Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen. Son propiedad de Masashi Kishimoto.
Canción: Ai no Uta, grupo Every Little Thing.
Versión al español: Versos de amor, grupo Charm.
Soundtrack: Inuyasha La Película 2: El Castillo Detrás del Espejo
La misión y las despedidas.
(Versos de amor)
-.-.-.-.-
La tierra y el calor del sol
Las flores y su olor,
Amor en el corazón
"—Padre, ¿por qué las hojas caen?—pregunto el pequeño rubio viendo como el camino, que se formaba por arbustos frondosos y altos árboles, se cubría con las hojas que caían de los arboles con colores rojos amarillentos y anaranjados café.
Estaban regresando a la aldea después de una mañana exhaustiva de entrenamiento.
La voz de su hijo sonaba distraída y curiosa. Tan parecida a la de su amado rubio y cuando lo volteo a ver noto, como muchas veces antes, el gran parecido que tenían.
Di, que pudo causar
El sonido que me rodea
Al apoyar mí oído en ti
El niño volteo a ver a su padre en espera de una respuesta. Se asombró de nuevo por el porte imponente que su padre mostraba aun caminando relajado y sin signos de estar cansado, parecía intocable e inalcanzable. Tanto misterio que encerraba su mirada y tanto poder también. No había persona en la aldea o en el mundo que no respetara o temiera a su padre. Se preguntó si algún día sería igual que él.
Es la vida así
Ella hace latir dulcemente
Este pequeño corazón
El mayor volteo a ver a su primogénito que lo miraba con fascinación y admiración.
—Porque es otoño—le respondió. Su hijo lo miro sin entender y explico—. Cada año cuando llega otoño las hojas empiezan a cambiar de color, empiezan a morir y caen al no poder sostenerse más de las ramas del árbol.
No te dejes engañar
Solo intenta aparentar
El rostro que, hoy un sueño es
— ¿Mueren?
—Así es. Al igual que todos en este mundo.
Solo finges no escuchar
Solo finges no advertir
Pero en realidad, crees en este amor
— ¿Por qué?—volvió a cuestionar, con su rostro reflejando su inocencia, sin entender porque las hojas morían, ni porque todo lo demás también debía morir.
Suspiro. Su hijo estaba en esa etapa de preguntar el porqué de todas las cosas y él tenía la obligación de contestar. Así que decidió explicarle.
Tus ojos muestran el dolor
Aun no sabes vivir
La vida sin temer
—Porque ese es el ciclo de la vida. Todo lo que nace tiene que morir y todo lo que muere revive. Una vez que nacemos estamos destinados a morir, esa es la ley de la vida; «Para morir nacemos», eso es lo que escuche ya hace mucho tiempo de un viejo anciano que iba acompañado de su nieto, nuestros caminos se cruzaron en una posada y él, al verme a los ojos fue lo que me dijo. Al principio no lo entendí, ni tiempo después, hasta que no vi mi vida a punto de extinguirse que me di cuenta de ello. No estamos atados a este mundo eternamente y nuestra existencia es irrelevante y pequeña para este mundo tan grande. Así tan pronto venimos a este mundo, así también podemos irnos. Hombres, animales, plantas y cualquier otro ser vivo, ninguno sale indemne de este ciclo. Las hojas son porte de él, pero su existencia es tan corta que cada año esta se termina; pero no te preocupes—dijo al ver la preocupación en los ojos azules de su hijo y darse cuenta que parte de lo que dijo nada tenía que ver con lo que su hijo quería saber—que cada vez que llegue la primavera las veras nacer de nuevo llenando los árboles. El ciclo de las estaciones es el que rige la mayoría de la vida en este mundo… pero la de nosotros la rige el tiempo.
Porque no miras a tu alrededor
Las flores y su olor
Amor en el corazón
El niño sonrió. La mayor parte no la había entendido, su padre se había detenido en su caminar y se quedó viendo a la nada sin dejar de hablar, pero en su inocencia lo hacía feliz saber que las hojas volverían a nacer una vez que la primavera llegara.
Ves aun sin saber
Como he de curar tus heridas
Lo intento y lo conseguiré
Elevo sus ojos negros al cielo que ya se cubría con los vestigios del invierno que se acercaba.
Sé que sientes por mí
Y si he de seguir el camino
Lo hare pero junto a ti
‟No entendí que el tiempo se me escapaba de las manos y debía aprovecharlo. Que el camino que recorría me alejaba más de ti, que los errores me marcaban y oscurecían mi alma. Que tú te dabas cuenta de ello y en tu afán de detener mi autodestrucción cometi lo imperdonable; te herí y estuve a punto de perderte y también perder mi futuro".
Ya hemos visto que el amor
Se esconde en cada rincón
No hay que temer a nuestro corazón
—Padre, ¿qué esperas? Date prisa. Papá nos debe estar esperando—su hijo lo llamaba pasos más adelante.
Deja de mirar atrás
Solo piensa en nuestro amor
Podemos llegar hasta su interior
Siguió caminando hasta llegar a su lado y su hijo, con titubeo, lo tomo de la mano mirándolo con una sonrisa tímida. No era algo que acostumbraran pero este era uno de los momentos en que agradecía a la vida lo que le dio.
El viento ruge tras de mi
Golpea sin cesar
La herida se cerrara
Le dio un suave apretón a su mano, más pequeña que la suya, y ambos, tomados de la mano, siguieron caminando."
Solo si miras a tu alrededor
Las flores y su olor
Amor en el corazón
…
-.-.-.-.-
Los altos montes y valles, tan verdes y puros, se extendían por extensas tierras que fértiles se dejaban propagar por la vegetación y eran poco conocidas por los hombres que lograban dar con semejante belleza y oculta ante aquellos que no tenían necesidad de cruzar en su camino.
Aquellos hombres que eran conocidos como ninjas, y que solían atravesar por estos parajes majestuosos, recordaban lo irreal de que algo tan puro y místico pudiera existir.
Ríos, cuyas aguas puras y cristalinas, corrían desde lo alto de los riscos y caían en cascadas que alimentaban lagos que reflejaban los rayos del Sol como un espejo y en las noches el reflejo del firmamento acompañaba a la bella Luna como su guardia fiel mientras las luciérnagas danzaban en la superficie.
Océanos inmensos, grandes mares, extensos desiertos, montes y bosques separan naciones que aun así mantenían la paz entre ellas.
Los tiempos de guerra quedaban atrás como una mala pesadilla que era mejor olvidar a pesar de que muchos lo llevaban tatuado a fuego en la piel.
Los niños riendo, corriendo en las calles de las aldeas y los padres haciendo sus tareas, todo en tranquilidad. Contentos con la vida que vivían y viendo la paz que existían entre las naciones y sus aldeas. No podían pedir tiempos mejores.
Pero todo aquello ahora parecía antaño cuando el mal emergió una vez más y lo destruyo todo sin piedad.
Solo ahora una aldea se mantenía de pie pero sus habitantes y líder sabían que eso sería por muy poco tiempo.
§§§
Por lo alto se alzaba una barrera con forma de copula que rodeaba Konoha y que aparentaba ser impenetrable. El chakra rojo que fluía por toda la superficie de la misma era uno que años atrás los habitantes de la aldea habían temido que los destruyera pero ahora por ironías de la vida los protegía de todo mal.
Con temor en sus corazones las personas en ese momento corrían de un lado a otro buscando a sus familiares y otros se dirigían hacia los refugios que se encontraban en el Monumento de los Kages. Pero aun así había una persona observando todo aquello que pensaba que la evacuación de los civiles se estaba tardando en efectuarse por completo y su molestia se hizo notoria cuando frunció su ceño.
— ¡¿Qué demonios están esperando?!—el grito de la mujer resonó por encima del caos reinante—. ¡Dense prisa y saquen a esa gente de aquí! ¡Esto no es un simulacro! ¡Quiero a esas personas fuera de aquí! ¡AHORA!
Los chūnin encargados de la evacuación de los habitantes de la aldea obedecieron con prisa los mandatos de la rubia mujer e inmediatamente un sector de la aldea quedo evacuada.
La mujer que ordenaba a diestra y siniestra no era otra que la legendaria ninja médico y Sannin, Tsunade.
—Tan mandona como siempre, Tsunade—siseo una voz detrás de la ninja médico.
La rubia volvió a fruncir el ceño con molestia. Aun no aceptaba que de buenas a primeras ese sujeto haya decidido ayudar a Konoha.
—Deja de estar perdiendo el tiempo y ayuda en algo que para eso te permitieron estar aquí—dijo sin voltear a verlo. No lo soportaba como en los viejos tiempos cuando eran compañeros de equipo.
El sujeto de largo cabello negro sonrió con burla y en sus ojos amarillos brillo la diversión.
—Aw, Tsunade. Aun estas molesta porque me hicieron padrino de uno de los pequeños genios. Deberías estar agradecida de que otro de los Sannin legendarios se haga cargo del entrenamiento personal de uno de esos niños. Así puedes estar segura que sabrá defenderse bien si se encuentra en peligro—la rubia lo miro de reojo. El de cabello negro repentinamente se había puesto serio—. Tú mejor que nadie sabe que el mejor entrenamiento que recibirán esos niños en su vida será el de nosotros. Por su ascendencia muchos estarán detrás de ellos.
Tsunade torció los labios en una mueca. Pues sabía que tenía razón. Ella misma estaba más tranquila sabiendo que esos niños, a los cuales ella adoraba, estaban bajo el entrenamiento de los mejores shinobis del País del Fuego.
—Aunque viendo cómo se encuentra la situación en estos momentos dudo que haya oportunidad de que alguien se quiera aprovechar de ellos.
—Argh, cállate.
De pronto sintieron un chakra aproximándose desde las murallas de Konoha para luego ver venir un ANBU que en pocos segundos estuvo frente a ellos.
—Tsunade-sama, Orochimaru-sama—el de mascara de coyote realizo una rápida reverencia a los dos Sannin—. Según Tokuma-sensei el monstruo ha atravesado el último grupo de resistencia liderado por Sakura-sensei y se dirige hacia acá.
En los ojos ámbar de la rubia atravesó una sombra de dolor por la segura perdida de su querida alumna y los ninjas que dieron su vida tratando de protegerlos.
—Gracias por el informe. Manténganse en alerta y no permitan que nadie se acerque a las murallas, esa cosa no debe de tardar en llegar—ordeno.
—Sí, Tsunade-sama.
El ANBU desapareció.
Después de eso la rubia se mantuvo callada y Orochimaru respeto su silencio. El viento que soplaba mecía el cabello de ambos.
Momentos después un temblor hizo cimbrar la tierra bajo los pies de los Sannin. La barrera pareció reforzarse.
—Ya viene—dijo Orochimaru al sentir aquel chakra aún más oscuro que el suyo acercarse.
Tsunade asintió mientras sus pensamientos y preocupación se enfocaban en Naruto.
— ¡Konohamaru!
Tras una voluta de humo el ahora joven hombre y jōnin nieto del difunto Tercer Hokage apareció ante el llamado de la mujer y espero órdenes.
—Ve con el Hokage e infórmale que esa cosa esta cerca. Que sea lo que vaya hacer, que lo haga ya.
Konohamaru asintió y se retiró dejando solos a los ninjas.
—Gracias—dijo con sinceridad la rubia después de un rato.
Orochimaru la miro interrogante, Tsunade hizo una mueca al ver que tenía que explicarse.
—Fuiste tú quien descubrió e investigo lo que estaba sucediendo. Si no fuera por ti ninguna de las aldeas hubiera estado preparada—suspiro sin mirarlo de frente—. Así que en nombre de Konoha y de ellos, te doy las gracias.
El de apariencia de serpiente solo la quedo mirando sin decir nada por unos momentos pero después sonrió de lado. Sabía que a su compañera le había costado algo de su orgullo decirle aquello.
—No tienes que agradecerme—Tsunade lo volteo a ver curiosa de que no se estuviera regodeando de lo que le acababa de decir. Orochimaru se explicó—. No me malinterpretes. No me estoy tratando de redimir por el daño que cause como en su momento lo hiso Sasuke. Es solo que después de todo el tiempo en que formamos el equipo Hiruzen, desde que fuimos genin hasta convertirnos en jōnin, sé que tengo que devolverles un poco de lo mucho que ustedes dos hicieron por mí—ninguno dijo nada cuando el pelinegro hiso referencia al Sabio de los Sapos—, por eso es que lo hice. No me gusta tener deudas pendientes con nadie.
Tsunade sonrió al escucharle decir eso ultimo con una burla indiferencia. Aunque Orochimaru no se diera cuenta o no quisiera admitirlo el pequeño al cual había apadrinado lo estaba haciendo cambiar poco a poco a como fue cuando eran niños y aun no seguía el camino de la oscuridad. Lo estaba ablandando.
Pero su molestia regreso cuando el Sannin volvió a hablar con genuina burla.
—Tu rubio protegido ya me había dado las gracias hace un mes cuando llegue con la información. Así que no tenías que hacerlo querida Tsunade, aunque lo aprecio mucho. Nunca pensé que te oiría decir esas palabras y más siendo dirigidas a mí. Que ternura me das.
La rubia gruño con ganas de estrangularlo.
—No te mato ahora mismo porque sé que el niño lloraría tu trágica muerte. Hasta me sorprende el cariño que te tiene—Orochimaru frunció el ceño y un sentimiento de incomodidad invadió su ser—, seguro que el ve en ti algo que nosotros ya hace mucho tiempo no pudimos ver.
—Cállate, no digas estupideces—espeto con molestia y sin poder replicarle.
—A mí no me engañas Orochimaru, yo se que estas aquí porque el niño te lo pidió.
Tsunade estaba segura que el niño le había pedido que ayudara a la aldea y Orochimaru hace tiempo que no se veía incapaz de cumplir cualquier cosa que le pidiera su pequeño discípulo. Si, definitivamente estaba cambiando.
§§§
Avanzo a paso veloz por todo el corredor buscándolos pero no los encontraba. Ya había buscado en las habitaciones pero al no encontrarlos ahí se dirigió a la cocina y la sala pero nada. No habiéndolos encontrado en ninguno de esos lugares solo le quedaba por ver en el cuarto de juegos enfrente del dōjō. Al salir al jardín la noche negra le pareció una especie de antesala de un mal venir que sabía ya estaba casi al alcance de todos.
El frio de la noche calo en él, enchinándole la piel de los brazos mientras que con rápidos saltos cruzaba el jardín que su papá tanto cuidaba y el viento movía los mechones que caían al costado de su rostro.
Al llegar recorrió el shōji y los encontró a todos dentro mirando Konoha desde el amplio ventanal que tenía una vista que daba a las afueras del barrio.
No pudo evitar cerrar los ojos, tan parecidos a los de su papá, y suspirar con alivio llamando la atención de uno de sus hermanos menores, aquel que nació un par de años después que él y era tan parecido a su padre, mientras que los otros menores seguían observando por el ventanal.
— ¿Qué sucede, Yūsuke?—pregunto mirándolo de reojo, su voz tan indiferente como la de su padre.
—Moegi-sensei ha venido a informarnos que nuestros padres nos esperan en la torre del Hokage.
Al terminar de hablar los demás ya tenían su atención puesta en él. Pues al decir nuestros padres eso solo significaba que ellos los esperaban en calidad de hijos y no de shinobis, al parecer.
El pelinegro menor asintió pero una extraña pesadez se instaló en su estómago.
Estaban en guerra desde hace meses contra algo que desconocían, o al menos ellos, y cuatro de las Seis Grandes Aldeas Ninja habían caído ya ante el poder de aquel enemigo que parecía haber salido de la nada esperando el momento para atacarlos. Aun le costaba creer que el Raikage, Killer B y el bijū de las Ocho Colas, Gyūki, hayan sido derrotados, al igual que su tío Gaara, siendo que su poder se comparaba al de su papá y Kurama. Ahora las únicas que quedaban en pie eran Amegakure y su Amekage, Konan y la misma Konoha pero, ¿por cuánto tiempo?
Era esta pregunta la que lo hacía pensar en lo que estarían planeando sus padres para detener al enemigo pero sinceramente sea lo que sea no era algo que los mantendría juntos pues tenía la sensación de que pronto estaría lejos de ellos y lo único que quería hacer ahora era ir corriendo y aferrarse a sus padres y nunca soltarlos. Tal vez fuera un deseo y anhelo impropio de su rango ninja pero aun así seguía siendo un niño adolescente de catorce años y el deseo de no separarse de sus padres ni siquiera el tiempo o la adultez se lo quitaría, sobre todo si se trataba de separarse de su papá. Por más que su actitud y forma de ser sea igual a la de su padre, el amor por aquel hombre que por un milagro, según palabras de su tía Sakura, le había dado la vida era mucho más grande que su frialdad e indiferencia. Iruka-sensei una vez le había dicho que el mostraba a su papá los sentimientos que su padre nunca mostro y se negó por seguir un camino lleno de oscuridad. Pero esos sentimientos, ese amor era uno que solamente un hijo puede sentir por su madre.
Un repentino estruendo que hiso temblar todo la casa lo saco bruscamente de sus pensamientos. Y lo siguiente borro por completo que los mayores se preguntaran que había causado el temblor.
— ¡¿Qué fue eso?!—exclamo uno de los niños que no se había despegado del ventanal y sus ojos gris-violeta miraban con inocente fascinación lo que ocurría afuera del barrio.
— ¡Debe ser enorme para causar este temblor!—le siguió otro niño con el mismo color de ojos y que daba brinquitos tratando de ampliar su campo de visión.
El pelinegro menor frunció el ceño ante el comportamiento de sus hermanos menores.
Estaba a punto de pedirles que no hicieran tanto escándalo y se comportaran cuando su hermano mayor hablo.
—Déjense de tonterías y vámonos que nos están esperando.
Se acercó a la ventana y cargo en sus brazos a una niña pequeña de cabello negro-azulado, que momentos antes se encontraba de puntitas tratando de ver hacia a fuera igual que sus hermanos. La niña pronto rodeo con sus bracitos el cuello de su hermano y Yūsuke estiro la mano, con la que no cargaba a su hermanita, para que la tomara el otro niño que había estado contemplando absorto lo que ocurría afuera.
—Yūsuke puedo caminar solo—replico con un puchero el pequeño de cabello pelirrojo y ojos negros. El mayor suspiro. Olvidaba que a su hermanito ya no le gustaba que lo trataran como niño chiquito pero para él era difícil no hacerlo siendo que apenas acababa de entrar a la academia.
Después de eso y que el pelinegro menor obligara a los otros dos a separarse de la ventana salieron a toda prisa a la torre del Hokage.
Al cruzar corriendo por las calles vieron como los pocos aldeanos que aún quedaban sin ser evacuados contemplaban con temor la copula y no parecían escuchar las órdenes de los chūnin que trataban de sacarlos de ahí. Curiosos voltearon a ver y lo que vieron los paralizo por completo pues acercándose una enorme sombra tan grande como la copula parecía estar juntando una gran cantidad de chakra para lanzarla contra la barrera. Mientras tanto dos enormes nubes de humo aparecieron cerca de las murallas dando señal de dos invocaciones realizadas, al disiparse el humo se vieron claramente a una enorme babosa y una serpiente, ambas invocaciones ya les eran familiar, y en cuyas frentes no tardaron en posicionarse sus invocadores. Varios jōnin y chūnin pasaron tan rápido que muy apenas alcanzaron a ver que dos de ellos eran los padres de Inojin, Ino y Chōji Akimichi.
Tratando de asimilar que lo que ocurría era lo mismo que en las otras naciones vivieron siguieron avanzando sin detenerse.
Entraron por la ventana que siempre permanecía abierta y no tardaron sus miradas en encontrarse con la de sus padres. Ambos con una expresión que no supieron descifrar pero sabían no era bueno.
El rubio Hokage sintió un gran pesar al ver a sus hijos frente a él y unas ganas terribles de tomarlos e irse lejos de ahí lo asalto pero era imposible porque ya en ese mundo no había un lugar seguro donde resguardar a las razones de su existencia y aquella opción que había estado contemplando junto a su esposo, desde que una a una las Seis Grandes Aldeas Ninjas de las diferentes naciones fueron destruidas por esos monstruos, parecía ser la única opción de conseguir que todo aquello terminara o incluso… que nunca sucediera.
A su lado su pelinegro esposo no se encontraba con diferentes pensamientos pues a pesar de no expresarlo tan abiertamente amaba a sus hijos y lo único que quería era ponerlos a salvo pero esa no era opción y en cambio la única oportunidad que tenían para detener todo aquello no acababa de convencerle pues significaría el posible odio de sus hijos por un pasado que aunque tratara nunca lograría borrar. Ellos sabían que él no era un santo pero lo amaban y respetaban por cómo era ahora y eso es algo que no quería perder. Pero la decisión estaba tomada y no había marcha atrás, por más que a Naruto y a él les doliera esa era su única salvación.
No te dejes engañar
Solo intenta aparentar
El rostro que, hoy sueño es
—La situación que vive el mundo ya ha llegado a su límite—empezó hablar con voz neutra y mirada carente de sentimiento. Los menores sabían que en esos momentos él les estaba hablando como el capitán ANBU y no como su padre—. No hay forma alguna en que los shinobis de Konoha y su Hokage puedan hacer algo para salvar esta aldea aun contando con el poder del Nueve Colas. Nuestra derrota es inminente, el enemigo es demasiado poderoso. Ya ha destruido cinco de las seis naciones shinobis y a los Kages de sus respectivas aldeas. El enemigo es consciente de ello, es por eso que se tomara su tiempo para destruir Konoha y a sus habitantes. Por lo tanto nosotros aprovecharemos ese tiempo para hacer nuestro último movimiento, uno que ustedes terminaran cuando llegue el momento indicado.
— ¿Cuál es el mov...?—Yūsuke no termino la pregunta porque su padre la paso por alto y continuo hablando.
—En vida el Cuarto Hokage fue conocido por el manejo excepcional de un jutsu que le permitía viajar por el espacio-tiempo y que siendo respaldado por una gran cantidad de chakra era capaz de hacer viajar a su usuario en el tiempo. Días, meses, años quizás. Algo que fue comprobado por el Hokage en una de sus misiones con el equipo siete. El día de hoy ese jutsu será utilizado para hacerlos viajar a ustedes, dieciocho años en el pasado para detener esta amenaza. Algo sucedió en el pasado durante la Cuarta Guerra Mundial Shinobi que permitió que este ser surgiera durante la batalla y se mantuviera en crecimiento constante durante todos estos años en lo profundo de un volcán en el que sin darnos cuenta le dimos la oportunidad de sobrevivir. Sea lo sea que hayamos hecho ustedes deben evitarlo… esa es su misión.
Solo finges no escuchar
Solo finges no advertir
Pero en realidad, crees en este amor...
El intentar negarse era imposible pues contra todo pronóstico la salvación del mundo estaba en sus manos. Sus padres estaban poniendo una gran responsabilidad en sus hombros pero sobre todo y aunque fuera egoísta de esa forma se aseguran de mantenerlos a ellos con vida aun si para eso los enviaban a otro tiempo.
Todos sabían que estaban ahí no solo para aceptar la misión sino también para despedirse de sus padres. Eran shinobis ante todo y un Shinobi hacia lo que fuera para proteger a su aldea y su familia.
Un frio estremecimiento recorrió la espalda de Naruto cuando vio la firme decisión en los ojos de sus hijos de llevar acabo la misión que Sasuke les acababa de encomendar. Él, que debió de comunicárselas, se había mantenido en silencio por temor a no poder articular ni una palabra dejando a su esposo hablar en su lugar. Y ahora lo único que pudo hacer fue seguir el impulso que le dictaba su instinto paternal. Pues había llegado la hora, no podían darse el lujo de tardar ni un minuto más.
Sin que ninguno de los dos se diera cuenta, Yūsuke y su hermano menor se vieron envueltos en un fuerte abrazo de su papá que les lleno el pecho de una reconfortante calidez y que no evitaron devolver sabiendo que esta podría ser la última vez que los vieran.
—Cuídense y pase lo que pase no se separen—hablo con voz ahogada y estrechándolos más contra su pecho.
Mientras tanto Sasuke se encargaba de preparar en el suelo el sello especial (jutsu-shiki) que les permitiría viajar.
—Kenji, cielo—Naruto le hablo al pelinegro menor tomando entre sus manos su rostro—. No importa lo que veas ni de lo que te enteres. Tienes que saber que tu padre y yo nos amamos y hubo un tiempo en que estuvimos ciegos a ese sentimiento pero no por ello este dejo de crecer en nuestros corazones y finalmente nos rendimos ante él.
Kenji se preguntó porque su papá le decía eso. Acaso se enteraría de cosas que no le gustarían. Él sabía que sus padres tenían un pasado del que muy poco hablaban y siempre supo que era un pasado doloroso que todos se esforzaban en ocultarles por lo mismo muy poco sabían de cómo se habían desarrollaron las cosas antes y durante la Cuarta Guerra Mundial Shinobi. Sabían todo lo esencial que había que saber pero aun así mucha información era ocultada, sobre todo en Konoha. Ahora todo aquello se les revelaría una vez que viajaran al pasado y eso lo llenaba de expectación.
—Sí, papá—Naruto le dio un beso en su frente mientras sentía como el chakra de Sasuke empezaba a circular por el sello que acababa de crear en el suelo. Se acercó esta vez a su hijo mayor.
—Al ser el mayor probablemente sientas que es tu responsabilidad mantener a salvo a tus hermanos menores pero debes recordar que ellos también son ninjas y que les ha sido encargada una misión. Es un dolor muy grande para mi verlo de esta forma pero son ustedes nuestra única esperanza. Debes confiar en ellos en todo momento y no caigas ante la desesperación. Te conozco y se lo impulsivo que puedes llegar a ser. Quiero que en todo momento analices la situación y actúes en consecuencia de tu conclusión; confió en tu criterio.
Yūsuke asintió con entendimiento y una pequeña sonrisa se asomó en sus labios para luego darle un fuerte abrazo.
Sasuke una vez termino de dejar su chakra circular por el sello para mantenerlo activo se acercó a sus hijos y al primero en acercarse fue Kenji.
—Sé que tu papá ya te lo dijo pero quiero volverlo a decir; nunca dudes del amor que siento por él ni por ustedes. Mi pasado no es algo de lo que me enorgullezco y sabrás cosas que te hagan dudar de mí pero recuerda cada momento feliz que hemos vivido como familia y yo he sonreído con y para ustedes. Ese es el hombre que soy, ese es mi verdadero yo—el rostro de Sasuke no le dejaba ver a Kenji lo mucho que le afectaba el estarle diciendo todo eso. Pues grande era el temor de Sasuke al existir la posibilidad de que se decepcionaran de él, al conocer su oscuro pasado—. Tienes que tener en cuenta que nunca habrá nada más importante para mí que ustedes. Porque ustedes son mi mayor logro y mi sueño vuelto realidad.
El nudo que se formó en su garganta le prohibió decirle algo a su padre pues era la primera vez que tantas palabras salían de su boca y todas y cada una de ellas asegurando el amor que les tenia a ellos: su familia. Sin embargo no hiso falta decir nada ya que su padre lo envolvió en sus fuertes brazos y él pudo sentir el dolor de dejarlos ir.
Tus ojos muestran el dolor
Aun no sabes vivir
La vida sin temer
Naruto tenía envueltos en sus brazos a sus dos hijos más revoltosos. Aquellos que llenaban su vida de constantes risas y travesuras. Deshizo el abrazo para mirar a sus gemelos de cabello negro con reflejos rojos.
—Hikaru, Haruki. Sé que son solo genin y esto que les estamos pidiendo que hagan también a ustedes puede ser demasiado pero no dudo de su capacidad para llevarlo a cabo. Después de todo su padre y yo también éramos genin cuando tuvimos nuestra primera misión Rango B y es por eso que también quiero que obedezcan a sus hermanos mayores en todo lo que les digan, por experiencia sé que atender las ordenes de un ninja más experimentado hace la diferencia en una misión de alto Rango.
Los gemelos asintieron con firmeza.
—No te preocupes papá. No les fallaremos. Le demostraremos a los del pasado lo que los torbellinos gemelos de Konoha pueden hacer—exclamaron ambos alzando el puño al aire y una enorme sonrisa en sus rostros. Naruto sabía que sus gemelos confiaban en que su misión sería un éxito y volverían junto a ellos pronto, a pesar de saber muy poco de lo que se trataba. A veces le sorprendía el entusiasmo y optimismo que tenían y en muchas ocasiones Sasuke le dijo que lo habían heredado de él.
Esta vez fue el turno de tomar entre sus brazos a su único hijo pelirrojo.
—Issei, cielo. Tú fuiste un milagro para nosotros. En un momento de dolor y desesperanza, el que vinieras a la vida lo ilumino todo. Pues contra todo pronóstico al saber que tal vez no sobrevivirías nos demostraste, aun siendo un recién nacido y haber nacido tal débil y frágil, tus ganas de vivir aferrándote a la vida y demostrándonos cuan equivocados estábamos. Nos demostraste que tenías todavía una vida por delante y nosotros nos sentimos muy orgullosos de compartirla contigo. Así que no olvides que te amamos.
—Yo también los amo, papi—el pequeño pelirrojo abrazo a su papá y le dio un beso en la mejilla.
El momento de partir había llegado.
Sasuke verificaba el sello por última vez cuando sintió dos bracitos aferrarse a su pierna y la ternura alumbro en su negra mirada algo que solo su princesa era capaz de lograr con tanta facilidad. Miro hacia abajo y su mirada se topó con una casi idéntica a la suya, pues en los ojos de su pequeña se demostraba la herencia de su abuela materna al ser estos de un color negro-violeta. Cargo a la niña en sus brazos contemplando la inocencia en su mirada y el deseo de no dejarlos ir se hiso aún más fuerte pero él sabía que aquí, ellos ya no tenían ninguna oportunidad.
—Cuídate, princesa y cuida a tus hermanos. Eres una niña muy inteligente y sé que lograras mantener los pies sobre la tierra a tus hermanos mayores—le dio un suave beso en la frente a la pequeña que rio feliz, su risa de campanillas de viento vibro en el pecho de Sasuke.
Porque no miras a tu alrededor
Las flores y su olor
Amor en el corazón
Naruto se acero abrazándolos a ambos y suspiro. Permanecieron un momento así hasta que Sasuke le entrego a la niña que estiro los brazos hacia su madre para que la cargara. Una vez la tuvo la aferro a su pecho. Su pequeña apenas tenía tres años y ya estaba viviendo una guerra y eso no era gusto ni para ella ni para ninguno de sus hijos. Kami sabía lo que Sasuke y el habían hecho para lograr la paz entre todas las naciones y ahora este ser lo destruía todo. Años de firmar tratados para llevar la armonía y prosperidad a todas las naciones y aldeas solo para verlo destruido en un abrir y cerrar de ojos. ¿Acaso este era el fin y en realidad no había salvación?
No.
Todo estaría bien. Sus hijos lo lograrían. Si alguien podía hacer esto eran ellos. Tenía que tener la fe de que todo iría bien.
Miro a Sasuke y asintió.
—Mi pequeña Hotaru. No te separes de tus hermanos—la niña lo miro curiosa pues a su entender ella nunca estaba separa de ninguno de sus hermanos. Permaneciendo siempre con alguno de ellos, así que solo le brindo una sonrisa resplandeciente a su mami. Naruto la beso en la frente y se la entregó a Kenji.
Todos procedieron a colocarse dentro del sello que fue modificado por Sasuke para transpórtalos a todos al pasado. Pero antes de que Yūsuke pudiera entrar al círculo Sasuke lo tomo del brazo y lo jalo hacia el para abrazarlo, sorprendiendo a su hijo.
La tierra y el calor del sol
—Yūsuke, sé que mi actitud hacia a ti pudo haberse malinterpretado todo este tiempo pero es solo ahora que me atrevo a decirte porque fui tan duro contigo y tu entrenamiento. Tenía miedo…—susurro lo último.
§§§
—Llámalo. Ya es hora—pidió Sasuke.
Cuando estuvieron listos, Naruto cerró los ojos y en menos de un minuto un chakra rojo empezó a emerger del cuerpo del rubio Hokage saliendo por completo de él, tomando la forma de un zorro de nueve colas del tamaño de un perro.
Hasta ese momento los más jóvenes no se habían dado cuenta que Kurama, a pesar de la situación que estaban viviendo, no había abandonado el interior de Naruto en ningún momento pero aun así estuvo manteniendo todo ese tiempo la barrera en alto evitando el avance del enemigo… hasta ese momento.
Porque una vez que Kurama estuvo totalmente fuera una gran explosión se dejó escuchar y un temblor sacudió la torre. Era claro que el zorro ya había dejado de sostener la copula alrededor de Konoha.
—Mocosos—dijo el zorro en forma de saludo—. No hay tiempo, así que seré rápido. A partir de este momento tenemos los segundos contados. Sus padres y yo dejaremos fluir nuestro chakra en el sello a sus pies mientras que ustedes seis se posicionan dentro de él y tu Yūsuke, realizaras el movimiento de manos para activar el sello y los lleve hasta donde se encontrara su igual en otro tiempo. Han entendido.
Los hermanos no dijeron palabra alguna solo asintieron. Kurama no se despediría de ellos pues al zorro le costaba demostrar que cada uno de los que se encontraba en ese despacho le importaba.
Sin tiempo que perder los hermanos se colocaron dentro del sello; Yūsuke al frente con las manos listas para realizar los movimientos, Kenji detrás a su derecha con la pequeña Hotaru en sus brazos, los gemelos pelirrojos detrás a su izquierda con Issei entre ambos.
—Haruki, Hikaru. Obedezcan a sus hermanos y no hagan travesuras. Recuerden que esto es una misión y deben tomarlo con seriedad.
Los gemelos abrieron la boca con fingida indignación.
—Padre, nos ofendes. Somos los gemelos más serios del mundo—dijeron al mismo tiempo y con una sonrisa traviesa que hiso mover la cabeza a Sasuke en negación para luego lanzarle una mirada significativa a su rubio pero este lo ignoro.
Las flores y su olor
El pelinegro mayor se acercó hasta Issei poniéndose a su altura.
—Jamás te he dicho lo feliz y orgulloso que me hace el ser tu padre y sé que muy pocas veces lo demuestro. Pero tú eres uno de los motivos más grandes de mi felicidad y perdón hijo, si alguna vez te demostré lo contrario.
Issei evito derramar las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos negros y abrazo a su padre con todas las fuerzas de su pequeño cuerpo.
Sasuke devolvió el abrazo lamentando la situación en la que decidió hacerles saber a sus hijos cuan importantes eran para él. Se separó de Issei poniendo una mano en su rojo cabello revolviéndolo para luego hacer lo mismo en sus gemelos. Por ultimo le tendió una mochila negra a Hikaru.
Amor en el corazón
…
A la señal de su padre, una vez que Kurama coloco sus patas delanteras en el borde del sello junto a Naruto y Sasuke, y empezaron a dejar fluir su chakra a través de él, Yūsuke entendió que era el momento.
Las manos se movieron a una velocidad, casi, imperceptible para cualquiera pero no para los presentes en el lugar. Pues la habilidosa rapidez de Yūsuke al realizar movimientos de manos, Sasuke solo la podía comparar a la de su hermano Itachi.
Todo empezó a ocurrir muy rápido. El Jutsu empezó a rodearlos en un torbellino, en el cual los chakra se combinaban en una vorágine de colores; rojo, azul claro y azul eléctrico. Mientras el sonido del caos reinante a fuera de la torre llegaba hasta ellos. Los gritos de pánico, las explosiones y el sonido de las ráfagas de aire, que estas últimas creaban, parecían entonar los coros de una canción que precedía al acto final de una obra. Solo que esta obra se estaba convirtiendo en una masacre.
— ¡Escuchen!—grito Naruto por sobre el ruido—. Este sello los llevara gusto a la cima del Monumento de los Kages. Ahí fue donde coloque el sello hace dieciocho años. Una vez que lleguen hagan todo lo posible por ocultar su apariencia hasta que contacten con alguien conocido.
El torbellino empezó a desaparecer y con él, los hermanos.
—Cuídense.
Fue lo último que pudieron captar decir a sus padres y una mirada de Kurama de absoluta confianza en ellos y un poco de preocupación también.
Y todo se volvió negro.
§§§
De un momento a otro entraron en un vacío dimensional en donde sus cuerpos parecieron sufrir una distorsión para luego ser transportados de forma casi inmediata de nuevo a otro lugar.
§§§
Loa rayos del sol calaban en sus ojos cerrados como si estuviera al aire libre. Estuvo tentado en pedirle a su padre que volviera a cerrar las cortinas, seguro de que era el, pero se abstuvo de hacerlo sabiendo que solo recibiría la orden de ya levantarse para empezar el entrenamiento como todas las mañanas.
El trinar de varios pájaros se escuchó con demasiada cercanía extrañándolo y una brisa ligera acaricio su rostro. Y después fue consciente de que no se encontraba en su cómoda cama sino en algo duro y escabroso. Capto el olor del roció en combinación con los arboles después de una noche fresca. Definitivamente no estaba en su habitación.
Yuse.
¿Alguien lo llamaba?
Yuse.
Si. Definitivamente alguien lo llamaba.
Yuse.
Pero solo una persona pronunciaba así su nombre y no era su padre.
¡Yuse!
Y ahora estaba gritando para que despertara por completo pero tenía tanto sueño.
¡YUSE!
Se incorporó sobresaltado, respirando agitadamente y una marca roja en su mejilla con forma de una pequeña manita punzándole de dolor.
Por este tipo de cosas era que odiaba que la Sannin le haya enseñado a su hermanita a concentrar chakra en sus manos y usar la fuerza sobrehumana que hace poco demostró tener. Dolía como el demonio cuando le daba algún golpe aunque sea jugando y la pequeña traviesa lo sabía.
La niña capto su total atención cuando la vio, a un metro de distancia, sentada en el suelo sacando de la mochila negra, que había sido entregada a Hikaru, unos mantos negros, seguramente puestos ahí por su papá para que se cubrieran y nadie los vieran hasta que estuvieran seguros y con alguien de confianza para ellos.
Fue cuando se dio cuenta que se encontraban en la cima del Monumento de los Kages. Tal y como había dicho su papá.
Se puso de pie notando como el sello, que a sus pies se encontraba, empezaba a desaparecer o solo a ya no ser visible por no tener chakra circulando en él.
Viendo a su alrededor se dio cuenta que sus hermanos se encontraban tirados en el suelo sin daño aparente y parecían dormir profundamente, justo como él momentos antes.
Eso hasta que sintió varios chakra acercarse velozmente hacia ellos. Seguramente alertados por el torbellino de chakra en el que llegaron envueltos. No tuvo que hacer nada para alertar a sus hermanos pues estos ya estaban de pie colocándose, al igual que él, un manto negro que los cubrió de pies a cabeza.
Ni un minuto después ante ellos aparecieron un grupo de tres ANBU y cuatro chūnin. Sus posturas le dieron a saber a Yūsuke que estaban atentos a cualquier movimiento que hicieran.
Los ANBU y chūnin se abrieron paso entre ellos para dejar pasar a el que lideraba el grupo sin dejar de estar atentos a pesar que a los ANBU no se les viera el rostro.
Avanzando al frente empezó hablar:
—Bien. Esto no tiene que ir más lejos de lo que debe. Así que díganme quienes son y que han venido hacer a Konoha—pidió con tono aburrido en su voz y terminando de guardar en su porta churiken ese libro naranja que ya muchas veces antes habian visto en sus manos.
Kakashi Hatake estaba frente a ellos.
§§§
Legos de ahí. En algún lugar del País del Fuego.
En el momento en que el torbellino de chakra producido por el Jutsu apareció en Konoha, al mismo tiempo en el interior de la mente de Naruto, Kurama abrió los ojos percatándose de lo sucedido.
Reconociendo su propio chakra el Kyūbi gruño.
Muchos eventos serian cambiados y muchos otros seguirían su curso normal.
Bien, pues ahí quedo el segundo capítulo ¿o el primero? Como sea. Espero que les haya gustado y dejen un review para hacérmelo saber o si desean dejarme una crítica constructiva, estas se aceptan con mucho gusto.
Estaré trabajando a la brevedad en el siguiente. También esperen un extra con una escena SasuNaru eliminada de este capítulo.
Gracias a jennitanime por dejar su comentario y los que siguen esta historia.
Hasta pronto.
