Karasuno, uniforme negro a rayas naranjas 《igual que su cabello》, número 10, corta estatura, cuerpo pequeño, gran potencia de salto, ojos muy abiertos, 《 ¿Ya mencioné su cabello anaranjado?》Takeru hizo un saque que se le fue de las manos.
-Takeru, lo estás haciendo mal. Cuando "tratas" de hacer un saque no debes aventar la pelota hacia arriba, mantenla en tu mano y entonces ya...
-Tú no eres mi entrenador Tooru. -le gritó su sobrino desde el otro lado del gimnasio
Como le era costumbre los lunes, Oikawa acompañaba a su sobrino a las prácticas de volleyball infantil. Dos horas de entrenamiento; mocosos que no sabían ni una pisca de volleyball, gritando y corriendo por todas partes, y un asistente de entrenador con cara de: "No estudie psicología para merecer esto". 《Ni en el club somos así de ruidosos.》 O mejor dicho, todo ese alboroto pertenecía a los más pequeños de primer ingreso; su sobrino, ¡Claro que no! 《Él no es como todos esos niños, por favor. -De eso estaba completamente convencido-. Yo mismo lo he medido un par de veces. Si no fuera tan impertinente ya sería la viva imagen de mí mismo de pequeño》.
-¡Cállate! -La rebeldía de Takeru lo desconcentraba-. Deberías agradecerme..
Para la gente a su alrededor, podría parecer un tío responsable; pendiente al cien por ciento de su sobrino. Sin embargo, ahí no estaban sus fieles compañeros para declarar lo contrario. Su vista se perdía en un punto cualquiera, y da la casualidad que ese punto se cruzaba con aquel entrenamiento infantil.
Pocos días antes fue que logró soltar la sopa con Hajime. Causa del embrollo: por razones aparentemente inexplicables, Oikawa no dejaba de pensar en el Karasuno. Siendo específicos, en cierta persona.
-El Karasuno se ha vuelto bastante fuerte. -le dijo riéndose para tratar de sonar despreocupado- . No es que me preocupe perder ante ellos, es solo que... ¿Has visto a sus jugadores? Algunos son... Interesantes.
-¿De qué hablas? -Que Oikawa se interesara por alguien era de lo más raro. 《Ahora solo falta que los ovnis lleguen a la tierra y se lleven de vuelta a este idiota.》- ¿Te refieres a Kageyama? -Iwaizumi temió que volviera a toparse con el mismo muro de Kitagawa Daiichi, y para colmo, con la misma persona.
《No. Kageyama no. Pero estuviste cerca, Iwa-chan, muy cerca.》
-No exactamente. Es cierto que la llegada de Kageyama al Karasuno provocó un ligero cambio en su equipo, o eso dicen todos, pero yo diría que el que realmente ocasionó un cambio fue... El enano ese de cabello anaranjado. -masculló desviando la mirada.
-¿Hinata? Ese es su nombre, creo. Como sea ¿A dónde va esto? ¿De verdad te sientes amenazado por ese tipo?
-¡No me siento amenazado! ¿Yo amenazado? ¡Pffft! Por favor. No deberías ir por ahí sacando conclusiones, Iwa-chan.
-¡¿Entonces a dónde demonios va esta conversación?! -Hajime no contuvo su impaciencia y le acertó un golpe por detrás de la nuca. -Saboteas nuestros entrenamientos, preocupas al equipo entero y cuando finalmente darás una explicación, te pones a charlar sobre un chico del Karasuno, así de la nada ¿Qué tienes en la cabeza? Además de vacío.
¿Era Hajime demasiado rudo, o Tooru demasiado insufrible? De vez en cuando, la gente se lo preguntaba. Por parte de su equipo, ya no era necesario siquiera pensárselo.
- !Au! No lo sé, simplemente me da mala espina. -Ya llegados a ese punto, decidió que lo mejor sería ir al grano-. Pienso constantemente en ese enano por alguna razón, jamás me había ocurrido algo parecido con nadie. Analizo a mis oponentes en el volleyball, sí, pero eso nunca me ha quitado el sueño; mero objetivo de debilitar su formación y listo. Mas esta ocasión es diferente. Ese chico no me resulta ningún inconveniente en la cancha, eso debería estar más que claro, y a pesar de eso él insiste e insiste en aparecérseme por todas partes. ¿Conoces esa sensación de cuando tienes comezón pero no puedes rascarte? ¡Así es como me siento! No puedo sacarme su rostro de la cabeza. Es como si tuviera algún asunto pendiente con él, aunque sé que no es así, y eso es molesto. -dijo poniéndole especial énfasis a la última palabra.
Los ojos de Hajime lo miraron con cierta curiosidad. Curiosidad pero no desconcierto. Era cosa típica de Tooru aferrarse a las tonterías, y cuando tenía una entre sus dedos, no la dejaba ir hasta tener otra a la cual aferrarse, o bien, que simplemente la botara. Así solían ser sus preocupaciones, sin sentido y difíciles de olvidar.
《Ese maldito, se le notaba en el rostro que algo sabía, y aun así, me deja carcomiéndome la cabeza yo solo.》
El silbato del entrenador sonó anunciando el final del entrenamiento.
-Takeru, recoge tus cosas. -ordenó como si su atención no se hubiera separado de él durante esas 2 horas. 《Pienso en mis asuntos y al mismo tiempo vigilo a Takeru, alguien debería premiarme por eso.》-Estaré afuera esperándote, no tardes.
Salió del gimnasio y se recargó sobre una de las paredes cerca de él. Niños salían de todas partes; acompañados de sus padres o jugueteando con otros niños mientras los esperaban. Un grupo semi-grande de niños pasó por delante de él. Por su altura, daban la impresión de ser de secundaria. Recordó la baja estatura de su rival de Karasuno.
《Hinata, pequeño cuervo ¿Por qué me atormentas tanto?》
-¡Gran rey!
-¡GWAH! -Oikawa pegó un salto bruscamente y agitó la cabeza de un lado a otro en búsqueda de aquel que hace unas milésimas pudo haberlo asesinado de un susto. Lo encontró, y no pudo llevarse menor sorpresa-. E-Eres tú... Eres el jugador del Karasuno.
《 ¡Juro que pensé que era un niño!》
-Sí. -respondió Hinata todo entusiasmado-. No esperaba encontrarte en este lugar ¿Vienes solo? ¿Tu equipo está entrenando por aquí? ¡No, ya se! Trabajas como entrenador de medio tiempo.
-No, en realidad... Cuido de mi sobrino.
-Bueno, yo acompaño a estos chicos. -dijo señalando con el pulgar a un grupo de chicos un tanto más bajos que él-. Que suerte tuve de encontrarte aquí. De nuestro último partido, pude notar lo geniales que son tus saques. Realmente son increíbles. Cuando golpeas el balón haces algo así como que ¡Boom! Y luego va y ¡Wham! Recuerdo lo difícil que nos fue detenerlos. Por poco y estuvimos cerca de ganarles a ti y a tú equipo, pero... En fin, me gustaría pedirte una cosa. Se me ocurrió después de pensarlo un rato, pero siendo honestos, no pensé que tendría la oportunidad de preguntártelo, pero ahora que te encuentro aquí... -El pequeño perdedor tomó aliento, juntó las palmas de sus manos e inclinó su cuerpo con rapidez- ¡¿Podrías enseñarme a recibir saques, por favor?!
-Bueno...
Su mente, todavía en shock, hacia lo posible por procesar tanta información. 《 ¿Enseñarle? ¿Boom? ¿Wham?... Como sea, esto me es demasiado conveniente. Ahora solo debo...》
-Hey Tooru, ya estoy listo. -le dijo su sobrino jalándolo de la camiseta
-Sí, claro. Ve a jugar con tus amigos un rato. -hizo un ademan con la mano para que se fuera.
-¿Eh? Pero si fuiste tú el que dijo que no me tardará.
-¡Takeru! Solo hazlo. -murmuró en voz alta.
A duras penas logró convencerlo. Por otro lado, sabía que tarde o temprano tendría que pagárselo. De esa manera era que funcionaba su relación: tío-jodas, jodas-tío. El muy malcriado, aparte de enfadoso, era también un chantajista de primera. Pero eso lo lamentaría después. En ese momento, respondía al llamado de fuerzas altamente superiores: sus caprichos. No, no los aliens, aunque eso le habría gustado mucho más.
《Si los alienígenas controlarán mi mente y fueran ellos los culpables de que este enano-pelo-de-fosforo no me deje tranquilo, sin duda disfrutaría de este engorroso alboroto mucho más.》
Se dirigió hacia Hinata.
-Sígueme. Podemos usar el gimnasio antes de que llegue la clase de la tarde. -propuso Oikawa con tono firme.
-Ah, sí. -se despidió de los niños a los que Tooru seguía desconociendo-. Los veo luego. -agitó el brazo en una animada señal de "adiós" y se apresuró a entrenar con el Gran rey.
Hinata daba saltitos hacia el gimnasio con el capitán de "Aoba" siguiéndolo por detrás. Le fue casi imposible no mirarlo con fascinación. Su cuerpo delgado y pequeño era raro de ver en un jugador de voleyball, y sus alegres movimientos tenían una gracia... Cosas como esas eran las que pensaba cuando no podía sacarlo de su cabeza.
《Me causa gracia. -pensaba en aquel momento-. Su ridículo cuerpo de niño de secundaria me causa gracia. Solo eso.》
Llegaron al gimnasio sin contratiempos. Niños entrenaban ahí, y sin embargo tenía el tamaño adecuado para dos jugadores de preparatoria. Los balones también tenían buen aspecto. Takeru y unos cuantos de sus compañeros fueron los encargados de recogerlos y guardarlos esa ocasión.
《Listo. Estamos a solas. -se decía a sus adentros mientras acariciaba su cabeza confundido-. Solo falta averiguar qué diablos tengo que decirle.》
-Tú sencillamente haces lo que se te dé la gana ¿no? -Le dijo Hajime esa vez, y sus ojos lo miraron con el reproche de siempre. Oikawa hacia lo que se le antojara, sí, pero en ese momento no pudo sacarle ningún consejo a su querido Iwa-chan, y además, se quedó con la duda de a qué se refería en ese momento con aquella espontánea reflexión.
-¡Gran Rey! -Antes de siquiera notarlo, el pequeño cuervo corrió al otro lado de la cancha y se paró en posición para recibir hasta el más duro de los pelotazos-. Estoy preparado.
Oikawa tomó uno de entre tantos balones guardados dentro de una malla. Imaginó cómo serían los entrenamientos de su pequeño receptor. Un Hinata con brazos magullados y un Kageyama disparándole pelotas a diestra y siniestra le aterrizaron en la mente.
-Primero veré que tal recibes -Lo más conveniente sería terminar rápido aquella improvisada lección para luego... 《Ya pensaré luego en algo.》 -, allá voy.
La pelota surcó el aire con gran fuerza y rapidez. Chocó contra un par de brazos, rebotó hacia una nariz, y terminó en el suelo a varios metros de distancia de un Hinata fuera de combate... En tan solo el primer intento.
《 ¡Mierda!》Quizás debió empezar con un saque más suave.
-Oye ¿Estás bien? -quiso saber después de llegar a su lado a paso discretamente veloz.
Hinata levantó el torso de golpe y de un salto volvía a encontrarse de pie. Como si ignorará que hace solo unos segundos lo había golpeado uno de los poderosos saques del Gran rey.
-Una vez más. -pidió con tono decidido mientras cerraba los ojos y apretaba los labios. Aquello a Oikawa le pareció adorable.
Antes de siquiera volver a sus puestos, se oyó como el silbato volvía a chiflar. Ambos chicos cruzaron miradas nerviosas; sabían lo que aquello significaba: el turno del grupo de la tarde había llegado.
-El entrenamiento comenzará pronto. -señaló Tooru-. Deberíamos irnos. –Se detuvo a ver el maltratado rostro de Hinata un par de veces; no le fue posible hacer la vista gorda a la decepción que este reflejaba. 《Probablemente le apena haber desperdiciado su oportunidad de entrenar conmigo al dejar que su cara juegue por él.》 Y tal como Hajime diría: "Idiotikawa habló sin pensar"- ¿Quieres que volvamos a practicar otro día? -preguntó casi sin sentir las palabras en la boca.
-¡Sí! -exclamó Hinata con una gran sonrisa.
Ofrecerse a ayudar a quien sea; por suerte, el pequeño cuervo no lo conocía tan bien como para entender lo extraño que eso era.
Y así, Oikawa dio el primer paso hacia... En realidad, ni él sabía a dónde quería llegar con eso.
.
.
.
Algo flojo, pero bueno.
De una vez digo que no le veo demasiados capítulos a este fic.
Planeo hacerlo de una manera más relajada que seria. Después de todo, lo hice pensando en que será comedia.
Pd: algún día escribiré un OiHina más serio.
