Regular Show.

Un fracaso más, y la Puerta de la Muerte.

Capítulo XIX.


Tras dar unos gritos, los habitantes de la casa subterránea fueron rodeados por gases que eran despedidos desde los rociadores contra incendio del techo. Se trataba de un gas somnífero con el cual todos cayeron dormidos sin poder negarse a ello. Tres personas entraron a la casa, vestidos de negro y con capuchas en sus cabezas. Ataron a todos de las muñecas por la espalda, les pusieron sogas en los tobillos, amordazaron sus bocas y taparon sus ojos con vendajes. Los arrastraron por un camino detrás de la puerta del cuarto de lavandería el cual conducía a un túnel. Dentro del túnel otros cinco sujetos les esperaban para subirlos a una camioneta y llevarles a una avioneta localizada en un aeropuerto privado. Luego de un vuelo de varias horas, los cuatro sobrevivientes llegaron a una mansión en la zona boscosa de Alberta, Canadá. Una mansión enorme a unos trece kilómetros del lago Louise se alzaba de manera espectacular en medio de las montañas Rocosas, cerca del Parque Nacional Banff. La casa era de color azul celeste, con tejado color perla. Los pilares eran de unos cuatro metros de alto, con más de veinte habitaciones. Cuando los amigos estaban por despertar, una voz femenina les ordenó a los ocho hombres que les dejaran en una mazmorra ubicada en el sótano de la mansión. Todos fueron dejados dentro de una celda apestosa, atados por los tobillos a unos grilletes, separados dos metros uno de otro, a modo de que no se pudieran auxiliar en cualquier instante. Los hombres se retiraron de la celda salvo uno, quien esperaba el despertar de los pobres muchachos desafortunados.


El primero en abrir los ojos fue Skips quien, apenas pudiendo enfocar la mirada, buscaba a su amada quien se hallaba delante de él. La chica estaba atada como el resto, pero con un serio golpe en la cabeza. Al ver a su derecha, vio a Mordecai quien ya estaba despertando en medio de quejidos de dolor. Margarita seguía dormida, con la espalda contra la pared llena de moho e insectos de la podredumbre.

-¡Mordecai, despierta, Mordecai!

El peli-azul despertó por completo, tratando de incorporarse con pesadez de su sitio.

-¿Skips? ¿Dónde estamos?

-No lo sé. Las chicas siguen dormidas, pero me preocupa que Rosa está herida. Seguro que esta no es la casa de seguridad, nos debieron extraer de ella y traído a este sitio tan asqueroso.

-Ya lo creo, ¿Margarita? Oh, Dios, ¡Margarita, despierta!

La chica se removió un poco, con los ojos cerrados. Los abrió poco a poco, pero para su desgracia uno de ellos estaba inflamado a causa de un golpe.

-¿Mordecai?

-Sí, soy yo. ¿Puedes moverte?

-Auh, no, no mucho. Me duele el ojo, y siento un dolor muy fuerte en..., bueno...

-¿Margarita?

Margarita llevaba una falda color blanco, por lo cual su chico pudo ver sangre en su entrepierna. No quiso ni imaginar lo que le pudieron haber hecho. Se fijó en Rosa, ella también llevaba una falda de ese color y el mismo rastro de sangre.

-Skips, ¿ves lo mismo que yo?

-Sí.-Asintió el muchacho muy enojado, asimilando lo mismo que Mordecai. Alguno o algunos de los tipos que los habían sacado de la casa de Way habían violado a sus chicas.

Margarita se llevó una mano a la prenda íntima y sintió la humedad de la sangre. Al verla, comenzó a temblar de miedo, llorando con histeria.

-¡Tranquila, nena, escúchame, saldremos de aquí pronto!

-¡No, no puede ser, me han..., no!

Rosa, al escuchar los gritos entre Margarita y Mordecai, despertó sintiendo dolor en la cabeza y en la entrepierna.

-¡Rosa!-Le hablaba Skips.

-Amor, ¿estás bien?

-Sí, ¿y tú?

-No muy bien..., oh, no...

Rosa también se tocó sus partes íntimas, dándose cuenta con terror lo que le habían hecho.

-¡Por el amor de Dios...! No, esto no..., ¡Skips!

-Lo sé, lo sé... No es tu culpa...

Mientras todos trataban de aclarar las cosas y las chicas entraban en shock, una pantalla se encendía de manera automática, bajando del techo por una abertura. La pantalla podía ser vista claramente por los cuatro muchachos, quienes dejaron de lado su debate al ver la figura de una mujer de cabellos rubios, mirada celeste y blanca tez dirigirse a ellos. Vestía una blusa de lana, con cuello de tortuga y mangas largas hasta las muñecas. La presencia del hombre que se quedó en las mazmorras no fue notada durante ese rato.


-¿Quién eres tú?-Cuestionó Mordecai.

-No puedo creer que no me reconozcas, no después de lo que hice por tu miserable vida.

Los ojos azules de Mordo se abrieron de par en par, recordando a la dueña de la voz.

-¿CJ?

La cámara se alejó para dejar ver mejor la imagen de CJ. Se encontraba en una habitación lujosa, con muebles de pino y seda. Estaba postrada en una silla de ruedas, con una manta cubriendo sus piernas.

-En efecto, soy CJ. Antes conocida como tu novia Cindy.

-¿Por qué haz hecho esto?

-¿Por qué? Pues quería vengarme de lo que me hiciste. Por tu culpa, desde hace años estoy en una jodida silla de ruedas, sin poder moverme para nada. Solo pensaba en que un día yo me vengaría de ti y de los que te rodean. Y mírate, estás a mi entera merced, tal como tus amigos.

-¡Estás loca!

-Claro, tan loca como lo puede estar una chica que a los 14 años se queda paralítica del cuello hacia abajo. Ahora, acabaré contigo. Quise que fuera de un modo suculento, íntimo, y por ello hice que ustedes cuatro sobrevivieran. Quería que te fueras al infierno acompañado por aquellos que tanto amas.

-¡Tu venganza es contra mí! ¡¿Por qué ellos, por qué?

-Porque ellos te aman, son los amigos más cercanos que tienes.

-Mataste a Mitch, a Carl, a Eileen y su bebé..., y también mataste a mi ¡RIGBY!

-¡Jajajajajajajajajaja!-Reía CJ con sádico placer-La mente humana se deja llevar siempre por lo primero que ven sus ojos. Mi plan inicial era que tu amado Rigby muriera de una manera trágica, cruel, y que fuera de un modo muy idiota. Era obvio que Rigby pudiera poner los platos en la báscula y de ese modo desactivar la bomba que tenía colocada en su pierna y fuera amputada. Sin embargo, me llevé la sorpresa de que no fue así. A pesar de haber perdido mucha sangre, sobrevivió, así que decidí llevarlo a un hospital privado en donde recibió sangre, una pierna nueva pero a cambio, le extirpé una gran parte del cerebro.

El hombre en las mazmorras, quien se había quedado al margen de todo, dejó entrever su figura ante todos. Se despojó de la capucha que cubría su cara y así los muchachos pudieron ver que en efecto, era Rigby.

-¡Maldita, eras una infeliz desgraciada!-Mordecai estaba furioso.

-Creo que pueden ver la terrible cicatriz que lleva en la frente, muestra de que he dicho la verdad. Debo decir con gusto que fue él quien les hizo esas cosas terribles a las chicas..., y no tuve que convencerlo de eso. Tiene la mentalidad de un obediente zombie, sin voluntad propia. Ahora, lo que hará será muy interesante.

Al decir esto, Rigby entró en la celda, llevaba una vara de madera con la punta redonda y se acercó a Rosa. Tanto ella como Margarita llevaban unas pulseras de acero en las muñecas las cuales en automático se pegaron a la pared por medio de un poderoso imán sobre sus cabezas. Rosa gritaba muy espantada, en tanto, Rigby tomaba la vara detrás de su espalda y le separaba las piernas. Le introdujo la vara una y otra vez en su entrada sangrante, provocando dolor en la chica, en tanto que Skips gritaba colérico para que la dejara en paz. Las embestidas de la vara cada vez eran más feroces, sin piedad, pero lo peor de todo era que metía la vara más adentro hasta que logró que el útero colapsara, destrozándose sin remedio. Skips gritaba de pánico al ver esa cantidad de sangre tan abundante salir de la vagina de su novia, mientras que golpeaba el piso con los puños, suplicando que la dejara libre. Rigby sacó la vara, oprimió un botón del lado opuesto y se activó un mecanismo que liberó una hoja de acero puntiaguda de diez centímetros de largo del lado redondo de la vara. Rosa gritaba y suplicaba por su vida, pero era inevitable lo que le esperaba.

De nueva cuenta, la vara entró en ella con la punta de acero. Sentía en carne viva como la destrozaba, como llegaba a sus órganos y los partía en pedazos sin poder hacer nada por salvarse de tal martirio. La vara terminó por romper sus pulmones, su corazón y demás órganos logrando una serie de hemorragias que acabaron por dejarle sin movimiento ni respiración. Rigby tomó una pistola que colgaba de su cintura y le disparó en la frente, a quemarropa.

-¡NOOOOOOOOOOOOOO!

Skips cayó de rodillas, abrumado, en shock, atacado por el horror y el pánico. El imán en la pared de Rosa fue apagado y su cuerpo cayó sin vida de manera estrepitosa al suelo. La risa burlona de CJ resonó de nueva cuenta, mientras que Margarita había palidecido y quedado sin voz. Rigby se acercó a Skips, era su turno.

-CJ, detente..., por favor, detén todo esto..., te lo imploro...-Mordecai miraba la pantalla tratando de buscar algo de piedad en los ojos de CJ.

-No. Por supuesto que a estas alturas no me detendré. Rigby, mata a ese perdedor.

Rigby tomó del cabello a Skips y le rebanó el cuello con una navaja. Clavó el arma en uno de los ojos, le cortaba los dedos cuando trataba de defenderse a manotadas, luego con la vara le golpeaba la espalda, acuchillándolo con la punta de acero con la cual sodomizó a Rosa. Manchas de sangre sobresalían de la camisa de color azul cielo de Skips por la espalda, a la vez que el pobre muchacho gemía levemente de dolor. Tomó la pistola y descargó tres balazos contra la cabeza de Skips, dejándola destrozada, exponiendo el cerebro y demás líquidos cefalorraquídeos mezclados con sangre. Lo impresionante de eso era la risa de demente que soltaba Rigby a momentos, como si disfrutara su labor asesina.

Margarita no decía ni media palabra. Mordecai trataba de entablar conversación con Rigby, pero éste no le prestaba ni el mínimo de atención, como si no se encontrara en la misma celda que él. CJ le pidió que fuera por los perros. Luego de varios minutos, Rigby volvió con dos perros pitbull que no se miraban nada normales. Eran de un tamaño gigantesco. Pesarían más o menos unos 70 kg. cada uno. Al acercarse a los cuerpos, ambos perros comenzaron a devorarlos, destrozando con sus mandíbulas poderosas los huesos humanos que crujían con cada bocado. Los intestinos derramaban sangre y líquidos a la vez que eran desprendidos por las bestias quienes terminaron su festín de cadáveres tras unos veinte minutos dejando más de la mitad de los cuerpos intactos. Luego de que los perros fueran devueltos a donde habían sido recogidos, depositado en bolsas los restos de los asesinados y Rigby ido del lugar, la pantalla se apagó dejando en una incertidumbre a los dos jóvenes quienes esperaban lo que estaba por ocurrir.

El sudor frío recorría la espalda de Margarita, quien no podía mover los brazos que tenia sobre su cabeza. Mordecai se quedó observando los charcos de sangre y las pisadas de Rigby en todos lados. Ni el ni Margarita cruzaron miradas ni se dijeron nada alrededor de dos horas, las cuales fueron para ambos como una maldita eternidad.


La noche cayó en la mansión, los dos sobrevivientes restantes parecían respirar la muerte frente a ellos, rememorando en sus cabezas las terribles muertes de sus amigos. Mordecai fue el primero en voltear a ver en dirección a su chica, quien luchaba por no perder la circulación de sus brazos, moviendo sus muñecas poco a poco.

-Margarita...

La chica, con sumo temor, se dirigió a ver a Mordecai.

-Este es el fin..., no lo lograremos.

-Lo sé muy bien.

-Lamento que te hayas envuelto en esto. Que seas parte de ese infierno deparado para mí..., lo siento...

Margarita dejó que varias gotas cayeran de sus ojos.

-No te culpes..., es esa infeliz la que nos tiene aquí... ¿Cómo ibas a saber que era una maldita demente?

-Mi vida no vale nada, pero la tuya, la tuya vale más que miles de tesoros en el mundo. Daría lo que me queda de tiempo para salvarte.

-Mordecai, no digas eso, tú eres lo más valioso que tengo. Por ti lo he dejado todo, dejé a mis padres, he luchado por mantenernos juntos y nada de esto me hace arrepentirme por un solo instante. Recuerda que nos vamos a casar, lo prometiste.

Mordecai terminó por soltar el llanto como un niño pequeño lo haría. La desesperación por no poder salir de la celda hizo que se restregara la cara con las manos una y otra vez, se revolvía los cabellos repetidamente y soltaba una que otra blasfemia.

-¡Lo lamento, CJ, de verdad lo siento mucho!-Gritaba el chico a la pantalla-¡¿Quieres vengarte?! ¡Bien, hazlo, mátame! ¡Ven y dile a Rigby que me mate del modo más cruel que puedas imaginarte! ¡Desquítate conmigo si eso es lo que deseas! ¡Pero deja ir a mi prometida! ¡Ella no te debe nada!

La pantalla siguió apagada por varias horas más, en donde la locura y el hambre empezaron a mermar a los dos muchachos. Unos pasos se dejaron escuchar. Se trataba de alguno de los sirvientes de CJ. No fue nada sorprendente para Mordecai y Margarita ver en escena al jefe Simon Benson. El hombre se notaba tranquilo, como si estuviera a punto de entrar en algún spa o un bar.

-Cindy quiere verte, Mordecai.

-Tú..., gusano inmundo...

-Shh..., déjate de idioteces. Solo vengo a llevarte ante mi sobrina. Despídete de tu chica, no la verás en un rato.

-¡No, llévala con nosotros!

Benson se acercó a Mordecai propinándole un fuerte puñetazo en la boca del estómago.

-Dije que te despidas. Nos vamos solo los dos.

Benson colocó unas esposas en las muñecas de Mordecai, arrastrándolo hacia la salida de la celda en medio de gritos de Margarita y el muchacho. Lo condujo por un pasillo hasta dar con una escalinata. Subieron los catorce peldaños y pasaron por una puerta de madera de sauce cubierta por una gruesa cortina de algodón. Llegaron a un pasillo de la mansión que daba hacia las habitaciones principales como la sala, el comedor y el recibidor. Los pisos de mosaico negro brillaban con las luces del interior, reflejando su pobre imagen demacrada. Benson llevó a Mordecai por unas escaleras de mármol recubierto por una alfombra de color carmín. En el apoya manos de las escaleras había un riel eléctrico que era usado para transportar una silla en donde suponía el peli-azul subían y bajaban a su anfitriona del mal. La casa en sí era más que preciosa. Se encontraba decorada por diversos cuadros, floreros y cortinas que colgaban de distintas paredes. Ornamentos de hierro adornaban la chimenea y las puertas de caoba de las habitaciones. El jardín era impresionante, con vasto césped y muchas plantas propias del clima frío como hiervas y pequeñas florecillas silvestres. Los abetos eran tan altos como la misma casa y las jardineras de ladrillo rojo daban cobijo a algunos pajarillos que aún no partían al bosque en las pequeñas casitas para aves en ellas. Era un día nublado, con muchas probabilidades de que una tormenta de nieve llegara en poco tiempo. Mordecai, todavía lastimado por el puñetazo que su jefe le había dado, llegó acompañado por este a una habitación, la cual era la más grande de la mansión. Tras la puerta, pudo ver a la dueña de su desdicha, CJ estaba tendida en la cama, luciendo un sexy atuendo de encaje color negro. Llevaba puestas unas medias con liguero, un sostén y bragas tipo tanga. Su largo cabello rubio estaba suelto, con algunos mechones cubriendo su frente. Benson le quitó las esposas a Mordecai, dejándolo encerrado en la habitación junto con su sobrina. Una vez libre, Mordecai trató de abrir la puerta pero estaba puesta con llave. Luego, quiso ir hasta CJ para poder darle su merecido y hacerla liberar a Margarita.

-¡Tú, hija de p...!

-Mordecai, antes de que se te ocurra alguna estupidez, quiero que sepas que cualquier movimiento en falso que des hará que tu prometida sea asesinada. Ella está acompañada no solo por Rigby, sino por mis demás sirvientes.-En una pantalla a un lado de la cama, se pudo captar la imagen de Margarita siendo acosada por los sirvientes de CJ. La tocaban de manera lasciva, la pobre pelirroja solo pataleaba y gritaba por Mordecai para ser liberada de esa condición tan morbosa y sucia.

-¡Diles que la dejen en paz!

-Ah, ah, ah..., antes de que pueda dejar ir a Margarita, debes hacer unas cosas antes.

El chico arrugó la nariz, furioso, mirando con los ojos entrecerrados a su captora.

-No tengo nada en contra de ella, ni lo tuve antes con tus amigos. Quiero que sepas que todo lo que he hecho es para verte en la peor de las circunstancias y lo he conseguido. Ya anteriormente tuviste una situación de secuestro terrible, lo sé. De hecho, yo le pagué al camionero loco que te secuestró. Pero antes de que pudiera hablar, mandé que lo mataran en prisión antes de que les ocurriera a las autoridades de Lawrence llevarlo a un psiquiátrico. Total, ese infeliz nunca podrá curar su locura. Aunque pudiste ahorrarme eso de haberlo matado cuando tuviste oportunidad.

-No, gracias, yo no soy una basura asesina como tú.

CJ volvió a reír complacida con el cumplido.

-Bien, Mordecai... Esta es la condición para que deje libre a Margarita. Quiero que me hagas lo que le haces a ella en sus noches de placer.

La cara furiosa de Mordecai cambió a una de sorpresa y asco.

-¡¿Qué?!

-Tal como lo oyes, querido. Hazme tuya y yo la dejo ir. Un precio muy bajo a cambio de su libertad.

-¡Nunca, jamás le sería infiel a mi chica con alguien, menos tratándose de una pobre enferma como tú! ¡Asco!

CJ se sintió muy ofendida ante lo que acababa de oír.

-Eres un orgulloso idiota con un ego muy inflado, Mordecai. Aún a pesar de que prometo que liberaré a tu chica te niegas a complacerme con algo que no te debería ser de dificultad. Pues te diré que nunca he estado con un hombre en mi vida, debido a mi condición y que mi tío Benson reprueba a todos aquellos que se me acercan. Dice que me desean por mi gran fortuna, pero créeme...-CJ dejó ir su voz en un hilillo, como triste-...no es fácil vivir como una inútil..., daría cuanto poseo por ser una mujer normal por un maldito día.

Por un breve instante el muchacho tuvo algo de compasión por CJ.

-No sé lo que se debe sentir ser besada por un buen chico, que me tome entre sus brazos y me haga el amor como a nadie en la vida. No sé lo que es un orgasmo, no sé lo que es esperar tener un hijo..., un hijo de alguien tan amado...-CJ terminó por llorar a cántaros-Sé que soy de lo peor, y que no merezco que nadie me ame, pero yo nunca dejé de quererte, Mordecai...

-No te entiendo, CJ. Dices que nunca haz dejado de quererme cuando en realidad te dedicaste todos estos meses a hacerme miserable y matar a mis amigos. No puede haber amor en alguien que mata sin piedad.

-¡Pues lo hay! Si no te amara, te habría hecho asesinar desde hace tanto... Por eso hice matar a tus amigos. No quise que tu turno llegara, nunca he querido herirte. Pero el dolor de estar en esta circunstancia me cegó. Por eso odio a Margarita, porque ella está contigo y te hace feliz. Yo quería hacerte feliz...

Más sollozos y lágrimas pudieron verse en el rostro de porcelana de la chica paralítica.

-Estuve investigándote desde hace meses, casi un año. Desde que mi tío me dijo que te había contratado no dejé de pensar que tal vez, solo tal vez, si hablara contigo podría hacer que me dieras la oportunidad de darte mi amor y cariño. Pero cuando escuché que vivías desde hace tiempo con esa mujer, solo quise despedazarte, hacerte añicos, verte morir. Y ahora que te tengo de frente, solo deseo que me beses, que me hagas tuya. Como si fuera Margarita.

-Imposible.

Mordecai se sentó al filo de la cama de CJ, tratando de aguantarse las ganas de ahorcarla.

-Nunca podría, aunque quisiera, hacerte el amor como si fueras Margarita porque no eres ella.-Pronunció de modo neutral-Mi Margarita es buena chica, siempre ve por los demás antes que ella y sobretodo, ella nunca mataría como tú lo haz hecho. Me puedo sentir halagado por la manera en que me vez, pero yo no busco a nadie más. Lo lamento, CJ, pero no puedes chantajearme.

-Mordecai..., no digas que no te lo advertí.

En la pantalla, Mordecai pudo ver a uno de esos sujetos despojando a Margarita de su falda. Le bajó las bragas para poder violarla hasta que el peli-azul gritó horrorizado.

-¡No, diles que la dejen en paz, por favor!

-¿A cambio de qué?

-¡De lo que quieras, lo haré!

Al momento, los hombres volvieron a alejarse de Margarita como si hubieran escuchado la voz suplicante de Mordecai.

-Okay, cielo, primero quiero que bebas el contenido del vaso de vidrio que hay en mi mesa de noche. No es veneno, te hará bien.

Con algo de temor, Mordecai bebió el contenido del vaso, el cual solo era una bebida energética. Se colocó sobre CJ, posando sus rodillas y brazos a los lados de ella. Le miró a los ojos, tratando de visualizar algo lindo en su cara. No era tan sencillo, no lograba excitarse, y menos a sabiendas de que Margarita estaba en peligro. Se bajó el cierre de los pantalones, buscando su miembro para estimularlo a la vez que comenzaba a dar una serie de besos muy fríos a CJ en los labios, bajando por su cuello en donde se quedó por unos minutos. Acariciaba sus caderas, le quitaba poco a poco la ropa interior a la vez que oía los gemidos de placer de Cindy. Ella moría por poder corresponderle, deseaba poder mover sus extremidades y responder a tal tacto del mismo modo. Cuando Mordecai logró tener una erección, no lo pensó dos veces y le quitó las bragas a la chica, a la vez que la penetró con algo de violencia, sin importarle dejarle adaptar su cavidad al movimiento continuo de su pene. CJ sintió mucho dolor, lanzaba algunos gritos pidiendo a Mordecai ser más amable, pero Mordecai no se detuvo para nada. Salió de CJ, le levantó levemente una pierna y volvió a embestirla con mayor vehemencia que la vez anterior, mientras jalaba sus cabellos dorados, inclinando su cabeza hacia atrás. La chica comenzaba a sentir que se correría en cualquier instante, le agradaba que Mordecai fuera rudo. Las uñas del muchacho se dejaron hundir en la carne suave y tersa de su captora, quien solo dejaba algunas lágrimas satisfactorias correr sus mejillas. Mordecai le mordía la piel sobre el cuello, los hombros, besaba y lamía una y otra vez los senos de la rubia a la vez que movía sus caderas más aceleradamente. CJ por fin tuvo su orgasmo, Mordecai eyaculó fuera de ella y terminó recostado a su lado. Se sentía como una basura. como la peor de las alimañas. CJ le pidió que la abrazara por un rato. No quería sentir que la hubiera usado como a una prostituta barata.

Sin embargo, Mordecai ignoraba por completo que su encuentro de sexo por placer era transmitido por la pantalla que estaba en la celda de Margarita. La pobre chica observó todo, escuchó todo y no pudo evitar llorar entristecida por ver a su prometido follar con aquella mujer tan despreciable. Pero verlo abrazarla tras su encuentro pasional solo la hizo querer morir de tanta pena. La pantalla se apagó tras unos minutos y la pelirroja solo maldecía el día que conoció a su novio. CJ le pidió a Mordecai que saliera de la habitación tras darle una serie de instrucciones.

-Cúbreme con mis mantas.-Mordecai obedeció muy a la fuerza-Primero, quiero que sepas que a partir de hoy puedes deambular por la mansión como se te de la gana. Mis guardias te vigilarán las 24 horas del día, así que no puedes hacer alguna locura como intentar fugarte. Dos, no puedes volver con Margarita. La mantendré con vida, pero no saldrá de su encierro. Tres, tú y yo nos casaremos en cuanto llegue el juez del registro civil desde la ciudad.

-¡No me casaré contigo! Solo te hice el favor que me pediste a cambio de respetar la vida de mi novia. Ten algo de dignidad y déjanos ir.

-No puedes hacer lo que te venga en gana. Ya que me haz hecho tu mujer, tu deber es casarte conmigo. No tienes de otra, ya que no creo que a tu chica le guste saber lo que hiciste hace apenas unos momentos. Si no obedeces, la mato.

-Lo sabía...-Mordecai, con los puños cerrados se acercaba a la mujer-Sabía que no eras de fiar, que no cumplirías tu palabra, pero yo te daré tu escarmiento.

Antes de que pudiera darle un solo golpe a CJ, tres guardias entraron y lograron someterlo en cuestión de segundos, dejándolo en el suelo tendido y con las manos a la espalda.

-Recuerda que tu vida y la de esa muchacha aún están en mi poder. Obedece y lo dos podrán vivir en la misma casa de por vida, hazme enfadar y ordenaré la peor de las muertes para esa zorra inmunda. Dices que tu vida no vale nada, pero la de ella sí debe tener un valor para ti. Si la amas tanto como dices, cásate conmigo. Serás dueño de todo cuanto poseo, vivirás en una mansión acomodada y no necesitarás trabajar jamás. Mis guardias te servirán en todo, salvo en aquellas decisiones que conciernen a Margarita, yo me aseguraré de que no la toquen, ellos le suministrarán sus tres comidas diarias, ropa, zapatos, joyas, vivirá como una princesa en una habitación. Dejará la celda en las mazmorras. Pero claro, no podrás verla a mis espaldas. Tú eliges, la vida para los dos, o la muerte la ella. Vivirá cómodamente, Igual tú.

La cabeza de Mordecai parecía querer explotar en cualquier momento. Mantener a Margarita con vida era lo que más deseaba en ese instante. Unir su vida de manera matrimonial a la mujer que hizo pedazos a sus amigos, volvió un frío y demente asesino a su querido Rigby y había convertido su vida en un infierno, ya no era una opción a escoger. No tenía de otra, era casarse o ver morir a la chica de sus sueños.

CONTINUARÁ...


Lamento la ausencia. Pues ya el siguiente capítulo es el final de este fic. Agradezco a mis seguidores por seguirme y sobre todo por tener paciencia con las actualizaciones. Obviamente será un final especial, ya que será un capítulo más extenso, además de que agregaré un epílogo en donde haré referencia de los pensamientos de los personajes al salir de la prueba, cómo continuaron sus vidas y los posibles caminos que cada uno recorrerá a partir de ese instante. Espero poder cerrar con broche de oro esta historia y no decepcionarlos. Nos leemos en otra ocasión.


Notas: Regular Show le pertenece a JG Quintel. (Adorablemente genial n.n)