El reto surge con ésta premisa:

Características: Yamato y Mimi son amigos con derecho, no quieren mucho más por el momento, se llevan bien, la pasan bien, pero cada uno está muy metido en sus propias cosas y no tienen tiempo para otro. Pero... ¿qué pasaría si por un pequeñito error Mimi queda embarazada?


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Capítulo 3:

«El por qué: Wallace Eastwood»

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Mimi volvió a suspirar y la pelirroja en la pantalla sonrió ante aquella reacción. Era difícil ver a Mimi llegando a ese punto de cansancio y es que Sora Takenouchi la conocía desde muy pequeña y no por nada, mantenían contacto a pesar de los años y la distancia que las separaba.

Trata de comprenderlo, Mimi-chan… ―Dijo Sora con su acostumbrado tono maduro y sensato que a veces hastiaba―; Yamato-kun nunca fue de los que toman los cambios con demasiada facilidad.

―Créeme que eso no necesitas decírmelo. He tratado de que logre adaptarse y que podamos llevarnos bien, pero simplemente me rehúye.

¿Tan mal te fue? ―Preguntó y Mimi rodó los ojos recordando las tantas oportunidades que le dio al nipón para acercarse.

Pero claro, Sora tenía razón sobre que a Ishida le iba fatal el adaptarse tan rápido, pero habían transcurrido seis meses desde que llegó y no había ningún avance amistoso entre ambos. Ella sólo quería poder hablar con él de cuando eran niños y es que fue gracias a Sora y una fotografía de infancia que recordó quién era Yamato Ishida.

Tenía diez años cuando asistió a un campamento de verano con sus compañeros de clase y otros alumnos de la escuela. No recordaba muy bien cómo terminó perdiéndose de su grupo de amigas, pero allí estaba sola, recorriendo el predio lleno de árboles. No tenía miedo, al contrario, le gustaba todo lo que veía e incluso al nido de aves que descansaba en una alta rama.

No esperó a que uno de los polluelos se cayese, pero no pudo hacer mucho por evitar su muerte, ni mucho menos, evitar llorar por ello. Siempre se caracterizó por tener un corazón muy sensible y puro, que, ante la primera tristeza, se ponía a llorar. Algunos niños acudieron a ella, llamados por su llanto y viendo que no se trataba más que un ave muerta por la altura, no le dieron importancia al asunto.

La trataron de tonta y llorona, sin poder comprender el dolor que ella sentía en esos momentos hasta que un niño de quinto los hizo callar. Mimi no recordaba mucho más que unos ojos azules intensos, incluso a su corta edad de diez años aquello quedó grabado y era curioso cómo, tras tantos años de no volver a saber de Yamato, esos ojos azules intensos volvieron a llamar su atención cuando estuvo delante de ella.

―…, pero podrías hacer lo que te digo ―Culminó Sora, sin tener demasiada atención por parte de su castaña amiga.

―Como sea, estoy cansada de tratar de llevarme bien con él… Supongo que ya hice lo que pude.

Pero, Mimi-chan…

―No te preocupes, Sora, de aquí en más Meems dejará de preocuparse por esas cosas. ―Le guiñó el ojo con coquetería y se despidió de su amiga.

Sora conocía bastante a Yamato, sabía cómo era cuando se trataban de sitios o personas extrañas y Mimi no sabía por qué le daba tanta importancia el tratar de llevarse bien con él, pero entonces aquel recuerdo de niña regresaba y sentía opresión en el pecho. Había muchas cosas que dejó atrás cuando se mudó a Estados Unidos desde adolescente; le gustaba su nueva vida en continente americano y todo lo que había vivido hasta entonces.

Pero una parte suya volvía a caer en el recuerdo de antaño y en los ojos de Yamato Ishida, preguntándose un poco por el niño que la había defendido años atrás.

Negó con la cabeza y cerró su notebook. Tenía mucho por hacer como para quedarse pensando en esas cosas tan antiguas.

Se puso de pie y caminó hacia la cocina. Los pedidos para una cena le fueron levantados y ella debía de entregarlos esa tarde de sábado. Los trabajos fuera de su labor como chef en el afamado restaurante donde trabajaba le ayudaban a sumar para su ahorro personal. Le iba bastante bien y no se podía quejar. Tenía tantos planes para hacer y los estaba construyendo a base de ahorros que un día verían la luz.

Sonrió al recordar las tantas fotografías en la pared paralela a su cama. Era un recordatorio latente de todo lo que estaba aguardando realizar, sus viajes, sus adquisiciones futuras y todos sus planes expuestos en una pizarra de madera que era su portal personal.

Colocó su teléfono sobre la mesa desayunador y elevando el volumen de su selección musical culinaria, se dispuso a preparar los pedidos de aquel día.


Yamato no apartaba la mirada de su libro, estaba sumamente concentrado en su lectura, pero los golpes a su puerta parecían querer poner a prueba aquello. Suspiró y levantó la vista hacia la puerta y con un «¿Si?», Wallace entró con su característica gracia.

―Espero no haberte molestado, Matt ―Dijo con falsa inocencia―, pero quería pedirte un favor.

―¿Implica levantarme de aquí? ―La sonrisa divertida y poco disimulada en el novio de su primo, lo hicieron encogerse de hombros―. ¿Qué necesitas?

―Sucede que se nos acabó la salsa de soja y Mimi tiene en su departamento… ―Dejó la oración al aire mientras movía las pestañas rubias con ingenuidad sobreactuada que provocaron en Yamato, rodar los ojos.

―¿No puedes ir tú?

―Estoy cuidando la comida, cariño… Sabes que, si pudiese, no te molestaría para nada ―Y Yamato meditó sus palabras, estaba entre creerle o no.

Parecía que Wallace Eastwood no se rendiría fácilmente y Yamato no tenía mucha paciencia, pero sí mucho que estudiar. «Mientras más rápido lo haga, me dejarán de molestar», pensó y aquel fue su mantra mientras se dirigía al piso por encima del suyo, buscando el departamento de Mimi.

Mientras menos relacionamiento se desarrollasen entre Mimi y él, era mejor. Aquella mujer tenía muchas cosas en su contra para que él pueda socializar plenamente con ella, y es que era un descontrol andante, era caótica y todo en ella desbordaba una energía arrolladora que lo hacía echarse para atrás.

Era como un torrente, un tifón que, por más dulce que podría parecer de lejos, arrasaba sin piedad alguna. Durante los seis meses que se llevaba en tierra americana, había tratado de acercarse a él pero pareciese que, a penas ella interceptaba su campo de visión, él necesitaba premeditar todo su accionar. Se sentía incómodo a su lado y no se debía a la vergüenza sentida en su cena de bienvenida, en la que él creyó que lo recordaría…

Sino en la vergüenza que solía hacerle pasar siempre que se encontraba con él. Ella parecía tener la afición de ponerlo en apuros y el que él no pueda controlarla, la convertía sencillamente en una presencia molesta.

Terminó de subir los escalones y mientras avanzaba puerta por puerta, decía en su cabeza los números que pertenecían a Mimi. «527… 527…». Fue sencillo virar la mirada hacia dicha puerta, pues de ella desbordaba música. «¿Qué tipo de política llevaban en ese edificio?» pensó extrañado por permitir que un inquilino se pasase de decibeles en un complejo habitacional como aquel. Si estuviesen en Japón, no pasaría ni media hora antes de que le hiciesen bajar el volumen.

Iba a tocar la puerta cuando reconoció la pegadiza melodía de Cherry Pie saliendo por debajo de ella. Los ojos se le iluminaron un poco y es que él amaba Warrant con toda su alma y escuchar aquella canción le extrañó.

Tocó un par de veces, pero con el alto volumen de música, era obvio que tardaría en percatarse de su llegada. Miró la manija de la puerta y dudó un momento, pero recordó la pila de libros que quedaban por leer. No quedó de otra más que probar suerte y girar la manija para ver si Mimi era tan descuidada como aparentaba ser.

Bingo.

La música sonó con mayor fuerza a penas la puerta se abrió y dudó en entrar, pero tenía un encargo y un examen muy próximo. Cerró la puerta a sus espaldas para avanzar por la sala con sumo cuidado, como si estuviese en pleno desarrollo de un crimen, mas no bastó mucho tiempo para que sus ojos se encontraran con la figura de Mimi bailando al compás de Cherry Pie y la clara sensualidad de aquel éxito…

Como la de la propia Mimi.

Con unos shorts desteñidos y rotos a medio camino de sus finas y bien torneadas piernas, una blusa a cuadros mucho más grande que su porte y su cabello amarrado en un moño descuidado, Mimi se mecía al compás de la canción. Yamato se quedó petrificado en su sitio, incapaz de pensar en otra cosa que no sea lo hermosa que era aquella mujer.

Ella tenía todo un arsenal para hacer caer a un hombre con la guardia baja… Así como él. «¿En qué demonios estás pensando, idiota?», se regañó mentalmente, intentando apartar la mirada al suelo, pero sin mucho éxito.

Todo en Mimi gritaba ser apreciado sin descanso alguno. Nunca negó la belleza de la japonesa americanizada, pero había mantenido a raya aquel pensamiento en lo que duraban esos seis meses, pero verla bailando en su cocina mientras preparaba algo, sin la idea de que alguien podría estarle observando, lo dejaron atónito.

De hecho, ella lo dejaba sin aire.

Ante el último puente musical, Mimi dio un giro sobre sus pies y ver a Yamato parado en el umbral de su cocina, desequilibró sus pasos y se echó para atrás con un grito que no sólo lo hizo a él gritar, sino también causar estragos en los utensilios dispuestos sobre la mesada junto a ella.

―¡¿Qué demonios haces?! ―Gritó sorprendida ella.

―¡Tú dejaste la puerta abierta! ―Se defendió él, sin siquiera pensar en lo estúpido que sonaba aquello. Mimi lo miró con una ceja enarcada y él no pudo más que sonrojarse.

―¡Oh, perdona si olvidé invitarte y mi puerta te dijo lo contrario! ―Ambos se sostuvieron la mirada un momento y echaron aire por la nariz. El susto comenzaba a evaporarse de su interior y parecía que podían respirar con más facilidad.

―Wallace me envió a buscar salsa de soja… ―Dijo Yamato, bajando la mirada apenado y con el sonrojo latente en su rostro. Mimi parpadeó un momento y luego su ceño se frunció.

―Ese idiota… ―Murmuró por lo bajo, llamando la atención del rubio―. No me hagas caso. ¿Quiere salsa de soja? ―Se giró para buscar en su alacena la botella de salsa y pasársela―. Lo lamento… Me tomaste desprevenida.

―Llamé a la puerta un par de veces, pero la música estaba muy fuerte.

―Sí… ―Tomó su teléfono y bajó un poco el volumen.

Yamato le dedicó un cabeceo a modo de despedida y se iba a girar sobre sus pies, cuando algo lo instó a volver a mirarla.

―No sabía que escuchabas a Warrant.

Mimi sonrió divertida y un poco más relajada.

―¿Creías que tenía solamente a Britney y Madonna en mi tracklist? ―Yamato sonrió a su comentario y se encogió de hombros, encaminándose a la salida.

Mimi lo acompañó para cerrar la puerta tras de él. Un momento para pensar en lo sucedido. Un momento para pensar en el otro. Demasiada adrenalina en un segundo, pensaron.


Wallace echó una risita por lo bajo, no pudiendo contener la gracia de oír la puerta de Yamato cerrándose con toda su frustración. Miró sobre el hombro la dirección en la que se encontraban los cuartos y luego volvió su vista a la salsa de soja que le proveyó el nipón a costa de su serenidad mental.

Cómo adoraba las apuestas, pero adoraba más jugar sucio.

─Ya llegué ─Anunció Michael una vez entró a su departamento, cargando consigo su chaqueta de jean en el brazo y su bolso negro en el hombro─. Trabajar los sábados debe de ser penado por ley.

Wallace salió a recibirlo con un abrazo más que efusivo y un beso desesperado, llamando la atención a su pareja.

─Al parecer alguien está de buen humor hoy ─Comentó Mike envolviendo a su menor en sus brazos, ahogando su rostro en los cabellos dorados que desprendía aroma tropical─. ¿A qué debo la ocasión?

─¿Acaso tengo que tener motivos para ser cariñoso? ─Dijo Wallace fingiendo enfado.

─Rememorando que ayer no dormimos juntos, puedo decir que no hay motivo ─Wallace lo golpeó con su puño el pecho, a modo de castigo, causando que Michael riese y lo estirase para apresarlo nuevamente entre sus brazos─. Hey, necesito cariño… ─Ronroneó en el oído a su novio, haciéndolo reír.

─¿De verdad? ─Wallace agravó su voz, mirándolo con una diversión insana─. ¿Qué me dices si hoy me…?

─Consíganse una habitación ─Dijo Yamato desde el umbral de su cuarto, mirándolos con una ceja enarcada, sin ánimo alguno.

La pareja comenzó a reír con ganas y se separaron. Michael se llevó al hombro su chaqueta y pasó junto a su primo, revolviéndole los cabellos.

─Tienes suerte que te eche de menos ─Comentó con gracia para luego entrar a su habitación.

Wallace por su parte, volvió a la cocina a terminar con el almuerzo de aquel día, bajo la atenta (y molesta) mirada de Yamato. Fingía no darse cuenta de la mirada asesina del asiático, porque eso de no poder descuidar la comida para buscar la maldita salsa de soja, era más que una mentira. Era una burla.


Como todos los sábados por la noche, Mimi estaba lista para salir a divertirse. No debía trabajar al día siguiente y un día era suficiente para reponer la resaca que se mandaría esa noche.

Iba camino al elevador de su departamento para encontrarse en planta baja con Mark y otros amigos más; esa noche había un concierto en el club de una amiga. Cuando llegó al piso inferior al suyo y las puertas se abrieron recibiendo a Michael y su perfume de «hoy follo».

─Adivinaré ─Dijo Mimi con una sonrisa coqueta─, la presencia de Yama-kun se vuelve un problema cuando quieres cogerte a Wallace.

─Muy graciosa, pero solo iré a cenar con Wallie, nada más.

Mimi no se molestó en sostenerle la mirada con un semblante de ¿acaso me ves la cara de estúpida?, después de todo, conocía a la perfección a su mejor amigo neoyorkino.

Se despidieron en el lobby de su departamento y Mimi no pudo evitar mirarlo marchar, divertida con aquel aire emocionado, como si fuese la primera cita que tendría. Estar ocho años con una misma persona podría ser lindo, pensó.

─¡Hey, Meems! ─La llamaron. Mark y sus amigos llegaron en un descapotable que relucía en la noche, mientras la música llenaba el ambiente─. No nos hagas esperar, cariño.

Ella sonrió. Era una pena que le gustase tanto su vida de soltera.


Yamato entreabrió uno de sus azules ojos y reconoció su habitación entre la pesadumbre del sueño. Sintió el cuerpo macizo de su libro de astrofísica encima y recordó que estaba estudiando para su examen de la siguiente semana antes de perder el conocimiento y embargarse en un sueño. Maldijo por lo bajo y se quitó el libro de la cara, recomponiéndose sobre su cama.

¿Cuánto tiempo llevaba dormido? No lo sabía, pero a juzgar por el cansancio que sentía, no debió de ser mucho. El estómago le crujía, su primer instinto fue ir a la cocina en busca de algo para comer, recordó que sobró aún lo del almuerzo. No tenía ganas de salir a buscar nada.

Sus ojos se toparon con el reloj de la sala a través del desayunador que conectaba con la cocina. Las cuatro y media de la mañana. Le tomó un momento darse cuenta de la hora y de lo mucho que había dormido. Se notaba cansado aún; él no era de los que le daba mucha importancia al sueño.

─¿Michael? ─Llamó en voz alta, indagando si su primo ya se encontraba en su casa, pero a juzgar por el mutismo del lugar, supuso que el destino del Borton fue la casa de su novio. Sonrió con gracia.

Escuchó voces en el pasillo, una risa femenina algo desentonada y finalmente, golpes en su puerta. Yamato dudó un momento en ir a ver de quién se trataba, fácilmente podría ser una broma de mal gusto, pero como los golpes no cesaban se vio en la obligación de ir a ver a través de la mirilla.

Una joven de cabello azabache, ropa muy diminuta y un tambalear sospechoso no fue lo que llamó la atención del rubio, sino el hecho de que la mujer traía cargando por hombro otra de su misma edad, cabello castaño y portadora de la risa ebria que parecía querer despertar a todo el piso.

Maldijo otra vez, aspiró profundamente y abrió la puerta. La azabache se alegró por ello, según Yamato leyó su expresión.

─¿Eres el primo de Michael, no? ─Preguntó la muchacha a lo que él asintió sin despegar la mirada en la Mimi totalmente ebria, lanzando hipidos que le costaban estabilidad a su acompañante─. Perdona que lleguemos en estas condiciones, pero Mimi perdió la llave de su departamento y sabía que Michael vivía en éste piso.

Aquella explicación ya llevaba un pedido de por medio que Yamato, observando el estado deplorable de Mimi, no pudo simplemente negarse. Se encogió de hombros y tomó el brazo colgante de Tachikawa para ponerlo sobre sus hombros y llevarla hasta el sofá.

─Muchas gracias ─Dijo nuevamente la afroamericana─, cuando llamé a Wallace me dijo que Michael estaba con él, pero que podría traer aquí a Meems, después de todo tú estarías.

─Wallace… ─Repitió Yamato, sin una pisca de sorpresa en su voz. El chico podría aparentar un semblante tierno, pero ocultaba intenciones oscuras.

La amiga de Mimi, Sarah Jhonson, se despidió de Yamato y él cerró la puerta apenas cruzó por ella. Puso seguro y esperó un momento antes de voltearse a ver lo que Wallace le había enviado.

Escuchó la risita y palabras inentendibles de Mimi antes del sonido sordo que hizo su cuerpo al estrellarse contra el suelo. Yamato echó un suspiro sonoro y se volvió a ella. El estado de Mimi era increíble, ni estarse en forma sobre el sofá podía.

Fue hasta ella y tomándola de sus brazos, la intentó enderezar. Un brazo bajo sus rodillas y el otro bajo su espalda alta, de esa manera Yamato la cargó hasta su propia habitación. No pesaba tanto como creía, así que no fue tan duro el viaje de la sala a su cuarto. La colocó con toda la delicadeza que pudo sobre su cama.

Parecía una niña muerta de cansancio, sin las fuerzas suficientes como para moverse. Era su rostro, pensó, el que le daba aquella inocencia a su presencia. Bajó un poco más la vista, observando su cuerpo metido en ese short diminuto y aquella blusa que dejaba a la vista los tres cuartos de su abdomen.

Sin duda es sólo su rostro, volvió a decirse. Todo su cuerpo hablaba de una belleza madura, juvenil, mientras que él encontraba ternura en sus facciones infantiles. Una combinación extraña.

«Déjate de tonterías». Tomó la sábana y la fue cubriendo para que no pasase frío. A mitad de camino, escuchó murmullos saliendo de Mimi. La miró con curiosidad.

─Siempre… Has sido tan lindo… ─Enarcó una ceja sin darle mérito. Estaba borracha, quizá estaba soñando con algo─, Yamato-kun… ─Pronunció.

Ishida la miró con mayor intensidad, arrodillándose frente a ella para poder oírla mejor. Acabó de nombrarlo. ¿Por qué?

─¿Mimi? ─Se atrevió a llamarla.

Ella abrió un poco los ojos y él creyó morir un momento.

─¿Recuerdas cuando… Hiciste callar a esos niños… ─Su voz era un hilo casi silencioso que él se esforzaba por entender─, tú lo hiciste… recuerdas?

─¿Niños? ─Preguntó él. Un vago recuerdo lo alcanzó, de cuando tenía once años y fue a aquel campamento de verano, junto a Taichi, Sora y Takeru.

Mimi sonrió.

─Tú los hiciste callar… ─Volvió a decir, intentando enderezarse sobre la cama. Él se apresuró a asistirla, aun procesando aquel recuerdo y aun procesando el hecho de que ella lo recuerde─. Siempre has sido muy lindo conmigo…

Ella se desequilibró un momento y él la sostuvo. Las manos calientes de Mimi se encontraron con los hombros del joven nipón y sus ojos con los azules suyos. Un momento que parecía eterno en la mirada del otro, un momento en el pasado que los vinculó una vez.

Ella sonrió nuevamente y acercó sus labios a los del rubio. Él no se lo impidió y aunque le costase admitir, fue cerrando los ojos despacio. Sintió el roce amargo del alcohol y la nicotina en los labios de Mimi, pero a él le siguieron pareciendo dulces.

¿Por qué la besaba? Ella estaba ebria y quizá no lo recuerde… Como no lo recordaba cuando volvieron a encontrarse tras tantos años. Quizá fue aquel detalle lo que lo invitó a probar un poco más. Mimi tenía la mala costumbre de saberse etérea e inalcanzable muchas veces.

Se separaron y él volvió a abrir los ojos, volvió a contemplarla. Los labios de Mimi pronunciaron algo que él no entendió, aún estaba muy arriba como para hacerlo.

Entonces ella comenzó a vomitar y todo cobró sentido. Él regresó a la realidad, sintiendo como su camiseta de Def Leppard se iba tornando húmeda. Maldijo y maldijo en su interior.

Mimi cayó dormida y él debía limpiar su desastre. Casi y se recordó a su época en secundaria siendo compañero de Taichi Yagami.


Notas de la Autora:

Tras un tiempo sin subir nada, vengo a actualizar ésta historia con un poco más de divertidas escenas. Estuve con un bajón emocional éstos días, pero ya me repondré de ellas, así subiré más historias en lo que me queda de vacaciones :)

Espero que éste nuevo capítulo les haya gustado, principalmente a ti, mi Bau querida *-* Y ya saben, cualquier cosita, crítica, sugerencia o lo que quieran, espero leerlos~

Un beso para todos ;3