Hola de nuevo a todos! Bueno pues aquí tenemos el tercer capítulo, la historia poco a poco va tomando forma y de nuevo vemos una pequeña interacción entre Draco y Hermione, no os preocupéis en los próximos capítulos habrá mucho mas!
Así que nada esperamos que sigáis disfrutando con la lectura y ya sabéis un review con vuestras opiniones nos harían muy felices!
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3. EL DUENDE
Hermione abrió los ojos de golpe, el dolor punzante de su brazo izquierdo la hizo despertarse. Se estiro perezosa en la cama mientras respiraba hondo y con calma se acariciaba el vendaje. Apenas había descansado, aun podía ver la escena en la Mansión Malfoy como si de un bucle de tortura se tratara. Tenía grabados en su retina los ojos negros de Bellatrix, la expresión divertida y fascinada cuando rasgaba su piel, las tétricas carcajadas que sus gritos y sollozos le provocaban.
No había querido analizar mucho lo sucedido. Se sentía débil, expuesta y ultrajada.
Se levantó despacio, buscando en su bolso de cuentas algo de ropa para cambiarse y se metió en la ducha. Intentó por todos los medios no reparar en el vendaje, no quería mirarlo, pero sabía que debía cambiarlo tarde o temprano. Luna no podía ocuparse de ello constantemente. Se envolvió en la mullida toalla y se sentó en la cama. Con cuidado fue retirándose la venda hasta dejar a la vista completamente aquella marca. Tenía un color rojizo y algo amoratado y podía notar a la perfección el relieve de cada letra "Sangre Sucia". Cogió el dictamo que siempre llevaba encima y vertiendo un poco en la herida la volvió a cubrir con una venda limpia.
Acabó de vestirse y salió en dirección a la cocina, se paró unos segundos tras la puerta cerrada de Malfoy. No se escuchaba ningún sonido a través de ella y reprimiendo las ganas de entrar, movió la cabeza de un lado a otro y bajó despacio las escaleras.
Ron y Harry ya estaban desayunando, a través de la ventana entre abierta de la cocina observó a Luna ayudando a Fleur en un improvisado huerto, recogiendo verduras.
-Buenos días chicos- dijo intentando sonar alegre, mientras se servía un café de la tetera mágica y untaba una tostada con mermelada de fresa. Ron le respondió con un balbuceo mientras luchaba por mantener un trozo de bacon en la boca y Harry tan solo levantó la vista del periódico para dedicarle una tenue sonrisa.
- ¿Que dice el Profeta, Harry?- pregunto mientras observaba con detenimiento la primera plana, donde aparecía un hombre alto y corpulento en medio del Hall del Ministerio con los brazos abiertos, en letras grandes debajo de su cuerpo se podía leer "Aprobada la Nueva Ley contra los Hombre-Lobo".
–Nada que deba sorprendernos, han intensificado la protección en Grigotts y al parecer requieren un certificado de "Sangre Pura" para poder entrar.- dijo mientras cerraba el periódico con fuerza y acuchillaba una tostada intentando ponerle mantequilla.
Luna entró con Fleur y se sentó al lado de Harry, mientras estos hablaban Hermione reparó en la bandeja de plata que estaba apoyada en la encimera de la cocina. Sin lugar a dudas era la misma que utilizó anoche para llevarle algo de comida a Malfoy. Intentando no mirar a ninguno de sus amigos se dirigió a la cuñada de Ron.
-Fleur, ¿Has visto a Malfoy?- quiso sonar despreocupada, pero al parecer Harry y Ron se dieron cuenta y dejaron de comer. Se creó un silencio tenso, solo interrumpido por el sonido de la cuchara de Luna removiendo el té.
-Sí, he pagsado esta mañana por su habitagción después de atengder al señor Ollivander y al duende. Supugse que tengdría hagmbre, y aunque es un prigsionero creí que segría cruel no presgtarle atención.- La mirada intensa que la francesa le dedicó le hizo comprender que sabía que ella había hecho lo mismo la noche anterior. No quería que sus amigos se enteraran y como pudo cambio de tema.
-Deberíamos ir a ver a Griphook, puede que sepa alguna cosa, después de haber estado encerrado en la Mansión.- dijo mientras se levantaba y les hacia una seña a Harry y Ron para que la siguieran. Cuando entraron a la pequeña buhardilla, vieron al duende sentado junto a la ventana con una taza en las manos.
-¿Podemos pasar?-, pregunto amablemente Harry desde el marco de la puerta.
- Señor Potter, adelante-. El duende señaló la cama y los tres Gryffindors se acercaron despacio y tomaron asiento. –Debería darle las gracias por salvar mi vida- dijo algo brusco mientras observaba fijamente a Potter. –Así que supongo que estas aquí para pedirme algo no ¿es así?
-Más que pedirle, me gustaría que me respondiera a unas cuantas cuestiones.-Hizo una breve pausa para mirar a Ron y Hermione y continuó. –Queremos saber porque cuando Bellatrix le preguntó por la espada usted le dijo que era una falsificación- el duende se removió incómodo en la silla y los miro durante unos segundos antes de contestar.
-Muy sencillo joven Potter- empezó el duende diciendo mientras recogía la espada que se encontraba apoyada en la pared y volvía a repasar con sus largos dedos los rubís incrustados. –Si le hubiera dicho que era la verdadera, probablemente me hubiera matado, además como ella mencionó, la espada estaba dentro de su cripta, con lo cual de haber dicho la verdad ella sabría que alguien entró y eso es imposible ¿Verdad, señor Potter?- lo miró, con aquellos intensos ojos negros.
-Supongo…- comentó Harry, sabía que el duende intentaba averiguar cómo habían conseguido la espada, pero ¿qué le iba a contar? ¿Que se le apareció en medio de un bosque bajo un lago helado? Viéndose acorralado intentó cambiar el tema pero Hermione sentada a su lado lo interrumpió con un carraspeo.
-Señor Griphook, su historia es bastante convincente, pero aun diciéndole a Bellatrix que la espada era falsa, sigo sin entender como pensaba usted salir de la Mansión. Con lo cual permítame insistir en la pregunta que le ha hecho Harry. ¿Por qué razón le dijo a Bellatrix que la espada era falsa?- El duende la miró con desprecio, era una chica inteligente, al parecer era más difícil convencerla a ella que al chico. -¿Cómo puedo fiarme de vosotros? Somos seres perfectamente capacitados para los negocios señorita, ¿Qué le hace pensar a usted que voy a revelarle mis motivos, que al parecer resultan tan…vitales, sin obtener nada a cambio?.- dijo triunfante, volvió a mirar con sumo interés la espada, apretándola de manera perceptible sobre sus dedos, Hermione, captando aquel sutil gesto apuntó:
-La espada no le pertenece.- dijo seria.
–No, es cierto, pero esta espada la hicieron los duendes, posiblemente mis antepasados, sería un honor devolverla al lugar al que pertenece.- Hermione miró a Harry dudando. Era posible que el duende les estuviera tendiendo una trampa para quedarse la espada, pero también cabía la posibilidad que supiera algo importante. Y en estos momentos no tenían muchas más pistas a seguir. –Pueden regresar más tarde cuando hayan tomado la decisión.-
Harry lo observó durante unos segundos y luego paseó la mirada por sus dos amigos. Ron movía la cabeza de un lado a otro y Hermione no paraba de retorcerse las manos.
-Está bien, Griphook, aceptaremos el trato pero con una condición. La espada nos fue entregada por un motivo importante. Estamos dispuestos a cedérsela siempre que nos la deje usar hasta que hayamos cumplido la misión.- El duende los miró a los tres y tras pasar la mirada otra vez por la espada se decidió. –Está bien señor Potter, acepto su oferta, espero que recuerde que los tratos con los duendes no se pueden romper… de lo contrario, podría haber consecuencias.- Harry estrechó la mano que el duende le tendía y esperó pacientemente a que el duende hablara de nuevo. –Cuando el señor Malfoy me arrastro al salón, me dijo en las escaleras que debía decir que la espada era falsa.-
-¿Malfoy?- dijo un incrédulo Ron. Tras unos segundos de profundo silencio, el pelirrojo rompió en una carcajada.
-No lo sé señor Weasley pero no estaba en condiciones de negarme, tal vez podrían hablar con el joven Draco, quizás él le resuelva sus dudas- Los observó con una sonrisa maliciosa y se dio la vuelta para seguir mirando por la ventana. La conversación había terminado y ya no sacarían nada más.
Los tres amigos salieron de la habitación más confusos que antes. Hermione estaba muy confusa, y la única alternativa que le quedaba para entender toda aquella situación era pensar quizás, que el duende mentía. Era imposible que Malfoy hubiese decidido ayudarles.
-Bueno, creo que debemos hacerle una visita al pequeño hurón, ¿no?- dijo Ron mientras sonreía y acariciaba despacio su varita.
Hermione lo miró con los ojos entrecerrados y algo de molestia, le dio la espalda y se dispuso a retirar los hechizos que custodiaban la habitación de Malfoy.
-Creo Hermione que deberías quedarte fuera, estás débil todavía y los tres sabemos que a ti es a quien más machaca Malfoy.- La voz de Harry se alzó a espaldas de Hermione justo cuando ella tenía la mano en el picaporte, dispuesta a abrirla.
-¿Cómo?- dijo girándose bruscamente, con la sorpresa pintada en su cara.
-Yo estoy con Harry, Herms, es un gilipollas y puede que intente atacarnos o…-
-Ronald, creo que soy lo suficientemente perspicaz e inteligente como para saber usar mi varita si Malfoy decide usar su fuerza bruta contra mí. No supone peligro alguno porque, por si no te acordabas, Malfoy no tiene varita y nosotros tenemos tres.- El tono que puso al pronunciar esas palabras era exactamente el mismo que ponía cuando se tiraba más de dos horas intentando explicarle a Ron alguna lección y éste no ponía de su parte por entenderlo. – Así que voy a entrar con vosotros en esta habitación y sonsacaremos lo que sea que tenga que decirnos el rubio oxigenado, juntos.- La mirada que Hermione les dirigió a sus dos amigos no dejaba réplica posible, así que sin pensarlo más empujó la puerta hacia dentro.
Lo primero que vieron fue a Malfoy sentado de espaldas en un sillón de madera azulado, observando el mar que se extendía a lo lejos.
-Vaya, ¿Qué tenemos aquí? ¿Nostálgico Malfoy?- Cuando Ron pronunció esas palabras con malicia Hermione pudo ver como los hombros del rubio se cuadraban y toda su figura se tensaba, todavía de espaldas.
-No sabía que supieras el significado de esa palabra Weasley, ¿Has estado practicándola toda la noche? No deberías haberte molestado, puedo entender perfectamente tu paleta forma de hablar, seguro que te resulta más sencillo construir frases.- Pronunció esas palabras despacio, al tiempo que giraba su rostro ligeramente hacia los tres Griffindors que se apiñaban en la entrada.
-TE VOY A….-
-No creo que estés en condiciones para empezar una pelea Malfoy, así que yo de ti me ahorraría los comentarios. –Harry habló por primera vez mirándolo, mientras con el brazo sujetaba a un iracundo Ron que luchaba por deshacerse del agarre de su amigo.
-Sois vosotros los que habéis venido aquí a molestarme. Decid lo que sea y largaos.- El tono de su voz era frío y arrogante. Su mirada se cruzó con la de Hermione, que lo miraba apoyada en el dintel de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho, con aire indiferente.
-¿Te ha mandado Quien Tu Sabes?- La pregunta se alzó en un silencio incómodo, provocando que Draco se moviera en su asiento al escuchar a Harry hablar del Lord Oscuro.
-Piensa un poco Potter. ¿Realmente crees que si él me hubiese mandado, aún seguiríais vivos?- La respiración acelerada de Ron era el único sonido que había en la habitación, Harry y Hermione contenían la respiración, esperando que Malfoy continuase.
-¿Y bien?- Harry miraba a Malfoy, exasperado.
-Me apetecía salir a tomar el aire, Malfoy Manor me estaba resultando últimamente un poco agobiante.- Las comisuras de los labios de Malfoy se alzaron en una sonrisa socarrona, disfrutando viendo como Ron se revolvía y le apuntaba con la varita, amenazante.
-¿Te crees que esto es una casa de vacaciones hurón? O nos dices ahora mismo porqué huiste de Malfoy Manor o te juro que te saco de una patada en el culo de aquí.- dijo Ron sin dejar de apuntarlo.
-¿Porque le dijiste a Gripkhook que la espada era falsa?- Hermione levantó por primera vez la vista del suelo, sorprendida al escuchar su propia voz. La pregunta había sonado como un cañonazo en medio de la noche. Después, solo hubo silencio.
Malfoy la miró por primera vez y se encontró con la mirada de Hermione. No le diría nada. Antes muerto.
Hermione vio como la figura de Draco volvía a quedar de espaldas a ellos, sumiéndolos a todos en un silencio ominoso y opresor.
-Eres un maldito cobarde Malfoy, sabemos que le dijiste al duende que mintiera sobre la espada. – La voz de Ron rompió el silencio, mirando la nuca del rubio con odio.
-Basta.- Hermione pronunció esas palabras tan bajo que le pareció que nadie las había escuchado. Supo que sus dos amigos habían recibido el mensaje, porque se giraron hacia ella.- Es inútil, no va a decirnos nada que pueda servirnos.- Tras pronunciar esas palabras desapareció por el marco de la puerta, envuelta en el mismo silencio con el que había entrado en la habitación.
La mirada de Malfoy había querido decir muchas cosas. Había visto rabia, duda y cantidades enormes de un pánico tan absoluto como el que sintió ella cuando los carroñeros los descubrieron en el claro. Y también había visto orgullo. Y no sabía cuál era el motivo por el cual Malfoy había decidido salvarles la vida, pero el caso es que estaban ahí, vivos. La gran cuestión era, ¿Dónde quedaba Malfoy en todo esto?
Ron había salido en busca de Hermione mientras Harry se quedaba unos segundos más observando la nuca de Malfoy, dudando.
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N/A: ¿Qué os ha parecido?, bueno anotar que la pequeña frase que dice Fleur le hemos añadido unas "g" como habéis visto para intentar asemejar el acento francés que posee espero que se haya entendido de todas formas.
Nos leemos en 3 semanitas!
