¡Hola a todos! Aquí os traemos el segundo capítulo!
Esperamos que a los que os haya entrado la curiosidad y hayáis leído el primero este también este a la altura.
Hemos tenido bastante visitas (que no sabemos si lecturas) pero daros las gracias a aquellos que habéis invertido un ratito de vuestro tiempo, siguen siendo bienvenidos cualquier aportación u opinión para así seguir mejorando!
Un saludo especial a NarradoraNueva por dejarnos ese primer comentario, esperamos que te siga encantando!
Este universo pertenece a J.K Rowling, lo que os suene a chino es enteramente nuestro. ¡Disfrutad!
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2. UN LUGAR SEGURO
Apenas recordaba lo que había sucedido. Sentía el sabor salado en sus labios y cómo el agua de lo que debía ser el mar le cubría hasta las rodillas. Tenía un golpe en la mejilla y por el dolor punzante que sentía al respirar estaba seguro que tenía alguna costilla rota.
Miró alrededor al escuchar voces lejanas, a su derecha, a pocos metros se encontraba Potter agachado, al parecer sosteniendo algo, o más bien a alguien. Gritaba con voz ronca por ayuda mientras no dejaba de balancear el cuerpo de un elfo entre sus brazos.
A la izquierda, a tan solo unos metros de Potter, se encontraba Granger pálida y sosteniéndose el brazo izquierdo junto al pelirrojo que tenía su brazo alrededor de sus hombros en un intento torpe de abrazo, observando a Harry sin moverse. Fue la castaña la que primero avanzó. Se deshizo de los brazos de Ron como pudo y se acercó despacio hasta la figura del Elegido.
Ella también se agachó y estiró la mano acariciando al elfo, mientras le pasaba el brazo sano por los hombros a Harry y le susurraba algo al oído.
Al cabo de unos minutos vio como Harry se ponía en pie y se giraba con el cuerpo del elfo entre los brazos. Dobby, su antiguo elfo, muerto. Algo se removió en su interior. Se dijo a si mismo que no le habían educado para sentir pena por un simple elfo, pero un recuerdo de años atrás donde Dobby le alcanzaba unas galletas de vainilla de un estante demasiado alto y se las ofrecía sonriendo con devoción se abrió paso a través de su mente. Movió la cabeza, hastiado, para deshacerse de tales imágenes y prestó atención a la escena que se acontecía. El elfo estaba en una postura extraña en los brazos de Potter, con los ojos abiertos mirando a la nada, sus labios dibujaban una tenue sonrisa. Podía divisar como parte de la funda de almohada que usaba como ropa estaba teñida de un color rojo vino y un instrumento fino y negro permanecía clavado en su pecho.
Asqueado Draco apartó la mirada de aquella grotesca escena y se paró a observar el sitio dónde se encontraba. Despacio consiguió salir del agua y se apartó todo lo que pudo del trío dorado. Sus ojos solo abarcaban una gran playa, con algunas plantas altas cubriendo parcialmente la arena y al fondo se divisaba el techo de lo que parecía ser una casa. Alguien se dirigió a él, con una voz chillona y algo cantarina.
-¿Malfoy, estas bien?- Luna se había acercado al escuchar los gritos de Harry. Vio primero a Malfoy ahí parado observando sin ver nada y se acercó dando pequeños saltos hacia él.
- Lovegood- dijo mientras la miraba sin saber realmente qué responder.
- La misma, no te preocupes enseguida os llevaremos a la casa y prepararemos té.- comentó contenta mientras le dedicaba una sonrisa sincera y se encaminaba despacio hacia donde estaban los leones.
Lo siguiente que vio fue a Weasley corriendo hacia él con un rictus furioso en su rostro, acto seguido, sintió en un costado el impacto de un hechizo. Miró a la comadreja con la cara desencajada justo antes de perder la consciencia y caer al suelo.
-Ronald no era necesario. – Detrás del pelirrojo estaba la figura inconfundible de Hermione con las manos en la cintura mirándolo con reproche.
-¿Que querías que hiciera?, es un mortífago, no podemos confiar en él. Es más aun no comprendo cómo ha llegado hasta aquí con nosotros. – Le dijo dubitativo mientras observaba el cuerpo del rubio tirado en la arena. Hermione también observó al Slytherin con duda. –Mobilicorpus- pronunció, mientras avanzaba por la arena con Draco suspendido en el aire.
-¿¡Pero que cojones estás haciendo Hermione!? ¡Tenemos que deshacernos de él cuanto antes! ¡No sabemos si es una trampa! –Ron le gritaba a tan solo dos palmos, estupefacto y gesticulando de manera exagerada. -¡Es un mortífago!
-No nos delató, sabía que era Harry y no dijo nada, y tú y yo no íbamos disfrazados Ron...creo que… solo necesita un sitio dónde quedarse.- Resuelta y algo confusa, Hermione le dio la espalda a Ron y con Draco levitando a su lado se dirigió a la casa.
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Despertó tumbado en una mullida cama. La cabeza le daba vueltas y aun sentía ese lacerante dolor en las costillas. Su ropa estaba seca aunque llena de polvo y una suave sabana le cubría el cuerpo hasta el pecho. Se incorporó despacio sujetándose la cabeza, mareado, observó a su alrededor y buscó su varita, sabiendo de ante mano que no la llevaba consigo.
No conocía el sitio. Era una pequeña habitación pintada de un azul claro y decorada con algunos cuadros que evocaban un paisaje marino. Algunas conchas y cuerdas estaban sujetas a la pared, una pequeña ventana dejaba traspasar los rayos de un sol al borde del atardecer. Se giró con lentitud hacia la puerta, y entonces la vio. Parada junto a la puerta. Con la varita en la mano dispuesta a lanzar un hechizo a la menor señal de peligro. Seguía vestida con la misma ropa de hacía unas horas y podía divisar un vendaje en su brazo izquierdo que mantenía semioculto detrás de su espalda. Lo miraba sin parpadear, esperando quizás a que fuera él, el primero en romper el silencio.
-¿Dónde estoy?- Su voz sonó ronca y más agresiva de lo que quería demostrar. Hermione retrocedió instintivamente hacia la puerta al escucharlo cómo si le hubiesen golpeado sus palabras, pero en segundos cuadró sus hombros y lo observó con dureza.
-No puedo decírtelo, es un lugar seguro, confórmate con eso.- dijo cortante mientras observaba como Malfoy hacía una mueca de dolor mientras intentaba incorporarse.
-No hay lugar seguro que nos esconda de él- dijo arrugando la nariz, recordando en segundos la traición que había cometido. Cientos de imágenes pasaban por su cabeza a cada cual más desastrosa que la anterior, pero tuvo que contenerse para no demostrar delante de ella que estaba acojonado. – Y bien, ¿a qué debo el honor Granger?-dijo mientras la observaba con una sonrisa deteniendo su mirada en su pecho para luego clavar la mirada en sus ojos castaños. Hermione enrojeció sin poder evitarlo, sabiendo perfectamente lo que observaba Malfoy.
-Solo he venido para comprobar que el hechizo de Ron no había dejado secuelas graves, por desgracia– dijo sonriendo con suficiencia al estilo Slytherin.
-Así que la maldita comadreja me ha hechizado, cuando….- No pudo acabar la frase ya que de golpe la castaña se acercó a él blandiendo la varita a la altura de sus ojos.
-No lo llames así, deberías dar las gracias que no te dejáramos tirado en esa playa.-
- No recuerdo haber pedido vuestra ayuda, y en todo caso dudo mucho que Weasley haya sido el que tuviera la brillante idea de encerrarme en esta cochambrosa habitación, así que Granger podrías explicarme porque tu alma caritativa ha decidido ¿salvarme?- dijo altivo mientras apoyaba su espalda en la suave almohada y recogía sus manos en su regazo. Que estuviera atrapado con esa sangre sucia en inferioridad de condiciones no lo hacía menos peligroso y que mejor manera de demostrárselo que estando totalmente en calma sin perder el contacto visual. Hermione lo miró irritada, no perdería más tiempo con ese engreído,
- Un error que no cometeré dos veces Malfoy-. Se dio la vuelta resuelta y abrió la puerta, antes de desaparecer lo miró por encima del hombro elevando la barbilla y cerró de un portazo. -Fermaportus, Muffiato…- justo antes de pronunciar este último hechizo atisbó a escuchar a Malfoy maldecir.
-¿Cómo está nuestro querido huésped?-preguntó Ron con sorna, al verla aparecer por la puerta de la cocina, mientras comía una porción de pastel de zanahoria y sonreía a su cuñada que le estaba llenando un vaso con leche.
-Ron, no hables con la boca llena- le susurró Hermione irritada.
-Harggrry dizrle algo- dijo un avergonzado Ron al verse reprendido por su amiga.
-Ron, trágate la comida antes de que te ahogues. –dijo Harry sentado a su lado, sonriendo, cansado. Acercó los dedos a la cicatriz mientras la recorría con suavidad intentando calmar el dolor punzante que iba creciendo, Hermione lo miraba extrañada, le había repetido en miles de ocasiones que cerrara su mente y por ello decidió que era mejor distraerla que tener que darle explicaciones.
-¿Ha dicho algo de interés?- Le preguntó mientras movía el trozo de pastel con el tenedor.
Hermione se dejó caer en otra de las sillas mientras negaba con la cabeza. -No, nada nuevo-. Estaba cansada, desde que habían llegado apenas había podido quitarse los nervios de encima y ahora estaba agotada. Después de que Luna le vendara la muñeca había acompañado a Harry a enterrar a Dobby y luego se pasó varios minutos en la habitación de Malfoy esperando a que despertara.
-Creo que será mejor que vayamos a dormir un poco, ha sido un día largo. Mañana decidiremos que paso es el siguiente.- la chica pasó la mano por el hombro de Harry dándole un pequeño apretón y esperó unos segundos a que sus amigos salieran de la cocina. Se quedó observando los restos de pastel que sus amigos habían dejado en los platos y mecánicamente, sin pensarlo demasiado se acercó a la encimera de la cocina y preparó un par de sándwiches y llenó un vaso con zumo de calabaza. No le apetecía nada volver a interactuar con Malfoy pero se dijo que tenía que comer algo, aunque estuviera teniendo serias tentaciones de irse a su cama a fingir que no tenían a un mortífago en casa.
Subió despacio las escaleras sin poder evitar que estas crujieran a su paso. Toda la casa estaba en silencio y la luz de la luna se filtraba por las ventanas dándole a todo un aire algo tétrico a pesar de la bonita decoración que Fleur mantenía. Se paró en la segunda puerta del segundo piso con algo de indecisión, deshizo los hechizos anteriores, y a punto estuvo de llamar suavemente, pero luego pensó que posiblemente la enviaría a la mierda de todas maneras, así que saltándose los protocolos entró.
Encontró a Draco de pie en medio de la estancia. Con la camisa abierta de par en par, observándose los moratones que recubrían sus costillas con una mueca entre el asco y el dolor. Llevaba los pantalones medio desabrochados donde pudo divisar la tela negra de su ropa interior. Desvió la vista avergonzada, intuyendo de reojo como él sonreía con suficiencia.
-¿Has venido a ver el espectáculo?- dijo Draco arrastrando las palabras mientras se abotonaba los pocos botones de su camisa que aún quedaban cosidos.
-No suelen gustarme las películas de terror- dijo irritada mientras lo miraba de arriba abajo, observando como la expresión altiva del chico cambiaba a una de furia. – Te traje algo de comer.
-No sé qué te hace pensar que comeré algo que has preparado con tus sucias manos…- lo dijo todo de carrerilla esperando que en ningún momento ella notara que estaba fingiendo un asco que no sentía.
Hermione se quedó estática unos segundos observándolo. No esperaba un agradecimiento ni nada parecido pero la rabia iba dispersándose poco a poco por todos los poros de su piel, mientras sujetaba con fuerza la bandeja. Contó mentalmente hasta diez y entendió que si para ella resultaba difícil mostrar algo de compasión o interés por una persona como él, para él sería más difícil aun dejarse ayudar por una sangre-sucia. Volvió a dirigirle la mirada esta vez con algo de pena, y dejó la bandeja apoyada en la silla de la habitación.
-Como quieras- dijo apenas sin entonación, seguidamente salió de la habitación, pronunciando los mismos hechizos de antes y se dirigió a su habitación dos puertas más allá de la de Draco.
Malfoy se quedó de pie durante unos minutos observando la puerta por donde Granger había desaparecido. Intentaba aplacar la furia que sentía debido a la pena con la que ella le había mirado. Había desertado, por su propia voluntad, había sido valiente en esa circunstancia y no permitiría que nadie le tuviera pena, aunque se encontrara con un par de costillas rotas, magulladuras por todo su cuerpo, encerrado en una casa extraña llena de miembros de la Orden y sin varita. Hecho una mierda, cansado y herido, pero era un Malfoy, y los Malfoy nunca suscitaban pena.
Se acercó despacio a la bandeja de comida y tras olisquear el bocadillo y escuchar su estómago rugir decidió tomarlo. Sobrevivir era su lema, aunque tuviera que comer algo preparado por Granger. No cayó en la cuenta del hambre que tenía hasta que vio que en unos segundos había devorado completamente los dos sándwiches y bebido el zumo de calabaza.
Se sentó en la cama observando el techo. No tenía ni idea que haría ahora, las últimas semanas su prioridad era salir de Malfoy Manor y no había dedicado ni un segundo a pensar cual sería el siguiente paso. No quería luchar en esta guerra, tan solo quería reunir a su familia y marcharse lo más lejos posible hasta que todo acabara. Serían unos cobardes, pero unos cobardes vivos. Pero al parecer no le quedaba más opción. No podía pedir ayuda a los buenos para salvar a su familia sin dar nada a cambio, sabía que no era así de fácil. Pero convencer a la Orden de que quería ayudar aunque fuera por egoísmo propio parecía igual de imposible que lo otro.
La cabeza le empezaba a doler así que decidió que lo mejor sería descansar un poco, aunque fuera en esa cama andrajosa. Mañana ya pensaría como salir del embrollo.
Apenas era pasada medianoche cuando despertó entre sudores fríos. Le costaba respirar y un nudo en su garganta le dificultaba tragar. Se incorporó con dificultad apoyándose en la almohada respirando fuertemente por el dolor de las magulladas costillas y descubrió su camisa dejando a la vista la marca tenebrosa. Le escocia y ardía a partes iguales. Podía recordar vagas escenas del sueño, Bellatrix blandiendo la varita frente a su madre, mientras esta negaba con la cabeza. El señor Tenebroso parado en medio del salón observando con asco a Lucius que se interponía entre su cuñada y su mujer. Un rayo verde iluminando la estancia y la palabra traidor resonando en su cabeza una y otra vez.
Una parte de él sabía que no había sido un simple sueño. El Lord Tenebroso tenía muchas maneras de torturar. Sabía a ciencia cierta que la invasión mental era una de sus técnicas favoritas, el dolor en el antebrazo solo atestiguaba que la veracidad de que su sueño era más real de lo que parecía. Se volvería loco de pensar en lo que le había sucedido a su madre, o a su padre. Tenía que hacerse con una varita como fuera y ponerse en contacto con su familia.
Se volvió a recostar en la cama y tras unos minutos de intensas cavilaciones cayó de nuevo en un sueño plagado de pesadillas.
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N/A: ¡Tachan!, bueno aquí tenéis el segundo capítulo, esperamos que os haya gustados y tengáis ganas de leer el tercero. Nos leemos en unos días!
