Al otro lado de la calle, el aluminio de una lata de soda produjo un brillo que destelló desde la banqueta contraria. Honestamente, esta no le causaba ningún inconveniente, ya que obviamente la lata estaba al otro lado de la maldita acera y no era como si él fuera alguna clase de adicto a la limpieza o algo parecido. Y sin embargo, Oikawa corrió directo a ella para patearla con todas las fuerzas que le restaban de aquella pesadilla de día porque, claro está, la situación ameritaba alguna clase de desahogamiento... Falló el primer intento.
El capitán de Seijoh conocía el camino. Y, con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta y un sentimiento de derrota atorado en la garganta, sufría unas ganas mortales de meterse un pan de leche en la boca y desmayarse sobre su cama para así acabar el día de una vez. Además de que sería lo preferible, ya que se encontraba tan absorto en sus pensamientos que terminaría caminando hasta llegar al mar.
"El tiempo lo cura todo" diría algún idiota en un intento de consolarlo. El chico refrescante de Karasuno seguramente sería esa clase de persona. Pero, semanas de dolores de cabeza, días de confusión, y ahora, treinta y cinco minutos de pura reflexión demostraban que ninguna clase de frase cliché podría contra Oikawa Tooru y su endiabladamente insistente obsesión por analizar las cosas.
Su cita de mierda, la rivalidad que, había ignorado, existía entre él y Hinata, Insultarlo... «Porque soy un genio tal que en mi mente retorcida me pareció el escape más fácil.» Ushimierda arruinando las cosas todavía más.
Tenía derecho a estar enojado como nunca.
«Es tu culpa, Ushiwaka. Si no te hubieras aparecido de la nada, yo habría tenido más tiempo para que se me ocurriera otra forma de acabar con todo esto.» Pensó con una arruga entre las cejas. Él sabía que Ushijima no era el total responsable de que Hinata lo haya botado, pero eso no le hacía diferencia alguna en ese momento. Por él, que Ushijima fuera el culpable del calentamiento global y de todos los males del mundo.
«Ushi-hijo de puta-waka, muérete de una vez.»
Menospreciar a Hinata de esa forma... Aun podía ver la expresión en su rostro. Su mirada baja y ambas manos hechas puños, solo que, más que con intención de luchar, parecía desesperado por cubrirse los oídos, y al mismo tiempo, por soportar lo más posible aquellas palabras que recibía. Totalmente opuesto de lo que Oikawa hizo en ese momento, obviamente; genio.
Él sabía bien que pudo hacer un esfuerzo para reponerlo pero, ¿realmente debería hacerlo? Lo que había dicho salió sin pensarlo, pero francamente no era incorrecto. En su último torneo, a pesar de ganarle al Karasuno, sufrieron una amarga derrota en contra de Ushiwaka y su desagradable Shiratorizawa. No podía permitirse malgastar el tiempo pensando en un chico de otro instituto. No por ser un maniático del volleyball como Tobio, sino porque no era lo que su equipo se merecía. Además, era estudiante de tercer grado. Sería su último año jugando con Hajime y los demás chicos. Por más desesperadas que parecieran sus acciones, debería hacer un esfuerzo por ellos ¿o no?
Perder contra Kageyama le dejaba un sabor de boca tal vez incluso tan malo como el de ser incapaz de quitarse a Ushijima de encima. No obstante, ese seguía sin ser el peor sabor que revolviera su estómago, al igual que su conciencia.
A diferencia de sus otras relaciones, ¡esta realmente parecía valer la pena! Seguía sin saber qué feromona soltó con ese chico... o más bien, qué feromona soltó Hinata en el aire para que una relación tan inusual se diera. Fuera lo que fuera, sí que le pegó duro.
La pregunta es, ¿Por qué pensaría que está vez fuera a ser diferente? Tomando en cuenta la larga lista de relaciones fracasadas que lo procedían. La mayoría de ellas terminaban porque él se metía demasiado en el Volleyball, y esta no era la excepción. Hinata mismo lo había admitido. Si Chibi-chan era quien se lo pedía, ¿lo más sensato no sería aceptar su decisión?
Otra relación fallida a fin de cuentas, pero al menos hubo una buena razón de por medio.
Hasta para él idea de salir cada vez sonaba peor. Aquello debió ser lo que le sucedió a Hinata, imaginó.
«Al final, Chibi-chan fue el más listo.»
De pronto se arrepentía de besarlo la otra noche...No, en realidad no lo hacía, pero eso hubiera hecho las cosas más fáciles. Él sencillamente tomó la oportunidad más pronta de deshacerse de lo que sea que había salido de su extraña relación; no de la forma en la que nadie querría terminar una cita ciertamente, pero fue mejor que darle esperanzas. Total, simplemente tuvieron dos horribles citas y un beso sin permiso. Debería ser algo fácil de olvidar ¿cierto?
Atravesó la puerta de su casa, finalmente. Casi la cierra de golpe, pero al oír a su madre y a su hermana conversando en la cocina lo reconsideró.
«No estoy de humor para ningún sermón en este momento... Ni en los próximos eones»
—He vuelto. —anunció sin ganas antes de oír a su madre y a su hermana aproximarse desde la cocina.
Sabía que comenzarían a atormentarlo con preguntas incómodas sobre su cita; no sería la primera vez, solamente que él no estaba para sostenerle la conversación a nadie esa noche. Por lo tanto, soltó un suspiro, se echó en uno de los sillones de su sala y se derritió en el como mantequilla en un pan caliente.
Ah, podía saborear el pan de leche en su boca. Por desgracia, no tenía planes cercanos de levantarse e ir por uno.
— ¡Tooru! —La voz de su madre hizo eco en la casa.
El tono con el que habló captó su atención. No es que Tooru conociera a fondo a su madre, pero luego de diecisiete años de convivencia uno se aprende las costumbres del otro, incluso sin poner especial atención. Y ese tono en la voz de su madre solo decía una cosa: Mamá ocupa algo; tendría que levantarse del sillón.
Oikawa, por su parte, se hundió aún más en los cojines.
—Aguarda, mamá. —La hermana de Tooru apareció detrás de ella, mostrándole su típica sonrisa traviesa en el rostro—. Antes quiero preguntarle cómo le fue con su novia. ¡Tooruuu! ¿Cómo te fue con tu novia? —Preguntó con esa voz que sabía siempre ponía a su hermano de malas— ¿Tuvieron una linda cena y se dijeron un montón de frases cursis y empalagosas como buenos tórtolos que son? ¿Takeru no los incómodo mucho, o si?
—No empieces hermana. Ahora mismo, me encuentro severamente agotado, tanto física como mentalmente, así que si esta conversación no terminará contigo llendo hacia la cocina por un pan de leche y luego poniéndolo en mi boca, entonces ni te molestes.
—Tooru. —soltó su hermana, seria de repente. Aunque a Oikawa no pudo importarle menos mientras se hundía todavía más entre los cojines de su cómodo sillón.
—Mmm. —contestó, demasiado flojo como para utilizar palabras.
— ¿Dónde está mi hijo?
Oikawa paró de hundirse.
Pasaron unos cuantos segundos mirándose a los ojos el uno al otro hasta que Oikawa salió corriendo de la casa, huyendo de su hermana a máxima velocidad.
— ¡Tooru! Grandísimo idiota. ¿¡Qué has hecho!?
—Lo dejé en la entrada —declaró fuera de su alcance—, ahora vuelvo.
— ¿Entrada? ¿¡Cuál entrada!? ¿¡Dónde está mi hijo!? ¡TOORU!
—Espera, Tooru. —lo llamó su madre, que a diferencia de su hija cuya cara había explotado en roja furia, se encontraba considerablemente más relajada, probablemente porque las discusiones entre ambos no fueran nada nuevo ni que nunca terminarán resolviéndose al final del día. Lamentablemente, su hijo ya había salido corriendo, desbordando prisa y agitación, por lo que ni siquiera pareció haberla oído—. Te están esperando en tú... habitación.
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—Mierda, mierda, mierda... —profería Oikawa a la mitad de alguna calle, en medio de la noche-¿Dónde? ¿Dónde está? —Rotaba sobre su eje, inseguro de a dónde dirigirse.
Luego de dejar su casa, aunque el poco tiempo que estuvo sentado no le ayudó del todo en recobrar sus energías, comenzó a correr tan rápido y tan lejos como pudo por el camino que había tomado antes, sin detenerse y darse a sí mismo al menos una oportunidad de procesar lo ocurrido. Paró a la mitad de una avenida a recuperar de nuevo el aliento, salvándose por poco de caerse por lo brusco que se detuvo.
—Mierda, esto en verdad está pasando. —Seguía tratando de convencerse a sí mismo— ¿A dónde diablos te fuiste Takeru? La última vez que te vi fue en...
Inútil esfuerzo. Poner su cerebro a trabajar luego de quemarlo con pensamientos sobre rupturas no daría efecto, según parecía. Quizás si hubiera abandonado a su sobrino con Iwaizumi desde un principio no estaría en la preocupante posición de no recordar siquiera el último momento en que lo vio, además de quejándose en voz alta en plena avenida como un maldito loco suelto. En lo que posiblemente sí estaría es en algún lugar del centro, besándose con Hinata, sintiendo su revoltoso cabello entrelazarse con sus dedos mientras, seguramente, tendría que agacharse para tomarlo mejor entre sus brazos...
— ¡Takeru! ¿¡En dónde está Takeru!? —Se obligó a concentrarse— ¡Ah, jode! -gritó, más angustiado que enfadado.
Ni en sus más locos sueños se imaginó un escenario en el que, por culpa suya, Takeru se fuera por completa y definitivamente de su vida, pero si esa noche realmente no volvía a aparecer...
«No habrá necesidad hermana, yo mismo me ahorco.» Ya se imaginaba con amargura la expresión de satisfacción de Iwaizumi cuando lo hiciera. Siempre ha sabido que en el fondo, muy en el fondo, Iwaizumi lo "ama", pero, esta ocasión, estaría de acuerdo con la opinión pública.
Se tiró al suelo. Piernas flexionadas y nariz contra el suelo terroso y frío. Al final, decidió no pensar en lo extraño que pudiera verse; haciendo el ridículo a la intemperie cuando cualquier persona podría pasar por ahí. Igual, tenía el ciego conocimiento de que nadie lo haría de todas formas.
«Esto es horrible. Este día fue horrible, pero ni siquiera sé en qué momento ni lugar logré volverlo aún peor. Una tragedia.»
Hinata, el pequeño cuervo comprometido a la victoria. Inevitablemente volvió a dejarlo entrar en su cabeza. ¿Cómo culparlo por lo que dijo? Después de todo, ¿quién necesita al colocador más codiciado de la prefectura cuando puedes tener entre tus manos la copa de las nacionales en su lugar? Las copas no te insultan en la cara y te ponen contra tu propio equipo, mucho menos pierden a su propio sobrino justo frente a sus narices. Sin dudas, un rival insuperable para el capitán de Seijoh.
Ahí, recostado sobre el suelo, podría estar soñando con el peli naranja y su cabello alborotado, pero al parecer en lo único en lo que hundirá su rostro esa noche sería en el pavimento... Ignorando el sonido que hacían las personas que se acercaban al caminar.
— ¿Se te perdió algo? —Oikawa escuchó delante de él.
Levantó la mirada. Y para su ironía, fue evidente que aún era muy temprano como para que Karasuno le diera un descanso. Incluso al borde de la tragedia de otro embrollo totalmente diferente.
Frente a él aparecieron personas a las que, comúnmente en un partido, llamaría por el primer apodo que se le viniera a la mente: El chico alto de lentes, su bizcocho, una rubia que no reconocía de ningún lado y...
— ¡Takeru! —Se abalanzó sobre él, pletórico de una alegría que llegó en menos de un segundo.
—Tooru imbécil. —Fue lo único que éste pudo decir, puesto que Oikawa lo sofocaba con su cariño asfixiante de tío que lograba esquivar la muerte a manos de su madre.
—¡Takeruuu! Volviste. —Sollozó casi en lágrimas—. ¿¡Estás loco!? ¿Cómo te fuiste de repente? ¿Sabes lo que estuviste a punto de causar? ¡Casi muero, Takeru estúpido!
— ¡Hey! Yo fui a buscar un baño y cuando regresé ustedes ya no estaban. Me dejaste ahí solo, Tooru idiota, le diré a mamá.
Oikawa estaba tan entrado en desahogarse con una de las varias causas de su estrés que apenas volvió a reparar en la presencia de los chicos de Karasuno.
Detrás del chico pecoso y la torre humana, la pequeña chica rubia le clavaba una mirada llena de resentimiento. Qué extraña sensación para Oikawa el causar una reacción así en una chica.
—De nada, creo. —vaciló Yamaguchi al no recibir ningún agradecimiento de parte suya. Se encaminó a seguir a Tsukki, quien no pensaba perder un segundo más de su noche.
— ¿Cómo pudiste?
Ambos chicos de Karasuno la habían perdido de vista; ignoraban cuándo fue que se plantó delante del setter e hizo que este aflojara el agarre con que sostenía a su sobrino.
Yachi le sostuvo una mirada decidida.
— ¿Cómo pudiste hacerle eso a Hinata? —decía mientras volvían a pasar las imágenes de un Hinata dolido frente a sus ojos. Ante aquello, Yachi no pudo más que hablar con dificultad—. De verdad le gustabas. Hinata, él... No sabes lo mucho que se esforzó. Él es muy bueno, y tú...
«Bien, si queríamos discreción, ya se fue al carajo.» Admitió Tsukki en su cabeza.
A pesar de haberle dedicado gran tiempo en su cabeza, lo que la rubia dijo sí que le fue repentino. ¿Acaso los habían espiado en su cita de nuevo? O en todo caso, ¿qué sabía esa chica que él no supiera?
—Hitoka-chan. —El chico pecoso puso una mano sobre su hombro.
"Atrevido" fue la palabra que se le vino a Yamaguchi a la mente. Eso era realmente algo que ni él ni Tsukki esperarían de ella con el poco tiempo de conocerla. Si apenas hace unas horas había tenido un ataque de pánico solo al pensar en hablarle al chico alto de Shiratorizawa. Pero ahí estaba, confrontado al armador de Seijoh a favor de su amigo, notablemente molesta.
Oikawa se levantó del suelo y torció los labios.
—Claro, adelante, di lo que quieras, ¿qué más da? Soy el idiota que olvidó a su sobrino en un parque después de todo. ¡El desgraciado que atrajo a su pobrecito cuervo a mi trampa! —Actuaba sobre-dramático—. ¡El cruel mujeriego y pervertido que...!
—Qué alegría que te des cuenta —cortó Tsukishima con una expresión que demostraba todo menos alegría, aunque en efecto le mostró una pequeña sonrisa—, pero no nos quedaremos a oír tus lamentos, si nos disculpas.
Tan directo. Oikawa juró que pudo sentir cómo el aire se congelaba. Chasqueó la lengua.
—Qué desagradable. —Bufó Oikawa—. Ustedes no pueden decir una mierda. Comportándose tan rectos cuando en realidad pasaron toda la tarde espiándonos, ¿verdad? ¿Es que esta es la única forma que encuentran en Karasuno para pasar el tiempo? Me dan asco.
— ¿De verdad? —preguntó el rubio—. Porque, hasta donde yo sé, ninguno de nosotros fue rechazado hoy ni además olvidó a su sobrino en un parque.
Yamaguchi no daba crédito a lo que escuchaba. Si no fuera porque se estuviera refiriendo al sarcástico de Tsukki, diría que él también defendía a Hinata, en su muy peculiar manera.
— ¡Ha! Te quemaron Tooru. —Takeru no pudo evitarlo y soltó una carcajada. Había estado muy callado hasta ese momento. Probablemente esperando a que soltaran algo con lo que pudiera molestarlo más adelante, supuso Oikawa.
—Tú, cierra la boca. —chitó a Takeru haciéndole un ademán con el dedo índice y el pulgar.
Oikawa se dirigió de nuevo a los tres chicos frente a él, especialmente al de lentes, ya que él parecía ser quien llevaba el mando.
—Increíble, todos ustedes —extendió los brazos. No fue necesario aclárales que también se refería a los integrantes de Karasuno no presentes—, son de verdad unos cabrones increíbles. Primero vuelven el acoso hacia mí su actividad recreativa predilecta y luego actúan como si estuviesen en posición de juzgarme. Casi me siento halagado. Mi primer orden de restricción y contra un equipo de volleyball entero. —Sin importar lo agotado que se sintiera, Oikawa no tuvo inconveniente en portar su singular aura de superioridad que lo caracterizaba— ¡Felicidades! —Aplaudió frenéticamente— ¡Han logrado avergonzarme frente a un niño de primaria!
En caso de que a Takeru se le ocurriera protestar, Tooru se adelantó y le cubrió antes la boca.
—No me vengan con la basura de "fue por el bien de nuestro amigo". Dudo que realmente les interese lo que le pase a Hinata. Quizás estoy en lo cierto y lo único que ustedes quieren es joderme la existencia.
«Además, no tendría por qué responderles a estos sujetos. Lo sé.» reparó Oikawa.
Era por lo que siempre lo regañaba Iwaizumi respecto a Ushijima, pero que él simplemente seguía sin aprender. "Cuando el tipo se te acerque, tú solo aléjate. No le respondas una palabra. Demuéstrale quién es más maduro... O al menos intenta engañarlo" decía. Aunque siendo justos, Hajime también solía olvidarlo al momento de tenerlo enfrente.
«Estoy exhausto y no sé qué sigo haciendo aquí.» hubiera confesado, sin embargo, eso no era de la incumbencia de aquellos chicos. No, su orgullo aún estaba bastante firme como para permitirse que cualquier idiota lo viera en un estado de vulnerabilidad.
—Me largo de aquí. Tengo una vida, ¿ok? Que sean tan mediocres en la cancha y deban venir a desahogarse en mi vida privada es un chiste. No me interesa una mierda lo que piensen de mí. Si creen que soy un mujeriego, una basura; perfecto. Ahora, ¿¡Me dejan en paz de una puta vez!?
"Tenías razón. No podemos seguir perdiendo nuestro tiempo. Esto fue error..."
Las palabras restallaron dentro de su cabeza.
—Ya tuve suficiente de los cuervos. —Takeru sintió cómo su tío apretaba su agarre sobre su hombro, el cual había pasado a sostenerle en lugar de su boca—. Si quieren echarle su mierda a alguien, háganlo entre ustedes, solo déjenme en paz.
Ninguno de los chicos de Karasuno habló después de eso. Tal vez por fin hayan entendido lo impertinentes que fueron todo el tiempo. Por desgracia, ellos no eran los cuervos problemáticos por los que Oikawa tendría que preocuparse en callar.
Tsukishima lo observó detenidamente un par de segundos. El capitán de Seijoh por fin tenía el aspecto apropiado a como realmente se sentía: alterado. Alterado y sumamente acabado. Y sin decirle una última palabra, el chico de lentes le dio la espalda antes de que Tooru tuviera la oportunidad de hacerlo él mismo, lo cual de alguna manera lo fastidió aún más.
— ¿Quieres moverte? —exigió Oikawa a su sobrino.
— ¡Ah! Too...
Oikawa se cargó a Takeru bajo el brazo e hizo como si no lo escuchara quejarse, al mismo tiempo que ignoraba cómo se revolvía en un intento de zafarse. Al final, nunca les dio las gracias por traerlo de vuelta.
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Yamaguchi les dio un vistazo a los dos que caminaban a lado suyo.
Yachi se separaba ligeramente de sus dos compañeros al quedarse atrapada dentro de sus pensamientos, y ¿por qué no? soportando el hoyo que se formó en su estómago luego de sostenerle tanto tiempo la mirada a alguien con mucho más presencia que ella. Todo en su rostro decía pena y preocupación... Y retrete, quizás. Era entendible que no quisiera hablarle a ninguno. Por otra parte, no era para nada extraño que Tsukishima no hablara. Sabía que usualmente él preferiría colocarse los audífonos y no aportar nada a cualquier conversación que pudiera surgir.
No se habían alejado mucho de la calle donde entregaron al sobrino de Oikawa cuando Yamaguchi retomó la conversación.
—Tsukki, hace rato, tú estabas...
—Silencio, Yamaguchi.
Tadashi sonrió. No hacía falta que su amigo contestara.
—Como digas, Tsukki.
Caminaron en silencio el resto del trayecto.
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Cansado, ofendido, una marca de tierra manchando su frente y recorriendo el camino de recién, de nuevo, era agotador. Cuánto desearía Tooru despertarse de repente, descubrir que absolutamente todo había sido un mal sueño y que lo que achacaba su cuerpo era en realidad una sesión de entrenamiento de volleyball como cualquier otra.
Pero por supuesto que no fue así.
Lo inevitable: atravesó la entrada de su hogar por segunda ocasión esa noche y, como era de esperarse, los regaños por parte de su hermana llenaron la habitación. Oikawa estuvo seguro de oírla hasta el final, pero la verdad fue que no la escuchó en absoluto. Mala suerte para la madre de Takeru, pues su hermano ahora quemaba su cerebro en llamas color anaranjado. «Maldita rubia.» Creyó haber oído que su madre le decía algo también, pero no estaba muy seguro.
Lo único que seguía siendo claro en su mente era que, definitivamente, no quería meterse en más problemas. Lo mejor sería cerrar la boca y asentir. Cuestión de que su hermana se desahogara, sencillamente. De todas formas, parte de sí sentía merecérselo.
"¿Cómo pudiste? De verdad le gustabas. Hinata, él... No sabes lo mucho que se esforzó. Él es muy bueno, y tú... "
« ¿Cómo pude yo? No me jodan. -Oikawa arrugó la nariz al recordarlo-. Si estuvieron ahí por lo menos deberían haber puesto atención, inútiles de mierda.»
Tan pronto como terminó de "oír" el sermón de su hermana, Tooru no perdió un segundo en huir hacia su habitación. Se alejó, ajeno de todos los demás en ese cuarto, incluso de Takeru, quien no había abierto la boca desde que le respondió a su madre "Si, estoy bien. Tu hermano es un asco" hace un par de minutos, perdido en sus propios pensamientos, como parecía serle ya una costumbre, lanzando todavía insultos por lo bajo mientras subía por las escaleras.
Su madre asomó la cabeza y le dio un vistazo desde la cocina. No pudo evitar preocuparse de que Tooru ni siquiera viera por dónde caminaba. Podría caerse desde la cima de las escaleras y él solo se levantaría y seguiría murmurando la tontería que lo haya tenido distraído desde hace días, sin cambiar aunque sea un poco su expresión. Lo mismo que esperaba con ansías su hermana seguramente.
Si tan solo su hijo no fuera tan terco y hablara con ella... Pero bueno, ¿un hijo como Tooru conversando tan abiertamente con su madre? Suena imposible. Al menos tenía la esperanza de que lo que encontraría en su recámara le levantara el ánimo.
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Empujó con reticencia la puerta de su habitación.
Había logrado sobrevivir el camino a casa, no obstante, nada, especialmente no la aparición del trío de Karasuno, lo preparaba para lo que venía.
Dentro de todos sus planes de aquel preciso día, si es que aún existían tales planes, jamás consideró acabar su tarde con la inesperada visita de su grupo de chicos favorito.
— ¡Sorpresa! —gritó Matsukawa alzando los brazos y sacándole un susto de muerte a Oikawa. Justo como esperaba.
— ¿¡Qué mier...!?
Incapaz de controlar sus propios reflejos, dio un respingo que casi hace que caiga de espaldas. Para su buena suerte, no se soltó del picaporte en ningún momento. Y si, Oikawa consideraría esto lo más afortunado que le haya pasado en todo el día.
No es cómo si se hubiera encontrado con un fantasma, pero en efecto, su corazón se agitaba como si de una situación parecida se tratara. Supuso que la expresión en su rostro al casi morir de un susto fue de verdad indescriptible con solo ver la diversión dibujada en las caras de sus "queridos" -no se ni por qué me caen bien- amigos.
Hajime, Matsukawa y Hanamaki, tendidos cómodamente sobre el suelo y la cama de su habitación, cuando lo último que necesitaba en aquel momento era compañía. De verdad, los amigos más malditamente oportunos en la faz del universo. ¿Qué más podría pedir Tooru dentro de lo que su mordaz sentido del humor le permitiera? ¿El cariño de Hinata de vuelta? Todavía más gracioso.
—Tardaste una eternidad. ¿Tan buena estuvo tu cita? -preguntó Iwaizumi, Ignorando olímpicamente el golpe que Oikawa casi se da.
—Chicos... ¿¡Q-Qué hacen en mi habitación!?
—Deja el balbuceo. Hemos esperado ochenta y cuatro años tu regreso. —Lo regañó Matsukawa mientras se enderezaba sobre la cama.
—Tu cuarto huele a perfume. —Le informó Hanamaki—. Dime por favor que usas aromatizante en spray como la gente normal y no perfume de verdad, tú, loco metrosexual.
— ¡Habla, habla! —Volvió a insistirle Issei— ¿Qué ocurrió que tardaste tanto tiempo?
—Yo... « ¡No quiero hablar! ¡Lárguense!» Es una larga historia. Muy, muy, muy, extremadamente larga. Los aburriría.
El recuerdo de haberles encargado una tarea, ya viéndolo en retrospectiva, de severa importancia, aterrizó en su mente, aunque sin causar un impacto muy grande, ciertamente. Ya podría recriminárselos mañana después de una noche de sueño reparador y varios trozos de pan en barra.
«Joder, olvidé llevarme un pan de la cocina. Y sé que no volveré a bajar con mi hermana allí.»
—De todos modos, ¿qué hacen...?
— ¡Ja! si claaaro, no quieres aburrirnos. —Se burló Hanamaki con evidente sarcasmo—. ¿Desde cuándo eso te ha detenido? Lo que pasa es que, tú Oikawa, tienes vergüenza de contar cómo te fue con el enano.
Hanamaki señaló a Tooru con el dedo índice, lo cual no hizo más que incomodarlo. ¿Sin querer? No lo apostaría, puesto que si Hana o, cómo no, Mattsun lo notarán, entonces sería un hecho que no podría quitárselos de encima por toda la noche. Aquello era lo que revolvía su estómago por el momento.
— ¿Por fin lo arrastraste a un callejón obscuro o buscaste la privacidad de un sensual cuarto de motel? —Matsukawa se apresuró en extremo con las conclusiones. A su lado, Hajime escondía una risa detrás del dorso de su mano.
— ¿Por qué siendo mis amigos tienen una imagen tan horrible de mí? —Oikawa se tocó el pecho con la punta de sus dedos, inflando su orgullo como era costumbre—. Para su información, soy una persona decente.
— ¿Entonces dices que fuiste a su casa, buscando la aprobación de sus padres para pedir su mano en sagrado matrimonio?
El rápido ingenio de Takahiro tomó descuidado a Oikawa. Por desgracia, ni siquiera le dieron la oportunidad de replicar contra eso.
— ¡Wooo! espera ¿estuviste en su casa?... Jeje, ahora entiendo por qué estabas tan entusiasmado por este día. —Matsukawa sonrió malicioso mientras alzaba una ceja repetidas veces—. Apuesto a que aprovecharon que no había nadie en casa e hicieron cositas gays en su habitación.
«Ojalá.» Tuvo que admitir para sus adentros. Y cabe mencionar que sus adentros sintieron un gancho en el estómago.
—Me regresé para recoger a Takeru, eso es todo. —Omitió a propósito la parte de olvidarlo en un parque. No hacía falta que más personas supieran lo estúpido que podía llegar a ser cuando algo lo distraía tanto.
—Espera, espera. —Intervino de nuevo Issei— ¿Tu sobrino estuvo ahí? ¡Wow! Usted tiene gustos enfermos, Sr. Oikawa.
—Ahora sabemos por qué tu hermana estaba gritándote. —Dijo Hanamaki, que apenas podía hablar de la risa—. La terapia no le va a salir barata.
Probablemente fuera todo lo que llevara en la cabeza por lo que le tomó más tiempo de lo habitual darse cuenta de que sus "queridos amigos" solo se estaban burlando de él.
Y entre las risas escandalosas de Mattsun y Makki, Oikawa, derrotado, les dirigió una mala cara que no causó sino que se descojonaran aún más. Matsukawa abrazándose el abdomen, junto a Hanamaki llorando sobre una almohada; una felicidad que denotaba que estuvieron mucho tiempo esperando el momento de soltar sus estupideces.
Una lástima para ellos ya que, finalmente, llegaba el momento habitual en el que les frenaban el juego. Hajime los había dejado divertirse lo suficiente, y aunque a él también le hiciera gracia ver como se aprovechaban de su muy especial armador, siempre terminaba llegando la hora de poner un poco de orden.
—Ahórrate las explicaciones. —Le dijo Iwaizumi—. Sabes bien que estos tipos solo tratan de sacarte de quicio; ya los conoces, nunca se pierden una oportunidad.
»Tu madre nos lo explicó todo antes de que llegaras. Ella de verdad es... una persona imperturbable. —Al parecer, que una madre se tomara a la ligera que su nieto fuera extraviado bajo el cuidado de su hijo, le había dejado una extraña impresión a Hajime— ¿De verdad te llevaste a tu sobrino a una cita y lo olvidaste por ahí? En serio eres una desgracia, Basurakawa.
— ¡Cállate! —Exclamó Oikawa dando un paso hacia delante— De todos modos, si de verdad quisieran saber lo que ocurrió cerrarían sus bocas un segundo.
—Así que ya nos lo contarás. ¡Viva! A lo que venimos. —Issei alzó los brazos, victorioso.
— ¡Hurra! ¡Banzai! —celebró Takahiro, sarcástico.
Los tres chicos se reincorporaron en sus sitios, Iwaizumi y Hanamaki sentados a la orilla de la cama y Matsukawa acostado sobre ella. Esta ocasión, dándole la atención a Oikawa que no le habían prestado hasta el momento. Tooru supo enseguida que los chicos le darían ahora el tiempo suficiente para contar su historia... Por desgracia.
Tal vez fue el repentino silencio, pero Oikawa se sintió considerablemente más incómodo que antes. Sabía lo que debía contarles, sin embargo se obligó a ignorar lo primero que aterrizó en su mente, o más bien, que nunca despegó de ella. El pensamiento que repitió mil veces en menos de unas cuantas horas y muchas veces más de las que su conciencia recordaría que más temprano estuvo enojado por tener que llevar compañía a su cita. ¿Estarían sorprendidos si se los dijera? «Por supuesto que no» era lo más triste de todo.
A pesar de todo, Trató de no pensar en Hinata, en no volverlo a ver frente a él, diciéndole aquellas malditas palabras. Cualquier otra cosa sería mejor que repetirlas el mismo.
Desgraciadamente, la única otra cosa que se le vino a la mente fue lo mucho que Mattsun y Hana debían estar esforzándose por guardar silencio; y, diría él con seguridad, listos para recibir lo que sea que les funcionara en su favor para burlarse de su propio capitán, de las mejores y más astutas maneras posibles. Mala idea; pensar en eso definitivamente no ayudaría.
El reloj no había parado de correr y sus compañeros seguían esperando. Trago saliva, desvió la mirada e intentó fingir que nada ocurría; que este era un día normal como cualquier otro.
«Carajo. ¿En qué me metí?»
De inmediato se arrepintió de no pensar antes su elección de palabras. Oikawa no quería hablar de ello, eso era seguro. No debió haberles dado esa entrada. Estos chicos, por alguna extraña razón que en aquel momento no comprendía, eran sus amigos más cercanos; a costa de los desgraciados que pudieran llegar a ser, ellos podrían escucharlo. Pero no hoy. No tan pronto cuando la herida todavía seguía supurando.
Dicho esto, Inhaló en señal de un falso asombro, fingió que realmente le importaba el asunto, y cambió de tema abruptamente.
—A-Ahora lo recuerdo ¿Qué es lo que estuvieron haciendo todo este tiempo? Les pedí que alejaran al Karasuno de mi encuentro con Chibi-chan. ¿Dónde diablos estuvieron?
«Bien pensado, Tooru. —se felicitó a sí mismo—. Ahora, desata tu ira contra estos idiotas incompetentes.» En realidad, saber que los tres chicos de Karasuno de antes los estuvieron observando todo ese tiempo no podría importarle menos. Pero por su bien, desahogaría en ellos la ira que le hicieron sentir más temprano.
— ¿Dónde estuvimos? Pues haciendo lo que nos pediste, claro. —respondió el peli rosado—. Te cubrimos la espalda con los cuervos.
—Sí, para ser exactos, del setter cara de ángel, el calvo y el único más enano que tu novio. —Comenzó a ilustrarlo Mattsun—. Les enviamos una carta diciéndoles que queríamos llevar a cabo un duelo... Si, ya se lo estúpido que suena, no hace falta que pongas esa cara. En fin, creíamos que esos idiotas morderían el anzuelo, ¡y tuvimos razón! —enfatizó levantando los pulgares.
—Los enviamos a un campo de sembradío a las afueras de Miyagi. —Parecía irónico cómo Hanamaki trataba de contener una sonrisa en sus labios cuando era obvio lo mucho que disfrutaba de sus actos—. Esos idiotas estuvieron todo el rato buscándonos entre los pastizales hasta que el granjero del lugar los encontró. Debiste verlos corriendo por todos lados; huían de un lado a otro sin saber por dónde salir y no paraban de caerse en el lodo.
— ¿Cómo saben eso? —Tuvo curiosidad Hajime—... Mierda. No me que estuvieron allá toda la tarde espiándolos. —De pronto Iwaizumi sufría de un ataque de pena ajena. Nada del otro mundo si convives frecuentemente con aquellos dos—. Ustedes realmente no tienen nada en que gastar su tiempo ¿o sí?
-¿Por qué te mentiríamos?... Nope. —confirmó Hanamaki.
— ¿Por qué? —Hajime tuvo que resistir unas fuertes ganas de cubrirse el rostro con las manos. De alguna manera esos dos siempre sobrepasaban sus expectativas, y al mismo tiempo, destruían cualquier rastro de ella.
— ¡Es día libre! Había que matar el tiempo.
—Además, como si tu hubieras hecho algo productivo. Por lo menos nosotros cumplimos nuestra tarea.
—Yo estuve en casa todo el día y con gran diferencia eso sigue siendo mucho más productivo que lo que sea que ustedes hayan hecho en toda la tarde.
Al escucharlo, Oikawa recordó los sucesos de la mañana y volvió a arrepentirse de no dejar a Takeru con Iwaizumi antes de partir a su cita.
Los chicos parecían más despiertos que nunca. Oikawa debía encontrar rápido otra forma de desviar el tema sin parecer totalmente desesperado por hacerlo, como realmente era el caso.
— ¿Y qué hay de Kunimi y Kindaichi? —preguntó Tooru, presuntamente casual.
—Esta vez no fueron, al parecer el castigo de Iwaizumi fue demasiado para ellos... Nenas.
—Solo fuimos Mattsun y tu servidor. -Dio a entender con su altivez que coincidía con lo anterior—. Por Hajime pasamos de camino a aquí. Queríamos informarte de nuestra victoriosa misión, entre otras cosas que aún nos interesa saber, y creímos que a él también le interesaría oírlo. ¿No, Hajime?
—Ya quisieran.
Desde luego Hanamaki, quien sonrió divertido al escucharlo, no se esperaba una respuesta menos defensiva. Iwaizumi formó una expresión digna, pues de ninguna forma demostraría ninguna clase de complicidad con tipos cuyos planes sólo lo metían en problemas.
A fin de cuentas, Iwaizumi no mintió del todo con sus intenciones; por eso mismo fue una suerte de desenlace el que no dejará al confundido armador a merced de ambos chicos. A diferencia de lo que quisiera hacerle creer al setter, la idea de ir a verlo no había sido completamente obra de Mattsun y Hana.
Justo ese día, Hajime tuvo la oportunidad perfecta de pasársela descansando en su casa y jugando videojuegos hasta el cansancio, por irónico que suene, si no hubiera sido porque de la nada recordó que ese día sería la cita del setter, al mismo tiempo que se desarrollaba en él un mal presentimiento. No era por traerle mala suerte pero ¡No pudo evitarlo! Pensar de esa forma tendría sentido considerando quién era Oikawa, después de todo. Podría haber elegido confiar en la confianza desbordante de Tooru, pero el pinchazo que sentía en el centro de su estómago no lo dejaba jugar tranquilo.
Él nunca fue de los que se metían en las relaciones románticas de los demás. Por él, que cada quien hiciera lo que le plazca con su tiempo libre, Oikawa en especial; después de las primeras diez de sus novias, ya ni siquiera tuvo el interés ni de recordarse sus nombres. Incluso ahora, sin duda había sido traído por la excusa de tener una conversación sobre noviazgo, mas simplemente no era lo suyo. Por otro lado, resultará obvio el hecho de que no hubo otra salida para éste voleibolista más que responder a su llamado de responsabilidad disfrazada, o como el llamaría "solo otra piedra en mi zapato". Siempre terminaba atribuyéndole a Oikawa sus mismas rupturas y, en efecto, la mayoría de las veces acertaba. Justo como ahora, no es que tuviera algún deseo enfermo de augurarle mala suerte, pero tan solo hacía falta recordar los eventos del Cosmic Land «Ese jodido restaurante» para crearse unas cuantas dudas razonables, y naturalmente hacerlo presentir cómo la próxima cita sería una invitación descarada al desastre. Captar la mueca en los labios de su amigo, junto a pequeños movimientos de sus pies que ni siquiera una persona con su presencia era capaz de controlar, fue nada más otro paso para verificar su teoría, aunque, de nuevo, Hajime no era del tipo más adecuado para hablar sobre aquellos problemas de parejas.
Desafortunadamente, luego de la llamada que Matsukawa, desde un campo de sembradío, le envío contándole tontería y media, no hubo de otra para el rematador de Seijoh; su propia conciencia no dejaría de picarle las costillas.
—Hey, pasemos un rato por la casa de Basurakawa. —se oyó decir a sí mismo, muy a fuerzas.
Para suerte suya, Oikawa se encontraba tan debatido que no parecía que pronto se le fuera a ocurrir preguntarles de quién fue la idea de invadir su privacidad.
— ¡Ah! ¿¡En serio!? —les dijo en tono sarcástico— Buen trabajo. Por ciertos genios, se les escaparon tres cuervos. El rubio de lentes y otros dos me siguieron hasta acá mientras ustedes perdían el tiempo.
—Bueno, ¿qué querías? —Rebatió Hanamaki— ¿Que tuviéramos un ojo puesto sobre todo el condenado equipo? ¿Huh? ¿No quieres también que te investiguemos lo que hace el entrenador después de clases?
—Yo vigilaría a la manager cuando quisieras. —dijo el pervertido de Matsukawa con una sonrisa.
—Aguarda... —interrumpió Iwaizumi— ¿Tres chicos de Karasuno te siguieron hasta dónde?
Vaciló un par de segundos, antes de decidir qué ésta ocasión probaría con la útil técnica de decir la verdad sin realmente decirles nada.
—Hasta aquí... Aunque en realidad no me estaban siguiendo. —Farfulló con visible molestia—. Me entregaron algo que olvidé y aprovecharon para decir unas cuantas cosas. —Viendo la insatisfacción en el rostro de Hajime, Oikawa se decantó por otros datos sin importancia—. Uno de ellos era una chica por cierto. No, no era la manager buenota. No la reconocí pero supongo que es una nueva ayudante o algo parecido.
Issei y Takahiro volvieron a reírse con una broma entre ellos. Probablemente si no se trataba de la manager que ellos conocían entonces no les interesaba.
Mientras tanto, Hajime de ninguna manera pasaría por alto la evidente evasión del inútil de su armador.
— ¿Qué sucedió? —El nivel de seriedad con que preguntó fue de nuevo un alto para sus otros dos compañeros y sus bromas que no conocían la muerte.
— ¿A qué te refieres, Iwa-chan? ¿A los chicos de Karasuno? Solo me regresó una baratija que olvidé por ahí... Una baratija muy cara. —aclaró—. Tuve suerte de que no se la llevaran a la policía. Aunque sí, tomaron la oportunidad para decirme algunas tonterías. Pero no hay razón para que te preocupes por mí, Iwa-chan; salí ileso como puedes ver...
— Ve al grano, pedazo de idiota. Te daré diez segundos para que dejes de fingir que no entiendes lo que está sucediendo aquí. No somos ni tan estúpidos, por lo menos yo no, y comparado contigo soy un maldito adivino. Sabes bien que me refiero a Hinata, Basurakawa. —Ya sea por lo corto que tuviera siempre a personas tan problemáticas o porque siempre haya tenido esa presencia desde muy joven, la voz de liderazgo se había vuelto tan natural para él como los insultos hacia Oikawa y las tonterías por metro cuadrado de Hana y Mattsun—. Todo el puto tiempo llegas hablando de él, diciendo lo lindo que es y lo talentoso que se ha vuelto gracias a tus benditos entrenamientos, y ahora resulta que ni lo mencionas... No es que me queje, en absoluto, pero es demasiado extraño, incluso para alguien como tú.
— ¿¡Alguien como yo!? ¿¡Qué insinúas Iwa-chan!?
—Si los chicos de Karasuno aparecieron, ¿Significa eso que te atacaron durante tu cita?
— ¡Al menos finge que me escuchas! —Lo hizo, solo que como le era costumbre lo ignoró—. No, ellos no... No fueron ellos en realidad. Sólo... No fue una buena noche ¿ok? ¡Y es una historia jodidamente larga!
—Oooigan, no entiendo qué es lo que pasó de repente —comentó Hana—, pero esto tiene pinta de ser algo serio. Habla claro, tienes nuestra atención.
Definitivamente no había forma de huir... Aunque ¿Por qué debería huir? ¡Es su habitación y su casa en la que están!
«¿Qué más se supone que les diga? "Lárguense. No quiero hablarle de mi cita a nadie". Eso solo lograría que se interesan más en el asunto, y conociéndolos, no se irían hasta que escucharán la historia completamente.»
Las bromas de Takahiro e Issei ya no parecían un escape tan malo ahora.
« ¡Al carajo!» pensó el capitán de Seijoh. Si lo que sus compañeros querían oír era toda la historia, entonces haría su mayor esfuerzo por no quedar en ridículo mientras se las contaba.
—Verán —aclaró su voz, preparó su atildada sonrisa y mostró su mayor despliegue de autoconfianza; lo que a sus tres compañeros sin duda les pareció solo un típico Oikawa—, la realidad es que me di cuenta de que todo este asunto con Chibi-chan fue una terrible idea desde el comienzo. —Para este punto, ya los chicos no se creían una palabra— ¿Qué puedo decir? Me equivoque esta vez, algún día tenía que pasarme. Sé que para ustedes soy casi un dios con las chicas, pero la realidad es que soy tan imperfecto como ustedes.
Un silencio diferente llenó el cuarto mientras los tres invitados de Oikawa permanecieron boquiabiertos esperándose un "era broma" o cualquier cosa que fuera un poco más creíble.
— ¿Cómo? ¿Estas bromeando, verdad? —preguntó Takahiro
Omitió a propósito la parte en la que Ushijima le sumaba unos cuantos dolores de cabeza más, así como, por supuesto, él corriendo envuelto en pánico buscando a Takeru. A fin de cuentas, esos detalles no eran tan relevantes, considerando el final al que había llegado.
— ¿Seguro que te sientes bien, capi? Dime cuántos dedos ves y qué día es hoy. —Matsukawa levantó tres dedos en alto—. Y si es que no aciertas: ¿cuánto dinero tienes? Ah, no importa, solo préstamelo. —Aunque Oikawa jamás estaría así de confundido.
— ¡Como si alguna vez me hayas regresado el dinero que te presto! De todos modos, ¿por qué es tan difícil que me crean? Estoy siendo serio por aquí. ¡Se-ri-o! Piénsenlo, ¿ayudar a un cuervo de Karasuno? ¡Por favor! Debemos esforzarnos nosotros para no cometer los mismos errores de antes —explicó como si fuera lo más obvio del mundo—. Ahora más que nunca hay que tener la vista fija en nuestro objetivo. Cero tiempo para el noviazgo de ahora en adelante. Darle una paliza a Ushiwaka es mi prioridad número uno y por lo tanto también la suya.
A los chicos, esto les pareció tan absurdo que no consideraron necesario hacer comentario alguno. Si Oikawa esperaba que los chicos se tragaran su forzada impresión de líder recto y responsable, entonces quizás realmente debía estar sufriendo algo serio.
Fue Hanamaki quien primero dijo lo que todos pensaban.
—Hablas en serio. Tú, un mujeriego diciendo eso. ¿Es que quieres vernos la cara de estúpidos?
—Yo ya se los conté. ¡No es mi culpa si no quieren creerme!
—Lo cortaste. Rompiste con Hinata Shouyo. —decía Iwaizumi incrédulo y con un tono que gritaba a todas luces "¿eres idiota?"— Todas tus ex novias se quejan de que no les pones suficiente atención por culpa del Volleyball ¿pero cortas al que probablemente sea el único ser viviente en toda la puta galaxia al que eso no le importe?... Y yo que creí que eras un idiota, pero ahora soy capaz de ver que tu inteligencia está fuera de mi entendimiento, y nosotros, y los demás chicos del equipo que no se molestaron en desperdiciar su tiempo con esta basura, estamos ciegos y cojos, razón por la cual necesitamos practicar más.
—Cuando lo pones de esa forma realmente sueno como un idiota. —Oikawa exhaló de manera un tanto estridente y se encogió de hombros—. Qué lastima, algún día lo comprenderán. A mi pare...
A todos tomó por sorpresa el estruendo que causó el pisotón intencionado de Hajime cuando éste se levantó del suelo, haciéndolos a todos echarse hacia atrás por instinto. Para Mattsun y Hana fue lo mismo que si los castigara el entrenador en la escuela; como aquella vez que intercambiaron los uniformes masculinos con los del equipo femenil. El punto es que en algún punto fue agradable ver a alguien más recibiendo toda esa explosividad de vez en cuando. En cuanto a la víctima actual, esta no pudo contener un pequeño grito muy agudo.
— ¡Con una mierda, ya estoy harto! Mande al diablo mi sábado por esta basura.
— ¡No trates de engañarnos! —Se unieron Mattsun y Hana al barullo—. ¿¡Qué es lo que de verdad ocurrió con el cuervo!?
— ¡Cállense todos!... —A Oikawa, sus queridos amigos comenzaban a acorralarlo—. ¡Les digo que rompimos! ¡Por favor! Están exagerando totalmente; no entiendo a dónde quieren llegar. ¡Si no quieren creerme, pues jodanse! Por mí, perfec...
Así fue entonces cómo todo el mundo mundo finalmente perdió la cabeza.
Hajime fue el primero en abalanzarse contra él, y, en menos de lo que tarda un remate en tocar el suelo, Oikawa luchaba contra el peso de tres pesados hombres sometiéndolo desde los pies hasta las muñecas, su rango de visión fue cubierto en su totalidad por el panorama de aquellos tres chicos y sus expresiones fastidiadas; por primera vez en la noche ya no fue capaz de escuchar sus propios pensamientos, gracias claro a que solo pudo oírlos a ellos, alternando al mismo tiempo entre gritos, demandas, preguntas retóricas sobre su cordura, y sobre todo, palabras antisonantes que rogaba su madre no haya alcanzado a escuchar desde la cocina.
Tooru se revolvió con fuerza sobre el suelo, pataleó hacia todos los lados físicamente posibles, pero sin importar qué tan duro trató, odiaba admitirlo, pero no pudo hacer mucho a su favor. A excepción de morderle el antebrazo a no estaba seguro quién. De los métodos con los que desearía quitárselos, solo se quedó con las ganas.
—Sé que algo pasó entre tú y Hinata. —Decía Hajime cubriéndole la boca con una mano— ¿Crees que no notamos lo raro que te estas comportando? Lo ansioso que pareces porque terminemos un tema de conversación para poder echarnos con libertad. —Tooru logró librarse del agarre de Hajime, mordiendole el primer dedo que alcanzó a tomar entre sus dientes, pero Iwaizumi no se echaría atrás solo por un pequeño mordisco—. Que te jodan. No me iré ahora hasta que escuche la verdad directo de tu boca, que llevo un putero esperando en oírla. Habla ya ó te meteré el spray de cabello por el culo.
Algunas palabras barbotearon por parte de Oikawa, siendo ahogadas antes de que Hajime decidiera liberarlo, no sin dejarle marcas rosadas en las áreas en las que apretó con sus dedos más fuerte.
— ¡Fue él! ¿Ok? —soltó de una vez por todas—. Ese cuervo me mandó al diablo porque solamente piensa en ganar el torneo al igual que el imbecil de Tobio. Yo solo soy un estorbo. No me quiere distrayendolo de su preciada meta de mierda. ¡Había olvidado que a todo el mundo le interesa esa condenada copa!... ¡Él me rechazó a mi, de nuevo! Eso fue lo que ocurrió.
Oikawa soltó un codazo y, a pesar de que entre los tres pudieron seguir sometiendolo con facilidad, hubo al instante un entendimiento casi instintivo entre ellos.
— ¿Saben qué? Está decidido: Me importa una mierda. No importa con quién salga, de qué escuela sea, ni siquiera su sexo, simplemente hay algo aquí que no sirve. —Ignoró el pensamiento casi tangible de los chicos diciendole "eres tú"—. En todo caso, Chibi-chan tiene razón. Es hora de prepararnos para el torneo, como aparentemente cada persona con la que me he cruzado últimamente está haciendo, porque ese es nuestro objetivo y eso es lo único que importa en este momento, por supuesto. —Recitaba mientras se paseaba por la habitación, ya habiendo dejado el suelo—. Él y Ushiwaka, y todo el mundo.
Que Oikawa mencionara a Ushijima en particular les pareció solo un poco extraño a los tres chicos.
— ¡Ah! ¡Esto es un asco! ¿Por qué ahora hay personas que simplemente no puedo leer? Tener a Chibi-chan éste tiempo me arruinó. ¡Joder! ¿¡Por qué acepté entrenarlo en primer lugar!?
De pronto, Tooru recordó el grosor de las paredes y se reparó en el volumen de su voz.
—Además él... Si desde un principio haría caso a sus compañeros del club y me deshecharía... ¿Qué querían que hiciera? ¿Suplicarle? ¿Después de rechazarme ya dos veces? Jodanse, yo no estaré rogandole a nadie. Ya me harté de esto; de los cuervos, de la falta de sueño y de no poder pensar claramente como siempre. Debí haber sospechado que esto no iría a ninguna parte desde el principio.
La mirada de Tooru cayó mientras enterraba sus dedos en su flequillo.
—Escuchen, no cambiaré de opinión, yo solo...
Aparentemente, la intensidad con que habló ocasionó a la impenetrable voz de Oikawa achicarse de poco a poco. Disimulada un poco todavía por un par de sonrisas y una que otra risa falsa.
Era como si toda la cólera y frustración que antes sentía las hubiera agotado, mientras el espacio era llenado por otro sentimiento mucho más desagradable y vergonzoso para él. Una sensación insoportable, en cortas palabras; soportar aquello mientras caminaba solo por las calles era una cosa, pero pararse delante de sus amigos de esa forma, por más cercanos que fueran... Era insoportable. Aterrador.
—Yo... Estoy muy cansado, chicos... Lo lamento. Deben irse.
Tomó su celular para fingir que revisaba la hora. En eso, casi de inmediato, echó su cabeza hacia atrás, como si recién recordará algo devastador.
— ¿Qué? —preguntó secamente Matsukawa.
—Recordé que le saque varias fotos a Chibi... Hinata... Y para borrarlas necesito verlas primero. —dijo ahora en su típico tono lamentable. A Hajime y al resto casi les pareció muy cómico.
El primero en acercarsele fue Iwaizumi. Al principio fue una palmada en el hombro, firme. Después, entre todos sostuvieron a Oikawa en un abrazo mientras se desahogaba sobre ellos.
-Ya, ya. -comenzó Matsukawa, palmandole la espalda y con voz melosa- ¿Quién lo quiere?
—No el enano. —susurró Hanamaki. Y de ninguna manera pudo decir que no vio venir el discreto rodillazo que le dirigió Hajime.
Ahora, Hanamaki también lloraba.
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Los chicos del club no tardaron mucho en irse luego de eso; ni tampoco su hermana, después de quedarse platicando con su madre y de percatarse de lo tarde que se había hecho. No sin antes despedirse de Tooru, muy a pesar de lo enojada que aún seguía con él.
No se molestó en tocar primero antes de entrar a su habitación.
Al principio, le costó distinguir cualquier cosa en ella. Con las luces apagadas y en contraste con la luz del pasillo, su cuarto era realmente un hoyo negro, como de los que le había contado con tanta pasión alguna vez, recordó. Agudizó la vista y reconoció a su hermano acostado sobre su cama, cubierto con una sábana que sólo le dejaba ver su cabello.
Supo que estaba despierto cuando lo oyó gimotear sobre la luz que lo incomodaba.
Encontrarse a su hermano de esa manera le pareció sumamente extraño, considerando que sólo unos cuantos minutos atrás había estado con sus amigos, hablando y haciendo quién sabe que cosas. Dudaba que fuera posible que sus energías pudieran caer tan bajo en aquel poco espacio de tiempo. Puede que no le estuviera viendo el rostro, pero en definitiva, no se esperaba verlo tan acabado. Por un momento pensó en preguntarle si estaba enfermo, solo por un momento, porque claro, sería imposible para ella olvidarse de que más temprano al idiota de su hermano le había parecido buena idea regresar a casa sin su hijo.
—Me voy, Tooru. Buenas noches. —dijo cortante—. Aunque no te las mereces.
Takeru esperó a que su madre se alejara para despedirse.
—Tío Tooru. —Susurró—... Perdón por lo de tu novio.
Antes, a Takeru lo
A Takeru lo hizo sentír culpable que su tío no le contestara de inmediato, sin embargo, tratar de discutir con el en ese momento no parecía la mejor idea de todas.
-Gracias, Takeru. -lo escuchó decir en voz baja antes de por fin cerrar la puerta.
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Normalmente, Daichi agradecía los breves momentos de silencio que obtenía de ir al baño, exceptuando aquellos en los que los chicos lo acompañaban, porque cuando uno iba, mágicamente a todos los demás les daba por hacer del baño, entonces el ambiente se convertía en un salón de entretenimiento, pletórico de charlas y tonos de voz altos al son de las evacuaciones y el agua fluyendo, lo cual extrañamente solo a Daichi seguía pareciéndole ligeramente incómodo.
Sin embargo, ésta vez Daichi no pudo evitar hacer la comparación del silencio del baño con la del gimnasio: por poco idénticos, con la única diferencia de que en uno estaba más presente el ruido característico de un entrenamiento de volleyball con un par de decibelios de voces forzosas.
Pues, inevitablemente, le dio la inexplicable sensación de que, de un día para otro, todos los ánimos fueron estancados en un profundo pozo sin fondo en el preciso instante en el que se dio la vuelta, descuidando a su equipo sin siquiera darse cuenta. Y lo peor de todo es que ni una persona estaba dispuesta a decirle lo que ocurría, como si guardarán un horrible secreto en conjunto. Ni siquiera Kinoshita y Narita decían una palabra, y a ellos los menciona porque cuando efectivamente acudió a ellos, ambos simplemente rieron nerviosos, fingieron ignorancia y se dirigieron hacia la dirección opuesta; "fingieron" porque era obvio que también ellos estaban al tanto de lo que sea que estuviera pasando.
Rechazado por su equipo y hecho a un lado, lo único que quedaba era hacerse un recuento de las pocas cosas notables que logró rescatar.
«Es obvio que Hinata y Kageyama no se llevan bien desde hace un tiempo; es cierto que Hinata comete muchísimos errores últimamente, pero dudo que tanta agresión por parte de Kageyama vaya a resolverlo realmente. Asahi se ve mucho más nervioso de lo normal, aunque puede o no que eso solo sea mi imaginación. Y estoy seguro de que Noya y Tanaka tienen algo que ver en todo esto; no me es difícil imaginarlos con algo desagradable entre manos, eso en especial me huele muy mal. El director ya tiene un ojo sobre nosotros luego de que descubrieramos su "secreto" y preferiría no meternos en otro incidente. Además, estoy bastante seguro de que Suga me ignora desde hace un par de días. Sin mencionar que su expresión se vuelve de mortificación cada vez que se cruza conmigo... ¿Será mi culpa? Porque sinceramente eso es lo que esto comienza a parecer. Tal vez he puesto demasiada presión sobre ellos últimamente, no estoy seguro. —Soltó un suspiro—. Ya qué. Deberé tener una charla con ellos más tarde.»
Apenas tocaba la puerta del cubículo del baño cuando escucho un ruido. Si no se equivocaba, fue exactamente en el retrete que tenía al lado suyo. Se detuvo un rato, pero no lo volvió a escuchar. Quizás solo fue su imaginación.
Regresó de nuevo la atención a sus incipientes necesidades básicas, sin embargo, aquel sonido quedo lo interrumpió de nuevo. El ruido esta vez fue más claro que la vez anterior, Daichi pudo distinguirlo fácilmente. Sin duda provenía de una persona; una especie de gimoteo... Alguien lloraba en uno de los baños.
Escuchó el llanto por par de segundos más hasta que, aunque no fuera su intención entrometerse, comenzó a distinguirlo.
« ¿Podría ser...?»
-¿Hinata? ¿Eres tú, Hinata?
Hinata, porque ahora estaba seguro de que era él, no respondió exactamente, o si lo hizo, Daichi no estaba totalmente seguro. Lo único que oyó fueron gimoteos que pudieron o no ser frases de verdad.
—Hinata ¿Qué sucede? ¿Estas herido? Tranquilizate y responde.
—Da... Da... chi —balbuceó. Después, le siguieron llantos inentendibles todavía más fuertes.
— ¡Abre la puerta, Hinata! —El peli naranja había logrado preocuparlo de verdad esta vez, tanto así que ahora seriamente consideraba derribar la puerta—. ¿¡Hinata!? ¡HINATA!
Antes de que cualquier tragedia material, ¿y por qué no? económica pudiera ocurrirle a Daichi, él chico con el número diez abrió la puerta con reticencia. Qué suerte. Derribarla sería una razón más del director para hacerles la vida imposible.
Dejando sus responsabilidades con los mayores de lado, lo que vio al abrirse la puerta activó en él todas sus alarmas de capitán. En palabras simples: Hinata estaba desecho. Tenía la cara roja, aunque no del tipo de tono que tomaría luego de jugar un largo partido; los ojos hinchados, limpiándose la nariz húmeda como el mejor complemento posible.
-Da... Daichi. —logró componer—. Yo... yo...
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Los miembros del club, dentro de todo su desastre secreto, se encontraban técnicamente en calma. Iban de un lado a otro como siempre, eso sí, pero como si fuera un entrenamiento particularmente tranquilo... Hasta que Daichi entró por la puerta, con mucha nueva información en mente y bastantes cosas qué decir, además de a un Hinata llorando inconsolable debajo del brazo.
— ¡EXPLIQUENSE!
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Sí. Este fic sigue vivo!
Y sé que es un poco tarde (capitulo 9 :v) pero he comenzado a usar el guión correcto para los diálogos "—". Mi teclado no lo tiene a la vista así que me fui con la finta del guión pequeñito por mucho tiempo je je... Sorry.
