Calor, esa sensación que Harry Potter tenía en el crucero que decidió hacer junto a su amada Ginny Weasley. Al terminar el séptimo año después de la Guerra, decidió sorprender a Ginny por su cumpleaños y llevarla a un crucero muggle por su dieciocho cumpleaños. Los señores Weasley no dijeron nada porque sabían que su hija y su futuro yerno necesitaban un descanso lejos de todo el mundo mágico.
Cuando reservó el crucero lo hizo para dos semanas. Ginny al enterarse alucinó porque Hermione le había estado hablando de que en el mundo muggle hacían esas cosas y a Ginny le había gustado tanto que le había comentado en alguna ocasión que le encantaría hacer uno algún día.
El crucero era bastante impresionante y que duró dos semanas. Recorrieron Europa parando en algunas de las ciudades más importantes y en casi cada parada fueron comprando recuerdos para todos los miembros de la familia y al señor Weasley le regalaron una televisión de pantalla plasma y de 50 pulgadas que tuvieron que encoger con magia lejos de la vista de los muggles.
