El reto surge con ésta premisa:

Características: Yamato y Mimi son amigos con derecho, no quieren mucho más por el momento, se llevan bien, la pasan bien, pero cada uno está muy metido en sus propias cosas y no tienen tiempo para otro. Pero... ¿qué pasaría si por un pequeñito error Mimi queda embarazada?


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Capítulo 2:

«El cuándo: Hace seis meses»

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Yamato seguía observando por la ventanilla de su lado cómo toda Nueva York se erigía sobre él, con toda su fascinación innata que la convertía en una de las ciudades más llamativas del mundo. Había visto fotos y videos, checado páginas y leído referencias a cerca de la ciudad que, a partir de ése día, sería su hogar temporal en lo que implicaban esos dos años.

«Bastante tiempo…» Pensó.

Bajó la vista a su pasaporte aún en mano y corroboró su fotografía junto al sello de su ingreso aprobado en tierra americana. Había demasiadas cosas en su interior que no lograba organizar. Se sentía ansioso y ciertamente, confundido.

―De verdad no has cambiado nada de la última vez que te vi, Matthew ―Escuchó por delante suyo hablar a su primo de procedencia americana, conduciendo un modesto Volkswagen del 85' con destino a su departamento―. Pese a que te vi de adolescente, el mediar palabra continúa siendo difícil para ti, ¿no?

―Y tú no puedes estarte callado por más de diez minutos, Michael ―Comentó Yamato con una muy buena pronunciación en inglés.

Michael Borton, risueño rubio de hebras onduladas y mirada cual verde mar, echó una risa divertida por su comentario. La gracia del americano llamaba la atención del nipón y, es que pocas cosas lo ponían de malas; por supuesto, la reticencia de su recién llegado primo tampoco lo haría.

―Wallie suele decir que diez minutos ya es demasiado para mí ―Y otra armoniosa risa salió de él.

―¿Wallie? ―Inquirió el asiático, recibiendo una mirada desde el retrovisor.

―Mi novio, Wallace... Cariñosamente apodado "Wallie". Es un encanto, ya lo conocerás. Está a cargo de la cocina ésta noche para tu recibimiento ―Yamato esbozó una sonrisa tras oírlo. Poco y nada sabía sobre su primo lejano, obviamente, su orientación sexual tampoco pasaba por su interés―. ¡Oh y también conocerás a mi mejor amiga!

―Hablas de una mujer, ¿no?

―Hey, no te pases de listo ―Dijo Michael fingiendo enfado, mas lo miró por el retrovisor y sonrió―, pero sí, es una mujer y créeme que no tiene mucha paciencia con los reservados. Ella será una excelente ayuda para que puedas ambientarte a la ciudad.

―¿Tú no puedes? ―Preguntó Yamato intentando no sonar desesperado, obviamente no teniendo un buen resultado.

Michael le sonrió desde el espejo, disfrutando de ver algo de debilidad en el impasible tono de su pariente. Yamato se sonrojó y apartó la mirada hacia la ventana.

―No sufras. Te aseguro que ella es una excelente compañía ―Continuó conduciendo con la vista al frente―. Eso sí, Matthew, te recomendaría que te relaciones con Mimi en pleno ámbito… Profesional, ¿de acuerdo?

Yamato dejó de observar el exterior para dirigir sus ojos a su primo con curiosidad.

―¿En qué otro plano podría relacionarme con una desconocida? ―Michael echó a reír con gracia, extrañando aún más a su primo.

―Mantén ese espíritu y estarás bien. Nada de bebidas con Meems.

Sin otra cosa más por acotar, Michael subió al volumen de la estéreo de su auto, sonando con fuerza Like a Virgin. Yamato sólo pudo sonreír a su primo y volcar su mirada de regreso a la ciudad.

Tantas cosas estaban cambiando y eso lo hacía sentirse tan confundido. Veía el exterior y aunque el ajetreo urbano era semejante al de Tokyo, sabía que las cosas eran distintas a lo que acostumbraba.

Había deseado ganar esa beca desde que comenzó a estudiar en la facultad de ingeniería de Tokyo y cuando lo consiguió, pareciese que la pesadumbre en el pecho era parte de la denominada «satisfacción» que esperaba sentir.

No engañaba a nadie. Él no estaba acostumbrado a los grandes cambios; mejor dicho, él no quería acostumbrarse a ellos.

Echó suspiro y dejó que su primo siguiera conduciendo, coreando a Madonna de los 80'.


Wham! en la estéreo de la cocina mientras todo hacía su acostumbrado ruido. Ella solía moverse con gracia entre cacerolas y cucharones, probando el sabor de uno y revolviendo de nuevo. Sus pies no se quedaban quietos mientras danzaba en su pequeño reino culinario. Y es que la cocina era, sin lugar a dudas, el ambiente preferido de Mimi Tachikawa.

A penas y oía el caos de sus compañeros moviéndose a diestra y siniestra, entregando platos tras platos. Ella prefería su ritmo y moverse a su manera. No esperaba a nadie y ellos lo sabían, de ahí que las quejas sobre el Meems' Style quedaba reducido a cero cuando probaban la eficiencia de sus manos.

Era una de las mejores chefs que toda la ciudad contaba y ella no necesitaba levantar un dedo para que la atención fuese puesta en su figura.

―¿Lista la orden 75, Meems? ―Preguntó el jefe de mozos entrando a la cocina.

―75, 77 y el 89, cariño ―Respondió la castaña que llevaba su bonito gorro blanco cubriendo sus hebras pulcramente.

La dama le señaló los platillos aguardando por ser llevados a sus respectivos dueños. El hombre sonrió y llamó a sus muchachos para que vayan distribuyendo los pedidos dependiendo la orden. Miró el interior de la cocina y los demás cocineros se mantenían en su sitio, moviendo pailas y dejando que el fuego se levantara casualmente.

Mimi en cambio, bailaba a su ritmo, abriéndose paso entre los demás cual torrente de agua, fresca y con la fiereza de su encanto le permitía.

―Al parecer, no tienes prisa hoy ―Dijo Eaton, el hombre encargado de los mozos, a lo que ella lo miró sonriente.

―Hoy llega el primo de Mikey ―Continuó con lo suyo.

―¿Y acaso no deberías irte ya?

―Wallace pidió permiso para encargarse de la cena del nuevo ―Mimi lo miró con una sonrisa juguetona―. Mickey me pidió dar una buena impresión hoy y cuando me condicionan, pierdo interés.

El hombre echó a reír con ganas y negó con la cabeza.

―Puede que Michael sólo esté siendo precavido. Conociéndote, Mimi ―La aludida le sacó la lengua y le hizo un gesto con la mano para que se marchara a continuar con sus cosas.

Diga lo que diga, ella estaba emocionada con conocer a un pariente lejano de su mejor amigo, sin mencionar que se trataba de alguien proveniente de la tierra de la que ella se marchó hace bastante tiempo.

«Yamato Ishida-kun…» Sonrió para sí misma.

Había muchas esperanzas puestas en el joven japonés que estaba llegando, además de que se trataba de un conocido indirecto y no, no lo decía porque ya lo había stalkeado previamente.

O al menos, no lo decía por eso solamente.

Sacarle información a Michael Borton era tan difícil como intentar llegar sana y salva al inodoro tras una noche de terapia en un bar neoyorkino… Para su suerte, tenía al flojo de Wallace como pareja de su mejor amigo y empleado del local en donde ella dirigía.

Con un buen incentivo y la presión necesaria, Mimi obtuvo información que Michael no se dignaba a dársela. El por qué, también era una justificación que no le costó descifrar.

―Él odia que te involucres con su círculo amistoso ―Confesó Wallace en una oportunidad que Mimi lo hizo beber hasta el cansancio para sacarle información.

La castaña rodó los ojos. Estaba harta de aquella respuesta.

―Ni que me halla involucrado con todos sus amigos, por favor.

―¿Qué sucedió con Chad? ―Empezó Wall y Mimi iba a responder, mas el coloradino continuó―. O, ¿Jessy? ¡Ah, y recuerdas a Brandon?

Mimi hizo recuento de que, muy a su pesar, Wallace tenía razón en que algunas (muchas) de las amistades de Michael siempre terminaban en su cama. ¿Debía preocuparse por eso?

―Pero ni siquiera tengo interés en su primo. Es ridículo si aún no lo conozco ―Ante su negativa, Wallace le señaló con el dedo la pantalla del navegador para mostrarle el perfil del que, en ese entonces, aún programaba una futura estadía en Nueva York.

Las amistades que tenía en común con Yamato Ishida sorprendió a Mimi y es que muchos amigos de su infancia como Taichi y Hikari Yagami, Sora Takenouchi, Jou Kido y Koushiro Izumi figuraban en su lista de conocidos. ¿De verdad ella no conocía al primo de Michael?

―Indirectamente lo conoces, Meems ―Sentenció Wall mirándola con diversión.

Mimi no iba a dejarse amedrentar por los orbes cían de su amigo, a pesar de que la sorpresa la embargaba. Ella no dijo nada durante el tiempo en que intentaba reconocer al joven veinteañero de cabellera rubia y marcada como los grandes del rock ochentero.

―Sexy… ―Comentó Wallace con su felina sonrisa, mientras se deleitaba con las fotografías que el ordenador les permitía―, es algo así como un Jon Bon Jovi asiático, ¿no?

Mimi rio por el comentario y empujó levemente a su amigo. No podía negársele aquella acotación, siendo que el cabello y esos ojos profundos y azules hacían revivir a la joven imagen del vocalista norteamericano de los ochenta.

―No se puede negar que es atractivo ―Colaboró Mimi. Wallace la miró con cejas en alto y una sonrisa intentando no nacer en él. Ella lo retó con la mirada―. ¿Qué?

―¿Solamente atractivo? ¿Acaso quieres que entienda que no te llama la atención? ―Mimi se sonrojó ante la acusación de su ebrio amigo, quien echó a reír con ganas―. Te doy un mes antes de que empieces a jugar con él.

Y la que rio fue ella.

―¿Quieres apostar? ―Insinuó ella y ya tenía puesta toda la atención de Wallace. Mimi, muy digna, extendió su mano abierta para cerrar el trato que llevarían a cabo―. No tendré ningún tipo de relacionamiento fuera de lo amistoso en lo que lleva aquí.

Wallace enarcó una ceja, incrédulo.

―Sabes que se quedará dos años, ¿no?

«Dos años es mucho tiempo…» Pensó y volvió a replantearse la idea.

―No lo miraré por esos dos años ―Su orgullo hablaba más rápido que su sedada consciencia en esos momentos.

―Tengo que ver eso ―Y de esa manera, Wallace cerró el trato con su amiga a la espera de ganarse lo más preciado que tiene Mimi en todo el mundo: su departamento, pero eso ya vino a posterior… Cuando Michael se enteró de la apuesta y quiso presionar verdaderamente a Mimi.

Mientras más lo pensaba, más divertida se volvía la situación para ella y es que dos años no serían nada, porque después de todo, Mimi era muy selectiva con sus amantes y estaba claro que el ochentero no le llamaba la atención, sino era el molestar a Michael lo que hacía todo más interesante.

Sonrió divertida para continuar con sus cosas.


―…Y aquí puedes guardar todos tus libros y casetes. Parece pequeño, pero verás que tu habitación es bastante cómoda ―Decía Michael mientras se paseaba de un lado a otro, mostrándole a su primo a cerca de los sectores que la reducida habitación contaba para sus comodidades―. He vivido en éste piso durante casi seis años y créeme que es bastante agradable todo.

―No te preocupes ―Respondió Yamato interesado en la lámpara de lava con que contaba su nueva mesa nocturna. Siempre le había parecido tan atractivo y tan americano aquella cosa que no podía dejar de admirarla.

Michael lo miró desde la puerta y vio lo entretenido que estaba con la vieja lámpara de lava. Sonrió. No podía negar que se sentía bien volver a tener contacto con un pariente suyo, por más que los kilómetros y kilómetros de distancia aún parecían estar plasmados en ambos, Michael se sentía bien de tener a Yamato cerca.

Era una parte de su vida en Japón que regresó a la vida con su primo y debía agradecérselo.

Michael miró a su alrededor y contempló el reformado cuarto que preparó para Yamato. Era una habitación sobrante en el piso que le correspondía a él y donde invitados solían quedarse a pasar la noche. Escucharon cómo las voces de vecinos y pasos fuertes eran dados en distintas habitaciones, ya sean las contiguas o las que se hallaban por encima. Una mirada compartida en los parientes y una sonrisa surgió.

―Prometo que te acostumbrarás pronto ―Dijo Michael y Yamato negó con la cabeza.

―¿Acaso crees que en Japón vivimos a nuestras anchas? ―Michael rio a su comentario y es que la metrópolis de la que Yamato había salido no debía de diferir mucho a la que ahora lo acogía. La adaptación pasaría más por el régimen horario que por la vida en un apartamento neoyorkino.

La puerta sonó con unos golpes que los alertaron. Michael miró en la dirección de la sala y sonrió a su primo, caminando hacia la entrada.

―Debe de ser Wallie y Mimi trayendo la cena ―Miró a Yamato por encima del hombro―. Es un excelente chef. Le pedí que preparara tu recibimiento.

Abrió la puerta hallando nada más y nada menos que a su querido novio, cargando dos bandejas de llenas de pato a la naranja y ensalada de papas bañadas en salsa blanca. Ver a su novio con dos bandejas consideradas y la ausencia de Mimi lo alarmaron, se apresuró en ayudarlo, guiando los platos a la pequeña cocina con que contaba el piso para dos personas.

Yamato salió de su cuarto cuando oyó pasos y voces dentro, encontrando a un chico rubio un poco más bajo que Michael cargando una bandeja de carne cortada en finas capas.

―Yamato, te presento a mi novio, Wallace ―El mencionado le tendió la mano libre a lo que Yamato la aceptó con un cabeceo tradicional de su continente―. ¿Qué pasó con Mimi? Creí que vendrían juntos.

―Dijo que le surgió cosas en el restaurante ―Respondió Wall. Michael sólo pudo negar, rodar los ojos expresivamente y caminar hacia la cocina.

Yamato no comprendía mucho de lo que sucedía, pero la ausencia de la mencionada Mimi parecía generar estragos en su primo.

Colocaron las bandejas en la modesta mesa para cuatro para que cada uno se sentara. Estaba claro que Michael no iría a esperar a Mimi y por lo que pudo comprender Yamato, era algo normal ese tipo de situaciones cuando involucraban a la ausente en cuestión.

Las preguntas y los parloteos iniciaron por parte de la pareja cuando yacían sentados a la mesa con porciones de pato en sus platos. Las copas de vino blanco era un agregado a las manos de todos mientras el calor subía de a poco en cada uno de ellos. Yamato tenía una muy buena resistencia al alcohol, por lo que los únicos pigmentados eran los norteamericanos, que a cada segundo parecían más elocuentes.

Cuando las once sonaron, la puerta lo hizo con las manecillas. Yamato miró la puerta y percibió que Michael rodó los ojos de inmediato.

―Llegó la reina ―Anunció divertido Wallace. Yamato lo miró curioso y su única respuesta fue señalarle a su novio con la cabeza.

La atención del extranjero fue puesta sobre el Borton quien se puso de pie para ir hacia la puerta.

―Espero que tengas una buena excusa ―Fue lo primero que dijo Michael cuando abrió la puerta. Yamato se llevó otro sorbo de vino, fingiendo que no le interesaba el reclamo de su primo.

Nada más oyeron la puerta cerrarse y dos pares de pasos sonando en el interior.

―Yamato, quiero presentarte a una amiga ―El aludido dirigió su azulina mirada a la joven que venía junto a su primo y no pudo evitar mostrarse sorprendido al verla―. Mimi Tachikawa.

―Tú debes ser Yamato-kun ―Saludó Mimi con una sonrisa, aunque al parecer, él era el único sorprendido. Se sonrojó por la pena y eso parecía acentuar la sonrisa en su vieja conocida―. Mucho gusto.

―¿Ya se conocían? ―Preguntó ahora Wallace desde su sitio. Yamato miró al coloradino y luego a la japonesa.

―No lo creo ―Respondió enseguida Mimi mirando a Yamato―. ¿O sí?

La mirada curiosa de Mimi enmudeció un momento al Ishida. Y es que esos orbes grandes y otoñales parecían decir una cosa y la curvatura de sus labios, otra muy distinta. ¿Se estaba burlando de él, acaso? Yamato frunció el ceño y no le dio entrada a los ojos de Mimi para con él.

―No ―Seco y sin ganas de extenderse demasiado.

―¿Me dirás por qué no viniste antes? ―Preguntó Michael y Mimi sólo pudo rodar los ojos y sentarse en el asiento sobrante.

―Ya, ya, que la de la regla soy yo ―Yamato abrió los ojos y la miró impactado, recibiendo una risa por parte de la recién llegada―. Ay, ¿aún no has pasado mucho tiempo aquí, no? La libertad de expresión es real aquí, Yamato-kun.

―Mimi ―Nombró Michael con hastío.

―¿Qué? No es algo de otro mundo ―Se sirvió una porción en su plato y Wallace le facilitó el vino a su copa vacía―. Gracias, Mon cheri.

―Se pronuncia «Mon Chéri» ―Opinó Yamato sin mirarla, se centraba más exclusivamente en cortar su carne de pato.

Mimi sonrió y se llevó la copa de vino blanco a sus labios rozagantes, sin apartar la mirada de Yamato.

―Así que sabes francés.

―Lo hablo fluido ―Corrigió con cierta satisfacción y sus orbes azules fueron dirigidos hacia la joven.

―¿De verdad? ¿Cómo dices «te invito a salir»? ―Pronunció ella desfilando una felina sonrisa en sus labios, disfrutando del sonrojo en Yamato y la incredibilidad en Michael.

Sí. Aquello se estaba volviendo terriblemente divertido.


Notas de la autora:

Cuando el tiempo libre y la inspiración vienen tomados de la mano es que sucede éste tipo de fenómenos como lo es el actualizar rápido xD. Nos regresamos un poco al antes, al cuando se encontraron por primera vez. Eso sí, no prometo una secuencia de hechos lineal, es decir que iré saltando temporalmente los sucesos para ver las partes más relevantes de la historia, debido a que no quiero extender capítulos en sucesos cotidianos y centrar más la atención en ellos y cómo pasaron de «recién conocidos» a «amigos con derecho».

Y principalmente, eso es todo. ¡Gracias a todos por sus comentarios en el capítulo inicial! :D Espero ir subiendo sin mucho retraso los siguientes capítulos y que todos sean de su agrado, principalmente del tuyo, Bau :3

Espero leerles y saber qué opinan al respecto :D

Besos~