By Yurio

Siempre había sabido que History era una niña lista, desde la primera vez que llegó a casa como un miembro más de la familia y la pusieron en mis brazos supe que sería alguien especial, algo dentro de mí sabía reconocer el potencial cuando lo veía. No pude evitar confirmarlo cuando soltó su primera palabra, os juro que ese día fue uno de los días en los que las emociones estuvieron más presentes que nunca, pero nadie sabía que sería una señal de que los tres idiomas se le darían tan jodidamente bien porque esa niña realmente sabía cómo aprovechar su capacidad y la idiotez de sus padres. Cuando ella llegó tuve la impresión de que los críos no eran del todo detestables o quizás sólo fuera ella la que no era detestable, en fin, supe que por fin habría alguien con quién podría compartir cosas sin que dijera nada y lo malo fue aquella vez que dijo su primera palabra... ¡Viktor quería matarme al escuchar a su hija decir aquello! Esa palabra fue la perdición por un buen rato y ahora History era capaz de decirlo en tres idiomas diferentes sin ningún miramiento, fue todo un golpe bajo para el idiota de su padre.

Recuerdo perfectamente aquel día...

Seguía preguntándome cómo es que el par de idiotas podían ponerse en un modo tan sobreprotector cuando se trataba de dejarme solo con History, sabiendo perfectamente que no sería la primera ni la última vez que lo harían en el resto de sus vidas y que jamás había sucedido nada raro en esas ocasiones en las que no había más remedio que dejarnos sólo a los dos en casa, normalmente me gobernaba solo, pero apenas veía la mirada oscura del cerdo y la manera en la que podía dominar a Viktor me advertía que había dejado de ser completamente inofensivo o quizás jamás lo había sido, casi siempre las personas caían ante el efecto Nikiforov y no podían negarle nada así que intentaba enseñar a la pequeña a ser invulnerable ante el efecto idiota que emanaba de uno de sus padres las veinticuatro horas del día. Ese día iban a salir a compras de emergencia, los trajecitos casi no le quedaban a History y el frigorífico estaba casi completamente vacío, además de recoger los nuevos patines que Viktor había ordenado recientemente, quería regalarle un par de oro como los suyos al cerdo como regalo de bodas o algo así, el punto es que tardarían demasiado y veían difícil hacer que la pequeña se levantara tan temprano para llevarla de un lado a otro de mal humor y aún peor intentar llevarme como si fuera un prisionero, sabiendo que entre el cerdo y yo terminaríamos cargando las bolsas de compras que no eran indispensables para nadie más que para Viktor. En fin, ambos estuvieron de acuerdo en dejarme con History en casa para esperar a que ellos regresaran, pero esta vez fue más difícil convencerles de que nada pasaría al estar sin ellos por unas cuantas horas y la razón de tanta preocupación era nada menos que por el resfriado que había contraído la pequeña después de que Viktor la hubiera sacado de paseo demasiado temprano y con ropa demasiado ligera, hasta yo le había dicho que era una estupidez dejarla jugar en el césped con nada más que un suetercito y su pijama, pero él había alegado con el típico: "Nada va a pasarle, no hace tanto frío y Yuuri no va a enterarse". Claro que el cerdo se enteró de la peor forma, una noche tuvimos que llevar a History al hospital corriendo por no poderle bajar la fiebre, la pobre no podía dejar de llorar ni en mis brazos y cuando dejamos que el pediatra la revisara, de inmediato nos explicaron que se trataba de nada menos que un horrible resfriado que no le permitiría tantas libertades hasta no presentar una mejora. Esa noche, cerdo se quedó junto a la cuna de History para cerciorarse de que todo estuviera bien y no se despegó hasta que amaneció, esa vez se molestó tanto que estoy seguro de que Viktor casi pasa la semana en el sofá, me reí a más no poder de que el viejo al fin recibiera su castigo, pero no se sentía del todo bien porque el precio lo pagaba mi History.

-No dudes en llamar si pasa algo, por favor – dijo por millonésima vez, Katsuki. Como de costumbre, se preocupaba más de lo que debía, pero ya era la segunda semana que History llevaba enferma y no era para menos – Dejé el horario para las medicinas en el frigorífico, anoté los nombres y dosis exactas, no vayas a olvidar dárselas. Y si llama el pediatra, ¿podrías pedirle que llame a mi móvil?, explícale que salimos de urgencia pero que le responderé de inmediato.

Había cambiado a History con el pijama de tigre blanco, era uno muy parecido al mío, y usualmente lo usaba cuando estaba algo decaída o enferma, cosa que no había sucedido hasta ahora. Pero se veía muy mona, conservaba la alegría en su rostro a pesar de no estar en su mejor forma, tenía su nariz roja, algunas ojeras y se veía un poco más pálida que de costumbre pero seguía siendo toda una bala, no perdía su energía del todo y creo que hasta se le notaba más cariñosa que de costumbre. Katsuki la llevaba cargando y ella seguía intentando alcanzar los lentes azules que llevaba, acariciando su rostro de cuando en cuando y dando pequeño botes cuando se reía, se había entretenido con el medallón que cargaba igual al de ella, intentando abrirlo para ver que había dentro.

-Ya basta, puerco – espeté quitándole a History de los brazos. Ella no tardó en comenzar a estirar las manos diminutas para tocar mi cabello, de verdad sabía reconocer lo que era bueno cuando lo veía – Sé exactamente qué hacer, no es como si fuera la primera vez que nos quedamos solos y tú no vayas a olvidarte de recoger mis encargos en el centro comercial.

Tras la última visita de Otabek la semana pasada, me acompañó de compras y ahora sólo faltaba que las recogieran.

-¡Oh, Yuri! ¡No puedes pedirnos que nos quedemos tranquilos cuando dejamos a nuestros bebés solos! – dijo Viktor, él tenía un concepto demasiado raro de "bebés". Se lanzó para invadir mi espacio personal una vez más, la única razón por la cual no le di una patada o algo fue porque llevaba a History en brazos y sería raro enseñarle movimientos tan complicados siendo tan joven, tal vez le enseñaría como defender su espacio vital de idiotas cuando tuviera unos cinco o seis años – Además, estaremos fuera por un largo rato y sé que eres capaz de convertir a History en un gatito secuaz para dominar el mundo.

El cerdo se rió un poco, negando con la cabeza ante las ocurrencias de su marido mientras History intentaba alcanzar a su padre, quien comenzó a besarle la cabeza y las mejillas a modo de juego.

-Y en ese mundo el cerdo podrá disfrutar de su duelo después de que te corte por la mitad con los patines – mascullé mirándolo fijamente.

-Seguro que Otabek no estará de acuerdo con eso – contestó con una media sonrisa y sentí la cara arder – ¿Acaso tenemos que darte una charla, Yuri? No seríamos padres responsable si no te damos lecciones de sexualidad.

Claramente uno de los puntos fuertes de Viktor Nikiforov era precisamente joder con ganas, parecía que uno de sus pasatiempos era hacerme cabrear hasta explotar y parecía decidido a hacer que un día incendiara el edificio con él dentro y bañado en combustible. El semblante que me mostraba en esos instantes brillaba con insinuación, era obvio que se aprovechaba de la situación y de que llevaba a la pequeña bebé en brazos para librarse de una buena patada como la que le había dado una vez en las calles, juraba que lo primero que haría cuando se fueran sería tomar el ordenador y hacer un millón de compras con la ilimitada tarjeta que tenía ese tonto de cabello plateado.

-Y yo tampoco estoy de acuerdo en que se amenacen mutuamente con History delante – intervino el cerdo.

-Hazle caso y lárguense de una vez – dije y alcé a History sobre mi cabeza, ella se rió instintivamente – Te doy el pésame, si fuera tú también me avergonzaría tener un padre como este.

Katsudon fue a la cocina para coger la lista de compras que había hecho, lo más probable sería que él haría la cena para hoy, cosa que aunque no admitiera me alegraba, él tenía un don para la cocina que podía reconocer de cuando en cuando en voz alta.

-Por cierto, ¿qué quieres para cenar, Yuri? – Preguntó desde la cocina – Viktor, ¡baja del sofá ahora!

-Piroshki de Katsudon – contesté al instante. Me sonrió, anotó unas cuantas cosas en la lista y se encaminó a la puerta junto con el idiota de su marido – ¡No olvides mis cosas!

Lo primero que hice al quedarnos solos fue tumbarme en el sofá con History a mi lado, era tiempo de disfrutar un rato de holgazanería en su máximo esplendor y con las provisiones necesarias sería una tarde estupenda, tenía unas cuantas chuches escondidas en la alacena, sólo iría a comprar un refresco, tal vez un dulce pequeño o una galleta para History y estaríamos completos. Había un pequeño supermercado a unas dos calles, podría ir rápido para no dejarla sola durante tanto tiempo porque algo me decía que si sacaba a History podría ponerse peor y no quería tomar el riesgo y al mismo tiempo, quedarme sin mis Piroshki.

-¿Qué haremos, History? – Le pregunté y ella sólo balbuceó en respuesta – Es buena idea, me gusta. Pero debes de prometer que te quedarás quieta y no dirás nada, ¿entendido?

Cargué a History y la dejé en la alfombra, le pasé uno de los juguetes que creía que sería algo que podría entretenerla por un rato, llamé al repartidor de pizza y ordené una mediana con unos canollis que actuarían como nuestra comida, no estaba tan mal si le daba a probar un poco, ya casi cumplía su primer año y tenía que comenzar a probar las maravillas de la vida. Tomé mi chaqueta y salí corriendo al supermercado, no creía que History fuera a provocar una explosión o algo así, es más, podía afirmar que se quedaría tranquila hasta que regresara.

Caminé sin demasiada prisa por los pasillos, topándome con un par de Yuri Angels por el camino y atrasándome de forma horrible, la única ventaja de todo ello había sido ahorrarme la fila a cambio de una foto. Para cuando volví a la casa, el repartidor ya estaba en la puerta y escuchaba el sonoro llanto de un bebé dentro, me sentí asustado y me apresuré a abrir antes de que pudiera decir algo al repartidor.

-Yu... – sollozó History desde la sala – Yurochka...

Casi me caigo al escucharla decir eso, History acababa de balbucear lo que parecía mi nombre... no, el modo por el que me llamaba el abuelo. Estaba seguro de que quizás el mundo estaba jugándome una mala pasada, probablemente tenía demasiado sueño y ahora me imaginaba cosas, pero el llanto de History y los constantes "Yurochka" me decían que no lo era. Le pagué al repartidor de pizza y corrí con la caja en mis manos hacia la pequeña que lloraba en el tapete, tiré la caja a uno de los sofás para apresurarme a cargarla.

-Eh, History... – la mecí mientras ella lloraba. Se había acurrucado en el hueco que había entre mi cuello y el hombro, comenzaba a sentir la camiseta mojada pero no importaba, no me gustaba verla llorar y aún menos cuando yo estaba a su lado. Por lo general me daban ganas de reír cuando a un bebé o un niño pequeño le pasaba algo y lloraba, pero desde que se convirtió en mi persona favorita de la existencia todo eso cambió – ¿Qué pasa, huh? Eres tan mona cuando te ríes...

-Yurochka – volvió a decir.

Una sonrisa apareció en mi rostro, en lugar de pensar en cómo calmarla no podía evitar sentirme feliz por el hecho de que su primera palabra fuera mi nombre. Tuve una idea estúpida, fui por una de mis chaquetas para tapar a History, guardé las llaves de la casa y salí corriendo hacia el centro comercial para buscar al cerdo. Lo único que esperaba es que no se pusiera en modo "Mamá cerdito", tenía que saber que su hija acababa de decir su primera palabra y Viktor debía de sufrir que supiera decir mi nombre en lugar de llamarlo "papá", esa sería mi venganza por ser tan fastidioso a las veinticuatro horas, History estaba vengando a su tío favorito y de la mejor manera posible. Corrí por las calles de San Petersburgo como un completo lunático para tomar un taxi y salir disparado hasta el centro comercial, toda el hambre se esfumó por completo, me sentía demasiado contento como para quejarme.

-¡Cerdo, ella lo hizo! – Grité al verlos – ¡History por fin lo hizo!

-¿Yurio? ¿Qué haces aquí? – me preguntó Viktor.

Una sonrisa maléfica apareció en mi rostro.

-Tu hija acaba de decir su primera palabra – canturreé.

Dejé que mamá cerdito cargara a la revoltosa History, quien había dejado de llorar y ahora sólo buscaba un poco de cariño.

-Dime algo, bonita – le dijo Katsudon a History. Ella se revolvió en sus brazos, sorbió su nariz congestionada y abrazó a su padre – ¿No vas a hablarme?

-Yurochka... – dijo enérgicamente.

La cara de Viktor fue digna de fotografía, obviamente estaba feliz por la primera palabra de History, pero al mismo tiempo parecía querer golpearme por robar la oportunidad de que le dijera "papá", mientras tanto, Katsuki daba brincos de felicidad con History en los brazos.

Si... aquél día tuve una generosa recompensa. Comí Piroshki hasta que la barriga me explotó, pude adueñarme de las chuches que trajeron del centro comercial y todo porque mamá cerdito estaba totalmente convencida de que yo había hecho hablar a History de algún modo, lo cual era cierto, fue que lloró y se obligó a hablar por la soledad.

Hola, perdonad por la demora y por lo corto que pudiera llegar a ser. Hubo un lío gigantesco con los documentos que se me perdió por un rato, pero al menos alcancé a terminarlo antes de demorarme más. Ahora, quisiera explicaros cómo carajos es que voy a actualizar esta historia: Voy a procurar subir hasta dos capítulos por semana, si no llegara a terminar uno o se me extraviara, aun así se quedarían con un capítulo más. Esta historia no va a tener un orden cronológico así que si subí un capítulo de una History de seis años y al siguiente vuelve a los tres no se sorprendan, también quería decir que los capítulos comenzarán a ser mucho más largos a partir de ahora, para cómo va esto ya podré extenderme generosamente y daros algo más decente, es difícil escribir sobre un bebé.

Sin más, os dejo y gracias por seguir esto.