Disclaimer: Todos los derechos de Owari no Seraph (Seraph of the End) pertenecen a Takaya Kagami, Yamato Yamamoto y a Daisuke Furuya.

Advertencias: AU ǀ Yaoi (Boy's Love) ǀ Yuri (Shojo ai) ǀ OoC ǀ Uso de sufijos honoríficos ǀ Contenido sexual.

Pairings: MikaYuu (Mikaela x Yūichirō) ǀ Secundarias: MitsuNoa (Shinoa x Mitsuba). KimiYoi (Kimizuki x Yoichi).

N/A: ¿Adivinen quién salió de vacaciones? XD


Siempre alguien marcha valiente

Aquí bajo mi piel

Constant Craving K. D. Lang


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ǀ Monochrome ǀ

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Aún y cuando solían charlar por horas y horas, no recordaba una sola conversación en la que su querida hermana le mencionara cuáles eran sus flores favoritas, razón por la cual nunca llevaba nada al cementerio. De cualquier forma, ¿para qué llevar un obsequio? No era como si ahora pudiese ser disfrutado. Y fuera como fuera, su compañía era el mejor presente que podía ofrecer. Gustaba de pensar así.

A diferencia de lo que cualquier persona podría pensar, el lugar donde descansaban de manera eterna las personas le parecía todo menos lúgubre; al contrario, ese era el único punto donde podía sentirse apreciada de nuevo, como si su hermana estuviese ahí en carne y hueso y pudiera abrazarla con fuerza tal y como lo hacía en antaño. Era ahí donde dejaba de ser invisible, en el mundo que ellas dos crearon.

Le parecía increíble el hecho de que tantos años pasaron desde la muerte de la Diosa de la familia, la persona en la cual jamás podría ni quería convertirse. Un título que se le antojaba ajeno y al cual nunca aspiró, el que ni la primera heredera deseaba.

Después de todo ser una prodigio, una Diosa, una genio eran términos demasiado pretenciosos para quien en vida no fue más que una niña enamorada de su amigo de infancia. Una faceta que incluso los reyes desconocían y los otros herederos también.

Un secreto compartido entre hermanas, entre la luz del medio día y la sombra olvidada.


Capítulo VIII

La heredera olvidada


Irónicamente, llegó justo al medio día. Sola, como siempre. Desde su padre hasta el hombre que más amó, todos parecían haberse olvidado de Mahiru. Todos menos Shinoa.

Cada vez que visitaba a su hermana era inevitable que su mente no divagara. Recordaba su infancia: a su padre autoritario, a su sumisa madre, al gran negocio familiar, su horrible apellido, el peso que no caería sobre sus hombros, las grandes celebraciones y las fiestas que no llegaron a realizarse. A Kureto, el perseverante; a Mahiru, la prodigio; a Seishirō, el imbécil; y a ella, simplemente Shinoa.

Curiosamente, con Mahiru jamás hablaba de esos temas; más que nada se dedicaban a contarse anécdotas del día a día, a practicar sonrisas delante del espejo y del amor de su hermana. Como normalmente Shinoa jamás tenía nada interesante que contar era Mahiru quien se adueñaba dulcemente de la conversación. Ella siempre era la protagonista y jamás la odió por ello; lo que su hermana le inspiraba era admiración, admiración que pereció al mismo tiempo que Mahiru y que jamás volvió a sentir por nadie.

Tal y como una verdadera Diosa, cuando Mahiru murió todo se fue con ella. Una parte de Shinoa también se esfumó junto a su adorada hermana.

—Sabía que iba a encontrarte aquí.

Y por buena o mala suerte, tenía a su lado a personas que la ayudaron a no olvidarse a sí misma.

—Mi-chan, ¿cómo lo supiste?

Mitsuba, cabellos dorados como el sol, era una de ellas.

—Siempre haces lo mismo todos los años desde lo sucedido. A veces pareciera que esperas más la fecha del aniversario de la muerte de tu hermana que tu propio cumpleaños. —Mitsuba dio un par de pasos hasta quedar junto a Shinoa. Como cualquier persona normal ella sí llevaba un ramo de diversas flores blancas las cuales dejó sobre la tumba —. No es tu culpa que las cosas sucedieran de esa forma.

—No soy masoquista. Sé que no tengo la culpa de lo que ocurrió ese veinticinco de diciembre ni de que Mahiru muriera al día siguiente. Aunque debo admitir que sí me parece deprimente festejar la fecha de mi nacimiento y después venir aquí a conmemorar la fecha en que mi hermana ya no está.

—La vida no es color de rosa, supongo.

—Y a ti tanto que te gusta ese color. —Shinoa rio por su broma. Su estado de ánimo mejoró al escuchar que a Sangū también le causó gracia.

Sin pedir autorización, Mitsuba rezó una oración que Shinoa no se molestó en seguir para después ambas emprender marcha hacia la salida. Hacía frío y el clima amenazaba con nevar en cualquier momento, aun así algo dentro de Shinoa se sintió cálido cuando su mejor amiga le tomó de la mano para que aumentara la velocidad de sus pasos. A diferencia de ella, para Mitsuba el cementerio no era un lugar agradable.

—¿No vas a ir hoy al servicio? —preguntó Sangū para sacar tema. Shinoa negó.

—El doctor Narumi me permitió faltar.

—Ese doctor es bastante condescendiente contigo, ¿no crees? —resaltó para después agregar en tono dulzón —: ¿no será que tiene interés en ti de alguna otra forma?

—¿Estás celosa? —Shinoa se permitió jugar con la situación. Al ver la expresión de su amiga y su tenue sonrojo, fuera por el frío o la vergüenza, no pudo evitar reír —. Sé que soy una chica bellísima pero el doctor Narumi es algo grande para mí. Creo tiene veinticuatro y yo apenas ayer cumplí los diecisiete, ¡ni siquiera soy legal, Mi-chan! ¡Me estás insinuando hacer cosas indecentes!

Las mejillas de Mitsuba se fueron coloreando más y más, para Shinoa no podía estar más preciosa.

—Bien, bien, ¡ya no diré nada! —Renegó Mitsuba; Shinoa continuó burlándose —. ¡Ya, Shinoa! Mejor cambiemos de tema, ¿sí? Cuéntame qué tal la pasaron ayer.

—A grandes rasgos: Yoichi ligó, Kimizuki se enceló y soltó su amor por él, no sabes todo el drama que se hizo, ah y Yuu se emborrachó al grado de ver tú a saber que estaba haciendo afuera con… —se detuvo al percatarse de lo que había dicho.

La lengua se le había soltado de más y olvidó por completo que ese dato era mejor ocultarlo. O quizá muy en el fondo también quería gritarlo, restregárselo en la cara a Mitsuba para ayudarla en su etapa de superación y de paso también ayudarse a sí misma. A final de cuentas Shinoa también se merecía poder ser egoísta.

—Termina lo que ibas a decir. Con Mikaela, ¿verdad? —Ni siquiera necesitó que Hīragi se lo confirmara —. Está bien, está bien, ya no importa. Me he propuesto olvidar todo lo que tenga que ver con él y seguir adelante. Además es un idiota, ¿cómo voy a seguir enamorada de un idiota, eh? ¿Yo, Mitsuba Sangū, enamorada de Yūichirō Ichinose? ¡Por favor!

A pesar de toda esa palabrería, Hīragi sabía que Sangū estaba dolida. Dolida era poco. Y lo peor de todo es que los ojos de su amiga poco a poco comenzaban a cristalizarse y sus mejillas también se ponían rojas entre una combinación por el coraje y seguir pensando en el chico que le gustaba. Si tan solo Yuu pudiese valorar lo afortunado que era al tener a Mitsuba a sus pies. Lástima que fuese un imbécil.

Y aunque tuviese el corazón destrozado, para Shinoa, Mitsuba seguía siendo la chica más hermosa del mundo. Siempre tan atenta, tan linda y tan amable a su manera. Una vez que se descubría la verdadera personalidad de Mitsuba, esa que estaba escondida bajo capas y capas de agresividad, era imposible no quererla, al menos no lo fue para ella.

No importaba quién hubiera venido a consolar a quien. Shinoa abrazó a Mitsuba y aun y cuando Sangū estuvo reacia al principio, terminó aceptando y devolvió el gesto con fuerza. Adoraba que su mejor amiga ya no ocultara ni sus sentimientos ni emociones, al menos no a ella.

Shinoa la apretó y la atrajo más hacia sí, embriagándose con el aroma que Sangū emanaba. Cada día era más difícil ocultar sus sentimientos. Si todo continuaba de esa manera un día explotaría.

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Mikaela pensó en un mundo fantástico, en uno donde criaturas mágicas hiciesen acto de presencia en su historia. ¿Cuáles serían mejor opción? ¿Hombres lobo, brujas, vampiros? A decir verdad, los últimos siempre le habían llamado más la atención por sobre las otras opciones, y en cierta forma era más sencillo meterlos en la trama que previamente había pensado. Un virus apocalíptico destruyendo, supuestamente, el planeta y la vida humana.

Había que pensar ahora en su protagonista. Por primera vez desde que había comenzado a escribir, tuvo una idea clara de cómo sería su personaje principal. Sí, tendría la característica siempre presente en sus creaciones: el cabello negro, los ojos verdes y la piel morena, sin embargo, esta vez también incluiría el carácter testarudo, arrogante, temperamental y amable del muchacho que le robaba el sueño y el alma. Como nombre provisional para el protagonista eligió «Yūichirō»; quizás lo cambiaría más adelante, quizás no. Y como apellido, al no querer quebrarse mucho la cabeza en ello, eligió «Hyakuya», el nombre del hospital donde se encontraba su fanática número uno, según mismas palabras de Akane.

Más de tres mil palabras fueron escritas en tan solo una hora, Mika se sorprendió a sí mismo por ese hecho. Alejó las manos del teclado de su portátil para poder estirar sus dedos dándoles un leve masaje a la vez. Mientras seguía ensimismado pensando cómo continuar, dirigió la vista a su teléfono celular. Tanto se había metido en su historia que no se percató de la hora —apenas y le daría tiempo para llegar a ver a Akane— y de que tenía varios mensajes del mismo Yuu. Dio un respingo y no pudo evitar sonreír ante ese hecho.

Tomó el aparato entre sus manos. Mientras abría la aplicación de What´s App se colocó un abrigo y la bufanda haciéndolo con una sola mano y en increíble tiempo record. Ya listo, analizó con atención el mensaje de Ichinose.

Yuu-chan:

Oye, Mika

Recordé que tengo tarea para estas vacaciones

Solo he hecho la de inglés

Con las otras puedo pedirle ayuda al poste andante

Pero de literatura nadie sabe nada

Y tú eres bueno en ello

Al grano

Me puedes ayudar con mi tarea?

Es un análisis a una novela de Yukio Mishima [1]

Aunque no recuerdo el nombre

Le sorprendía como Yuu podía mantener contacto con él con tanta naturalidad, ignorando la conversación que tuvieron por la mañana, también como si lo ocurrido la noche anterior no hubiera sucedido. Dejó de quebrarse la cabeza con ese asunto, debía tomarlo como algo bueno. Prefería tener que hacerse el indiferente a haber perdido todo contacto con Yūichirō.

Habiendo asimilado al menos de manera temporal ese hecho, pensó en la petición que el moreno le hizo. Recordaba también haber hecho un par de análisis a obras del mismo escritor, Yuu podría basarse en alguna de ellas. Ese folder se encontraba en algún cajón de su escritorio. Abrió el primero, sintiéndose afortunado de dar con él al instante; había algunas hojas sueltas encima de la carpeta roja las cuales solo metió en esta, no tenía tiempo que perder si es que quería llegar a buena hora al hospital Hyakuya.

Mandó un mensaje a Yuu de que con gusto lo ayudaría y salió a paso apresurado de su residencia sin despedirse de Ferid como siempre. Caminó lo más rápido que pudo hasta llegar al hospital, sorprendiéndose a s sí mismo de haber logrado llegar a la hora exacta. Conforme se acercaba, distinguió a Yuu en el marco de la entrada; al percatarse de su presencia, este le sonrió ligeramente.

—¿Te quedaste dormido o algo así? —bromeó Yūichirō —. Normalmente llegas antes que yo.

El volver a estar frente a frente fue más complicado de lo que imaginó. Ver su cabello, sus orbes, su boca… No pudo evitar rememorar lo ocurrido; el beso subido de tono, la felación, el cómo le miraba a los ojos mientras se la chupaba y la manera en que lo hacía. Su temperatura corporal fue capaz de aumentar tan solo usando la imaginación. Yuu era peligroso, un maldito veneno que para su desgracia ya había ingerido.

—¿Acaso me extrañaste, Yuu-chan? —contraatacó.

El aludido bufó por lo bajo, dijo un montón de cosas entre dientes las cuales Mikaela no logró entender pero que aun así le parecieron sumamente cómicas.

—Como sea, vamos a entrar.

—Antes de eso, ten, aquí te traigo lo que me pediste. —Le extendió el folder el cual Yuu tomó con cuidado —. Son varios análisis a novelas y otras obras; hay de Mishima y más autores. Leyéndolos puedes darte una idea.

El rostro de Yuu volvió a iluminarse. Mika adoraba cuando ponía esa expresión: abría más los ojos y el verde de estos brillaba más de lo normal, sumado a eso con su sonrisa se creaba un cuadro perfecto.

—Vaya, gracias, Mika.

Después de darle un vistazo rápido, Yuu colocó el folder bajo su brazo y volvió a emprender marcha hacia el interior, esta vez esperando que Mika siguiera su paso. Al entrar fueron inmediatamente a la recepción. Firmaron y después de ello se despidieron, no obstante, antes de que Yuu entrara a con su paciente, Mika le llamó:

—Sabes, Akane me pregunta mucho por ti, ¿podrías pasar a verla antes de irte?

Yuu parpadeó para volver a sonreír. Una media sonrisa que a Mikaela volvía loco. Volvió a recordar cosas obscenas, se imaginó otras escenas mucho más sucias; también fantaseó con la idea de besarlo y tomarlo de la mano sin negras intenciones de por medio. Una dualidad demasiado contradictoria pero que Yūichirō Ichinose era capaz de inspirarle. Eso refutaba el hecho de que en verdad sentía algo profundo por él.

Ya no importaba, ya lo había aceptado. Había perdido el juego ante Ichinose hacia bastante. Nimiedades como el hecho de que tal vez, solo tal vez podía estar enamorado y que él no era el primer hombre con el que Yuu experimentaba quedaban en último plano.

Ichinose no pareció pensar demasiado su respuesta.

—¡Por supuesto! Avísale que iré en un rato.

Declarado eso, ambos entraron a las habitaciones de sus respectivos pacientes.

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El día anterior al regreso a clases, Mitsuba y Shinoa quedaron en verse en el centro comercial. No se trataba de que necesitaran comprar algo con urgencia —aunque Shinoa necesitaba un estuche de lápices nuevo—, más bien la salida solo era el pretexto perfecto para verse. Como buenas amigas que eran ya era justo y necesario una salida exclusivamente de chicas, aparte Mitsuba sentía que debía compensar el haber faltado al bar para cuando Hīragi cumplió años.

No hicieron nada del otro mundo; al llegar se saludaron, se encaminaron a la sección de papelería, se entretuvieron viendo a algunas personas pasar y ocuparon la mayoría de su tiempo visitando tiendas de ropa. Al final, Shinoa no solo llevaba el estuche sino también un blusa, dos suéteres y un par de vestidos que seguro se le verían monísimos en esa temporada.

—Tú siempre haces lo mismo, comprar sin remordimiento —se quejó Mitsuba —. Como si no tuvieras suficiente.

—Podrías hacer lo mismo, Mi-chan —finalizó con una sonrisa.

Cargadas de bolsas, ya que Hīragi pidió ayuda a Sangū, se dirigieron a alguna cafetería. Debido a que se encontraba llena, tuvieron que sentarse en una de las mesas del fondo, en esas que quedan en el olvido en el mismo local. Sin embargo, la gerente al reconocer a Shinoa, ordenó a uno de sus meseros atenderla de inmediato.

Mitsuba pidió tan solo un cappuccino y Shinoa un sándwich de queso, mucho queso. Se formó un silencio que no fue nada incómodo para ninguna de las dos. Su amistad había llegado a esa etapa en que nimiedades como esa no importaban en lo absoluto.

—Por cierto. —Mitsuba terminó de dar un sorbo a su cappuccino y se enfocó en Shinoa, parecía haber recordado algo importante —, mi mamá ofrecerá una cena familiar este viernes y me pidió que te persuadiera de ir. Ya ves, como tú siempre declinas las invitaciones para este tipo de eventos…

—¿Tiene qué ver directamente conmigo? —preguntó algo fastidiada. No es que la señora Sangū le desagradara, más bien lo desagradable eran esos eventos «elegantes» en general.

—Tiene que ver con mi hermana y con tu hermano, así que sí, te incumbe.

Shinoa rodó los ojos, también quiso reír. Ahí se veía la importancia que le tomaba su hermano mayor hasta para los asuntos más minúsculos. Mejor se venía enterando de ellos por terceros que de su propia boca.

—Ya veré.

—No se trata de «ya veré» —dijo haciendo una burda imitación de la voz de Hīragi —, incluso mi hermana está poniendo empeño en esa cena; significa que es algo importante.

—Es viernes, tengo que ir al…

—A como te trata ese doctor no creo que le importe que no asistas —cortó Mitsuba. Al notar el ceño fruncido de su amiga, continuó en tono pícaro —. Ya veo… Tú tampoco quieres quedar mal con él.

—No tiene nada qué ver con eso.

—¿Te gusta?

—No. —En contra de su voluntad, las mejillas de Hīragi se tiñeron de carmín. No por hablar del doctor Narumi, más bien por tocar un tema tan personal como ese.

—¿Entonces sí? ¡Te gusta! —continuó Sangū divertida —. Es la primera vez que me entero de que te gusta alguien. Dios, ¡qué emoción, qué emoción! ¿Cuéntame cómo es? Es guapo, ¿verdad? —Antes de que Shinoa pudiera replicar, la otra con un gesto de mano detuvo cualquier palabra —. No digas nada acerca de la diferencia de edad o que tan solo tienes diecisiete. Eso no importa mucho.

Con un tic en el ojo, Shinoa dejó de lado el emparedado y se dedicó a mirar de forma seria a Sangū. Al notar el semblante tan sombrío que de la nada adquirió su amiga, Mitsuba tan solo cesó su risa y también clavó sus ojos en los contrarios.

—No tiene nada de malo que te guste alguien, Shinoa. Es normal y natural —sonrió de forma tierna, de esa manera en que pocas veces lo hacía —. Fuera de todo lo que ha sucedido con Yuu, la sola sensación de estar enamorada de él es hermosa. Lo que jode el sentimiento son todos los factores que lo rodean.

Hīragi pensó que esa era una hermosa manera de pensar, aunque también le molestó la mención de Ichinose en la conversación. Ignoró la punzada de celos para continuar admirando a su amiga y esa aura tan celestial que de pronto comenzó a emanar.

—No me gustan estos temas, es todo. Además… yo no lo veo como algo precisamente bueno. No va a corresponderme.

—¿Y cómo lo sabes? Es condescendiente contigo, al menos es amable. Puede significar que algo le inspiras.

—O puede ser solo simple cortesía —concluyó Shinoa —. Mejor regresemos al tema de la cena y de Kureto…

—No, no y no. Haya funcionado o no, tú has ayudado mucho en ese aspecto. Quiero compensártelo, por así decirlo.

—No hace falta, eso hacen las amigas.

—Déjame demostrarte mi amistad entonces.

Como tampoco creía que pudiera detener a Mitsuba, la dejó parlotear un sinfín de cosas con respecto a estar enamorado, casi parecía experta en el tema. Shinoa la escuchó con atención mientras admiraba su rostro, perdida entre sus ojos grandes, su piel clara y las hebras de cabello rubio que enmarcaban su rostro. Estaba embobada, como una idiota, en ese momento hasta sentía reales sus palabras.

A pesar de que la palabra «amistad» se sintió como un puñal en su pecho.

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Como nunca antes, Mikaela llegó sumamente animado su primer día de clases. No importaba que se tratara del último trimestre antes de entrar a la universidad ni que tuviera un sinfín de exámenes y trabajos encima, lo verdaderamente importante era, por fin, poder volver a ver a Yuu más seguido.

Al llegar al instituto se sorprendió de no verlo por los alrededores; justo había hecho tiempo para llegar justo a la hora en que Ichinose lo hacía —rayando la hora de entrada—. Decidió esperar cerca del patio de entrada un momento para percatarse del momento en que Yūichirō llegara. No obstante, las campanadas de entrada comenzaron a sonar haciendo que él y muchos otros que apenas hacían acto de presencia se apresuraran hacia sus respectivos salones de clase.

Por los pasillos tampoco lo vio, lo cual aumentó su ansiedad todavía más. ¿Acaso le habría pasado algo? Descartó esa idea; si algo hubiese ocurrido, Yuu le hubiera avisado, al menos le gustaba pensar de esa forma. Dejando esos pensamientos tan pesimistas de lado, entró a su salón de clases. No intercambió palabra alguna con nadie, tan solo se dirigió a su respectivo pupitre sin hacer o decir nada más.

Las clases comenzaron. Los profesores no perdían ni un minuto para recalcarles el hecho de que esos eran sus últimos momentos dentro de la preparatoria y que la universidad estaba a la vuelta de la esquina. Uno de ellos incluso se tomó la molestia de preguntar de forma grupal qué estudiaría cada uno en un fututo. Cuando llegó el turno de Mikaela de responder tan molesta interrogante, el profesor se le adelantó:

—¿A qué país piensas mudarte, Bathory-san? En los cuestionarios siempre mencionabas qué te irías al extranjero.

Ante esa declaración, todos se giraron hacia él como si fuese la persona más interesante del mundo.

Ignorando toda esa atención, Mikaela contestó con simpleza:

—Descarté la idea. Me quedaré aquí.

—Vaya, aunque supongo que esa es una buena noticia. —El profesor parecía realmente sorprendido. Mikaela debía admitirse que hasta él mismo lo estaba de sí —. ¿Al final alguna universidad de por aquí logró convencerte?

No fue necesariamente por la universidad, después de todo su motivo para quedarse en el país tenía un nombre y apellido. Mas no iba a decir algo como eso delante de toda la clase.

—Sí. La oferta educativa de Tōdai [2] es muy atractiva.

—Era de esperarse que posaras tus ojos en esa universidad.

Y sin aunar más, el profesor continuó entrevistando a los estudiantes faltantes.

A esa clase le siguieron otras más, después un receso en el que por más que lo buscó no logró dar con Yuu. Su situación actual evocaba recuerdos de antaño, aquellas semanas de otoño dónde con esmero se enfocó en dar con el paradero del chico problema que lo había cautivado. Sin embargo ahora todo era diferente. Estaban en invierno, el frío calaba a los huesos y ni los abrigos eran suficientes para aplacarlo, además ya no se trataba de la persona que le había cautivado; ahora Yūichirō era el chico que más le había gustado en toda su vida.

Volvió al salón de clases, resolvió algunas ecuaciones y problemas de quién sabe cuál materia, le encargaron un par de informes para final de semana e inicio de la próxima y le pidieron que redactara un ensayo acerca de sus sentimientos encontrados con respecto a la próxima graduación. Apenas terminó de anotar la última tarea, guardó sus cosas con rapidez y tomó su maletín para encaminarse a la salida, ignorando los llamados de sus compañeras y la voz de Lacus invitándolos a René y a él a tomar un café.

Recorrió los pasillos hasta llegar a la sección de los de segundo año. Si Yuu no iba a él, él iría a Yuu. Así de simple. Examinó a cada uno de los rostros que se encontró en el camino, verificando si alguno le resultaba conocido de la clase de Ichinose. No fue sino hasta que llegó al salón del fondo que observó a Yuu saliendo del aula junto a Shinoa Hīragi y el chico castaño que también tenía los ojos grandes y verdes.

Sin importarle lo que los otros chicos o el mismo Yuu pudiesen decir, se dirigió a donde ellos, plantándose frente al moreno.

—¿Qué haces tú aquí? —escupió Yuu de forma ácida en cuanto tuvo a Mika en frente.

—Necesitaba ver… —Antes de que pudiera terminar su frase, Yuu lo tomó del brazo y lo alejó.

Pasaron por la marea de estudiantes de segundo año. Mikaela apenas y podía seguirle el paso a Yuu, más que nada por el desconcierto de que volviese a tratarlo de forma tan fría, como si todo lo ocurrido entre ambos no importara nada.

Yūichirō lo guio hacia los baños de hombres de ese piso. Una vez dentro Mikaela se deshizo del agarre del moreno; necesitaba explicaciones.

—¿Yuu-chan…?

—Eres una mierda, Mika. —Eso lo tomó por sorpresa.

—¿Qué se supone que pasa, Yuu-chan?

De igual forma, como rememorando viejos tiempos, los ojos verdes de Yuu se clavaron en su figura como si de agujas que quisieran atravesarle la piel se tratasen.

—Más bien él que debería explicarme eso eres tú.

Ahora entendía mucho menos.

—¿De qué hablas?

—Escucha, si acepté tener esto contigo es porque de alguna forma te vi necesitado. Te creía solo y que lo tomabas como una forma de pasar el rato. Incluso te entendía.

—Sigo sin entenderte. —Y realmente no tenía ni la menor idea. ¿Acaso Yuu habría notado que su interés por él era genuino y no simple calentura? Podría ser una opción, después de todo. Aunque con lo despistado que podía llegar a ser, lo dudaba.

¡Entonces qué mierda ocurría!

Yuu pareció molestarse todavía más. Se descolgó el portafolio del hombro y lo abrió para comenzar a rebuscar algo entre sus cosas. Al dar con el objetivo, lo sacó y se lo extendió a Mikaela.

—Esto refrescará tu memoria.

Mikaela tomó el sobre rosado, todavía sin entender nada. Sin embargo, al examinarlo y leer el destino y el remitente, cualquier duda quedó disipada. La caligrafía de Chess volvía a serle inconfundible.

—Si tienes a alguien, ¿entonces por qué me buscas? —continuó Yūichirō —. ¿A qué se supone que estás jugando?

La voz de Yūichirō comenzaba a escucharse lejana. Se había olvidado por completo de la carta de Chess. Lo último que recordaba era que Ferid se la había entregado y como no tenía tiempo para leerla, la metió en su cajón. El cajón donde también guardaba documentos relacionados a su escuela, en su mayoría los de literatura los cuales prestó a Yuu hace unos días para que pudiera apoyarse en ellos y realizar su tarea. ¡Menudo idiota que era por no revisar lo que prestaba!

Mika se dedicó a observar la carta; pasados unos segundos abrió el sobre —el cual ya estaba ultrajado, obviamente por el mismo Yuu— y sacó la hoja de papel para comenzar a leer. Era una carta bastante larga y, para su mala suerte, también bastante comprometedora.

«Te he extrañado tanto, Mikaela.»

«Espero el día en que regreses y podamos volver a estar juntos. »

«Extraño tus abrazos y tus besos, las noches son tan frías desde que te fuiste. »

«Aún siento tus labios recorrer mi piel, amor mío.»

«Nunca podré olvidar las noches en que fuimos uno, que fui tuya. »

«Me gusta pensar que piensas en mí de la misma forma en que yo lo hago. »

«Te sigo amando y nunca dejaré de hacerlo.»

¡Maldita Chess!

Dejó de leer frases sueltas y arrugó la carta entre sus manos. La guardó en los bolsillos del pantalón y dirigió la mirada a Yūichirō.

—No es lo que piensas.

—No te estoy pidiendo explicaciones, yo no soy a quien debes de dárselas. Solo… —Se detuvo un momento, buscando las palabras adecuadas que al ser él nunca encontraría —. ¡Si tienes una novia dedícate a ella y déjame en paz! Deja de descargar tensiones conmigo solo porque no la ves. Ya experimentaste, ya nos divertimos, ahora toma esto con la supuesta madurez que supuestamente tienes.

—Yuu-chan, es que ella no…

—Da igual. Solo deja de joderme, ¿quieres?

Cerró su portafolio y se lo colocó por sobre el hombro para salir del baño. Mika salió de su trance en ese momento y lo detuvo por el brazo. No podía dejarlo ir tal cual, así como así.

—Déjame explicarte…

Yuu se zafó de forma brusca.

—Vete al diablo, Mikaela.

Y sin decir nada más, Yūichirō salió lo más rápido que pudo con Bathory todavía detrás de él.

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Próximo capítulo: Espejos rotos.


Aclaraciones:

[1]: Mishima Yukio fue un novelista, ensayista y dramaturgo japonés considerado uno de los más grandes escritores de la historia del Japón.

[2]: La universidad de Tokyo (Tōdai) es la universidad más prestigiosa de Japón.


¡Hola!

Como mencioné arriba ya salí de vacaciones y gracias a la fuerza divina que rige el universo salí sin ningún pendiente.

Volviendo al fic, espero que les haya gustado el capítulo :3

Gracias a Neko Gina, the killer of the full moon, Raynalle y a MittyGuillin por sus reviews. No saben cómo me animan.

¡Gracias por leer!

Ellie…