Esta historia es una adaptación del libro "Me before you" de la escritora Jojo Moyes. Por ende los personajes no me pertenecen, ya que son propiedad de Jojo Moyes.
Capítulo 3
"Us before Us"
—Él me odia—le confesé a Treena sentándome a la orilla de mi cama para después dejarme caer de espalda al colchón.
Mi hermana menor soltó una leve carcajada mezclado con un poco de sarcasmo en ella.
—¿Qué fue lo que le hiciste?—me preguntó con cara de intriga.
—Nada—Mentí horriblemente. Sí supieras pensé.
—Louisa Clark. Algo tuviste que hacer para que me digas que Will Traynor te odia.
—¿Es obligatorio hacerlo?—pregunté mostrando mi cara de confusión ante su comentario.
—Déjame refrescarte la memoria un poco—se acomodó a un lado mío entrelazando sus dedos para ponerlos encima de su abdomen mirando al techo.
—Arrojé mi café en sus "carísimos" pantalones—dije espontáneamente.
—¡Wow¡ Yo también te odiaría si mancharás mi vestido favorito.
—Estaba distraída. Fue un accidente.
—Contigo siempre son accidentes—me dijo—Eres distraída a más no poder… hasta torpe, a veces.
Me quedé viendo fijamente al techo para después cubrirme el rostro con la palma de mis manos, ya que en realidad Treena tenía toda la razón. Tengo que enfocarme más cuando hago mis cosas.
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Will Traynor
Apagué el motor de mi auto. Recargué mi nuca en el respaldo del asiento sin despegar mis manos del volante del conductor. Ya había concluido mi primer día en la empresa. El regresar a la rutina diaria de ir al trabajo, volver a casa y el "socializar" me mantuvo ocupado todo el día para no recordar el pasado, hasta que apareció mi asistente.
—Louisa Clark—me dije a mismo mientras daba un leve golpecito con mi puño cerrado al volante del conductor.
-Flashback-
—En esta ocasión déjame ser yo la que decida donde celebramos nuestro aniversario, Will. Siempre lo hacemos saltando de un paracaídas en medio de alguna ciudad europea o buceando en las profundidades de algún mar asiático.
—Te prometo, mi pequeña princesa que lo hacemos la siguiente. Ya tengo todo listo. Sería una grosería de mi parte cancel —dije dándole un corto pero apasionado beso a mi compañera de departamento.
—Está bien, Will Traynor. Esta vez volviste a ganar. Solamente no olvides disfrutar de las pequeñas cosas de la vida como ir a charlar mientras tomas un café, ir a la opera e inclusive hacer un picnic—me dije —De vez en cuando te pueden llegar a sorprender—explicó.
—Lo pensaré. Pero a mí me gusta vivir al máximo—dije—Y al límite —reafirmé mi respuesta mostrando mis dientes, los cuales posiblemente querían ser lastimados por la rubia que estaba recostada en el sofá con las piernas estiradas.
—No tienes remedio, Will Traynor—dijo la rubia con cara de resignación soltando un leve suspiro.
—¿Quedamos para comer?—le pregunté mientras sostenía el picaporte de la puerta para salir.
Ella solamente dibujó una pequeña sonrisa de satisfacción en sus labios y asistió con la cabeza.
— Will, 2. Alicia, 0.
-Fin del Flashback-
Bajé de mi auto, el cual estacioné en la cochera de la casa, para después presionar el botón de mi pequeño control remoto para activar la alarma. Di unos cuantos pasos a la entrada de mi casa cuando me encontré a mi hermana Georgina hablando con un hombre, el cual estaba a punto de emprender viaje a su coche estacionado a unos cuantos centímetros de distancia.
—Will. Me alegra que hayas llegado. Nathan te estaba esperando—dijo mi hermana menor mostrándome sus perfecta dentadura.
— Will Traynor. Te ves mucho mejor.
—Nathan, hermano. ¿Cómo has estado?—me acerqué al hombre para estrechar mi palma contra la suya y darle un leve abrazo.
—Bien, estoy en la ciudad de servicio comunitario—contestó tranquilamente sonriendo—Estoy a punto de terminar mí doctorado en Salud, pero antes tengo que hacer residencia mínima de 16 meses en algún centro del sector Salud.
—Me alegra que te sigas actualizando y renovando en lo que más te gusta—dije—Sin ti no hubiese podido moverme como lo hago ahora—le confesé dando unos leves golpes al piso con las plantas de mis pies.
Georgina soltó una leve, pero encantadora carcajada.
Deja de agobiar a Nathan y déjalo ir, Will. Tiene trabajo que hacer.
—Claro, como ya te vio a ti que más importa el pobre Will.
Georgina borró por completo su sonrisa para después mostrar un leve color carmín rodeando sus mejillas.
—Eres un idiota, Will—me dijo Georgina dejándonos a mí y a Nathan solos en la entrada principal de la casa.
—Me alegra que tu sentido del humor no haya disminuido para nada—dijo Nathan captando mi atención por completo.
—A mi también—dije—Deberías invitarla a salir—le sugerí llevando mis manos a mis bolsillos esperando respuesta.
—¿Qué? … Yo… no como crees—contestó entre pausas dándole más protagonismo a sus nervios que a su cerebro.
—¿Por qué no? ¿Acaso crees que no me di cuenta como la mirabas cada vez que llegaba de visita?—pregunté cerrando mis labios en señal de espera.
—Es muy guapa, es inevitable que no capte miradas—dijo Nathan elevando su mano derecha para sobarse la nuca.
—Bueno. Si quieres invitarla a salir mientras estas aquí. Yo te puedo ayudar.
—Gracias, Will. Lo pensaré.
—No mucho, hermano ¿Y dónde estás ahora?
—Por el momento estoy dando terapias físicas en el Hospital General. Ya después se me asignará otra área ¿Qué hay de ti?
—Estoy cubriendo a mis padres en la empresa. Estoy a cargo—le dije señalándome a mí mismo con mis pulgares.
—Excelentes noticias, hermano. Vas por buen camino—me felicitó nuevamente dándome un leve abrazo en señal de despedida.
— Date una vuelta por la empresa para comer juntos.
—Si, lo haré. Me tengo que ir. Me dio gusto verte, Will. En verdad.
— A mi también, Nathan. Gracias.
— No hay nada que agradecer.
Nathan sonrió antes de introducirse a su auto, encendió el motor y devolvió un leve saludo de despedida a través del vidrio del copiloto. Le devolví el saludo y entré a mi casa.
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Llegué a la oficina un poco más temprano de lo habitual, me dirigí directamente al elevador principal del edificio y oprimí el botón que marcaba el numero 14 ¿Y cuál fue mi sorpresa al confirmar que había llegado muy temprano? Ya que el elevador se encontraba totalmente desértico. Sonreí y me introduje en el pequeño cuarto de metal. Las puertas de metal se abrieron para darme oportunidad de seguir mi camino rumbo a la oficina del Will Traynor. No antes sin echar un leve vistazo a mis alrededores. Digo, es mejor prevenir que lamentar. Cuando confirmé que no había nada, ni nadie en mi camino, salí del elevador. Di unos leves golpes a la puerta de la oficina de mi jefe, pero no hubo respuesta. Giré la perilla y entré a la oficina. Me quedé estática por unos segundos y tomé rumbo al escritorio. Deposité en el lo que traía en mis manos y me dispuse a ordenarlo un poco antes de que llegara Wil Traynor.
—Buenos días—se escuchó la voz inconfundible de mi jefe.
—Ah—salió de mis labios y como era costumbre acompañado de un leve salto en señal de susto.
—Tranquila, solo soy Will—me dijo en tono de preocupación.
—Lo siento. Cuando estoy tratando de concentrarme en algo no prestó atención a lo demás—confesé llevando la palma de mi mano a la altura de mi frente y la otra a mi cintura.
—Si, ya pude confirmar eso— dijo arqueando una ceja mostrando una cara de confusión, como era de costumbre de su parte.
Quedamos en silencio por unos leves segundo, los cuales creo que fueron eternos, hasta que me atreví a romperlo.
—Me atreví a traerle este pequeño detalle para disculparme por mi falta de responsabilidad e inmadurez la noche anterior—hablé sosteniendo un pequeño recipiente de chocolates con almendras—En verdad no fue mi intensión el arruinar sus pantalones, ni haberlo llamado "fuera de moda" y mucho menos hurgar en su cos…
—Hablas mucho—me interrumpió su voz—Madre me lo había dicho, pero no le creí, hasta ahora.
—Ah, sí, la gente siempre dice eso. Más mi Padre—expliqué con sutileza mostrando mi torpe sonrisa—Ahora entiendo porque nunca me dejaban hablar en la boda de mis familiares—reflexioné ante mi comentario y decidí desviar la mirada por vergüenza.
—Gracias—dijo Will Traynor tomando el pequeño recipiente entre sus manos.
—No es nada—le sonreí.
Quedamos nuevamente en un silencio abrumador. Más bien un poco incómodo, pero esta vez fue mi jefe el que decidió romperlo.
—Bueno, Clark. A trabajar—captó mi atención por completo y regresé a mi estado natural.
—Lo que usted diga, Jefe.
Hice una señal militar para darle a entender que estaba a sus órdenes. Él sólo se limitó a sonreír en señal de resignación y salí de su oficina.
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Estaba tan apresurada por terminar de confirma la reunión anual de los embajadores de la moda con Will Traynor. Era la más importante del año que no podía darme la oportunidad de fallar como lo había estado haciendo en los primero días de trabajo. Todo eso se fue al drenaje cuando me percate que una mujer (muy guapa, por cierto) se aproximaba a la puerta de la oficina de Will. Recordé inmediatamente que una hora atrás él me dijo que nadie, absolutamente nadie, lo interrumpiera en su conferencia a larga distancia. Me levanté de mi asiento para actuar inmediatamente.
—Lo siento, señorita, pero no puede pasar—me interpuse entre su camino y la puerta de mi jefe.
La mujer me miró fijamente, no antes de quitarse sus gafas de sol para después hablar.
—¿Quién diablos crees que eres para impedirme la entrada?—preguntó desafiante.
—Lo siento mucho, pero recibí claras indicaciones por parte del Señor Traynor que nadie lo interrumpiera—lo dije como si hubiese memorizado un poema del día de las madres—Si gusta, puede esperar a que termine y yo la anunció con mucho gusto.
—Déjame informarte, "asiste-tonta" de cuarta, con quien estás hablando es… —no pudo terminar su oración ya que la puerta tras nosotras se abrió de golpe.
—Qué bueno que abres, hermano. Tu asistente no me deja pasar ¿Quién diablos se cree?
—Mi asistente—respondió Will—Además, déjame informarte hermanita que ella sólo hacia su trabajo—explicó mientras me guiñaba un ojo—Hoy en día son muy eficientes ¿No crees?
La mujer frente a nosotros se limitó a examinarme de arriba abajo para después sonreírme hipócritamente.
—Por cierto. Loiusa Clark, te represento a mi queridita hermana menor, Georgina Traynor.
—Lo siento mucho, señorita Traynor—me disculpé bajando la mirada.
—Disculpada—dijo—Espero y no se vuelva a repetir.
Georgina me esquivó y se introdujó en la oficina de Will Traynor sin preocupación alguna.
—Bien hecho, Clark— dijo Will sonriendo Iremos a comer, así que puedes ir a tomar tu hora de lonche.
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No sabía por cual trozo de pastel decidirme. La cafetería de las empresas Traynor era enorme, más bien era un buffete (extenso) a la esquina de tu casa, sin ignorar que estaba a unos cuantos minutos de mi oficina.
—Ya decídete ¿Quieres?—la voz de Mary Ann interrumpió mi difícil decisión de elegir uno, que al final tuve que ceder por el de sabor chocolate.
—¿Y bien? ¿Cómo te ha ido con "Mister" Traynor?.
—Me ha ido de maravilla—mentí un poco, nuevamente—Sin ignorar que casi pierdo mi puesto por negar la entrada de su hermana menor, Georgina.
Conforme avanzaba la fila, seguíamos platicando sin remordimiento alguno por las calorías que llevamos en nuestra charola de comida.
—¡Wow! Eso sí que esta de loco—me aliento—Georgina Traynor siempre ha sido una princesa y exagerada—dijo mientras tomábamos rumbo a una mesa vacía.
— No lo sé, se veía realmente molesta.
Tomamos asiento sin mirar atrás y decidimos mutuamente devorar nuestra comida sin remordimiento alguno (de nuevo).
—Esto está bastante bueno—le confesé a Mary Ann con la boca llena de comida.
—Ni que lo digas. Es mi hora favorita del día—dijo mientras untaba un poco de mermelada en su trozo de pan—¡Oh, no!—exclamó apoyando sus codos encima de la mesa en señal de disgusto.
—¿Qué tienes?—le pregunté dirigiendo mi vista hacia la dirección en la cual ella tenía la suya.
Una mujer de unos veinte y tantos años se aproximaba directamente a nuestra mesa con una sonrisa vacilona. Su cabello era liso, largo y negro como la noche y su figura era de envidiarse, tanto que sentí un terrible remordimiento por estar comiendo un trozo de pastel en ese preciso momento que decidí suspenderlo.
—¡Hola, panquesitos!—saludó la recién llegada a Mary Ann mostrando su perfecta dentadura en combinación con sus labios rosados.
—¡Hola, "Betty Moo"!—replicó mi compañera de alado.
—¿Qué no era "Betty Boo"?—pregunté confundida corrigiendo a Mary Ann.
—Luego te cuento—respondió volteándome a ver para después regresar a ver a la mujer que estaba frente a nosotras—Te ofrecería de mis panqueques, pero como debes bajar las 10 libras que subiste, creo que será imposible que tomes uno.
La mujer borró totalmente su sonrisa burlona, pero reaccionó positivamente ante el comentario por parte de Mary Ann.
—Beatriz Castellano—se presentó ante mí con un acento español mezclado con un acento inglés. —¿Tú debes ser la nueva asistente de Will Traynor? ¿Cierto?—preguntó un poco molestia en su tono de voz.
—Mucho gusto—respondí a su saludo—Y sí, soy Louisa Clark. La nueva asistente de Will Traynor.
—¿Qué quieres, Beatriz?—Interrumpió nuestro momento de presentación mutuo—Estamos muy feliz comiendo como para que lo arruines.
—Sigue comiendo de esa forma y te aseguro que podrás aplicar para el castin de la campaña tallas extras de este verano, querida.
—Que irónico que lo menciones, porque podríamos aplicar juntas—contraatacó Mary Ann mostrando una amplia sonrisa de satisfacción personal.
Beatriz ignoró por completo el comentario que mi compañera de mesa hizo sobre su peso.
—Bueno, no interrumpo más su hora de come calorías—habló la mujer de cabello negro para después verme directamente a los ojos—Estoy en el piso 12, por si necesitas que te de asesorías de vestimenta y moda.
Quedé un poco molesta por su comentario que no dude en saltar sobre la mesa y hacer desaparecer esa bonita sonrisa de su rostro con un puñetazo, pero fui interrumpida por Mary Ann.
—Largo de aquí, Beatriz. Si no quieres que borre tu bonita sonrisa de un golpe.
—¡Oh! ¿Por qué tanta violencia? Deberías ser luchadora de Jaula—Sugirió Beatriz—Con ese cuerpo creo que hasta sería tu fan.
—Tú deberías ir atragantarte de comida y después vomitar, en lugar de estar fastidiando, como es costumbre tuya—replicó Mary Ann.
—Bueno, me retiro—Ignoró nuevamente el comentario de mi compañera—No olvides visitarme de vez en cuando, Lou—se dirigió a mí guiñándome un ojo para después emprender viaje rumbo a la salida de la cafetería.
—Es una odiosa—dijo Mary captando mi atención.
—No entiendo.
—Está bien, te lo cuento—dejo de comer por un segundo y empezó su corto relato sobre la mujer que acababa de abandonar el salón.—Beatriz era una de las modelos exclusivas de todas las temporadas de "Traynor's High Fashion", tenía apenas 19 años cuando consiguió su primer contracto con la compañía. Desde ese momento era la atención principal de cualquier pasarela y campaña. Se rumoró que empezó a salir con el hijo mayor de los dueños, Will Traynor.—tomó una bocanada de aire y continuó—Ella ya se creía la dueña del imperio Traynor, pero como sabes, él solo se interesaba en ella para satisfacer sus necesidades de macho alfa, hasta que apareció Alicia.
—¿Alicia?—pregunté interrumpiendo un momento.
— La última relación oficial de will Traynor—respondió—Hasta hubo rumores de boda. ¿En qué mundo vives, Louisa Clark? Todo el mundo lo sabía.
—¿Y qué paso? ¿Por qué ya no están juntos?—volví hacer una pregunta sobre la vida personal de mi jefe como si fuera la encargada principal para resolver un caso del F.B.I.
—Después de su accidente ya no hubo boda ni relación. Todo se esfumo.
—¿Alicia tuvo un accidente?—pregunté exaltada.
Mary Ann me miro incrédula dándome a entender que estaba fuera de "onda", pero prosiguió con su relato.
— No. Will Traynor fue quién tuvo el accidente.—contestó lo más seria posible.
Me sorprendí por la inesperada respuesta. Si mi jefe tuvo un accidente, no se notaba. Bueno, debería dejar de estar suponiendo sobre ese día y esperar a que mi compañera de comida soltara toda la información.
—Primero se rumoró que había quedado inválido, luego que había muerto, después que había quedado con secuelas en su cabeza. Ósea, loco.
—¿Por qué no se publico nada de eso en los periódicos?
—Camilla y Steve Traynor se encargaron de que nada de eso saliera a la luz. Muy pocos se enteraron. Ya sabes, para evitar explicaciones.
— Si, entiendo.
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Will Traynor
Mis ojos estaban puestos en el ordenador que estaba frente de mí. Estaba revisando los últimos pendientes de la campaña hasta que fui interrumpido por una voz tan peculiar que ya me resultaba muy familiar.
—Lamento interrumpirlo, señor Traynor—habló mi asistente haciendo que despegara mis ojos del monitor para verla fijamente.
—Diga.
—Sólo para recodarle que mañana a las 2:00 PM tiene una cita con el fotógrafo de la próxima campaña para cerrar el acuerdo—me dijo desde su lugar.
—Gracias, Clark.
—De nada. Antes de irme ¿Necesita algo más?—me pregunto esperando mi respuesta.
Me quede pensando por unos segundos mientras hacia un escaneo rápido de mis asuntos pendientes.
—No, Clark. Claro que no.—Contesté–—Que descanses.
—Igualmente. Hasta mañana, Señor Traynor.
—Will—dije espontáneamente.
Ella se limitó a mirarme un poco confundida.
—Llámame Will—reafirmé mi comentario.
—Lo intentaré—me mostró una sonrisa, que a mi parecer era encantadora.—Pero por el momento… buenas noches señor Traynor.
Asentí con un leve movimiento de mi cabeza para después perder a la chica de cabello castaño delante de mis ojos para volver mi vista al ordenador.
Pasaron unos quince minutos desde que mi asistente me abandonó dentro de mi oficina. Despegué mi cara del ordenador y me dispusé a cerrar sesión para tomar rumbo a casa. Me levante y ahí estaba ella, Alicia.
—Hola, Will.
—¿Qué haces aquí?—le pregunté en un tono seco.
—Me enteré que estaba en la ciudad y que habías vuelto al trabajo—me respondió mientras posaba una de sus manos en su codo desviando su mirada. —Quería saber cómo estabas.
—¿Cómo crees que estoy?—pregunté extendiendo mis manos a la altura de mis codos. —Al grano, Alicia ¿Qué quieres?
—Sigues siendo el mismo insensible de siempre, Wil Traynor. Sólo quiero saber que estás bien.
—No te creo. Si de insensibles hablamos, tú eres la menos indicada en reclamar—tomé aire— ¿O quieres que te refresque la memoria? —le pregunté en tono amargo.
Alicia levantó su mirada para verme directamente, sus ojos empezaron a mostrar un par de lágrimas que se aproximaban a salir. Pero no me la creí.
—Vengo a arreglar las cosas, Will. Nunca me disté la oportunidad de explicarte cómo se dieron las cosas entre Rupert y yo.
Ahora lo recordaba, por culpa de mis estúpidos celos ese día había perdido muchas cosas, entre ellas mi equilibro en la motocicleta.
—Después del accidente, intenté buscarte, pero ya no estabas.
Alicia intentó acercarse a mí, pero fui más rápido y retrocedí unos pasos hacia atrás evitando todo tipo de contacto físico. Ella entendió quedando estática en su lugar.
— ¡Oh, claro! lo olvidaba—dije—Estaba tratando de recuperar nuevamente el movimiento de mis piernas, disculpa si no te avise. —finalicé con el tono más sarcástico posible.
—Solo viene a traerte esto—me dijo mientras buscaba en su bolsa un pequeño sobre blanco. —Es la invitación de mi boda—extendió su mano—En verdad espero que asistas, Will— tomo una bocanada de aire y prosiguió. — Significaría mucho para mí.
Por alguna extraña razón me sentí muy estúpido y al mismo tiempo sensible. Me era difícil aceptarlo, pero las palabras de Alicia parecían totalmente sinceras. No sabía exactamente que me estaba pasando, pero era mejor olvidar el pasado y tratar de vivir el presente. Al fin de todo, pude sobre llevar lo de mi accidente y recuperarme. Decidí actuar y tome el sobre en mi mano.
—No te prometo que pueda asistir—le dije dando unos leves golpecitos a la palma de mi mano con el sobre blanco—Pero trataré—agregué viendo fijamente a Alicia.
Ella sonrió ampliamente, cómo si realmente le alegrará el hecho de que pudiera estar presente el día de su boda.
—En verdad me gustaría—hablo tragando un poco de saliva y borrando con el dorso de su mano una lágrima que resbaló accidentalmente por su mejilla.
No sabía que más decir, estaba confundido y me había quedado en blanco. Alicia notó la incomodidad que sentía qué decidió dar la media vuelta para salir de la oficina.
—Me da mucho gusto que te encuentres muy bien, Will.—Dijo—Te deseo lo mejor. Te lo mereces.
No pude responder a sus comentarios, ya que fue tan rápida su salida que me quede nuevamente solo. Dirigí mis ojos directo al sobre blanco y lo deje encima de mi escritorio. Lo único que deseaba en ese momento era salir de ese lugar, lográndolo con éxito.
Continuará…
