Capítulo 4.
Ellie se levantó pronto esa mañana. Abrió las cortinas de su habitación, para luego estirarse mirando por la ventana. Aun estaba amaneciendo. Al contrario que la mayoría de las chicas, Ellie tenía una habitación para ella sola. Los dos años anteriores había compartido una con Ada, pero cuando su amiga se fue de la academia su padre quiso que tuviera un lugar mejor para ella, sin que nadie la molestara. Su habitación estaba en el último piso de la residencia de las chicas Obelisk, y era un cuarto espacioso y bastante iluminado por la luz que dejaba pasar el ventanal. También tenía un baño privado, bastante grande y provisto de comodidades.
Fue a darse una ducha rápida, no quería llegar tarde a la primera clase del Profesor Viper. Ese hombre le imponía bastante respeto, y sabía perfectamente que iba a hacer que lucharan en duelos sí o sí. Tendría que esforzarse mucho más cuando Jaden la ayudara, o le iría mal ese año.
Salió de la ducha, y se vistió con su camiseta morada de tirantes corta por la espalda y sus pantalones blancos, para después colocar sus cartas en la funda detrás del pantalón. Luego se colocó su Disk duel en el brazo izquierdo, y salió de la habitación.
No se había levantado mucha gente, lo que en realidad la alivió. Le apetecía caminar sola para poder pensar. Hasta que llegó al jardín donde se separaba la residencia de los chicos con la de las chicas. Justo ahí, apoyado en una roca que simbolizaba a Obelisk Blue, uno de los tres grandes monstruos de duelo que le daba nombre a la residencia azul, había un chico. Y no un chico cualquiera.
Se sorprendió en cuanto lo reconoció, así que para evitarse una situación incómoda intentó caminar rápido, y hacer como si no lo hubiera visto. Pero el chico de ojos verdes no la iba a dejar ir tan rápido. Jesse Andersen se separó de la roca, y se acercó a ella.
- Así que la hija del famoso Pegasus también viene a la academia. No esperaba menos, la verdad.
- Hola... -Susurró Ellie sin mirarlo a los ojos, algo avergonzada-. Es un placer conocerte, Jesse. Mi padre me ha hablado de ti alguna vez.
- Sí, yo quería conocerte desde hace tiempo -Dijo el chico sin pensarlo mucho, aunque luego se vio algo apurado-. Bueno, Pegasus solía hablarme mucho de ti cuando me encontraba con él.
- Eso se le da bien -Respondió la chica sin más.
La situación comenzaba a ser algo incómoda. Por lo general Jesse no acostumbraba a tener problemas con eso, era un chico bastante social. Sacaba temas de conversación de donde no los había. Pero en ese momento se sentía algo nervioso, Ellie pudo notarlo al ver que se revolvía el pelo con la mano a menudo.
- ¿Sueles tener muchos duelos? -Preguntó al fin, al fijarse en su disk duel.
- la verdad es que no -Dijo Ellie, sonriendo débilmente-. No soy muy buena.
- Una pena... Siempre había sentido curiosidad, quería jugar contra ti. Tienes unas cartas excepcionales.
Su deck, Luna Roja, era bastante conocido en el mundo de los duelos. Era uno de las pocas barajas de las que no existía más de una copia, sólo ella poseía esas cartas. Obviamente, Pegasus quería exclusividad para su hija, y su baraja tenía un gran valor sentimental.
- Gracias. Mi padre las hizo para mí hace unos años, pero en realidad no les doy mucho uso. Todo el mundo quiere enfrentarse a mí, y siempre... Bueno, no tiene importancia -No le resultaba muy cómodo hablar de esas cosas, y menos aun con un desconocido-. Tus monstruos también son increíbles. Debes de estar muy orgulloso de ellos.
- Desde luego, tengo mucha suerte. Son muy especiales para mí, me gusta mucho pelear con ellos.
- Tú... puedes ver espíritus, cómo Jaden -Susurró la chica de repente. Al principio era una afirmación, pero luego supo que estaba sonando muy brusca, así que decidió arreglarlo-. ¿Verdad?
Por suerte, pudo ver que Jesse no se había molestado, más bien todo lo contrario. Su sonrisa se ensanchó un poco más, y le pareció realmente bonita. La verdad es que era un chico muy guapo, y tenía unos ojos preciosos... Por no hablar de su voz. Pero dejó de pensar en eso de inmediato, intentando no enrojecer.
- Sí, puedo verlos desde que nací. Es algo muy especial, ¿no crees?
- Me imagino que sí, yo nunca he visto ninguno -Dijo riendo, aunque algo extrañada-. Aunque supongo que si llegara a ver alguno como... no se, la calavera invocada, me moriría del susto.
Jesse también se rió, pero luego se quedó pensando extrañado. Ella no había visto ningún espíritu... Creía que ella también podía verlos, no le encajaba. Pero creyó que era mejor no sacar el tema. No quería incomodarla.
- Esto... ¿Por qué no caminamos? Si no me equivoco vamos los dos a la clase del profesor Viper.
- Claro -Sonrió Ellie, comenzando a sentirse algo avergonzada. Normalmente no era tan tímida, era extraño.
Anduvieron juntos con calma, haciendo tiempo y hablando de varias cosas sin mucha relevancia.
- Háblame de tus monstruos ¿Cómo son? ¿Hace mucho que los tienes? -Preguntó Jesse.
- Bueno, creo que no hay mucho que decir... Casi todos tienen que ver con la luna. Los tengo desde... creo que mi padre me los regaló cuando cumplí siete años -Susurró extrañada, bajando la mirada intentando acordarse. Pero realmente... no recordaba el día que su padre le había dado las cartas. Qué raro.
- Sí que hace tiempo... Les tendrás mucho cariño.
- Sí -Dijo mientras se reponía, intentando sonreír-. No debería decir esto, porque la verdad... no he jugado con ellos lo suficiente.
Jesse la miró de reojo, sintiéndose mal por ella. Tal vez no era buena idea decírselo, pero el verla así le conmovía demasiado. Se la tenía que jugar.
- Jaden me ha dicho... que tienes problemas para jugar.
Ellie se sorprendió un poco por esas palabras, y alzó la cabeza para mirarlo a los ojos, aun sabiendo que iba a enrojecer.
- ¿Habéis hablado de mí? -Preguntó en voz baja.
El chico la vio ahí, más bajita que él, mirándolo con los ojos brillantes, sonrojada y con expresión de desconcierto. ¿Qué podría decirle entonces? Si se le ocurría decir algo, seguro que tartamudearía. Ladeó la cabeza rápido y siguió caminando, sintiendo cómo se le subían los colores.
La chica comenzó a extrañarse por su actitud, y volvió a caminar hasta llegar a su lado. Jesse se revolvió el pelo, nervioso._
- Yo... Bueno, es que me estuvo hablando de todos sus amigos en general, y sólo me comentó algunas cosas de ti... Y me dijo que te estaba ayudando...
- ¿Te lo ha contado todo?
Jesse vio que ella intentaba sonar tranquila, por lo que se calmó. Veía que era una chica comprensiva.
- Sólo me ha dicho que tenías alguna dificultad a la hora de luchar. Que te dan miedo los duelos, y lo que pueda pasar. Realmente se preocupa por ti, piensa mucho en ayudarte.
- Ya veo...
- Lo siento, lo siento, no debería meterme en tus asuntos...
- No pasa nada -Ellie lo miró, y le mostró el principio de una sonrisa-. Seguro que si Jaden te lo ha dicho es porque eres de fiar.
Jesse se tranquilizó, y le sonrió sinceramente. Se dio cuenta de que ya habían llegado a la puerta de la clase, así que tenía que decidirse ya. Sentía algunas dudas, pero ya había dado el primer paso. Cuando vio que Ellie se disponía a entrar en la clase los nervios le jugaron una mala pasada.
- ¿Quieres salir conmigo? -Preguntó en voz alta, haciendo que tanto la chica como algunos compañeros se giraran a mirarlo.
- ¿Qué...? -Susurró Ellie con la voz entrecortada, enrojeciendo cómo nunca en toda su vida, y llevándose la mano al corazón, comenzando a temblar de lo más nerviosa.
El chico se dio cuenta de lo que acababa de decir, y de pronto deseó que la tierra se lo tragase. Sentía que la cara le ardía, y más aun al sentir las miradas de sus compañeros de clase -a los que por cierto, ni siquiera se había presentado y que ahora lo recordarían por ser el que se declaró a una chica a gritos el primer día de clase- se sintió aun más avergonzado. Debía arreglarlo enseguida, o ella pensaría que estaba loco.
- Bueno, yo, esto... -Piensa piensa piensa, puedes enmendarlo-. ¡La isla! Quería pedirte que me enseñaras la isla, de momento sólo he visto los dormitorios de Slifer, y...
Ellie seguía mirándolo desconcertada, pero por un momento aparentemente comenzó a tranquilizarse. Vale, lo de la isla estaba funcionando. Tenía que hacer que se olvidara de esa estúpida frase.
- Y... además me gustaría echarte una mano con tu problema. En fin, si no te importa. Creo que estando en una academia de duelos no deberías tener miedo a los duelos... y bueno, me gustaría... hacer algún amigo aquí.
¿Se lo creería?
La chica de pelo plateado lo observó, y comenzó a sonreír, sólo así podría calmarse de aquel asalto. Vale, no le había pedido una cita nada más conocerla. Sólo quería ser su amigo. Y quería ayudarla. Que chico tan extraño. Pero la verdad, era muy simpático y amable. Le caía bien, aun si tenía esas salidas que le recordaban a Jaden si se paraba a pensarlo.
- ¿Te gustaría...? -Preguntó Jesse, haciendo que dejara de pensar para sus adentros.
- Ah... Sí, claro -Respondió ella, sonriendo con tranquilidad-. ¿Después de clase?
- ¡Genial! Bueno, entonces te esperaré, después de clase.
- Vale -Rió la chica. Era muy divertido.
El profesor Viper llegaba tarde, y Ellie aprovechó que había unas chicas reunidas hablando para acercarse, y así alejarse un poco de Jesse. Aun estaba sobresaltada y no quería seguir poniéndose nerviosa, más aun si luego se iban a volver a ver. Alexis se sentó a su lado, sin levantar la mirada de su libreta.
- Se comenta que has llamado la atención de ese chico, Andersen. Vieron como llegabais juntos a clase, y no dejan de decir que él te pidió salir. Felicidades, ¿para cuándo la boda?
- Qué graciosa. No me ha pedido salir, sólo quiere ver la isla. Quiere que seamos amigos.
- Pues para querer ser tu amigo no te quita el ojo de encima -Ellie enrojeció e intentó esconder la cara-. Es broma. Pero todo el mundo dice que hacéis buena pareja.
- Por favor, cállate.
- Claro, de todos modos ya viene el profesor.
El profesor Viper entró en clase con aire triunfal, mientras unos hombres llevaban un cargamento de cajas, que dejaron a un lado.
- Bien, estudiantes. Quiero que os acerquéis, y que os agrupéis para escuchar lo que os tengo que anunciar.
Todos se extrañaron, pero obedecieron y bajaron hasta donde estaba el profesor. Este abrió una de las cajas y sacó un pequeño artilugio, que luego alzó para que todos lo vieran. Jaden y Jesse se miraron el uno al otro. Era la pulsera que Viper les había dado el día anterior, antes del duelo.
- Esto -Dijo el profesor- es mi gran invento, las biobandas. A partir de este momento, todos tendréis que llevar una en todo momento.
- ¿Pero que es lo que hacen estas cosas? -Preguntó Jaden.
- No tengo ni idea... -Dijo Jesse, extrañado.
- Durante las próximas semanas, todos pasaréis por una serie de duelos de supervivencia. En estos duelos no importarán los grados, vuestro nivel de estudio ni la residencia a la que pertenezcáis. Las biobandas son unos modernos aparatos que transmiten información, especialmente la información de vuestros duelos. Mide vuestra energía, vuestra precisión y vuestra pasión por los duelos. Al final, se calificarán estos datos. Espero que lo hagáis bien, se supone que sois lo mejor de lo mejor de las academias, la élite. No quiero fallos. El que pierda más de un duelo, y demuestre que no tiene lo que hay que tener para ser un duelista, será suspendido, puede que incluso sea expulsado.
- ¿Qué? -Gritaron todos.
Hubo algunos que se emocionaron, ya que se creían lo suficientemente buenos como para ganar. Pero otros... se preocuparon. Ellie se llevó la mano al corazón, notando como se ponía nerviosa, mientras empezaba a respirar con fuerza. Luego levantó la mirada, y se encontró de frente con Chazz.
El chico también estaba preocupado, pero no por él mismo, sino por ella. Sabía que tendría que jugar sí o sí, que esta vez no se salvaría. Podrían incluso expulsarla de la academia. ¿Qué iba a hacer?
Uno por uno, todos se presentaron ante el profeso para recoger la biobanda. Antes de ponérsela, casi todos se quedaban observándola fijamente, como si no se fiaran. Ellie se dirigió al profesor, que le entregó una de las pulseras mientras la observaba con interés. Se alejó de él, mirando la biobanda con intranquilidad, hasta que notó como la abrazaban por los hombros.
- Tranquila, Ellie -Dijo Jaden, sonriendo-. Yo te ayudaré, no dejaré que te pase nada.
La chica lo miró agradecida, y le sonrió cariñosamente, aunque aun se sentía algo angustiada. Al menos podía contar con él y con Chazz. Bueno, y tal vez ahora también con Jesse.
Podía hacerlo. Ya estaba harta de ser la única en no disfrutar en los duelos. Quería poder pasarlo bien, como los demás. Se iba a esforzar para no irse de la academia, ni del lado de sus amigos
[...]
- ¿Como conociste a Jaden? -Preguntó Jesse.
La clase había terminado, y los dos caminaban por los alrededores de la academia, mientras Ellie le enseñaba los lugares que formaban parte de la isla.
- Le conocí en mi primer año. Debo reconocer que me asustó un poco, ya que cuando lo vi por primera vez estaba en medio de un duelo con Chazz, y no dejaba de emocionarse.
- ¿Chazz es ese chico de pelo negro con cara de mal humor permanente?
- Ni yo misma lo hubiera descrito mejor. Si, parece que siempre está de mal humor, pero en el fondo es muy buen chico. Él también me ayuda mucho.
Hizo una pausa, mirando el paisaje comenzando a suspirar. Jesse también se detuvo, observándola con atención. No era difícil saber lo que le pasaba.
- Te preocupan los duelos de supervivencia, ¿verdad?
- ¿A ti no? Yo estoy aterrada. Nunca he suspendido, pero creo que eso no será nada comparado si también está en juego el poder seguir en la academia. Estos dos años... he podido estar aquí gracias a que me aplico mucho en el estudio, y eso compensa la parte práctica. Pero esta vez... sé que no me puedo librar. Voy a tener que enfrentarme a alguien, me guste o no. Y por si fuera poco, también van a saber lo que sentimos en los duelos gracias a estas malditas pulseras. Digamos que mi tercer año en la academia no ha empezado demasiado bien.
- Ya... Te comprendo.
- No creo... En ese aspecto eres como Jaden. No te conozco mucho, pero se nota. Y además, eres muy bueno en los duelos. Es obvio que tú no tendrás ningún problema. Pero yo, Syrus y algunos más... lo vamos a pasar mal con esto. No tenemos escapatoria.
Jesse supo que la chica se estaba desesperando, porque sino no diría tantas cosas personales de golpe a una persona que acababa de conocer. Tal vez no se estuviera dando cuenta de lo que decía. Aun así, se sentía un poco mal por ella. Tenía razón, él seguramente no tendría muchos problemas en los duelos, aunque también le asustaban un poco esos duelos de supervivencia. Lo que hacía el profesor Viper no le parecía muy razonable, por mucho que dijeran que era uno de los mejores profesores del mundo. No estaba bien atemorizar así a los estudiantes para que dieran todo su potencial.
Se le ocurrió intentar algo para animarla.
- Oye, en un mapa improvisado que me dibujó Jaden aparecía una cascada. Dijo que es muy tranquila cuando no hay gente en medio de un duelo. ¿Me llevarías a verla?
Ellie se sorprendió, pero sonrió muy a su pesar.
[]
- ¿Aster?
Ada caminaba por la habitación buscando a su hermano, ya que se iban a ir dentro de un rato y tenían que terminar de prepararlo todo.
En cuanto lo vio se quedó quieta, poniendo cara de circunstancia.
- ¿Se puede saber qué haces?
- ¿Eh? -El chico se sorprendió, separándose un poco de la ventana.
Llevaba unos prismáticos en la mano. De nuevo, la chica rubia puso cara de circunstancia mientras se acercaba a su hermano.
- ¿Debería preguntar?
- Ada, Ellie está con un chico. Y no con un chico cualquiera... Está con Jesse Andersen.
- ¿Qué dices? ¿La estás espiando?
- ¡Claro que no! Solo... controlo un poco lo que hace. Su padre me lo ha pedido.
- Venga ya... As, no vas a conseguir que te quiera si te sigues comportando así. Ya sabes que aun sigue enfadada, y espiarla, por mucho que su padre quiera controlarla, no te ayudará a que deje de hacerte el vacío. Y además, ¿a ti que te importa que esté con Jesse Andersen? No hay nada entre ellos, se acaban de conocer.
- Ellie le acaba de conocer. Jesse ya la conocía.
- Me da igual -Dijo la chica, mientras le quitaba los prismáticos de la mano, a lo que el chico fue a protestar, pero ella no le dio tiempo-. Me tienes harta. Si quieres arreglar las cosas, pórtate como un chico normal y habla con ella, no la espíes. Los tres siempre hemos sido muy amigos, y no pienso permitir que por tu culpa todo se vaya al traste. Ellie me ha dicho que pensaría el hablar contigo, así que deja de comportarte como un psicópata.
- Adi, ya se que hice mal al aliarme con Sartorius...
- Eso tuvo mucho que ver, pero no fue solo por eso, y lo sabes. Conoces lo que le pasa con los duelos, que por lo que hizo Pegasus ni siquiera puede sacar un monstruo en el campo, y tú no hacías más que pensar en jugar, incluso la obligabas a luchar contigo. Me parece bastante normal que ahora no quiera que te acerques mucho.
El chico suspiró, mientras se sentaba en la cama. Ada sonrió con algo de tristeza, y se subió también a la cama para abrazarlo por la espalda, apoyando el mentón en su hombro junto a su mejilla.
- As. Deberías aceptar que no hay nada entre vosotros. Una vez lo hubo, hace mucho tiempo. Ella quiere pasar página, y tú también tienes que hacerlo. Sabes que por mucho que Pegasus quiera que estéis juntos... ella no va a ceder. Pero siempre podréis volver a ser amigos.
- Ya, ya lo sé. Pero ese chico...
- Si ella está interesada en otro chico, es porque realmente merece la pena. Pero por ahora no hay nada entre ellos. Y aunque lo hubiera, a ti no debe importarte. De momento, lo mejor que podemos hacer es concentrarnos en la liga profesional.
- Está bien...
- ¿Me prometes que dejarás de espiarla?
- Eh... sí, vale. Te lo prometo.
- Bien. Por el momento me llevo los prismáticos. Venga, ponte a hacer la maleta.
- Vale...
Ada sonrió, mientras negaba con la cabeza. Lo que había que hacer por las amigas... Pero al menos, había conseguido librar a Ellie de su hermano por un tiempo.
Así que en verdad se interesaba por Andersen...
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- Este sitio es muy bonito -Comentó Jesse, sonriendo maravillado al contemplar la increíble cascada, y todo el bosque que los rodeaba.
- Sí... Es mi lugar favorito de la isla.
Jesse sonrió a la chica, aunque ella no lo vio. Estaba sentada y apoyando el pecho en una roca, jugando distraídamente a hacer ondas en el agua con la mano. Sabía que sería una buena idea ir allí. Estaba sentado cerca de ella, pero en lugar de hablarle se limitó a observando atentamente su pequeño juego, parecía que así se relajaba. Con toda la tensión que estaba sufriendo hacía un rato le vendría bien.
Sería mejor que nadie supiera que le encantaba mirarla. Y menos aun que llevaba dos años deseando mirarla de cerca.
Sin darse cuenta, se acercó un poco más, y comenzó a hacer lo mismo que ella. Ellie sonrió algo cortada cuando vio su mano y la del chico moviéndose en el agua lentamente, como si siguieran un camino invisible. Era algo extraño para dos desconocidos, pero ninguno se detuvo.
- Oye, se que puede ser algo precipitado, pero... -Decidió decir el chico al cabo de un rato-. ¿Me enseñarías tus cartas?
- ¿Mis cartas?
- ¿Puedo? Si no quieres, no pasa nada...
- No, claro... -Dijo mientras se sacaba las cartas de la funda-. Toma.
Jesse cogió las cartas y las observó detenidamente una por una, mientras se asombraba. Ciertamente, casi todas tenían que ver con la luna, como dado el nombre de la baraja. Pero eran realmente monstruos muy fuertes y útiles. Además, se notaba que Pegasus había puesto todo su cariño en ellas, las ilustraciones y los monstruos eran muy hermosos. Sólo pertenecían a Ellie, eran unas cartas únicas en el mundo. Tenía que volver a aprender a utilizarlas.
- Son increíbles... -Susurró el chico de pelo azul, casi sin darse cuenta de lo asombrado que sonaba.
- ¿Tú crees?
- Claro que sí. Es realmente fácil ganar con estos monstruos si los utilizas bien. ¿Cuál es tu favorito? Bueno, si es que tienes uno.
Ellie enrojeció, pero asintió mientras cogía su carta favorita, acariciándola con suavidad antes de dejársela al chico.
- Es él -Susurró débilmente.
Jesse tomó la carta, y al momento procuró que no se viera su sorpresa. El monstruo tenía la figura de un hombre muy joven, vestido con una armadura y una capa dorada. Su pelo era largo, y de color plateado. Sus ojos eran rojos. Esa carta era una auténtica joya.
- De manera que este es el Príncipe de la Luna Roja... Seguro que ya sabes que hay gente que incluso mataría por poder utilizarlo aunque fueran sólo cinco minutos.
- Sí. Siempre ha sido la carta más especial de todo mi deck. Aunque yo no pueda ver espíritus... creo que siempre he sentido algo así como una conexión con él. ¿Es una locura?
- Desde luego que no, todo lo contrario. Es bueno que te sientas unida a tus monstruos, aunque no puedas verlos. Eso también ayuda en el momento de perder el miedo.
Ellie sonrió, pero no dijo nada mientras bajaba la cabeza y acariciaba la carta. El chico la observaba, sabiendo que se sentía mal por no poder jugar con el príncipe, ni con los otros seres fantásticos de su deck.
- ¿Por qué tienes ese problema con los duelos?
- Tú sabes lo que hizo mi padre hace unos años, ¿verdad? Todo lo que montó con el abuelo del Rey de los Duelos en esa isla -Jesse asintió, y ella suspiró, preparándose para contarlo-. Hizo cosas muy malas. Encerró a gente inocente, provocó mucho sufrimiento... Y yo lo vi todo. ¿Sabes? Yo antes podía jugar perfectamente en los duelos. Antes de cumplir los diez años estaba en camino de convertirme en una gran duelista, o eso es lo que él me cuenta. Pero después de eso... fui incapaz de jugar bien. Tenía miedo a mis propios monstruos, en los duelos era incapaz de invocarlos. Ni siquiera recuerdo la última vez que tuve un duelo de verdad. Por eso le pedí ayuda a Jaden... Quiero volver a jugar. Estoy cansada de ser tan débil. Pero también quiero jugar por mí misma, sin que me altere lo que los demás piensen de mí.
- ¿Lo que piensen de ti? -Preguntó el chico, contrariado.
- Todo el mundo piensa que por ser hija del gran Maximillion Pegasus ya estoy destinada a ser una de las mejores duelistas del mundo. Estoy cansada de que todo el mundo piense que tengo talento solo por eso. Pero a la vez... sé que también temen que me convierta en la mala persona que fue mi padre. Creen que no me conviene tener demasiado poder.
Jesse escuchaba con atención lo que la chica le contaba, y no dejaba de sorprenderse. Vale, en algún momento él también había pensado que ella sería una duelista increíble, siendo hija del creador del juego y teniendo unas cartas tan increíbles... Debía haber tenido las mejores oportunidades en todo el mundo para jugar mejor que nadie. Pero veía que ella no era así, era más compleja que un estereotipo.
- Yo creo que eso no te haría ningún mal. No eres tu padre.
- Claro que no. Sé que en parte estoy aquí solo por la reputación de mi padre. Esperan lo mejor de mí, pero también quieren mantenerme controlada, para que no haga nada fuera de lo normal. Por eso cada vez que intento luchar en algún duelo lo hago a escondidas con Jaden.
- No deberías hacer eso. Quiero decir... está bien que te acostumbres a jugar con alguien de confianza, pero... no veo por qué tienes que esconderte. La gente no tiene por qué pensar que eres como era Pegasus antes. Si te vieran jugar, a lo mejor dejarían de pensar que puedes volverte una amenaza.
- No, no puedo. En los duelos, cada vez que intento hacer algo no consigo pensar en otra cosa que no sean los demás observándome. Es como si me señalaran pensando sólo en mi apellido.
- Pues piensa en tus amigos y en tus monstruos, y entonces solo jugarás por ti y por ellos. Eso es lo que tienes que hacer. No te preocupes por lo que piensen los demás. El Príncipe de la Luna Roja y tus otros monstruos son tu familia, así que piensa solo en lo que es bueno para ti y tu familia.
- Mi familia... -Susurró Ellie, bajando la cabeza con algo de tristeza, acariciando sus cartas.
- Era cierto que antes Jesse había dicho lo mismo de sus bestias de cristal mientras estaba peleando contra Jaden. Le daba un poco de envidia, ella también quería ser así. ¿Podría ser algún día como los demás? ¿Podría disfrutar con los duelos, viendo a sus monstruos junto a ella y sin sentir miedo a nada?
- ¿Me ayudarás...? -Se atrevió a preguntar, aunque enrojeciendo un poco. Aun con todo no se conocían, no sabía si estaba bien pedírselo.
Pero estaba equivocada. Jesse sonrió cerrando los ojos y poniendo la mano en el brazo de la chica.
- Por supuesto que te ayudaré. Ahora somos amigos, ¿no?
Ellie sonrió enrojeciendo un poco. Era un chico tan increíble que la dejaba sin respiración. Estaba siendo todo un poco raro desde el principio, pero le gustaba. Volvió a mirar el agua distraída, pensando en sus cosas.
No se dio cuenta de que Jesse miraba algo atentamente por encima de su hombro.
Continuará
