Disclaimer: Todos los derechos de Owari no Seraph (Seraph of the End) pertenecen a Takaya Kagami, Yamato Yamamoto y a Daisuke Furuya.

Advertencias: AU ǀ Yaoi (Boy's Love) ǀ Yuri (Shojo ai) ǀ OoC ǀ Uso de sufijos honoríficos ǀ Contenido sexual.

Pairings: MikaYuu (Mikaela x Yūichirō) ǀ Secundarias: MitsuNoa (Shinoa x Mitsuba). KimiYoi (Kimizuki x Yoichi).

N/A: Debería estar haciendo mi tarea de economía pero ¡qué diablos!

¡Espero que disfruten el capítulo! :3


Así que ni siquiera conocerás

El anhelo de mi corazón

Lie CN Blue


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ǀ Monochrome ǀ

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Y lee para ella; porque le gusta, porque quiere que lo conozca, porque quiere compartir sus más profundos pensamientos con su princesa. Y ella le escucha atenta, realmente interesada; él continúa relatando aquellos versos de amor inspirados en su relación.

Su piel morena por el sol teñida

En mis sueños arraigado aún su amor

Atrapándome en la lejanía

Sin tiempo lugar o limitación

Caminan de la mano, comparten sus últimos momentos juntos antes de que él sea nombrado caballero oficial. Falta poco para que sea primavera, un nuevo ciclo pronto iniciará. Necesitan crear todavía más recuerdos para atesorarlos por toda la eternidad.

Suspira contra su piel, besa sus párpados y se vuelven uno para juntos tocar el cielo. Después de haber tocado las estrellas con la punta de los dedos, hablan y hablan, hablan por horas hasta que el sueño los vence. Y él la abraza y ella le permite hacerlo, se quedan juntos en la misma posición hasta el amanecer. Cuando la alborada se hace presente, vuelve a perderse en el verde que rodea sus pupilas y comienza a amarla nuevamente.

Con su abrazo fuerte y a su vez profundo

Mis fuerzas flaquean ante su sonrisa pícara

Y sus ojos verde, cual jade

Hermosos

La princesa ríe más seguido, a pesar de las sombras del pasado de las cuales aún no ha querido comentarle. El caballero ya no siente peligro por nada, al contrario, la vida le sonríe como nunca antes lo había hecho. Se siente dichoso, querido, el amor está en el aire; siente que ella poco a poco comienza a sentir lo mismo que él siente y eso logra que ría como nunca antes lo hizo.

El cuento está siendo escrito, el final se ve lejano. No hay villanos ni dragones a los cuales vencer. Tan solo son ellos dos y los sentimientos que como las flores comienzan a emerger.

Oh, adonis querido

Oh, amante prohibido

La distancia entre nosotros no acalla mi anhelo

Y su recuerdo tan lejano tan solo me produce dolor[1].


Capítulo XI

Jazz & Blues


—Que me leas poesía es muy gay, Mika.

Ante ello Mikaela no pudo evitar reír. Dejó su cuaderno de lado para volver a arroparse de nuevo entre las sábanas de la cama de Yūichirō. Este se hizo a un lado para darle espacio, aun así Mika insistía en pegar su cuerpo desnudo al suyo.

—¿Y que me dejaras meter mi pene en tu ano y tú lo metieras en el mío qué es? —susurró contra su oído, provocando un escalofrío en el cuerpo del moreno.

—Cállate.

Yuu se giró, dándole la espalda, a pesar de ello la suave risa de su acompañante todavía le llegaba a los oídos. Con aquella vista, Mika se dedicó a observar los omóplatos de Yuu, a delinear las curvaturas y trazar líneas imaginarias con los cuatro lunares que estaban repartidos en aquella parte de su anatomía. Yūichirō se removió un poco por lo que detuvo su acción.

—Da cosquillas —objeto Ichinose entre lo que parecía ser una risa. A pesar de la advertencia, Mika volvió a hacerlo —. Es en serio, Mika, para —continuó riendo; Bathory lo que menos quería era parar.

—Es mejor oírte reír a que estés a la defensiva —mencionó —. Además deberías ser más amable conmigo. Mañana es mi graduación y ya no nos veremos tanto como hasta ahora. Trátame bien.

Yuu volvió a enderezarse, colocándose boca arriba pero dirigiendo el rostro hacia Mikaela, y para este fue imposible no perderse en los ojos del otro; deseó permanecer así toda la vida, no asistir a la ceremonia de mañana y mirar las pupilas de Ichinose hasta el amanecer.

—¿Y no estás emocionado? —preguntó Yuu con genuina curiosidad —. No sé, si fuera a ser mi graduación estaría bastante ansioso.

—Sé controlarme mucho mejor que tú. —Aquello le costó un golpe en la nuca, dolor que prefirió ignorar.

A pesar de que fuera tan violento, lo seguía prefiriendo por sobre todo. Río ante sus fantasías; sonaba tan estúpido, ¿quién se iba a imaginar que él, Mikaela Bathory, terminaría con pensamientos de ese tipo?

—¿Qué es tan gracioso?

—Nada, Yuu-chan, solo me puse a pensar en eso.

—¿En la graduación?

—En la universidad, más bien.

—Ah. —La expresión de Yuu cambió ligeramente. Del ceño fruncido pasó a una mueca de duda —. ¿Seguirás viniendo?

—Obviamente. Solo será cuestión de ajustar horarios y esas cosas. Y siempre que tu hermano no esté, vendré a hacerte compañía. —Después de ello, le dirigió una sonrisa pícara. Esperaba que el semblante de Yuu se relajara sin embargo no fue así.

—Primero deja que pasen todas esas cosas, no hables antes de tiempo. —Yuu retiró las sábanas de su cuerpo para levantarse y dirigirse hacia el baño. Gritó desde ahí —: Nuca sabes que pueda llegar a pasar.

También se incorporó y lo siguió hasta donde el baño, ignorando el leve ardor que todavía sentía en su parte trasera. La puerta estaba cerrada, a pesar de ello continuó hablando.

—Respecto a ti sé lo que quiero. —Aquello fue un arranque absurdo de valentía.

Por supuesto que Mikaela sabía lo que quería no obstante todavía no se encontraba preparado para hablar en voz alta, o tal vez sí lo estaba, sin embargo Yuu no ponía nada de su parte, ni el tiempo ni la forma. A pesar de ello ya se moría por gritarlo; porque a pesar de ya haber obtenido el cuerpo de Yūichirō —lo que buscó en un principio— ahora se sentía vacío.

—¿Acaso sabes qué es lo que quiero yo?

Yuu salió poco después, su rostro luciendo bastante serio. Caminó hacia la cama para volver a recostarse y Mikaela le siguió de cerca. Apenas y Yūichirō volvió a detener su mirada en Bathory, la seriedad se perdió casi tan rápido como vino.

—Todavía caminas tan raro —bramó entre risas que poco a poco se fueron convirtiendo en carcajadas —. Vaya, Mika, después de tanto creía que tu trasero ya se había acostumbrado.

—¡Yuu-chan! —vociferó avergonzado.

Las mejillas de Mika se tiñeron de carmín. Al final, el verdadero tema a tratar se perdió entre las bromas de mal gusto de Yūichirō.

El reloj marcó las nueve en punto, ya era hora de que Bathory se retirara. Le hubiera gustado quedarse más pero debido al acontecimiento del día siguiente debía ser objetivo y dormir en su hogar, además Yuu ya había advertido que Guren podía volver de Estados Unidos en cualquier momento y que por el —supuesto— respeto que le tenía no quería sorprenderlo con semejante escena.

Se limpió y vistió tan rápido como pudo. Luego de ello, Yuu lo acompañó hasta la entrada. Se despidieron en el marco de la puerta principal tan solo con un intercambio de palabras y un gesto de cabeza. Mikaela se moría por decirle tantas cosas y al final no dijo nada más, ni siquiera hubo palabras melosas ni besos de «hasta luego». Fuera como fuera, la promesa de volver a ver a Yūichirō bastaba para él.

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El último día de clases pasó como cualquier otro, sin pena ni gloria y sin nada interesante que rescatar. Los de cursos menores tuvieron que retirarse temprano debido a la graduación, y como Yoichi no tenía a nadie en especial a quién festejar se retiró del instituto acompañado de Shinoa.

Yuu se había ido antes a causa de la posible llegada de su hermano en cualquier momento, Mitsuba seguía encantada con su hermana y su barriga en crecimiento y Kimizuki tan solo se había desvanecido de repente sin dar aviso alguno. Yoichi hizo una mueca al recordarlo; en la mañana únicamente se dirigieron un escueto saludo en la entrada para luego cada uno dirigirse a su respectivo salón de clases. Patético tomando en cuenta lo estrecha que era su relación y que podían hablar por horas y horas.

Echó un vistazo a su alrededor con la esperanza de que Kimizuki, o Mitsuba, se encontraran rondando por los alrededores. Sin embargo no había rastro de ellos por ningún lado. Yoichi soltó un suspiro, decepcionado.

—Oh, qué tragedia. Y el príncipe espero y espero sin embargo su princesa no se encontraba alrededor —recitó Shinoa a su lado, burlona como siempre; miró de reojo a Yoichi, sonriendo todavía.

—No entiendo —mintió, rascándose con el índice la mejilla.

—Es fácil —dijo Shinoa aunque después alzó una ceja —. ¿O acaso tú eres la princesa y Kimizuki-san es el príncipe?

Yoichi detuvo sus pasos en seco, sus mejillas comenzando a colorearse. Negó con la cabeza varias veces, lo que menos necesitaba en estos momentos era perder el tiempo con una charla que no quería tener.

—Lo que no entiendo es por qué de pronto todos comenzaron a decir esas cosas de Kimizuki y de mí.

—Bueno, desde mi cumpleaños es evidente, ¿no? Se gustan, o al menos a él sí le gustas tú.

—El mismo Kimizuki lo ha desmentido, es más, ni siquiera recuerda lo que pasó.

—Lo hace, solo que es… tímido en ese aspecto.

—Quizá —respondió encogiéndose de hombros.

Estaba por volver a retomar el paso cuando Shinoa le detuvo tomándolo por el brazo. Yoichi sonrió sin saber qué decir o qué más hacer, la expresión de Hīragi era incierta.

—¿A ti te gusta Kimizuki, Yoichi-san? —Aquella pregunta realmente le tomó desprevenido, no entendía el porqué de cuestionarle eso tan de repente.

—¿Ah?

—Todos sabemos que a Kimizuki no lo eres indiferente, él mismo lo dijo a pesar de que intente negarlo ahora —comenzó a explicar —. Sin embargo, no sabemos qué sientes tú.

Yoichi pasó saliva, todo se estaba tornando demasiado vergonzoso, hablar de sus sentimientos siempre lo era en cierto grado.

Pues si se lo preguntaba y él respondía con total honestidad, no, no le gustaba Kimizuki, al menos no al grado de preguntarse qué hacía a ciertas horas del día o si se encontraba pensando en él. No obstante, tampoco era como si no le tuviera aprecio; de sus amigos era el más cercano y, dentro de todo, lo consideraba atractivo. Además debía reconocer que desde aquella «declaración» no se lo había podido sacar de la cabeza.

Mentira. Lo que había pensado al inicio era mentira entonces. Kimizuki sí le gustaba o al menos se encontraba en el proceso de comenzar a gustarle. No se reconocería enamorado ya que eso sí sería una mentira total. Aun así de que había algo, lo había, y eso hacía que se sintiera bastante impotente respecto a que Shihō se hubiera alejado de él tan de repente.

Shinoa no interrumpió sus pensamientos. Dejó que las cavilaciones de Yoichi duraran lo que tenían que durar. Después de algunos minutos en silencio, los que ya consideró suficientes, volvió a tomar la palabra.

—No me respondas ahora, no a mí, Yoichi-san. Solo te pido que hables tú con él, que sea lo que sea que sientas, le pidas que continuemos siendo amigos. Que al menos ustedes sí salven su amistad —pronunció con melancolía, repentinamente no parecía la Shinoa de siempre.

—Y si lo hago, ¿tú hablas con Mitsuba? —le retó Saotome.

Shinoa dio un respingo que para su mala suerte no pudo ocultar. Yoichi le sonrió con ternura. En verdad que cuando Shinoa dejaba de lado esa faceta bromista, lucía como una chica preciosa, esa de la que siempre se jactaba de ser; Yoichi lo reconocía a pesar de no ser gran fanático de la belleza femenina.

—No hay que hacer nada a media, hay que arreglar todo de raíz —continuó el de ojos verdes —; yo hablaré con Kimizuki-kun respecto a sus… nuestros… —tardó en encontrar las palabras adecuadas —… sentimientos. Pero tú igual habla con Mitsuba de lo que sea que pase entre ambas. Es tu amiga de toda la vida, ¿no? No pierdas esa amistad por tonterías.

Shinoa le miró atenta un largo rato para después soltarse a reír. Más que de burla, parecía una risa nerviosa, risa que fue imposible que a Saotome no se le contagiara.

—Nunca te había visto así, Yoichi. —Hīragi se limpió una falsa lágrima tan solo para no perder el porte de siempre —. Aunque supongo que tienes razón. No debería perder a Mi-chan por… nada.

Nada. Porque realmente no había pasado absolutamente nada entre ellas dos.

También Mitsuba debía estar desconcertada. Habían tenido una charla de amigas donde supuestamente le había revelado algo tan íntimo como su supuesto enamoramiento hacia el doctor Narumi y de repente, de un día para otro, Shinoa la había dejado de lado. A buena hora se había dado cuenta de lo pésima amiga que había sido.

Hīragi tanteó su celular en el bolsillo. Al desbloquear el aparato no tenía ningún mensaje, Mitsuba había dejado de mandarlos. Abrió What's App y al encontrar su contacto escribió lo primero que se le vino a la mente.

«Mi-chan, aún estás pendiente de bebe-chan? :3

Sea como sea yo seré la tía preferida XD»

Mitsuba los leyó casi al instante y de inmediato el «escribiendo» por parte de ella apareció en la pantalla. Shinoa sonrió suavemente, Yoichi permaneció en silencio.

Mi-chan:

«Qué dices? :O

Yo seré la preferida! Yo sí estoy con él o ella desde ahora»

Shinoa:

«Entonces iré para allá inmediatamente ;)»

Mi-chan:

«Eso quiero verlo jajaja»

Shinoa despegó la mirada del móvil y miró a donde Yoichi, su semblante ya recuperado, parecía incluso la misma de siempre, la de tan solo hacía unas semanas atrás.

—Voy a ver a Mi-chan —avisó en su habitual tono de voz —. Así que aquí nos despedimos.

—No hay problema. —Yoichi le restó importancia —. Mucha suerte.

—Gracias —pronunció sinceramente para después dar media vuelta y caminar en dirección a la residencia Sangū.

Yoichi la observó hasta que desapareció de su vista. Pensó en sacar su celular y hacer lo mismo que Shinoa hizo, parecía tan sencillo, era sencillo, ¿entonces por qué su mano temblaba sin siquiera haber abierto alguna aplicación de mensajería instantánea?

Guardó el aparato y retomó el camino hacia su casa. Tal vez él debería recurrir a alguna otra alternativa si quería hablar con Shihō lo antes posible; no se creía capaz de soportar hasta el término de las vacaciones para volver a verlo y poder dirigirle la palabra.

Visitarlo tal vez sería una buena idea. Mas cuando quiso desviar su camino a la casa de Shihō, sus pies perdieron la movilidad de repente.

—¿En verdad soy tan cobarde? —preguntó para sí. Aunque no hubiera nadie a su alrededor, sabía la respuesta.

Y como el cobarde que era que aún no podía tomar el valor suficiente, continuó su camino como previamente estaba planeado. Esa sería la última vez que huiría, se lo juró a sí mismo.

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El gran momento llegó. La ceremonia dio inicio apenas las agujas del reloj marcaron la hora indicada. Todos los alumnos de último año se encontraban reunidos en el gran auditorio de la institución; estoicos, firmes, atentos a toda la palabrería de los profesores y el director. Mika fingía escuchar no obstante su mente se encontraba en otro lugar muy lejos de la escuela; curiosamente no solo pensaba en Yūichirō, el tema de la universidad y lo que pasaría de ahora en adelante eran igual de relevantes en esos momentos.

Volvió a la realidad cuando su nombre hizo eco en todo el lugar. Se paró de donde se encontraba para ir hacia el estrado a recibir sus documentos. Una vez que terminó con reverencias y demás, le pidieron que se quedara un par de minutos. Pronto sería hora de dar su discurso.

Como el alumno más destacado en cuanto a notas, era obvio que a él se le asignaría tal tarea. Leyó el escrito con fingidas ganas, como si realmente sintiera todas las emociones que quería evocar con tales frases. Afortunadamente logró su cometido, todos se conmovieron. Entre lágrimas y aplausos y un par de palabras más de personas irrelevantes, su etapa como estudiante de instituto llegó a su fin.

Mika intercambió algunas palabras con sus compañeros de clases, Lacus bromeó con él y René tan solo le dedicó una mirada y un asentimiento de cabeza. Una chica le pidió el segundo botón de su bléiser[2] y de igual forma se vio obligado a consolar a las otras que igual lo querían. Una pérdida de tiempo.

Apenas y tuvo un respiro, se alejó de toda la marea de estudiantes para buscar a su tío entre todos los demás asistentes a la ceremonia. Fue una suerte no tardar tanto en dar con él, Ferid se encontraba sentado no muy lejos. Al verlo dirigirse hacia él, su tío le sonrió, casi parecía hasta contento de que su único sobrino se hubiese graduado. Después de una felicitación que sonó más escueta de lo que hubiese esperado, Ferid habló:

—Vamos, Mika, cambia esa cara. —Quizá lo decía en broma pero con su tío nunca se sabía —. Hoy es tu día así que vamos a festejar por nuestra cuenta.

Agradeció ese ofrecimiento, realmente no tenía ni una pizca de ganas de ir a festejar a donde todos sus demás compañeros de generación.

Como pudieron salieron del auditorio. El aire fresco del exterior fue como gloria para Mikaela, ya comenzaba a sentirse asfixiado entre tantas personas.

Se dirigieron hacia el auto de su tío, apenas y entró se colocó el cinturón de seguridad; Ferid de igual forma encendió el motor.

—Por ser mi día. —Mikaela comenzó a hablar, citando las palabras exactas de Ferid —, ¿puedo hacer lo que quiera?

—Mientras no infrinja ninguna ley del país, sí.

—Entonces quiero que Horn organice una cena, quiero invitar a alguien.

—¿A Miyu? —Ferid dio en el clavo. El rostro de Mika continuó apacible, sin embargo el débil sonrojo en sus pómulos lo delataba.

—Sí, a él —contestó de forma seca.

—No le veo ningún problema, Mika. —Como siempre, el nombre lo pronunció en un leve canturreo —. En cuanto lleguemos le pediré a Horn que se encargue de todo para que tú y Miyu disfruten de una velada encantadoramente romántica.

El sonrojo fue aumentando más y más conforme las palabras de su tío eran pronunciadas, mas no lo detuvo. Todo el asunto de la ceremonia ya lo había agotado además si planeaba invitar a Yuu, tenía que acostumbrarse a toda clase de burlas por parte de su tutor.

—Gracias —pronunció en un susurro.

—Realmente ese chico saca tu lado dulce —soltó una suave risa, esa no era tan fanfarrona como las habituales —. También debes presentármelo, tengo muchas ganas de conocer a la persona que te hace suspirar.

—Supongo que tendré que hacerlo, digo, estarás ahí, es tu casa y no puedo correrte.

—Creo que me siento agradecido con eso, respecto a ti no puedo pedir más —sonrió para después mirar a Mika directo a los ojos —. ¿Y todo esto, aparte de tu graduación, es para hacer todo más formal? Respecto a lo que tengas con Miyu, me refiero.

Soltó un largo suspiro sin saber qué contestar y para ganar un poco de tiempo e idear algo.

—Algo así. No tenemos algo como tal pero puede llegar a pasar. Quiero que pase. Busco que pase —reveló, se sorprendió de ser tan honesto tanto para con su tío como con él mismo.

—¿Te le vas a declarar? ¿Le pedirás que sea tu princesa?

Ya sabía que todo era demasiado bueno para ser verdad, con Ferid jamás se podía mantener una conversación seria en toda la extensión de la palabra.

Rodó los ojos para expresar su descontento y dirigió de nueva cuenta su vista al frente.

—Solo vámonos, ¿quieres? Se hace tarde y hay mucho qué arreglar.

Ferid respetó esa postura. Sin decir nada más emprendió marcha hacia casa, después de todo ya podría molestar a Mika en otra ocasión. Oportunidades sobrarían a montones.

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Era viernes, día hábil, siete y treinta de la tarde en punto. Yūichirō debía encontrarse en el hospital Hyakuya a punto de terminar su jornada de servicio social.

Debido a que su vehículo presentó de la nada una anomalía, tuvo que moverse a pie algo que no resultó un inconveniente para Mikaela. Salió a buena hora de su casa para poder llegar justo a la hora de salida para toparse con Yuu; pensó también en darle una pequeña visita a Akane pero apenas y tenía el tiempo justo, además de que lo más seguro era que otra persona, o sus mismos padres, ya les estuviesen haciendo compañía. Decidió concretar una cita con ella tal vez al día siguiente o la semana próxima, por lo pronto debía concentrarse en Ichinose. Y si todo salía tal y como tenía planeado, la próxima vez que viera a la niña tendría una gran noticia que darle.

Espero tan solo unos minutos cerca de la puerta principal. Poco después, la figura de Yuu emergió del hospital; su expresión era distraída y algo irritable, como siempre, y por suerte también se encontraba solo. Bathory no perdió más tiempo y se acercó hasta donde él.

—¡Yuu-chan! —llamó en un grito a pesar de estar relativamente cerca de él.

El aludido se giró a verlo. Sus cejas pasaron de estar fruncidas a levantarse.

—¿Mika? ¿Qué haces aquí? —cuestionó apenas estuvieron a escasos centímetros —. Pero sí hoy fue tu graduación.

—Justo por eso estoy aquí. Daré una cena en casa por eso y pues… —De pronto se sintió nervioso, algo tímido, tonto para variar; el estómago se le revolvió y las arcadas comenzaron a amenazar. Aun así tomó valor y prosiguió —. Estás invitado. —Su petición fue un asco.

Yuu en todo momento lo miró atento. Cuando finalizó, le sonrió débilmente. A pesar de ese gesto, Mika presentía que lo que estaba por decirle no era nada bueno.

—En verdad que muchas gracias, Mika, pero…

—¿Pero…? —interrumpió, ansioso. Vaya mierda, todo era una mierda, como su fallida «declaración».

—Guren llegó hoy y ya quedé con él en otra cosa —contestó con un ligero atisbo de culpa, sus labios curvándose en una mueca.

—¿En verdad estás seguro de no poder ir? Sería solo un momento nada más —insistió.

—En verdad no puedo.

Mika abrió la boca para decir algo pero al final terminó cerrándola. No tenía otro argumento qué dar; tratándose de Guren, Yuu solía anteponerlo ante todo, al menos daba la impresión —había descubierto que era un chico apegado a su familia, Guren en este caso—. Decidió hacer lo que mejor podía hacer en esos casos: resignarse.

—Bueno… me hubiera gustado que fueras.

La culpa pareció ensombrecer el rostro de Yuu. Se relamió los labios y pronunció con un tono de voz un tanto más animado:

—Mañana podemos hacer algo, sin falta —propuso Yūichirō —. Ir a comer, al cine, lo que quieras. Yo invito. —Mika sonrió ante eso.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Obtuvo algo al menos. Sus planes podían esperar.

Yuu dejó de sonreírle cuando el timbre de su celular comenzó a escucharse. Tanteó el aparato en el bolsillo de su chaqueta y contestó la llamada. Fue fácil adivinar que hablaba con su hermano, los «idiota» y rabietas entre dientes eran pistas contundentes. Luego de intercambiar palabras con Guren un par de minutos, Yuu colgó y miró a Mikaela de nueva cuenta.

—Guren vendrá a recogerme.

—No te preocupes, entiendo —suavizó, restándole importancia —. ¿Entonces nos vemos mañana?

—Por supuesto. Arreglamos por mensaje.

Mika se dio por bien servido. Se despidió de Yūichirō con un asentimiento de cabeza y comenzó a caminar rumbo a casa, con un montón de frustración y palabras atoradas en la garganta.

Bien, no había salido como planeaba. Lo que iba a decirle a Yuu tendría que esperar al menos otras veinticuatro horas, y eso si es que volvía a tomar el valor que ahora mismo tenía. Bufó por lo bajo, algo irritado; maldijo a Guren, a Yuu por su apego a la familia. Todo se había arruinado.

«Estoy enamorado de ti, Yuu-chan»

Cruzó un par de calles, los transeúntes eran ya su única compañía. Pensó en sacar sus audífonos y su reproductor de música para olvidarse del mundo y su miserable existencia. Cuando llegara a casa, tan solo fingiría una rabieta y pronunciaría que todo se había cancelado. Una lástima. La comida que Horn había preparado se veía realmente apetitosa.

«Estoy enamorado de ti, Yuu-chan»

Guardó las manos en los bolsillos, el frío aún calaba un poco. Pronto sería primavera, los cerezos florecerían y el hermoso paisaje característico del país del sol naciente se haría presente. No le gustaba la temporada de calor pero aquel cuadro a Mika le parecía precioso, le inspiraba. Durante las vacaciones invitaría a Yuu a pasar, a «pasar el rato» para que no sonara tan cursi.

«Estoy enamorado de ti, Yuu-chan»

Al diablo todo.

Ya no iba a esperar más, no podía.

—Estoy enamorado de ti…

¡Debía gritarlo!

Giró sobre sus talones y comenzó a caminar a la inversa. Volvió a pasar por los mismos locales y cruzó las mismas calles. Cuando menos se dio cuenta ya había comenzado a correr. Con un poco de suerte Yuu aún se encontraría en el mismo lugar donde se habían despedido.

«Estoy enamorado de ti, Yuu-chan»

Tal vez Guren ya había llegado pero ya no lo consideró un inconveniente. Yūichirō parecía querer ir a su cena de graduación, podía interceder en su nombre e intentar persuadir a Guren para que lo dejara acompañarlo; o invitar a ambos Ichinose también era una opción. Todo podía salir bien. Saldría bien.

«Estoy enamorado de ti, Yuu-chan»

Llegó hasta el hospital Hyakuya nuevamente, todavía lograba distinguir la figura de Yūichirō a lo lejos. Frente al moreno se encontraba un auto negro, de seguro el de Guren; Yuu abrió la puerta del copiloto e ingresó al vehículo. Mikaela aceleró su andar todavía más.

—¡Yuu-chan!

No respondió. Comenzaba a acercarse al vehículo. Las palabras atoradas amenazaban con emerger a manera de gritos.

Escuchaba el motor encendido mas el auto seguía sin moverse. Aprovechó ese hecho para acercarse hacia el cristal del copiloto, donde su objetivo se encontraba.

«Estoy enamorado de ti, Yuu-chan»

—Yuu-chan…

Alzó una mano para tocar el vidrio y así llamar su atención, no obstante lo que alcanzó a distinguir al interior del vehículo lo dejó paralizado.

En efecto, era Yuu, era Guren; los hermanos Ichinose. Los hermanos Ichinose besándose como si no hubiese un mañana.

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Próximo capítulo: Dragón azul.


Aclaraciones:

[1]: Poema perteneciente a Esdras Calvo Hens.

[2]: En Japón existe una tradición entre los chicos el día de la graduación. Dicho acto consiste en regalar el segundo botón de su chaqueta del uniforme a la chica que le gusta o a la que se lo pide.


¡Hola!

Las clases comenzaron y por suerte aún no se ponen tan pesadas, por ello me di prisa en la continuación. Quizá el próximo capítulo tarde un poquito más, sea como sea intentaré tenerlo lo antes posible.

Muchas gracias a Raynalle❤, Chao Ling-Yin❤, the killer of the full moon❤y a Bet-hana❤por sus reviews.

¡Gracias por leer!

Arrivederci…