las novelas que últimamente está leyendo, pero aspiraba algo un tanto más dramático o, al menos, un tanto más bello. Bajo los árboles de cerezo, en una pradera o alguna fiesta glamorosa. Bajo la lluvia a punto de cruzar la calle, con sus miradas encontrándose y paralizándose con el contacto visual. Pero, por supuesto, la vida real no es así de cinematográfica. Es más bien impredecible y ridícula; tanto que la ha tomado desprevenida.

—¿Sougo? —lo llama todavía medio ida sólo porque puede que lo esté confundiendo con su doble o se esté quedando ciega.

—Hey, Kagura.

—¿Se conocen usted y la rata mojada, señorita? —pregunta el dueño.

—Sí —responde dudando de su respuesta. ¿Debería añadir que son mejores amigos? Aunque, claro, no existen mejores amigos que se hayan dejado de ver durante mil años. Sí. Nos conocemos desde niños —esa es información suficiente para que el viejo se aleje de ellos—. ¿Vives por aquí? —le pregunta ridículamente Kagura porque ella ya sabe todas las respuestas—. ¿Trabajas ahora acá en la capital?

—Soy recién transferido. Es mi primer fin de semana por estos lugares.

—Ah… —balbucea en un intento de guardarse sus palabras; una invitación para mostrarle los alrededores, por ejemplo—. Yo trabajo aquí los fines de semana porque tengo un programa de radio, pero todavía vivo en nuestra… en mi ciudad. Vivo con la Yorozuya.

Kagura se tropieza con las palabras a propósito (una locutora de radio no puede ser tan torpe de forma gratuita) esperando conseguir alguna reacción de Sougo. Quiere ver un sentimiento de culpa en sus expresiones y sonríe para sus adentros cuando ve como el rostro de su antiguo vecino se contrae durante poco menos de un segundo.

"Sigue pensando en eso. Muy bien".

Se alegra porque Kagura puede ser una buena amiga, puede ser una mujer crecida y puede haber madurado en muchos aspectos, pero aquella parte suya del pasado sigue en su interior, rabiosa con él por largarse y tomar las decisiones por su cuenta y quiere hacerle daño sólo para devolverle una cucharada de su propia medicina. No necesita ser mucho, sólo lo suficiente para darse cuenta de que, a pesar de ser un imbécil, tiene una consciencia. Además Kagura no se engaña: siempre ha sido demasiado suave con este bastardo y probablemente seguirá así hasta el fin de los tiempos.

—Es bueno saberlo. Que te vaya bien, quiero decir.

—¿Por qué no te sientas? —hace la pregunta por pura educación. Sougo tiene cara de querer salir pitando de allí—. ¿Cómo has estado tú?

De nuevo, Kagura lanza una pregunta de la que ya sabe la respuesta. Sougo es como una rata mojada por dentro y por fuera. Puede ser bueno en su trabajo, pero ha estado siendo malo en todo lo demás todos estos años en los que cortó el contacto. Para hacerlo sentir menos culpable (o quizá quiere castigarle con indiferencia momentánea), Kagura sigue comiendo.

—Me va bien. Estaba trabajando bajo en mando de Hijikata en la brigada antisecuestros pero acabo de ser transferido a homicidios en la capital. Es un ascenso, supongo.

—Trabajar lejos de Hijikata siempre será un ascenso para ti —expresa porque hay cosas que nunca cambian y esa animadversión por Hijikata tampoco.

Sopesa un poco lo siguiente que debe decirle, aunque está segura de que todo lo que salga de su boca va a hacer a Okita querer largarse de allí. Pero, si al final el idiota va a terminar marchándose, ¿por qué no comenzar a acomodar las cosas de una buena vez?

—Oí mucho de ti por Kondo. Antes de que él también se fuera —suena a reclamo y ciertamente no ha querido que sea así, aunque tampoco se arrepiente. Supone que es la aspereza del primer encuentro—. ¿Por qué nunca llamaste? No volviste tampoco. Ni estabas cuando fui de visita. Francamente todo lo que me digas me van a parecer excusas.

Al final termina siendo demasiado honesta. Como siempre ha sido con todo, excepto con sus sentimientos por él.

—Estaba muy ocupado cambiando. Todavía no he cambiado de cualquier manera.

Mentiroso. A este paso podrías dar misa de lo mojigato que te has vuelto.

Se irrita por la evidente mentira, pero se contiene. No es que no esperara esto y no es como que no sea un proceso por el que deben pasar antes de volver a armar el puzzle de sus vidas.

—Sé qué estuviste haciendo. Sé que estuviste internado por rehabilitación y que acabaste yendo un poco tarde a la universidad de la policía. Sé que te convertiste en detective y estoy segura de que todavía lo eres. Te reformaste. Lo hiciste —señala contando a medias para no asustarle. Sabe que el muy estúpido piensa que todo lo que ha hecho ha sido por su bien y no quiere romperle tan rápido la ilusión de que todos estos años le ha valido pepino tan pronto. En su lugar quiere que entienda que hay un camino que puede seguir y le extiende la mano (simbólicamente). Eso de separarse por estúpidos y vivir llorando por la pérdida fingiendo resignación es de novelas baratas y ella detesta ese tipo de historias. Lo suyo son los protagonistas que luchan hasta el final. No hay honor en rendirse a medio camino.

—Tengo treinta ahora, Kagura. El próximo año tendré treinta y uno. Van a ser diez años de eso. No puedes pretender que recuerde todo.

Ella sonríe de medio lado, bufando. No le cree ni una palabra. Sabe que son puras excusas. Se quiere hacer el mártir y le ha salido todos estos años porque le ha dejado. Nada más.

—A mí me parece que todavía estás huyendo. Francamente me parece estúpido. Lo has dicho tú mismo: han pasado diez años.

Entonces sucede lo que acaba de señalar: va a huir. El idiota va a huir y ella tiene ganas de arquear una ceja.

—Ha sido un placer —se despide con la voz extrañamente apretada—. Estoy en medio de un caso. Ha sido un placer, en serio. Pero la próxima vez que nos crucemos creo que es mejor pasar de largo. No es necesario demostrar que nos conocemos. Yo haré eso.

Ridículo.

Okita le extiende la mano, un gesto que ella no responde, pero él la mantiene en posición mientras pasan los segundos y la mira directo a los pozos azules que son sus ojos. Kagura sabe que si toma su mano está diciendo que sí, que están zanjando el asunto y ella tiene ganas de atormentarle un tanto más antes de hacer las pases. Porque esta vez él no va a tener la última palabra ni va a hacer las cosas a su manera. Kagura puede tomar sus propias decisiones y seguir con ese juego de las escondidas no es algo que le apetezca por más tiempo.

Sougo se larga (porque eso es lo que hace: largarse) y ella sigue comiendo tranquilamente. No necesita ver su espalda marchándose porque está tranquila y tiene contactos. Que se esté marchando de ese restaurante chino no significa que vaya a desaparecer del mapa. No ha desaparecido de su mapa desde que se mudó a la casa al lado de la suya, no lo logrará ahora que tiene contactos.

—¿De verdad se conocen desde niños, señorita? —le pregunta el dueño acercándose a ella, Kagura se encoge de hombros.

—Sí —responde al fin.

—Pues no lo parece. ¿Le debe dinero?

—Me debe más que dinero —responde rápidamente.

—¿Y qué hará para recuperarlo?

—Fácil: voy a molestarlo. Me apareceré en la estación de policía —formula el plan sobre la marcha. Si la ve allí por un delito menor (no es que no haya cometido uno de esos antes) se le va a ablandar el corazón como la rata mojada que es y acabará acercándosele. Va a pasar los fines de semana frente a su casa y comprará los comestibles en la misma tienda que él. Asistirá a los mismos bares, a los mismos eventos sociales y aceptará por fin uno de esos comerciales para la tv que tanto le ofrecen. A lo mejor se sacrifica y despierta en la mañana para salir a correr al mismo parque que él o se inscribe en el mismo gimnasio. Se va a meter en cada recoveco de su vida nuevamente hasta enloquecerlo hasta el punto de que quiera gritar por ayuda porque se lo merece—. Voy a hacerlo hasta que se digne a pagarme y luego se dé cuenta de que en realidad no me debe nada.

—¿Se va a tomar todas esas molestias para al final no cobrarle?

—Me voy a tomar todas esas molestias para recordarle que los amigos de la infancia no son cosas de usar y tirar ni relaciones que se acaban de un solo lado.

—Ya —sonríe el hombre—. Creo que hay algo más profundo allí, pero no me voy a meter.

—No le conviene meterse —asiente ella.

Quizá su historia de amor unilateral con Okita Sougo terminó hace mucho años. Quizá dejó de quererlo para siempre, quizá la llama sólo está baja y en espera o quizá murió pero puede ser revivida. No sabe y estar cerca de él es una buena manera de averiguarlo, aunque en realidad no le importa ni va a hacer lo que va a hacer por ese sentimiento que es ya sólo una memoria. Ella nunca esperó que él correspondiera sus sentimientos ni antes ni ahora y llorar porque un hombre no le hace caso es cosa de la juventud. Hay cosas que no se pueden obtener por más que lo intentes y a lo mejor una relación amorosa con Sougo es una de esas cosas. Pero hay otras que sí pueden conseguirse y por las que vale más la pena luchar, como su mejor amigo.

Fue una promesa con Mitsuba de que estaría siempre a su lado pero, más que esa promesa, es su deseo como protagonista de la historia de su vida: luchar por lo que desea; y sacar a Sougo de su miseria y —a pesar de las lágrimas y todos los malos ratos— hacerle sonreír justo como él la hizo sonreír en el pasado es algo que merece la pena. Al final de cuentas importan más los momentos felices que los tristes y las lecciones aprendidas.

Porque las segundas oportunidades, las terceras y las cuartas están en sus propias manos y Kagura no quiere desperdiciarlas.

Además, ser mártir no va con ella y menos con el estúpido de su mejor amigo.


NOTA EXPLICATIVA INSALTABLE Y MÁS LARGA QUE TU TAREA:

Hola para los que me vuelven a leer aquí; ha pasado mucho tiempo de este fanfic y desde que escribí algo nuevo para este fandom. Desde noviembre. Primero quiero decir que odio hacer esto con el alma. Yo odio que extiendan las historias más de lo debido, odio que hagan spin offs y side stories y toda esa wea que debió contarse en la historia original y que me parecen siempre relleno. Sin embargo, necesité con la vida hacer esto. Tengo MESES pensándolo y fue hoy, con la tarea acumulada, que dije: why not?

Este nuevo final denota esperanza. Esperanza que ustedes quisieron desde hace muchos capítulos. Pero no lo hice porque ustedes quisieran, de verdad no. Para eso lo hubiera arreglado como mínimo en agosto del año pasado. Es que este fanfic me gusta a nivel espiritual y siento que le estoy debiendo demasiado ahora.

Cuando dije que esta historia fue planeada desde el inicio no mentí. Mi idea era separar a Okita de Kagura (me atrevo a decir que es el Okikagu más infame del fandom). Por eso mismo me siento feliz de que haya podido tomar el camino que planteé sin vacilar a pesar de las constantes peticiones de hacer lo contrario. Sin embargo, mi visión de las cosas (tanto en la vida como en las historias) ha cambiado desde hace un tiempo. Los finales tristes no son más realistas que los finales felices, eso siempre lo he sabido, pero, incluso cuando la esperanza está perdida, se puede luchar para ponerle más amarillo al gris en el que estás sumergido.

De verdad que no puedo expresar lo que ha cambiado en mí con palabras, lo intento pero no puedo. Es como que quieras dar una descripción física de la felicidad. No existe. Algo, alguien te puede hacer feliz, pero la felicidad como tal no es que sea algo con forma, color, textura y sabor. Algo simplemente cambió, algo simplemente movió algo dentro de mí. Y, como dije, este fanfic está en mi corazón a un nivel más alto que cualquier otro que haya escrito antes (más arriba que mi último orgullo: El Tiempo Entre las Estaciones), el hecho de saber que pude haber construido otro final me pone mal cada vez que me acuerdo que existe. No es que diga: ay, los hubiera dejado juntos. No, estoy satisfecha con todo lo que sucedió, la manera en la que manejé las cosas…. Excepto por el epílogo. El epílogo no está mal, pero pude haber cambiado algunas líneas, muy pocas en realidad, para hacer lo que ahora quiero.

Por eso existe este capítulo: para estar en paz con mi alma. Sin embargo, no voy a hacer una segunda temporada de este fanfic porque, como dije, odio el alargamiento innecesario de esto. Todo lo que quiero es que sepan que Kagura es diferente de Sougo, ella nunca le vio el punto a su sacrificio y se lo va a hacer ver para recuperar los años perdidos (no lo hizo antes porque respetaba su decisión, pero al verlo nuevamente se dio cuenta de que era muy tonto hacer eso cuando ella siempre lo ha procurado en las sombras y está segura de que él ha hecho lo mismo). No es que se arrastre porque ir detrás de algo que vale la pena nunca va a ser vergonzoso y una buena amistad es algo que lo merece (una relación que nunca existió y puede que nunca exista no lo es). Ya que Okita, a pesar de todo, trató de remediar el daño que hizo consciente e inconscientemente. De la peor forma posible, pero él siempre pensó en Kagura como una parte valiosa de su vida.

Gracias por llegar hasta aquí y por los reviews en el epílogo, por cierto.

Adiós.