Por la tarde

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Era una tarde clara y despejada, perfecta para echarse una zambullida y bucear entre arrecifes y pececitos de colores. Lance respiró profundo antes de subirse al bote con su tío.

-"Vamos hijo, que la tarde se hace más tarde, y le prometí a tu madre que volvíamos para ayudarla en el restaurant"

El hermano de su mamá era, de una manera extraña aunque acertada, parecido a Lance. Los dos tenían el mismo tipo de contextura física- altos y más bien flacos- con una piel morena envidiable, y una sonrisa burlona muy característica y parecida. Aunque, su tío llevaba barba y los ojos, esa parte del cuerpo que es una ventana al alma, eran muy distintos a los de él; además de otros tantos tratos físicos y de personalidad en los que diferían a montón.

-"Sí si, estaba por subirme" contestó con algo de irritación, sobretodo porque el otro, siempre que lo apuraba o retaba, con hacía con un dejo de sarcasmo que al más joven le volvía loco.

Una vez arriba de la pequeña embarcación, partieron lejos de la costa.

El sol al oeste reflejaba ondas doradas sobre la superficie de un mar calmo. Cardúmenes de pececitos pequeños y brillantes pasaban por debajo del bote; el suave deslizar de la pequeña embarcación era prácticamente la única perturbación sobre las aguas. Tampoco había sonido alguno, más que el lejano de la marea sobre una costa tranquila.

Encontrándose ya a varios metros de la costa, Lance fue preparando el equipo para bucear. Si bien el dinero en la familia nunca sobraba, su tío había ahorrado lo suficiente como para no escatimar en un buen y resistente equipo. Además, como él y Lance eran los únicos que tenían licencia para bucear, eran ellos dos quienes lo usaban: el primero con mucho cuidado y, el segundo, siempre bajo la mirada vigilante del mayor.

Llegando al punto de interés, ni muy lejos en el mar ni muy cerca de la playa, el bote se detuvo. Tío y sobrino eran los únicos humanos sobre la superficie.

Calzándose el equipo con precisión y rapidez, Lance se dispuso a lanzarse al agua.

-"Tené cuidado"

Lance le dirigió una rápida sonrisa, levantando las cejas.

-"Cuando no"

Desapareciendo de la superficie, el muchacho comenzó a nadar, manteniendo los ojos bien abiertos y observando todo a su alrededor. El océano a esas latitudes era prístino y prácticamente transparente; el fondo no estaba profundo, ya que era una plana continuación de la playa. Lance anduvo un poco más hasta encontrar una zona más rica en vida marina, donde había amontonados varios peces de distintos colores que- como el movimiento del humano era pausado, tranquilo y sin ningún tipo de amenaza- se sentían curiosamente atraídos por él.

Lance sonrió una gran sonrisa, y se puso a nadar entre peces.

Como las aguas eran cálidas, no tenía todo el cuerpo cubierto ni mucho menos y, fue por eso, que en el momento en que empezó a sentir una corriente extrañamente fría, comenzó a prestar más atención a su alrededor. Aunque, lo último que esperaba, era encontrarse cara a cara con la sirena.

Sorprendido, hizo un movimiento equivalente a un salto en la tierra.

Escuchó la risa, la melodiosa y deliciosa risa, de la sirena en su mente. Lance la miró con curiosidad, levantando una ceja interrogante.

"Nos volvemos a encontrar"

Él asintió y señaló el equipo de buceo, dándole a entender que no podía hablar.

"No necesitas aire para hacer escuchar tu voz"

La sirena comenzó a nadar, él la siguió, con precaución, recordando que esos seres podían ser muy engañosos, pero sin real aprehensión. Había algo en ella que le inspiraba confianza, a pesar de que la parte lógica de su cerebro le gritaba que dejase de ser tan idiota.

Fueron lejos de los colores y corrientes cálidas, sintió piel de gallina en la piel expuesta. No quería dejar de seguirla, pero si iba más lejos ya iba a adentrarse en mar abierto, cosa que su tío le tenía prohibido hacer solo o, al menos, sin compañía de otro buceador humano.

Vio el pelo de la sirena brillar como el reflejo del sol sobre las olas y, en ese momento, supo que estaba haciendo algo seguramente prohibido para los hombres. Ella notó que Lance había dejado de nadar, y giró, mirándolo expectante.

Devuelta, se encontró perdido en esos ojos. Iris tan profundas como el mismo mar, y la sensación del frio y la desolación de las profundidades lo invadió- como aquella vez en la playa, cuando ella había estado tan cerca.

Ella estaba a un poco más de un metro de distancia, y Lance intentó con toda su fuerza mental de decirle algo.

"Tu casa está allá abajo, no?"

La sirena lo siguió mirando, y su expresión, una mezcla entre diversión y serenidad, no cambió. Lance nunca supo si ella lo había entendido, o no.

"¿Por qué usar eso para estar bajo el agua?"

Lance la miró con incredulidad, y con el pulgar hizo el universal gesto de cortarse el cuello, dándole a entender que sin el equipo, moriría.

Volvió a escuchar la risa de la sirena en su mente, como si hubiera dicho algo gracioso. Solo que, esa vez, sintió algo parecido a afecto venir desde ella. Él le sonrió como pudo, y ella desapareció en las profundidades, con gracia y lanzándole una última mirada astuta, incitándolo para que la siguiera.

Lance vio como el último destello de las escamas de su cola se perdían entre el azul y la oscuridad, inmóvil por unos minutos, antes de emprender el regreso.

Pasó por al lado de pececitos hermosos y extravagantes, casi sin verlos y, una vez nuevamente sobre el bote, su tío lo miró extrañado.

-"Estuviste poco bajo el agua"

Lance asintió en silencio, distraído, y el mayor cambió su expresión a preocupación.

-"¿Todo bien, hijo?"

El tono de voz sacó su mente del encanto de la sirena en las profundidades, devuelta a la superficie, al sol y al calor. Pestañeando un par de veces, cambió su vista del mar hacia su tío y, con una verdadera y característica sonrisa, lo tranquilizó.

-"¡No pasa nada tío! vi algo raro nomás, y si tardamos más mamá nos va a asesinar"

El otro se lo quedó viendo por unos segundos. Luego sacudió la cabeza, un tanto perdido por la actitud de su sobrino.

-"Igual que la madre… nunca se sabe que está pasando en esa cabeza"

Una vez en tierra firme, Lance sintió que alguien lo estaba mirando y, suponiendo que era la sirena, hizo lo posible por ignorarla, ayudando a su tío a guardar el bote y el equipo.

Se acercaba un atardecer tropical, y todavía tenía mucho en lo que pensar.

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Me siento extrañamente orgullosa de esta historia, jeje.

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