Pasión, era lo que Charlie Weasley por los dragones. Desde pequeño Charlie había sentido adoración por esos animales. Cuando tenía cinco años sus padres le habían regalado una colección de libros de todo tipo de dragones y desde ese entonces los amó. Tanto que desde esa edad afirmó categóricamente que cuando fuera mayor se haría cuidador de dragones, su madre no le tomaba en serio ya que el niño tenía solamente cinco años.
Cuando terminó su época en Hogwarts les comunicó a sus padres su decisión de irse a Rumanía para trabajar con los dragones. Los señores Weasley no estaban convencidos ya que tratar con dragones era muy peligroso, pero al ver la determinación de su hijo le dieron luz verde para que se mudara a Rumanía. Charlie salto contento cuando sus padres le dieron el visto bueno a su decisión.
La pequeña Ginny no quería que se fuera, quería que todos sus hermanos estuvieran con ella, si Charlie se iba, ya no podría volver a jugar con él y eso la entristecía, pero él la acabó convenciendo cuando le dijo que de vez en cuando iría a visitarlos a La Madriguera.
