Se te olvidó que esta vida da muchas vueltas


El pequeño Yoko tenía cerrado sus ojos, llorando un poco y temblando de miedo, sentía la presencia de los gatos que se acababan de abalanzar a él… pero… ¿por qué no pasaba nada?

Segundos después de percatarse de eso, sintió que algo se puso encima de él, por lo que, temerosamente, abrió apenas sus ojos rojo sangre, para quedarse atónito al presenciar al enorme bulldog de pelaje oscuro, con un collar de púas, una chaquetita azul y la banda de Konoha en una de sus patas delanteras. También traía puesto en el lomo un cinturón conectado a dos cajitas de mimbre con verduras, quedando una a cada lado.

El enorme Ninken, encima del pequeño zorrito, miró amenazadoramente a los felinos callejeros, quienes le gruñeron retrocediendo varios pasos, pero, cuando el perro frunció el ceño, huyeron despavoridos, alejándose del callejón.

Yoko parpadeó, mirando sorprendido la huida de todos esos gatitos malos. Alzó la mirada, para ver mejor al Ninken, quien se movió para ya no estar encima del pequeñín, sentándose a su lado, mirándolo seriamente.

-… ¿Pelo?-Yoko ladeó la cabeza, curioso.

Conocía a los perros, pero no solía tener mucho contacto con ellos. Al que más conocía era a Akamaru y su cachorrito, con el que a veces jugaban él y sus hermanos… pero nada más.

El Ninken solo miró al pequeño Yoko, quien se percató que aún seguía boca abajo, por lo que comenzó a mover sus patitas traseras para por fin levantarse, sacudiendo un poco su cabeza para despejar sus ideas.

Aun seguía teniendo temor… Aun le dolía el pecho… Pero, al menos, sabía que estaba a salvo. Ese enorme pelo no parecía malo.

Aun así… quería a su papi… y a su mami…

El recordar a sus padres hizo que bajara las orejitas, con sus labios temblando, a punto de llorar. El enorme bulldog se percató de ese detalle, por lo que se inclinó y olfateó al zorrito, sobresaltándolo, pero después haciéndole reír a causa del cosquilleo.

-¡Buru!- escuchó Yoko, por lo que levantó las orejas y comenzó a mirar para todos lados.

El bulldog, en cambio, miró hacia la entrada del callejón, por lo que el zorrito lo imitó, para ver acercarse a un perro faldero un poco más grande que él, con los mismos accesorios que el perro a su lado, solo que la banda la tenía en la cabeza.

-Buru, no te vayas de esa forma. No es agradable caerse de tu cabeza cuando decides correr sin aviso- le señaló Pakkun a su amigo, aunque ni su voz ni la expresión de su rostro denotaban molestia, más bien aburrimiento.

Buru, en vez de responder, miró a Yoko, quien se había quedado mirando sorprendido a Pakkun. Cuando el pequeño ninken miró al zorrito, este se sobresaltó y escondió detrás del bulldog, aunque dejó su esponjosa cola a la vista.

-Vaya, vaya… Un Kyubi en miniatura. Eres uno de esos famosos cachorros, ¿no?- señaló Pakkun, haciendo que Yoko se asomara, parpadeando- Pensé que eras una ardilla. Estoy sorprendido, apenas y puedo no quedarme perplejo- aseguró, aunque no lo aparentaba.

-… Pelo enojón- murmuró Yoko, curioso.

-No estoy enojado. ¿No ves mi expresión de felicidad?- se señaló Pakkun, confundiendo más al pequeñín- Entonces, ¿por él me dejaste tirado?- miró a Buru, quien asintió- ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué no estás en la residencia Uzumaki?- volvió a mirar al zorrito, para darse cuenta que no estaba- ¿Eh?- parpadeó, y se percató que el pequeñín se le acercó cautelosamente por otro lado, olfateándolo con sumo cuidado- Bu- lo miró, sobresaltándolo y que su pelaje se erizara- Mira, eres muy asustadizo. Supongo que por eso eres un cachorro, ¿no?- señaló Pakkun, mirando al pequeñín acurrucado en el piso tapándose la cabecita con las manos, asustado por lo de recién.

En eso, Buru ladró un poco, tomando la atención de Pakku.

-¿Gatos territoriales?- parpadeó el perro, a lo que su compañero asintió- Asustadín, ¿te atacaron unos gatos?- miró a Yoko, quien se sentó, asintiendo- Ya veo. Buru sintió el peligro y vino en cuanto pudo. ¿No ves su carita? Es todo un cariñoso con los pequeños. Es la niñera perfecta- le aseguró al zorrito, señalando al bulldog, quien seguía con una expresión seria, lo que confundió mucho al cachorro- Aun así, que una manada de gatos ataquen a un cachorro es bastante malo. Ah, no puedo contener mi ira- sentenció, pero, como seguía sin haber cambio alguno en su expresión.

Yoko ladeó la cabeza, ya totalmente confundido con aquellos dos pelos.

-Como sea, supongo que tendrías que regresar a la Residencia Uzumaki, ¿no?- señaló Pakkun, haciendo parpadear al pequeño- Escuché rumores de que Naruto te estaba cuidando junto a los otros cachorros del Kyubi, ¿verdad?-

-… ¿Kuby?- parpadeó extrañado Yoko.

-Tu padre- explicó Pakkun, sentándose frente al cachorrito.

-Nop- negó Yoko, extrañando al Ninken- Pa es Kulala. Ma es Natsuchi- sonrió, contento de saberse los nombres de sus padres… a su manera…

-Bueno, ellos mismos- suspiró Pakkun- Escucha, Asustadín. Kakashi, el Sexto Hokage, nos invocó antes de irse de vacaciones, para que apoyáramos a Konoha. Ahora mismo, Buru y yo estamos en una misión, por así decirlo- le explicó Pakkun, aunque el pequeño ladeó la cabeza, algo confundido- Y es bastante importante, así que no podemos llegar tarde. ¿Lo entiendes? No podríamos llevarte a casa con Pa y con Ma-

-P-Pelo…- gimió Yoko, bajando las orejas.

Buru le ladró a Pakkun, haciéndolo ladear la cabeza.

-¿Llevárnoslo? Bueno…- el Ninken pequeño miró a Yoko, quien levantó las orejas, sonriendo al escuchar que no estaría solo- No nos llamaron para ser niñeros…- murmuró, haciéndolo bajar las orejas, hasta que Buru volvió a ladrar- Tampoco es como si lo fuera a dejar solo. Esos gatos de seguro volverían para convertirlo en tapete- negó con la cabeza, para después suspirar- Oye, Asustadín- llamó a Yoko, quien parpadeó, expectante- Te llevaremos con nosotros, siempre y cuando prometas ser un buen chico, ¿entendido?-

-¡Shipi!- asintió contento Yoko, moviendo su colita.

-Si te portas bien, incluso te permitiré tocas mis almohadillas- Pakkun le mostró una de sus patitas, extrañando al pequeñín- Son muy suavecitas, te lo aseguro- informó, haciendo que Yoko parpadeara, observando las almohadillas del Ninken…

Se veían muy… suavecitas y esponjosas.

Se miró una mano, sabiendo que él no tenía almohadillas, a diferencia de sus hermanos y su madre, lo que le ha hecho preguntarse cómo sería tener una…

-¿Trato hecho, Asustadín?- le preguntó Pakkun, moviendo un poco su pata, observando como los ojos de Yoko seguían el movimiento, indicando que estaba hipnotizado con las almohadillas.

-¡Oki!- sonrió el zorrito.

-Perfecto. Ahora vamos, Matsuko debe estar esperando aun las verduras- sentenció Pakkun, subiendo de un salto a la cabeza de Buru, quien se levantó, y miró a Yoko, que parpadeó.

Entonces, para susto del cachorro, el bulldog abrió su enorme hocico, y le mordió sin hacer daño, haciendo que la mitad superior de su cuerpo se encontrase en el interior de la boca del perro, dejando el resto al aire libre.

-Vamos, Buru. No es hora de jugar con los más pequeños- lo regañó tranquilamente Pakkun, observando como Yoko sacudía sus patas traseras intentando salir del interior de la boca del enorme Ninken, quien, ignorando sus esfuerzos, comenzó a caminar, saliendo del callejón y adentrándose en la atareada calle…


-Me niego rotundamente a usar esto- aseguró Shikamaru, quien saltaba por los tejados junto a Naruto. En sus manos, tenía unas gafas de sol que venían junto a una barba artificial.

-Escucha, Shikamaru. Si se filtra la información de que el Hokage y su mano derecha perdieron a un pequeño cachorro, seremos el hazmerreír por más de un mes-dattebayo- le aseguró Naruto, quien sí tenía puesto las gafas y la barba.

-¡No es mi culpa de que se te perdiera un cachorro!- le recordó molesto Shikamaru- ¡Y no puedo creer que realmente te lo has puesto! ¡El único hazmerreir aquí eres tú!- sentenció, fastidiado.

-Q-Que horrible… Shikamaru, te aprovechas de la nobleza de tu jefe-dattebayo- gimió Naruto, fastidiando más a Shikamaru.

"¿Q-Qué ha pasado con Naruto? ¿Acaso el miedo de lo que le podría hacer Kurama si se entera de esto lo ha puesto tan nervioso que actúa demasiado hiperactivo?" pensó Shikamaru, observando al rubio "Aunque no me extrañaría… Solo le desearía a mi enemigo sufrir la ira de Kurama" negó con la cabeza, consciente que tendría que acostumbrarse a este estado-nerviosismo del Hokage.

-Por cierto, ¿al menos ya sabes la zona en la que podría estar Yoko?- le preguntó el Nara, tomando la atención de Naruto.

-Sí. Detecté su chakra en la zona este del comercio de la aldea- contestó, sonriendo un poco.

-¿E-Este? Oye, oye. Eso está muy lejos de tu casa- señaló Shikamaru, algo sorprendido- Ese pájaro tuyo sí que tiene una gran cantidad de fuerza- negó con la cabeza.

-C-Cierto…- sonrió incomodo Naruto, consciente de que Neji no lo hizo a propósito.

-… Además- murmuró Shikamaru, mirando serio a su amigo, extrañándolo- Me pareció que, cuando usaste el Modo Sennin, sentiste algo más que Yoko, ¿no es así?- le preguntó, frunciendo un poco el ceño.

En vez de sorprenderse, Naruto simplemente sonrió con tristeza.

-No… Fue algo que me tomó desprevenido…- murmuró el rubio, mirando hacia adelante.

-¿Un intruso? ¿Es algo peligroso para la aldea?- le preguntó de inmediato Shikamaru, pero su amigo negó.

-No es nada de eso… Es solo que me di cuenta de un pequeño detalle-dattebayo-admitió Naruto, y le sonrió a su mano derecha- Pero no es nada grave. Confía en mi-dattebayo-

-…- Shikamaru lo miró, serio, pero después suspiró, desistiendo- Ya sabes que confío en ti- le recordó.

-¡Entonces ponte las gafas y la barba! ¡No quiero que nos reconozcan-dattebayo!- le ordenó Naruto, señalándolo dramáticamente.

-¡No voy a ponerme esto! ¡Es un fastidio!- aseguró Shikamaru, enojado.

Naruto miró hacia adelante, inflando las mejillas, amurado, lo cual fastidió al Nara.

"Aun así…" Naruto frunció levemente el ceño "Lo que detecté… El chakra de Yoko…" respiró hondo "Tengo que hablar de esto con Kurama… Aunque me atrevería a decir que él ya se lo imagina-dattebayo"


En un lugar de Konoha…

En una casa rústica de un piso, de color gris, los gennin del Equipo Moegi trabajaban sacando las malas hierbas del humilde patio de la residencia, mientras Moegi los observaba parada al lado de una anciana delgada, quien, sentada en una silla de balanceo de mimbre, disfrutaba del leve viento que circulaba en la zona con una taza de té en mano.

-E-Esto es… m-muy problemático…- murmuraba Shikadai, sacando las malas hierbas de un sector, algo fastidiado con aquella tarea.

-No hay nada que hacer. Seguimos siendo gennin- le recordó Inojin, metiendo las malas hierbas que sacó en una bolsa de plástico- Son estas las misiones las que normalmente deberíamos tener-

-O las que les gusta a Moegi-sensei- murmuró Shikadai, haciendo sonreír con una gota en la cabeza a su amigo.

-Los escuché- les hizo notar Moegi, sobresaltando a ambos jóvenes- Escuchen. Este tipo de misiones es para que entiendan como las cosas más simples cuestan trabajo, y especialmente para que ustedes dos se tomen en serio las cosas- agregó, a lo que sus alumnos miraron para otro lado, haciéndose los desentendidos.

-Son unos niños bastante hiperactivos, Moegi-chan- le sonrió la anciana, quien tenía los ojos cerrados, mientras tomaba un poco de té.

-No lo crea así, Matsuko-obasan- le aseguró la jounin, sonriendo- Shikadai solo piensa que todo es problemático, e Inojin siempre tiene la cabeza en las nubes- negó con la cabeza- Tengo que ser estricta con ellos- sentenció.

-Vamos, vamos. Siguen siendo niños- sonrió Matsuko.

-Hablan como si no estuviéramos aquí…- le hizo notar Inojin a Shikadai.

-Tsch. Así son las mujeres, especialmente las adultas. Actúan como si no existiéramos- bufó el pelinegro.

-Por cierto…- murmuró Inojin- Gorda, ¿por qué has estado tan callada?- miró a Chocho, quien no había hablado mucho, más bien, estaba quieta, dejando de sacar las malas hierbas- ¿Qué te pasa?-

-…- pero la morena no lo miró, sino que miraba cuidadosamente las hierbas en su mano-… ¿Cómo sabrán?- pensó en voz alta, haciendo que sus compañeros se pusieran azules.

-¡No te lo puedes comer!- le aseguraron de inmediato Shikadai e Inojin.

-¿Y por qué no?- les preguntó Chocho, mirándolos, con un brillo en los ojos que exigía comía, muy digno de Natsumi.

-Ya está pensando con la panza…- suspiró Inojin, rascándose la cabeza, mientras Shikadai negaba con la cabeza, fastidiado.

-¿Qué importa? Si se enferma no será nuestra culpa…- murmuró el Nara.

-No saben tan mal- aseguró Chocho, masticando un poco.

-¡¿TE LAS COMISTE?!- la quedaron mirando sus compañeros.

-Son ricas, tengan un poco- les ofreció, sobresaltándolos.

-Por favor…- suspiró Moegi, observando como Chocho trataba de hacer que Shikadai se tragara las hierbas que le metió a la boca, e Inojin intentaba detenerla.

Matsuko sonrió, divertida al escuchar todo aquel escándalo.

Después de que Chocho hiciera probar y tragar las hierbas a sus compañeros de equipo, los tres gennin terminaron de sacar las malas hierbas, y las dejaron en el basurero, terminando lo que faltaba de la misión.

-¿Ven que no fue difícil?- les sonrió Moegi, mientras sus dos alumnos se veían agotados, en cambio Chocho estaba tranquila, comiendo unas papas fritas.

-L-Lo dice cuando usted no hizo nada…- murmuró Shikadai, haciendo sonreír nervioso a Inojin.

-Muchas gracias, niños. Espero que haberme ayudado no les hubiera causado muchas molestias- les sonrió la anciana Matsuko, sobresaltando a los dos jóvenes.

-¡N-No fue ningún problema!- aseguraron de inmediato, estáticos.

-Yo me divertí- aseguró Chocho, sonriendo, con una papa en mano.

-Que alegría. Tengan, un pequeño premio- Matsuko sacó de sus bolsillos unas pastillas, haciendo que Shikadai e Inojin las recibieran sonrojados, en cambio Chocho ya sacaba el envoltorio de una.

-La misión terminó, pero podemos quedarnos un poco más, Matsuko-obasan- le aseguró Moegi a la anciana, quien sonrió y negó.

-Te lo agradezco, Moegi-chan, pero Pakkun-chan y Buru-chan me hacen compañía, así que no te preocupes- le sonrió la mujer, a lo que la Jounin asintió, satisfecha.

El Equipo Moegi se despidió de la dueña de casa, y, sin más, se retiraron.

-Es una abuelita muy tierna- sonrió Chocho, disfrutando de los dulces, mientras caminaban de regreso a informar el término de la misión.

-Me pregunto si todas las mujeres se vuelven así de tranquilas cuando llegan a esa edad…- murmuró Shikadai, haciendo sonreír incomodo a Inojin- Si es así, aun tendré que aguantar el genio de mi madre-

-Vamos, vamos. Shikadai, no hables así de Temari-san- le pidió Moegi- No vaya a ser que te escuche- agregó, sonriendo, haciendo que el joven se sobresaltara.

-…- Inojin se quedó pensativo, tomando la atención de su maestra- Moegi-sensei- la llamó, algo preocupado- Matsuko-obasan no es completamente ciega, ¿verdad?-

-Exacto. Ella solo sufre una ceguera parcial. Puede ver de forma limitada, pero aun así no puede hacer cosas solas, y es por eso que varias de las misiones que el Hokage encarga es ayudarla con los quehaceres de su hogar-le señaló la peli naranja, sonriendo.

Eso dejó pensando a Inojin, lo que hizo sonreír a Moegi.

-Pero…- murmuró Chocho, dejando de comer, tomando la atención del equipo- ¿Qué le pasó a Matsuko-obasan?- miró a su maestra.

-… Bueno…- sonrió con tristeza Moegi, extrañando a Shikadai- Fue algo ya de hace muchos años. Antes de que ustedes o yo naciéramos- confesó, sorprendiéndolos.

-¿T-Tan anciana es?- murmuró Shikadai, recibiendo un leve tirón de mejillas por parte de su maestra.

-Ella tiene 63 años. No es tan vieja como quieres pensar. Lo que pasa es que es delicada- lo regañó Moegi, hasta notar que se acercaban dos Ninken en especial- Ah, Pakkun, Buru- saludó.

-Hola, hola. ¿Ya terminaron con las hierbas?- preguntó Pakkun, mientras Buru se detenía levemente, haciendo que los gennin parpadearan al notar que el enorme bulldog tenía colgando de su hocico unas patas traseras café, y una cola bastante esponjosa, las cuales estaban bastante quietitas.

-Sí. Fue fácil- sonrió Moegi.

-Sensei…- la quedó mirando Shikadai, consciente de que ella no hizo nada.

-E-Este…- Inojin se agachó, mirando aquello que tenía agarrado Buru- ¿E-Es una ardilla?- preguntó, y se asustó junto con Chocho cuando aquellas patas comenzaron a moverse.

-Ah, es Asustadín- presentó Pakkun, ante la curiosa mirada de los humanos- Lo encontramos en la calle. Estará con nosotros un rato, y si se porta bien le permitiré tocar mis almohadillas- levantó una pata, a lo que Inojin y Chocho se acercaron, mirando las almohadillas del Ninken.

-¿Asustadín?- parpadeó Moegi, pensando que aquello en el hocico de Buru era una ardilla.

-¿Por sus almohadillas?-murmuró Shikadai, extrañado.

-Supongo que los Nara nunca apreciaran la calidad de mis almohadillas- sentenció Pakkun, mientras Chocho acariciaba con su pulgar su patita.

-¡Son muy suaves~!- aseguró la morena, mientras Inojin se rascaba la mejilla, algo dudoso.

"Q-que raro… E-Estoy seguro que he visto esa cola en otra parte…" pensó el rubio, mirando las patitas y la colita que sobresalían del hocico del bulldog.

-Bueno, bueno. El tiempo apremia. Nos vemos mañana- se despidió Pakkun, mientras Buru continuaba con la caminata.

"…" Shikadai los miró un rato, parpadeando un poco, mientras en su mente comenzaba a aclararse con respecto a aquella ardilla"… Este es un gran problema…" suspiró, dándose cuenta de todo.


-Matsuko, ya llegamos- avisó Pakkun, mientras Buru entraba al jardín de la casa, en donde la anciana seguía sentada, disfrutando la brisa.

-Bienvenidos, bienvenidos- sonrió la Matsuko, levantándose- ¿Había mucha gente?- preguntó, agachándose a la altura de Buru, sin notar las patitas y colas que salían de su hocico.

-Un poquito, un poquito- sonrió Pakkun.

-Ya veo…- sonrió Matsuko, hasta notar los ruidos que hacía Yoko al intentar salir del hocico de Buru- ¿Hay alguien más?- preguntó, extrañada.

-Ah, sí. Trajimos a Asustadín. Buru- Pakkun miró a su amigo, quien abrió su hocico, a lo que Yoko resbaló por su lengua, cayendo sentado al piso frente Matsuko, completamente baboso.

-B-Bleg…- Yoko sacó la lengua, asqueado con tanta baba, intentando quitársela.

-Vaya. Es una… ardilla, ¿verdad?-Matsuko abrió un poco sus dañados ojos, viendo solamente el pelaje café de Yoko, tomando su atención.

Yoko parpadeó, algo sorprendido con ver a aquella humana de ojos verde agua… Era la primera vez que veía a un humano tan arrugado… Le llamó su atención su cabello blanco amarrado en un moño.

-No shé- aseguró el pequeñín, curioso.

-Mira, hablas- Matsuko tomó en brazos a Yoko, quien seguía mirándola, sumamente curioso- ¿Qué te pasó, Asustadín-chan? Estás algo sucio- le sonrió, acariciándole el babeado pelaje.

-Buchu peshao- Yoko miró a Buru, quien seguía con una expresión de seriedad.

-Matsuko, lo que pasa es que Buru no se resistió a jugar con Asustadín. Él tiene el don de cuidar a los peques- aseguró Pakkun- Te aseguro que tiene una expresión de felicidad que se desborda y contagia. Yo estoy sonriendo mucho- agregó, pero, como siempre, las expresiones de los Ninken era contraria a lo que decía, haciendo que Yoko los quedara mirando, sumamente confundido.

-Vaya, vaya. Debiste disfrutar mucho, Asustadín-chan- sonrió Matsuko- Pakkun, Buru. ¿Puedo encargarles la cocina?- les pidió, levantándose, cargando a Yoko, quien la miraba, curioso.

-Sí, no hay problemas. Sabes que es mi especialidad los caldos de carne- sonrió Pakkun, mientras Buru asentía- ¿Y qué harás?-

-¿Yo? Le daré a esta pequeña ardilla un buen baño. Se puede enfermar si sigue así- sonrió Matsuko, sin percatarse que el sucio pelaje de Yoko se erizó al escuchar la palabra baño.

-Ah, si vas a hacer eso te recomiendo mi shampoo Verde Floral. Le dejará un agradable olor y su pelaje estará más brillante- le comentó Pakkun, levantando su patita.

-Está bien- sonrió Matsuko, mientras Yoko lloraba a mares, totalmente asustado…


Sala de Reuniones…

Kurama apretó sus colmillos, bajando la cabeza, aun sintiendo aquel sudor frío que lo tomó desprevenido.

¿Qué había sido eso? Por unos momentos sintió que lo habían estado a punto de atacar, pero después de unos segundos sintió la abrupta sensación de vacío… para recordar que estaba en aquel cuarto con piso de tatami, junto a tres ANBU, entre ellos el desquiciado del dibujo, y su tonta pareja que por fin hablaba de cosas serías con el más tonto Daimyo que había visto…

Negó con la cabeza, rascándose la frente, moviendo un poco su banda, bastante desconfiado con aquella sensación, la cual, además, le daba muy mala espina…

¿Qué rayos había sido eso…?

Sus pensamientos se distrajeron cuando sus orejas se movieron al escuchar a la Yokai de pelo rojo puntas negras.

-Y por eso, creo que deberiamosh tener algún medio que permite que algunos Yokai residan en Konoha, y en las demás aldeas pequeñas de este país, para que el contacto entre los humanos y mi raza sea menos menor pequeñitis-sentenció Natsumi, hablando frente a la pantalla que mostraba al Daimyo de Hi no Kuni, quien se abanicaba distraídamente.

Kurama se quedó mirando a su pareja, consciente de que ella trataba de sonar seria y formal, pero, bueno, ella era Natsumi… Le era imposible ser seria…

La conocía desde hace cuatro años, y lo podía asegurar, y hasta apostar… Ella nunca sería seria y formal…

Kurama parpadeó un poco al percatarse que, realmente, eran cuatro años desde que conocía a la Yokai. Miró nuevamente a Natsumi, pensando en eso.

Con ella, había experimentado el otro tipo de amor que existía. Uno que nunca hubiera podido aprender junto al Sabio, Naruto, la mujer, sus mocosos, o sus hermanos…

Parte de él aún se avergonzaba y hasta molestaba por su forma de actuar con la Yokai durante su estadía en Uzushiogakure, cuando fue el incidente con los Jashin y el desgraciado de Ryusei… El recordar que se había puesto tan meloso y sensible por sentir ese tipo de amor le molestaba, especialmente ahora que se había acostumbrado y tenía la mente clara…

Aun así… A pesar de que esas cosas no fueran de su agrado… No se arrepentía.

Estar con Natsumi le hizo ver desde un punto de vista nuevo la vida… Y, aunque era en parte fastidioso, no negaba que no le atrajera…

Eran cuatro años, o un poco más, puesto que sus cachorros dentro de poco cumplirían un año y medio…

Sus cachorros…

Parte de él aun no aceptaba que era padre, y tenía hijos, por lo que aún le era difícil aceptar la situación, y se esforzaba para ser una figura paterna digna para sus hijos… Deseaba ser una…

Quería que sus cachorros vivieran sin el mismo temor que él vivió… El temor a los humanos…

No permitiría que pasaran por las mismas desgracias que él…

Frunció levemente el ceño, y decidió seguir observando como Natsumi hablaba con el Daimyo, prefiriendo mejor no ser tan paranoico. De esa forma, la reunión sería más rápida y así sería menos tiempo sin sus cachorros…

Sí, a regañadientes lo admitía… Quería estar pronto con sus pequeños…


Los seres a los que Yoko más temía eran los gatos. De eso no cabía duda alguna… Sin embargo, la cosa que no le gustaba en absoluto… eran los baños.

Y, precisamente, para asombro suyo, estaba metido en un balde de agua tibia en el jardín de esa casa desconocida, sin su bufandita, mientras aquella humana de cabello blanco y piel arrugada restregaba suavemente en su espalda un jabón, sin dejar de sonreí.

¡¿En qué momento le pasó todo eso?! ¡Su mente estaba sumamente confundida! ¡Además que aún seguía desorientado al haber viajado dentro del hocico de ese pelo!

-¿Te gusta cómo está el agua, Asustadín-chan?- le preguntó Matsuko, mientras Yoko sacudía su pelaje, queriendo quitarse el jabón de encima.

En respuesta, el pequeñín la miró con el ceño fruncido y las mejillas infladas, gesto el cual, aunque él no sabía, era la combinación de la expresión de enfado de su padre y madre.

-¿Te gusta?- le volvió a preguntar la anciana, puesto que no distinguía la expresión del cachorro.

-¡Nop!-ladró Yoko, negando con la cabeza, extrañando a la mujer- ¡No me gutan los bachos!- aseguró, ofendido.

-Vamos, vamos. Te sentirás mucho mejor después de quedar limpio- le aseguró Matsuko, tomando una tasa a su lado y vertiendo el agua tibia encima de Yoko, quien cerró los ojos, con las mejillas infladas, para no tragar nada- Incluso tendrás más energía, Asustadín-chan-

-Mm…- la miró amurrado Yoko- ¡No me gutan!- sentenció.

-No seas así. Recuerda que tienes que ser un buen niño- le recordó Matsuko, comenzando a acariciar por detrás de la oreja al cachorro, quien de inmediato cerró los ojos, disfrutando del gesto- ¿Te gusta?-sonrió.

-Sh-Shipi- sonrió Yoko, sin darse cuenta que, al ser rascado ahí, comenzó a tener un ticken la patita, sacudiéndola inconscientemente, chapoteando un poco de agua.

-Mira que te gusta. Te escucho muy entusiasmado- sonrió Matsuko.

Eso extrañó a Yoko, quien levantó la cabecita, haciendo que la mujer comenzar a rascarle suavemente el mentón.

-¿Ecuchar?- parpadeó, extrañado.

-Ah, lo siento- sonrió apenada Matsuko- Es que, como te darás cuenta, no veo muy bien- le señaló, abriendo un poco sus dañados ojos.

-Mm…- Yoko la miró más curiosos- Son lindos- le sonrió, sorprendiéndola.

-Mira, mira. Eres un pequeño muy halagador- aseguró agradecida Matsuko, acariciándole la mejilla, lo cual alegró mucho a Yoko. El cachorro no sabía por qué, pero le encantaba que le hicieran cariño en la mejilla- ¿Por qué crees que son lindos?- le preguntó, tomando su atención.

-Puesh…- meditó Yoko, cruzando sus bracitos, curioso, mientras Matsuko seguía pasándole el jabón-Shon como vidlio-sonrió, contento.

-Ya veo… Bueno, eso debe ser normal- aseguró Matsuko, siendo observada por el curioso y sonriente Yoko- Verás, pequeño Asustadín-chan. Yo no puedo ver muy bien- le informó, extrañándolo- Sufro un tipo de ceguera parcial, que me permite ver un poco la luz, las siluetas y los colores, nada más- sonrió, sin saber que el pequeño se sorprendió ante eso- Aun así, no tengo problemas para moverme en mi casa, ni para hacer algunos quehaceres, puesto que nunca hago cambios. Además, siempre hay gente que viene a ayudarme. El Hokage me ayuda mucho-sonrió, agradecida.

-… ¿Ramen-oniichan?- parpadeó sorprendido Yoko. Se extrañó que, por lo que dijo, la anciana se riera levemente.

-Sí, he escuchado que ese es el plato favorito del Hokage- sonrió Matsuko, tirando suavemente un poco de agua en la espalda jabonada de Yoko, quien se había olvidado que lo estaban bañando, puesto que su atención estaba en aquella humana.

-… ¿Me vesh?- le preguntó, curioso.

-Bueno… solo puedo ver tu lindo color café- sonrió la anciana, acariciándole la cabeza.

-¡Tengo naliz negla!- ladró contento Yoko, haciendo sonreír a Matsuko-Mish olejitas tambén son neglas-movió sus largas orejitas, haciendo un tierno sonido- Y mish ojitos son lojos-

-Mira, mira. Suenas como todo un galán- le aseguró Matsuko, a lo que Yoko sonrió satisfecho, sonrojado- Pero jamás me imaginé que existiera una ardilla de ojos rojos- aseguró, moviendo su mano intentando agarrar el shampoo, pero no podía ver bien la silueta.

Yoko se percató de eso, por lo que chapoteó a la otra orilla del balde, se asomó un poco y, con cuidado, agarro con su hocico el envase, haciendo sonreír a la anciana.

-Gracias, pequeñín- sonrió Matsuko, recibiendo el shampoo por parte de Yoko, quien volvió a sonreír, sumamente contento.

Nunca antes había sentido que el baño podía ser tan… divertido.

Matsuko puso un poco del líquido de aroma verde florar en sus arrugadas manos, y comenzó a pasarlo en el pelaje de Yoko, haciéndole cosquillas. Cuando terminó de restregar suavemente el shampoo, el pequeño había quedado con todo el pelaje lleno de burbujas verdes, las cuales desaparecieron cuando volvió a pasarle una taza con agua.

-¿Ves que no fue tan difícil, Asustadín-chan?- sonrió Matsuko, sacando al divertido Yoko con una toalla, abrigándolo, y, con cuidado, se dirigió a su silla-Hace un buen clima, y aún falta para que Pakkun y Buru terminen, ¿te parece quedarte un rato más con esta anciana y disfrutar del ambiente?- le preguntó, a lo que Yoko, con su pelaje goteando un poco, ladró, contento.

La anciana sonrió, y acomodó la espalda en el respaldo de la silla, mientras Yoko se acurrucaba en la toalla, sumamente contento.

Se sentía bien, ya no tenía miedo, y, lo mejor de todo, era que ya no le dolía el pecho…

Eso sí, extrañaba mucho a Ramen-oniichan, a sus hermanos, y, especialmente, a Pa y a Ma, así que igualmente se sentía un poco nervioso. Aun así… se sentía muy bien junto a aquella ancianita que le costaba ver…

Ese pensamiento dejó algo preocupado a Yoko, quien levantó la cabeza, observando como Matsuko disfrutaba del leve viento que llegaba al lugar.

-¿Po ké?- preguntó, tomando la atención de la anciana- ¿Po ké no vesh?- le preguntó, sumamente curioso.

-Jeje. Pensé que te habías dormido, pero tienes mucha energía- sonrió Matsuko, acariciando la cabeza de Yoko, quien sonrió.

-¿Po ké?- volvió a preguntar, sonriendo.

-…- Matsuko sonrió tristemente, acariciando el lomo del cachorro- No creo que un pequeño como tu deba saber, Asustadín-chan. Son cosas que los adultos entienden-aseguró.

-… ¿Po ké?- sonrió Yoko, y se extrañó que la anciana se riera un poco.

-Para ser tan pequeño, estás lleno de curiosidad- sentenció Matsuko, a lo que Yoko sonrió avergonzado- Bueno, si estás así, solo te diré un poco- aceptó, a lo que el pequeño se alegró- Hace muchos años, cuando vivíamos en la época de las guerras, nuestra aldea sufrió un ataque- comenzó a relatarle, mientras Yoko la miraba, expectante- Nos atacó una criatura gigante, dejando mucho daño a su paso- suspiró tristemente- En ese momento, me encontré en el lugar equivocado. Aquel ser sacudió su garra cerca de mí, y el impacto me daño al igual que a mi hogar y a mi familia…- recordó con tristeza, mientras Yoko fruncía levemente el ceño, triste.

-… ¿Pol… esho…?- se atrevió a preguntar Yoko, a lo que Matsuko asintió.

-Sí… Aun así, sé que aquella criatura no tuvo la culpa- aseguró, sorprendiendo al cachorro- Cuando comprendí que él también era una víctima de la maldad de nosotros las personas, aprendí a perdonar- sonrió.

-Esho… ¿esh beno?- Yoko ladeó la cabeza, curioso.

-Sí. Cuando aprender a perdonar, y no guardar rencor innecesario, te sientes libre. Sientes que puedes vivir en paz- sonrió Matsuko.

-…- Yoko bajó las orejas, triste- Pelo… no vesh-

-Sí veo… No como todos, pero sí veo- le sonrió Matsuko, acariciando la cabeza del pequeño.

-Pelo…- gimió Yoko, temblando- Pelo…- gimió, cerrando los ojos, sin saber por qué le afectó tanto escuchar aquel relato- L-Lo shento…-

-Vamos, Asustadín-chan. No tendrías que disculparte- la anciana le acarició la mejilla, sintiendo la humedad en ella a causa de las lagrimitas que lloraba el pequeño.

-Lo shento… Lo shento… Lo shento… Lo shento…-gemía Yoko, sin saber por qué tenía aquel… sentimiento de culpa…

Matsuko se preocupó un poco, por lo que decidió rascar detrás de la oreja del cachorro, siendo suficiente para que este dejara de llorar al comenzar a mover inconscientemente su patita trasera.

-No llores más. No hay necesidad de estar tristes- le aseguró, dejando de rascar, por lo que Yoko levantó la mirada, con sus ojitos rojo sangre brillando- Yo soy feliz- le sonrió.

Yoko abrió los ojos, sorprendido, y sonrió un poco.

-¿Estás mejor?- le preguntó Matsuko, secando un poco la espalda del pequeño con la toalla.

-… ¿P-Puedesh…?- murmuró tímidamente Yoko, extrañando a la anciana- ¿C-Contalme mash shtorias?- pidió, avergonzado.

-Una anciana como yo conoce cuentos muchos más alegres que los propios- sonrió Matsuko, alegrando a Yoko- ¿Te apetece escuchar esos cuentos?-

-¡Shipi! ¡Shipi! ¡Shi~pi~!- Yoko asintió varias veces la cabeza, entusiasmado.

-Veamos, veamos- sonrió Matsuko, acomodándose un poco, mientras Yoko la miraba, sonriendo expectante- ¿Qué te parece que te cuente sobre El Destello Amarillo de Konoha?-sugirió, a lo que el cachorro sonrió más entusiasmado, con estrellitas en los ojos.


Residencia Nara.

En una de las habitaciones de la casa, Inari y Fuyumi estaban bien escondidos debajo de un mueble. Nunca se habían ocultado así, pero, tanto tiempo en ver como lo hacía Yoko, les había dado un poco de experiencia…

Y, esa experiencia, debía ser usada en el plano real… Debían esconderse hasta que el peligro pasara…

Entonces, la puerta corrediza de la habitación se abrió de golpe, haciendo que ambos pequeños se taparan el hocico con sus patitas, mientras sus pelajes se erizaban al mismo tiempo.

Comenzaron a escuchar los fuertes y rudos pasos de aquel que entró, haciendo que resonaran en las orejas de los cachorros, quienes aguantaban el llanto, esperando que el peligro se fuera rápidamente.

Cuando se dejaron de escuchar aquellos amenazantes pasos, los pequeñines suspiraron, aliviados, pero no se esperaron que el mueble encima de ellos saliera volando por una ventisca, quedando ambos expuestos, sumamente quietecitos.

Los hermanos tragaron, y, mecánicamente, miraron para atrás, apreciando a Temari con Kamatari en el hombro, despidiendo tal aura, y mirándolos de tal manera que ambos se abrazaron, asustados.

-Así que… ¿pensaron que iban a huir de mi después de intentar escapar de casa?- les preguntó Temari, mientras los pequeños temblaban tanto que hacían ruido- ¿Creían que me verían la cara de tonta o algo así?- exigió saber, tronando sus nudillos.

Inari y Fuyumi comenzaron a llorar a mares, asustados.

-¡PAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!


¡Bien, queridos lectores^^! ¡Disculpen la tardanza, pero he aquí el cap que todos esperaban!

Aunque, ya lo sé, los volvía a dejar en suspenso... ¿Inari y Fuyumi sobrevivirán a la ira de Temari^^'?

Me gustaría responder saludos, y escribir un poco más, pero Zoe tiene que terminar rápido para ir a dormir, porque mañana me iré al sur de Chile junto con Rila^^, así que estaré varios días fuera.

En compensación a esto, subí vaaarios dibujos de mis fics a mi blog, para que los vayan a ver^^

Sin más, me despido y me disculpo por las faltas de ortografía que lean^^'

¡Espero les haya gustado el cap! ¡Gracias por leer, y no olviden comentarv!

PD: para mis lectores que querían actualización, ya subí un cap de "El comienzo de los lazos"^^'.