Capítulo 2
Corporis Adversus y Traiciones
—Muy bien —dijo Benjy Fenwick, mientras tomaba un sorbo de su taza, frunciendo un poco la nariz cuando se quemó la lengua con el té—. ¿Podrías decirnos cómo es que la mortífaga que sacaste de la batalla resultó ser un muchacho?
—No es muy complicado hacerlo con magia —replicó Tom mordisqueando su rosquilla—. Hay millones de pociones y hechizos para transformar el cuerpo.
—Muéstrame tu brazo izquierdo —pidió Sirius Black, mientras se inclinaba hacia adelante con interés.
El muchacho, con una sonrisa divertida en los labios, se levantó la manga de su túnica hasta casi llegar al hombro.
—¡No tienes la Marca Tenebrosa!
Todos miraron el antebrazo desnudo, incrédulos, comprobando con sus propios ojos lo que Caradoc Dearborn había dicho.
—¡Entonces no eres un mortífago! —replicó Remus Lupin.
—Por supuesto que no lo soy, Dalila Treadstone lo es —rió el muchacho.
—¿Quién?
—Dalila Treadstone —repitió Tom, con una sonrisa que mostraba lo divertido que se encontraba—. Mi versión femenina.
—¿Cómo lo conseguiste? —preguntó Lily Potter.
—Es una mezcla de hechizos y pociones que inventó Alex con la ayuda de su madre —respondió el muchacho.— Es secreta.
—¿Magia negra?
—No exactamente. Y no voy hablar de eso —cortó la muchacha firmando la carta que estaba escribiendo y metiéndola en un sobre—. Gracias, ¡Fawkes!
El fénix de Dumbledore apareció en su característico estallido de llamas y emitiendo unas notas melódicas agarró la carta que Alexia le tendía y se desapreció.
—¿No tendrías que haberle pedido permiso al director? —se extrañó Gideon Prewett.
—Ya lo hice —replicó ella alzando ambas cejas.
—Yo no te oí.
—Visiones, querido —Alexia lo miró, como preguntándose si era tan lento que habría que esperar un rato para que comprendiera.
—¿Podrías explicar un poco más en qué consiste tu hechizo-poción? —preguntó Alice Longbotton, con un suave sonrisa en su amable rostro.
Todos pudieron jurar que Alexia tuvo un estremecimiento y la miró con pena, pero acto seguido su rostro se volvió de piedra y sus ojos brillaron aún más.
—Yo lo llamo Corporis Adversus —explicó la muchacha enderezando su espalda y adoptando una pose de como si estuviera dando una clase—. Como dice su nombre, Cuerpo Adverso, cambia el género de dicha persona, como en el caso de Tom, quien se convierte en una mujer.
«Al contrario de ciertas pociones, como la Poción Multijugos, la Corporis Adversus cambia totalmente el cuerpo, o sea que si Tom llega a tener una cicatriz en su cara, a pesar de que "Dalila" salga de él, ella no va a tener la cicatriz, porque es otro cuerpo. Por eso mismo ella sí tiene la Marca Tenebrosa en su antebrazo izquierdo y Tom no.
«Es un método peligroso, de todos modos. El afectado no debe estar en el otro cuerpo por más de siete días, o la Corporis Adversus comenzará a succionar poco a poco su magia para alimentarse.
—¿El otro cuerpo tiene pensamientos propios de su género o es como con la poción Multijugos? —preguntó Emmeline Vance.
—Tom sigue siendo él mismo en el cuerpo de Dalila, pero ella lo ayuda, ella viene a ser como su… ¿cómo decirlo? … bueno, es cómo si tuviera una mujer metida en su cabeza, ayudándole a actuar como tal—. Alexia rió un poco—. De otro modo, Tom sería un desastre.
—Gracias —el muchacho pareció ni afectarse por la burla, como si fuera un hecho del que no había discusión.
—Bueno, creo que, ya aclaradas las dudas sobre mi lealtad —dijo Alexia poniéndose en pie—, es tiempo de que, a falta de mejor palabra, rajen.
—Eh…
—Ya pueden irse —tradujo algo hastiado Tom parándose también.
Reticentes, los miembros de la Orden salieron por la puerta. Remus Lupin, licántropo desde pequeño, se detuvo un momento en la puerta mirando hacia la vidente, quien tenía su mirada fija por sobre el hombro del hombre lobo y Remus se volvió para ver a quién miraba, o más bien, a quiénes:
James acababa de depositar un suave beso en los labios de su esposa. Sirius reía a su lado. Frank y Alice Longbotton estaban tomados de las manos. Y Peter… ¿Dónde estaba Peter? No recordaba haberlo visto después de la batalla.
Remus volvió su vista hacia Alexia. Sus ojos oscuros estaban cargados de tristeza, como si el mundo se le hubiera venido encima, como si la muerte le hubiera arrebatado a alguien. ¿Por qué miraba a sus amigos así? Se preguntó el joven. ¿No sería que… ella no podía haberlos visto… morir… o sí?
Aterrado clavó su mirada ambarina en ella, como si quisiera leer sus pensamientos. Entonces Alexia se estremeció, sacudió levemente la cabeza y frunció el ceño. Parecía como si no comprendiera que acababa de sentir, y por unos minutos se quedó mirando fijamente al grupo que segundos antes le había causado tal tristeza. Al final se encogió de hombros, y le levantó las cejas a Remus, que continuaba inmóvil y con sus ojos sobre ella.
—¿Vienes, Remus? —preguntó Lily, sonriéndole de un modo que el licántropo no pudo hacer otra cosa que devolverle la sonrisa.
—Claro.
El joven salió de la habitación, y se reunió con sus amigos, sus dudas esfumadas. No, no había nada que temer. Sus amigos estarían con él. Siempre.
Mansión Riddle, Sala del Trono, Al Mismo Tiempo
—Ahhh, Colagusano, me estaba preguntando cuándo arrastrarías nuevamente a mis pies tu miserable pellejo —siseó el hombre de trentipocos años, piel pálida, cabellos negros y unos impactantes ojos rojos como la sangre, que estaba sentado en un trono. Era apuesto, aunque debía de haberlo sido aún más en su juventud.
Él era Lord Voldemort.
—M-mi Señor —lloriqueó un hombre regordete, arrodillándose a sus pies—. T-tengo n-noticias de…
—¡Crucio! —dijo el Lord Oscuro, con una sonrisa sádica en sus labios—. No te di permio para hablar, Colagusano.
El hombre a sus pies se retorció de dolor y sus gritos llenaron la estancia. Los motífagos que se encontraban contra las paredes no movieron un pelo, ya que, de hacerlo, correrían la misma suerte que su compañero.
Finalmente, Voldemort detuvo la maldición y Peter Pettigrew jadeó recuperando el aire.
—Habla —ordenó su señor.
—Gracias, Mi Señor. Su misericordia es muy grande…
—No gastes mi escasa paciencia, Colagusano —siseó con frialdad el hombre de ojos rojos y la enorme serpiente a su lado miró burlona al que estaba en el suelo.
—Mi Lord… Hay un nuevo miembro en la Orden —dijo Pettigrew enderezándose un poco, lo suficiente para poder hablar con claridad y no recibir otro cruciatus por levantarse sin permiso—. Es una vidente.
—Ah… ¿no será por casualidad la misma que derrotó a mis mortífagos hace unas horas? —la voz de Voldemort era engañosamente suave, pero helada, y causó que todos los presentes se estremecieran de miedo—. Es gracioso, porque el desgraciadamente muerto Charlus Henderson me informó que ella no tiene más de dieciocho años, y pudo con mortífagos experimentados.
—S-su nombre es Alexia Bauer, Mi Señor.
—Mmm… Bauer… No me suena de nada ¿Lucius? —el Lord clavó sus escalofriantes ojos en uno de los hombres de la habitación.
—Mi Señor —el mortífago rubio dio un paso adelante y se inclinó un poco antes de hablar—, la familia Bauer es casi tan antigua como la mía, pero la línea desapareció hace más de una década, sin dejar herederos.
—Obviamente eso no es cierto —replicó Voldemort mirándolo con frialdad—. Y los Bauer, ¿De qué lado estaban en batalla?
—Nadie puede decirlo con seguridad, Mi Señor. Los Bauer eran muy precavidos a cada paso que daban, tampoco se los veía mucho en sociedad y solo lo estrictamente necesario.
—¿Casas de Hogwarts?
—Muy variado, Mi Señor. A pesar de ello se llevaban muy bien entre ellos, sin importarles las rivalidades.
—Muy bien, Lucius —dijo Voldemort—. Investiga sobre Alexia Bauer, y espero una respuesta satisfactoria.
—Sí, Mi Señor.
—Vuelve, Colagusano, y espero mejores noticias la próxima vez —ordenó el Lord Oscuro y apresuradamente el hombre regordete se retiró, rumbo a la casa de los Potter. Su tapadera no debía ser descubierta por sus amigos, o su señor se enojaría, y él no quería eso.
