Regular show.
Un fracaso más, y la puerta de la muerte.
Capítulo III
-No puedo creer que de verdad no haya llegado... En serio la hice enfadar...
Mordecai se lamentaba, mientras miraba por la ventana del avión. Su mirada lucía triste, pero sabía que no podía pedirle mucho a la chica, no luego de hacerla pasar por el momento más humillante de su vida. O al menos eso pensaba. Tomó la caja que Rigby le había dado en el aeropuerto, la cual le pidió abrir justo cuando estuviera en pleno vuelo.
-Ese mapache, ¿Qué se traerá entre manos?
Mientras abría la caja, se cubrió el rostro con una mano, no fuera ser que Rigby le hubiera dejado un pastel con un resorte, o tal vez una bomba de olor. No, si fuera así, le habría hecho la broma en público, esto quiere decir, que él lo estuviera viendo.
-Oh, no... Rigby, no puedo creerlo... Eres genial, amigo.
Se trataba de nada más y nada menos que de una foto de Margarita, la que le habían tomado aquella tarde en el parque, la primera vez que había ido a su casa. La vez que había hecho ese último favor vergonzoso.
-Pero no puedo creer que me hayas orillado a hacer eso, fue terrible...
Mientras trataba de sacudir su cabeza y reprimir en lo más profundo de su subconsciente ese hecho fatal, se puso a contemplar ella bella imagen que tanto le gustaba.
-Ah, Margarita... Tan linda... Nunca te voy a poder sacar de mi cabeza. Y la verdad no quiero hacerlo.
El vuelo duró alrededor de unas horas, había lluvia pero no dificultó el descenso del avión al pavimento mojado de la pista de aterrizaje. Una vez en tierra, el arrendajo tomó su mochila, la cual era su equipaje y entró corriendo al aeropuerto, acto que imitaban los demás pasajeros.
-Amm... Me pregunto, ¿Alguien se habrá tomado la molestia de venir por mí?
Una vez terminada su frase, miró un enorme letrero con letras azules, decía "Mordecai", el cual era sostenido por una linda paloma blanca. Se trataba de una de las empleadas del Parque del señor Dickenson, pariente lejano de Papaleta.
-Hola, yo soy Mordecai.
-Hola, mi nombre es Rosa, encantada de conocerte.
-Hola, Rosa, jejeje, yo soy Mordecai.
-Jejejeje, eres gracioso, eso ya lo habías dicho.
-Oops, lo lamento, soy algo descuidado, jijijiji.
-Naa, no te preocupes, me pasa lo mismo.
-¿En serio?
-No, jajajajaja.
-Jajajajajaja.
-Jajajaja, vamos, Mordecai, mi tío Johnny quiere que te lleve ante él.
-¿Tío Johnny?
-Es el Sr. Dickenson, le digo tío, pero la verdad es como un padre para mí.
-Ah... Vayamos.
Subieron a un hermoso Jeep de color negro, algo elegante, nada comparado con el carrito de golf que estaba acostumbrado a conducir.
-Luces impresionado, ¿Ocurre algo?
-No, es solo que este vehículo es muy bonito.
-¿Bonito? Ja, se nota que no haz visto un lindo vehículo, este no es nada.
-"¿Nada? Debe ser una broma. Seguro que el lugar donde voy a trabajar es mucho mejor que el parque"
-Bien, espero que de verdad seas tan bueno como dijo el tal Benson.
-¿Benson dijo que soy bueno?
-Sí, ¿Por qué te impresiona? No será que lo dijo por compromiso, ¿Cierto?
-No, claro que no, jejejeje, ni que fuera un flojo adicto a los video juegos, bebedor compulsivo de café y un métome en líos, jejejejeje...-Decía con nerviosismo, invocando sus peores defectos.
-No tienes que fingir conmigo, Mordecai, jajajaja, solo es una broma. Yo amo los video juegos, y me gusta el café. Eso no tiene nada de malo, excepto cuando ocupan tu tiempo y te impiden realizar tus deberes.
-No, casi nunca pasa eso, ñ_ñ"
-Ya, jajajajaja, tranquilo, no tienes que ponerte tenso, al menos conmigo no.
-Eso no me dio confianza.
Rosa sigue conduciendo, hasta que llegan a una casa muy grande, el parque es un terreno muy amplio. Hay por lo menos 10 personas encargadas solo de los árboles, otros dan recorridos a los visitantes y más se encarga del área del zoológico.
-Wow... este lugar es enorme.
-Naa... A mí me parece normal.
-Donde yo trabajo, digo, trabajaba, no es tan grande.
-No me imagino de qué tamaño es. Mira, esa es la oficina del Sr. Dickenson, le diré que hemos llegado.
El señor Dickenson era un tipo parecido a Papaleta, mucho, el mismo estilo de caballero inglés (Para mí Papaleta se viste de ese modo) pero el bigote era más grande, sus ropas de color blanco y verde, con un moño corbata negro al cuello.
-Hola, Rosa, veo que traes a Mordecai.
-Sí Sr. Dickenson.
-Solo dime Johnny, niña.
-Bien, Johnny, Mordecai está muy ansioso de trabajar.
-Oh, jojojojojo, qué agradable sorpresa.
-"Se parece a Papaleta" Hola, eh, gusto en conocerlo.
-El gusto es mío, muchacho. Rosa, lleva a nuestro nuevo amigo a su habitación, me imagino que se encuentra cansado, mañana le dirás sus deberes, por hoy que se tome el resto del día libre. ¿Por qué no lo llevas a dar un paseo por Minesota, es una ciudad muy bonita.
-Sí, con gusto, si Mordecai así lo desea.
-Claro, vayamos.
-Bien, sígueme, te guiaré a tu habitación.
Una vez que llegaron a la casa, entraron a un pasillo central el cual daba a unas escaleras. Después de subirlas pasaron un par de puertas y llegaron a una con el número 4. Rosa abrió la puerta dejando ver que su interior era bastante agradable para un chico de la edad de Mordecai.
-Orale, se ve genial.
-Jejejeje, de hecho, Johnny me dejó arreglarlo para ti. Tu ex jefe me dijo que te gradaban los grupos de rock.
-Por supueto, con mi amigo Rigby solía ir a conciertos y escucharlos en la radio. Ah, era tan divertido.
-Oye, no te pongas melancólico, aquí podemos hacer lo mismo.
-¿De veras?
-Sí. Bien, desempaca, te espero abajo para ir de paseo. Minesota es una ciudad enorme, y hay mucho por recorrer.
Rosa se fue dando saltos de gusto, estaba feliz de tener un compañero de aventuras. De hecho, era la única chica de su edad en el parque, pero ahora Mordo podía seguir sus juegos. El arrendajo desempacó y colocó sus cosas en orden.
-Oh, con Rigby cerca no podría haber terminado antes. Me encanta mi nueva habiación, y es solo para mí, ¡OHHHH!
Una vez abajo, Mordecai obervaba a los trabajadores, se veían tan felices, contentos de realizar su trabajo.
-Oye, Mordecai, anda vayamos al True Joker, es un sitio de video juegos muy divertido, y luego podemos pasar al Korkal´s Coffee, y al cine, están exhibiendo Tres noches de horror, en ¡3D!
-¡¿Ya está en el cine?! ¡Ese mapache es un mentiroso! Me dijo que faltaba un mes para que se estrenara y todo para que lo acompañara a ese asqueroso concurso de oler calsetines y adivinar su procedencia.
-¿Mapache?
-Oh, hablo de Rigby, mi mejor amigo.
-Jejejeje, bien, vayamos.
Mientras ellos se divertían, una puerta apareció en en parque de Benson. Era una puerta muy pequeña, del tamaño de una mano. En ella se escondía un secreto muy grande, pero desconocido por la humanidad entera. Esa puerta representaba todo lo bueno y todo lo malo que había en el mundo, el cielo y el inferno. Esa puerta escondía los más grandes secretos, traiciones, amores y demás haberes que los humanos no podían saber. Esa puerta era la puerta de la muerte. La máquina de chicles se encargaba de revisar que Rigby hubiera podado el césped tal como debía hacerlo. Parecía todo en orden.
-Por una vez puedo decir que hizo un b-buen t-trabajo... Vaya, sí que suena difícil. Y hasta increíble.
Musculoso llegó de la nada, todo sucio de tierra y basura.
-Oye, Benson, ya terminé. Y Fantasmano igual, ¿Podemos irnos?
-Eh sí, sí, claro, pueden irse.
-¡De lujo! Queremos llevar al mapache a dar un paseo, lo notamos muy triste desde que Mordeloco se fue.
-Ah, sí, yo mismo lo había pensado. Pero debo admitir que hace un buen trabajo desde que se separaron. No sé por qué no lo hice antes.
-Como digas. ¡Noche de chicooooooos!
Benson solo atinó a sonreír. Era agradable ver la solidaridad entre sus empleados. Musculoso, Fantasmín y Rigby fueron a tomar un café, por petición del mapache castaño. Esa era su costumbre, con o sin Mordecai cerca.
-Aquí tienes tu cafe, Rigby.
-Gracias, Eileen.
-Te notas triste.
-No, claro que no. Ni que extrañara a ese bobo azul.
-Bieeen, es que pensaba que...
-Pues te equivocas.
-Hey, viejo, tranquilo. Toma tu café, vamos a ir a un lugar muy divertido. Vamos a ver la película Tres noches de horror, en ¡3D!
-Bien, no es que esa película me recuerde a alguien que deseaba verla. Vayamos.
Fantasmín y Musculoso sabían a lo que se refería.
-¿Ya se van tan pronto?-Aparece Margarita con dos emparedados y patatas fritas.
-Solo me comeré esto y ya.-Contesta Rigby, tratando de sonreír.
-Oh, te traje dos emparedados, jejeje. Es que ya sabes, la costumbre.
-OOOOOHHHHH, te engañaste sola, Margarita.
-Jejeje, sí, como digas.
-Espero que te diviertas mucho, Rigby.-Le deseaba Eileen, con ilusión en su mirada.
-Gr-racias, Eileen.-Rigby parecía algo sonrojado. Aunque trataba de ocultarlo por machismo o por vergüenza, en realidad le gustaba mucho la chica.
-Anda, que la noche es muy joven. Fantasmano, trajiste la cosa.
-¿La cosa? Ah, la cosa. Claro que la traje.
-¿De qué hablan?-Interroga Rigby con un sentimiento de broma.
-Oh, de nada. Es un secreto.
-Pues no me agrada que sean tan misteriosos, Musculoso.
-Bueno, ¿Sabes quién más es misterioso? ¡Mi mami!
Todo echaron a reír, esa clase de broma aunque repetida en realidad en el mejor momento podía ser muy buena. Una vez terminada la comida, Rigby lo los chicos se fueron a su noche de juerga, en tanto, Margarita y Eileen terminaban de limpiar para cerrar la cafetería. Dejaron todo en orden y cerraron con llave. En eso, Eileen notó la tristeza en el rostro de la petirrojo.
-Margarita, ¿Te encuentras bien?
-Sí, claro, lo estoy.
-Me pareció que estabas triste por no ver hoy a Mordecai.
-No, no digas tonterías. Si apenas se fue ayer por la tarde. Además, él es libre de hacer lo que quiera.
-Bien, no me refería a eso, pero es igual. ¿Sabes? Benson les prometió a los chicos darles el número de teléfono a donde pueden llamarle los fines de semana.
-¿En serio? Bueno, no es que esté pensando en obtenerlo, o algo así.
-Jijijijijiji, ya, Margarita, deja de fingir. Sé lo mucho que te importa. Cuando Rigby lo tenga, te lo doy para que le hables.
-¿Qué? ¡No! Es que, bueno, deberá estar ocupado y yo... Ah, bien, de verdad me interesa tener el número. La verdad es que lo extraño mucho. Es la primera vez que no viene por su café.
-Y no viene a hablar contigo. Sé lo mucho que lo quieres.
-Pues, Eileen, creo que de verdad lo amo. Y nunca me di cuenta. Hasta hoy, qué boba he sido. Buscando la compañía y el cariño en otros, siendo que a mi lado estaba Mordecai. Pero por nada del mundo se lo digas a alguien, por favor.
-Claro que no, eso te corresponde a ti decirlo. Soy como una tumba.
-Gracias, amiga.
Luego de un abrazo amistoso, ambas se fueron a sus casas en el auto de Margarita. Esa noche, Mordecai se había divertido mucho, pero algo no encajaba. Rosa era muy divertida, animada, jugaba video juegos, le gustaba el café, y hasta las pelis de horror. Y en 3D. Era muy bonita, y su voz era como la de un ángel.
-¡Ay, no! No me puede estar gustando. Ella es tan hermosa, ¡Pero mi Margarita lo es más! Vamos, tranquilo, Mordo, solo ha pasado un día completo sin Margarita. Y sin su café. Y sin sus emparedados... Cielos, este va a ser el año más largo de mi vida... No quiero olvidarla. No puedo olvidarla. Pero temo que Rosa me ayude a ello.
Se tapó la cara con una almohada, muy deseperado.
-¿Por qué alguien no viene y me mata? Sería más fácil.
Rosa alcanzó a oír unos murmullos desde el cuarto de Mordecai, lo cual la inquietó. Tocó a la puerta un par de veces y entró sin ser invitada a ello.
-Hola, ¿Qué te pasa?
-¡Ah! Rosa, eres tú...
-Disculpa que haya entrado sin permiso, es solo que creí que hablabas con alguien.
-Naa... Solo pensaba en voz alta.
-¡Qué loco! pero suena genial. ¿Te ocurre algo?
-No mucho. Ah... Es solo que extraño mucho a una persona. Ya se me pasará.
-¿Se trata de una chica?
-Eh... ¿Cómo lo supiste?
-No es difícil suponerlo, y menos con ese "ah..." Pues llámala. ¿Qué te cuesta?
-No tienes idea de cuanto.
Mordecai lucía desanimado, y mientras hablaba de la distancia entre él y Margarita, la puerta del mal crecía un poco cada vez más. Dentro de ella se podía ver un huevo de color azul cobalto, con pequeñas marcas de quiebre. Al parecer, cada vez que Mordecai y Margarita pensaban que no podían estar juntos, el pequeño huevo se iba desbaratando. Unas risotadas sádicas se dejaban oír, anunciando una muerte irreparable.
-¡Brr! de repente me dio frío. Sentí como un escalofrío.
-Ponte una manta, aunque me parece raro, hace calor en realidad.
-Sí, lo haré. Bien, creo que me iré a dormir. Mañana inicia el verdadero trabajo.
-Claro. Y recuerda, llámala, si de verdad te importa.
Rosa de depidió de Mordecai para dejarlo descansar. Y Margarita en su casa, no dejaba de pensar en él. Unos susurros se oían en su sueños, como si algo fuera a morir por siempre. Eran unas pesadillas sobre momentos amargos, tristes y terribles. Ambos no podían dormir. Y sin más, pasaron al menos cuatro meses, tan largos como cuatro siglos. Mordecai se notaba muy cambiado. Usaba ropa más seguido, se notaba contento, aunque el dolor lo guardaba en el fondo de su ser. Margarita, por su lado, estaba más hermosa que nunca, aunque la tristeza la consumía por dentro. En tanto, Rigby trabajaba con desgano, Musculoso y Fantasmín no eran como Mordecai, pero estaba seguro de que un día iba a volver.
Lo malo dentro de todo esto, era que Mordecai nunca podía contestar el teléfono, siempre ocupado. Pero no importaba, sabía que su mejor amigo nunca lo habría olvidado por nada del mundo. Ahora se dedicaba a podar las ramas más crecidas de los árboles, cuando una inmensa puerta apareció ante su mirada, parecía flotar a varios metros sobre su cabeza, y para poder subir a ella habían unas escaleras transparentes. Un letrero sobre la puerta rezaba: "Puerta de la muerte"
-¡BENSOOOOON!
NOTAS: Regular Show, creado por JG Quintel. (Lo amo *-*)
