Disclaimer: Todos los derechos de Owari no Seraph (Seraph of the End) pertenecen a Takaya Kagami, Yamato Yamamoto y a Daisuke Furuya.

Advertencias: AU ǀ Yaoi (Boy's Love) ǀ Incesto ǀ Yuri (Shojo ai) ǀ Heterosexual ǀ OoC ǀ Uso de sufijos honoríficos ǀ Contenido sexual.

Pairings: MikaYuu (Mikaela x Yūichirō) ǀ Secundarias: GureYuu (Guren x Yūichirō). MikaKrul (Mikaela x Krul). MitsuNoa (Shinoa x Mitsuba). KimiYoi (Kimizuki x Yoichi).

N/A: Este capítulo va dedicado a Gissel porque la amo ❤

Y también cuenta como un pequeño regalo de Navidad :3


Siento no estar hecho de azúcar

No soy lo suficientemente dulce para ti

I'm Just Your Problem Ashe


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ǀ Monochrome ǀ

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La princesa también tenía una historia que contar.

Y es que hasta el momento ella continuaba siendo un completo misterio ante sus ojos. Conocía coas básicas de su persona pero jamás se preguntó cuál era la historia tras su sonrisa, tras sus penas, tras sus lágrimas. Por un instante se sintió injusto por juzgarla sin saber sus razones, por no haberla escuchado antes.

¿Qué tan larga era su historia? ¿Sería igual de trágica que la de él? ¿Incluso todavía más triste? También se preguntó si después de ese relato podría conocerla verdaderamente, no a la princesa que siempre idolatró sino más bien a la chica que debía ser. A la persona sin máscaras ni mentiras de por medio. A Ella.

Con esa esperanza comenzó a escuchar el relato.

La princesa sonrió al saber que tenía toda su atención.

Y comenzó.


Capítulo XV

La melancolía de la princesa


Yuu recuerda haber llevado el apellido Amane los primeros años de su vida.

Recuerda vagamente haber vivido en un pueblo bastante modesto pero muy acogedor; los paisajes rurales y el cielo azul y despejado eran los que a diario se encargaban de darle los buenos días. También recuerda que su casa era pequeña, con solo dos cuartos, una cocina, un comedor y un baño, no obstante, considerando que solo eran su madre y él, el espacio era justo; además estaba bien ubicada, el colegio le quedaba cerca —ventaja tanto para él como para su madre, después de todo ella era maestra de idiomas del plantel— y tenía por vecinos a sus mejores amigos de ese entonces.

Todo transcurría con normalidad. Entre la escuela, amistades y los juegos, Yuu jamás se dio tiempo de pensar en su situación familiar o en la soledad de su madre siendo que las mamás de sus amigos tenían un compañero. ¿Qué si tenía un papá? Quién sabe. En ese momento su madre era todo su universo.

Las preguntas llegaron hasta el día de su quinto cumpleaños.

Fue un día relativamente normal. Había asistido a clases, le felicitaron, llegó a casa, su madre le preparó curry y ya entrada la tarde salió a jugar con sus amigos. Lo extraño sucedió al momento en que regresó a dentro.

Su madre tenía visitas, un hombre que nunca recordaba haber visto. En cuanto Yuu puso un pie en adentro, aquel hombre se levantó del sofá y se dirigió a donde él para arrodillarse frente suyo. Le miraba atentamente, tanto que se sintió incómodo. Justo después de que el hombre soltara un par de lágrimas, comenzó a tocarle la cara.

—Dime, ¿cómo te llamas?

—¡Yūichirō! Pero todos me dicen Yuu —respondió alegre, tal vez si sonreía el hombre dejaría de llorar.

Continuaron viéndose a los ojos bastantes minutos más. Los del hombre también eran verdes, justo como los suyos. En el momento que Yuu quiso retirarse, su madre intervino; puso una mano en el hombro de aquel señor y apretó un poco. Al parecer ese gesto animó al hombre a proseguir.

—Yo soy tu papá, Yuu.

Así descubrió que él también tenía un padre.

Enterarse en ese momento fue genial para él. Lo único que atinó a hacer fue a lanzarse a abrazar a su padre mientras este lloraba como si nunca en su vida lo hubiera hecho.

Sí, ahora también tenía un papá. Y todo era perfecto a excepción de la nueva insistencia de su madre porque escribiera otro apellido antes de su nombre.

—¡Es que no sé cómo! —exclamó a la vez que tiraba el lápiz.

Por fin había logrado memorizar los kanjis de «Amane» y ahora tener que cambiar al «Ichinose» era algo bastante radical[1].

—Vamos, mi amor, no es tan complicado. —Su madre tomó el lápiz y se lo acercó de nuevo —. A ver, yo te ayudo.

Estuvieron un rato más en eso. Yuu estaba por arrancarse los cabellos por la desesperación en el momento en que tocaron la puerta. Como ya sabía de quien se trataba, se levantó de un salto y corrió hacia la entrada.

—¡Papá!

Como siempre, no tardó en abalanzarse sobre él. Su padre lo abrazó con la misma intensidad y le acarició el cabello. Después de un par de besos en las mejillas, Sakae le entregó una caja.

—Feliz cumpleaños.

Yuu tomó el obsequió, emocionado, y sin tener más tiempo que perder arrancó el papel. Exclamó emocionado al ver un coche rojo muy parecido a los de las carreras de la televisión.

—¿Cómo se dice, Yuu? —preguntó su madre en forma suave.

—¡Muchas gracias, papá! —exclamó —. ¡Es el mejor regalo!

Su padre volvió a abrazarlo y lo sentó en sus piernas. Cuando su madre se sentó también junto a ellos, Yuu no pudo evitar decir:

—¿Sabes también que me gustaría mucho, papá? Que te quedaras con nosotros y no te fueras nunca. Ese sería mi mejor regalo.

Sus padres compartieron miradas, la expresión que pusieron no le gustó para nada a Yuu. Sakae soltó un suspiro antes de contarle la situación. Yuu tenía seis años recién cumplidos así que le explicaron de una manera fácil de comprender.

Al parecer su padre tuvo una novia antes de su madre. Aunque él ya no amaba a esa otra mujer, ella se encontraba muy enferma por lo que no podía dejarla en ese momento. También le mencionó que primero tenía que arreglar otros asuntos para poder vivir con ellos, aparte de tener que explicarle la situación a Guren, su hijo mayor.

Yuu abrió los ojos, de nuevo emocionado. Si su padre tenía otro hijo, ¡entonces significaba que tenía un hermano! Yūichirō se preguntó si se trataría de un hermano irritante como el de Takahiro o de uno amable como el de Akiteru. Cuando su padre le mostró una foto que tenía guardada en la cartera, lo primero que vino a su mente es que Guren parecía un verdadero cabrón.

Su madre lo regañó por soltar esa palabrota.

Cuando Yuu tenía siete años recibió una noticia que, aunque trágica, para él se traducía como su felicidad.

La primera novia de su padre había fallecido, víctima de leucemia.

Sí, era un desalmado por alegrarse por una situación así, sin embargo no pudo evitarlo. Que esa señora ya no estuviera significaba que ahora su padre estaría con su madre y con él, cuando los visitara ya no se iría y por fin podrían estar siempre juntos.

Por suerte ese también parecía ser el plan de Sakae Ichinose.

Pasado un mes de aquel desafortunado incidente, su madre y él se mudaron a Shinjuku. Su padre les compró un departamento que rápidamente acogieron como su nuevo hogar, ahora sí de los tres; porque a pesar de que Sakae pasaba tiempo en la que fue la casa de su esposa —vigilando a Guren más que nada—, se quedaba la mayor parte del día con su nueva familia, la que integraba con su madre y él.

Todo fue de esa manera casi un año entero. Sin embargo, después de que cumpliera ocho años, tal vez como castigo por haberse alegrado de la muerte de la madre de su hermano, ahora a Yuu le tocó perder a la suya. Y no solo a su mamá, a su padre también.

Fue un accidente en carretera. Su madre había regresado a su anterior puesto como asistente de su padre y ambos asistieron a una reunión con una persona importante. Cuando iban de regreso al parecer un conductor ebrio que iba en sentido contrario los chocó de frente, arrebatándoles la vida a ambos en menos de un suspiro. Yuu no supo mucho de aquello, tampoco preguntó.

Cuando un amigo de su padre, un señor robusto con un parche, le dio la noticia a Yuu, lloró como nunca antes en su vida. Ese hombre se encargó de vigilarlo las horas posteriores al suceso, también fue quien lo llevó a la verdadera casa de su padre para que pudiera darle el último adiós.

Había muchas personas mas no conocía a ninguna de ellas y al parecer ellas tampoco lo ubicaban ya que se le quedaban viendo como si se tratara de un fenómeno. Eso no le importó. Lo único que quería era acercarse hasta donde se suponía estaba su padre, acción que fue demasiado fácil ya que fue sencillo ubicar el ataúd. Con lo que no contaba era con que se encontraría frente a frente con Guren Ichinose, su hermano.

Durante todo ese tiempo solo lo conocía por medio de fotos. Verlo en vivo y a todo color había sido fascinante, aunque cuando este pasó de su presencia no pudo hacer mas que fruncir el ceño e intentar encararlo.

—¡Guren, Guren! —gritaba mientras lo seguía —. ¡Hermano!

Cuando los presentes voltearon ninguno se inmutó.

Todo lo demás ocurrió demasiado rápido. De pronto, se vio rodeado de gente murmurando si realmente también era hijo de Sakae Ichinose, también se cuestionaban dónde había estado. Antes de que pudiera abrir la boca, el amigo de su padre intervino diciendo que Sakae lo había mantenido en el extranjero, alejado de todo el ajetreo ocurrido en los últimos años. Hasta años después Yuu pudo comprender el porqué de esa mentira.

Luego de ese pequeño escándalo, Guren se acercó a él de vuelta aparentemente obligado por el amigo de su padre. Aunque su hermano lo abrazó de forma fuerte era palpable que lo hacía más por obligación que por cualquier otra cosa. Yuu nunca se hubiera imaginado que su primer encuentro con su hermano sería así.

—Mantente alejado de mí —susurró Guren, todavía rodeándolo con sus brazos.

El ceño de Yuu se frunció.

—Pero somos hermanos, ¿verdad?

—A mí pesar —soltó —. Estás advertido, entonces.

Yuu también estaba comenzando a enojarse.

—¿Estás enojado por qué mi papá amaba más a mí mamá que a la tuya?

Eso le hubiera valido un golpe de no haber estado el hombre del parche para controlar a Guren. De cualquier forma un manotazo o una patada no eran nada en comparación con el dolor de haber perdido a su familia.

Y de su madre nadie habló, ni siquiera hubo funeral. Años después se enteró de que hicieron llegar sus restos hasta su anterior domicilio encargándose de todo su tío Saito, hermano de ella.

Yuu vivió con su tío Saito los cuatro años posteriores al fallecimiento de sus padres. Ahora, con doce años, la vida no parecía sonreírle ni un poco como en antaño lo había hecho.

Su tío Saito no era una mala persona, era hermano de su madre después de todo; pero no se necesitaba ser demasiado observador como para darse cuenta que representaba una carga en su vida más que nada; aunque Saito tuviera la intención, no podía hacerse cargo de él. En ese lapso de tiempo Yuu tuvo que aprender a ser independiente ya que podía durar hasta una semana entera sin saber de su tío.

Saito lo comprendió bien, así que a sabiendas del conflicto que podría ocasionar tanto social, familiar y hasta económico, contactó con Guren Ichinose, quien ya con veinte años, casi graduado y una fortuna que lo respaldaba —al lado de ese dinero la pensión de Yuu no era nada—, podía hacerse cargo de su hermano menor.

Yuu jamás supo cómo fue que Guren acabó aceptando, supuso que por lástima. Fuera cual fuera la razón acabó despidiéndose de su tío Saito y se fue a vivir con su hermano mayor.

Los primeros meses fueron una pesadilla.

La tensión en el ambiente de la casa era cosa de todos los días. Yuu se arrepentía de haber aceptado la propuesta, hubiera preferido quedarse con Saito en lugar de soportar los desplantes y malas caras de Guren. Vale, tenía una idea del por qué su hermano lo detestaba tanto, debió sentirse ofendido con todo lo que pasó, ¿pero qué culpa tenía Yuu de todo eso?

Ya a esa edad pudo comprender mejor el panorama y por fin entendió muchas cosas: su madre y él fueron la segunda familia de Sakae Ichinose. Ella, su amante; él, su hijo bastardo. Pero, a pesar del papel que ocupaba, no era su culpa. No era como si él hubiese decidido nacer bajo esas circunstancias.

Cuando por fin se atrevió a enfrentar a Guren, hasta él mismo le dio esa respuesta:

—No, no es tu culpa, Yuu.

—¿Entonces por qué tiene que ser así? —preguntó a Guren, a sí mismo, a la vida —. Cuando todo pasó yo ni siquiera entendía nada, quizás aún no lo entiendo. Y me haces sentir como si fuera mi culpa, como si esperaras que te pidiera perdón. ¿Pero sabes qué? ¡No voy a hacerlo!

A pesar de que Guren alzó las cejas, tal vez sorprendido, no dijo nada más. Se acercó a Yuu lentamente y, cuando este cerró los ojos esperando un golpe, lo único que recibió fue una caricia en su cabeza.

—Es difícil aceptar que tengo un hermano, es todo.

Yuu le retiró la mano de un golpe.

—Entonces haz de cuenta que soy un desconocido, otra persona. Si con eso te sientes mejor por mí no habrá problema.

Guren no respondió. Yuu jamás imaginó que ambos terminarían tomándoselo tan en serio.

Fue más sencillo pretender que se trataban de dos desconocidos y no de un par de medios hermanos resentidos con su vida, al menos para Yuu lo era. De esa forma, tratando a Guren como un tipo cualquiera, era más sencilla la convivencia entre ambos. Para el otro parecía ser igual ya que se volvió un tanto más amable desde ese trato.

Yuu cumplió trece años y su entrada a la adolescencia quedó marcada ese mismo día. Despertó agitado después de haber tenido un sueño peculiar, sin embargo, lo extraño no terminó ahí. El sueño húmedo, que ni siquiera recordaba cuál había sido, le dejó como regalo de cumpleaños una erección. Por suerte no era ignorante en ese aspecto, las clases y sus amigos ya le habían advertido qué era y cómo desaparecerla; así que sin hacer tanto alboroto corrió al baño y se descargó.

No recuerda cuánto tiempo pasó haciendo eso, lo único que en su mente continúa con claridad era la imagen de Guren entrando al baño justo en el momento en que logró liberarse. Él se excusó con el argumento de que se estaba tardando y ya era tarde para ir a visitar a Saito. Yuu se sonrojó por esa invasión a su privacidad y le gritó que saliera de su cuarto.

Guren sonrió, hizo uno de sus típicos comentarios y salió como si nada. Yuu tuvo que lidiar con el bochorno antes de alistarse para ir a ver a su tío.

Ese momento marcó el antes y el después.

Yuu quiso vengarse de Guren tan solo dos semanas después. Aprovechando que su hermano se encontraba en el trabajo, se escabulló hacia la habitación de este y comenzó a hurgar entre sus cajones. Su objetivo era encontrar algo con qué avergonzarlo tal cual él lo había hecho.

No obstante no encontró nada, ni películas para adultos ni revistas porno. Guren en verdad que era un tipo aburrido. Yuu estaba por darse por vencido cuando su vista se detuvo en el closet y, al recordar que ahí no había buscado, se acercó a abrirlo. A simple vista estaba lo básico: pantalones, camisas, playeras, trajes; también había algunas cobijas, zapatos y unas cuantas cajas. Revisó una por una esperando encontrar el ansiado tesoro de su hermano pero el contenido de estas lo hizo volver a decepcionarse. Papeles y más papeles.

—¿Qué se supone que buscas, idiota?

La voz de Guren logró ponerle la piel de gallina. Se levantó de un salto e intentó acomodar todo rápidamente sin demasiado existo.

—Nada, nada. Escuché ruidos y vine a inspeccionar —improvisó con nerviosismo.

—No me gusta que revisen mis cosas personales. —Aunque no parecía molesto, destilaba un aura intimidante.

Guren se acercó al closet y él mismo comenzó a acomodar todo, dejando la caja de color azul, la única que Yuu no había alcanzado a inspeccionar, en uno de los sectores de arriba y hasta el fondo.

Yuu no dijo nada, no por estar asustado sino más bien para no hacer el asunto más grande. Si dejaba las cosas como estaban, luego Guren lo olvidaría y podría volver a revisar la caja que guardó con tanto recelo.

Estaba por retirarse sin haber pronunciado una disculpa, cuando Guren le tomó por el hombro y lo obligó a que lo mirara. Yuu se esperaba un golpe o un regaño por lo que la caricia en su brazo lo tomó por sorpresa.

—¿Pasa algo? —cuestionó con intriga, alzando una ceja. Guren se retiró de su lado.

—Nada. Solo vete y cierra al salir.

Ese pequeño gesto fue el primero de muchos de ese tipo.

Yuu estudiaba en casa; se había negado a asistir a la escuela por mero capricho. Guren cedió con la advertencia de que la preparatoria sí la cursaría en una institución. Para no iniciar una discusión sin sentido, Yuu aceptó sin chistar.

Después de clases, su profesor particular partió. El pobre hombre iba exasperado, como siempre. Yuu estaba consciente del pésimo alumno que era y que a cualquiera podría sacar de sus casillas.

Eso nunca había sido tema de conversación pero por primera vez en meses, a causa de ello, Guren volvió a alzarle la voz. Yuu escuchaba sin muchas ganas el regaño, haciéndose el tonto en lugar de tomarlo en serio.

—... Y si ese profesor se rehúsa a volver a darte clases, voy a contratar a otro. No creas que voy a ceder a tus caprichos, vas a estudiar quieras o no.

—Lo que digas —asintió con aburrimiento.

—Eres tan irritante, Yuu. Como me gustaría poder bajarte esos humos.

Yuu le sonrió con suficiencia.

—Pues inténtalo —le retó.

Esperaba un insulto, un golpe, una bofetada, una patada o algo parecido a lo que solía hacerle cuando apenas llegó a vivir con él. Nunca, ni en sus sueños más locos, habría imaginado que Guren terminaría besándole.

La primera reacción de Yuu fue empujarlo, al no funcionar intentó forcejear con él hasta poder alejarse por completo.

No esperó disculpas ni explicaciones de Guren, salió corriendo lo más lejos posible en cuanto pudo.

De eso no volvieron a hablar, tampoco se repitió en un largo tiempo. Yuu terminó olvidándolo.

A pesar de la tranquilidad de dos meses, episodios similares volvieron a repetirse, no obstante, al no pasar de besos, Yuu dejó de temerles. Se hicieron tan habituales que logró acostumbrarse a ellos. Podría decirse que así era la relación con su hermano, así se volvió.

Mas todo se volvió más intenso pocos días luego de su décimo cuarto cumpleaños.

Estaba solo, era el día libre de su nuevo profesor y el ama de llaves ya había terminado su turno. Yuu estaba terminando su merienda y viendo televisión. Transmitían una carrera de autos y estaba de lo más entretenido con ello, tanto que no notó el momento en que Guren volvió del trabajo.

Después de hacer un par de cosas, Guren se acercó a donde él. Yuu notó su presencia pero no saludó ni nada, la carrera era más emocionante que cualquier otra cosa.

—Yuu. Yuu.

Escuchaba que le llamaban, respondió un monosílabo a modo de respuesta pero sin despegar la vista de enfrente.

—Yuu.

Yuu. Yuu. Yuu. Yuu. Yuu.

Todo ocurrió en cámara lenta. Guren le tomó por el brazo y lo jaló hacia donde él. Yuu abrió los ojos ante la sorpresa, de nuevo poniéndose extrañamente nervioso ante la presencia de Guren y el tenerlo tan cerca.

Y otro beso llegó, otro igual de brusco que el de hacia tanto tiempo. Yuu intentó alejar a Guren de nueva cuenta. Empujó, pataleó, forcejeó pero esta vez no obtuvo ningún resultado. Al no encontrar más posibilidades, mordió el labio de Guren para poder separarse. Antes de poder ponerse a gritar, su hermano le cubrió la boca.

Ahora que no le besaba, los labios de su hermano recorrían otros lugares de su cuerpo. La frente, las mejillas, el cuello, también le bajó la playera para poder enfocarse en sus hombros. Yuu se sintió atacado, sin embargo no pudo deshacerse del agarre. Además, aunque muy extraño, no era tan desagradable; Guren sabía cómo hacer lo que sea que estuviera haciendo.

—No sé porque te resistes si se nota que lo disfrutas —susurró Guren en su oído.

Cuando su hermano retiró la mano de su boca, Yuu soltó un gemido en lugar de gritar para después buscar los labios de Guren desesperadamente.

Ese jugueteó se hizo más habitual, más común y más necesario; siendo cada vez más intenso y obsceno.

Ese día Guren no había trabajado debido a que era año nuevo. Habían salido juntos a un santuario y después de pasear gran parte del día, volvieron a casa.

Como durante todo el camino habían estado conteniéndose, apenas cruzaron la puerta se lanzaron uno contra el otro, devorándose y tocando todo lo que estaba a su alcance. Las chamarras y los suéteres comenzaron a estorbar, inclusive los pantalones, las playeras, hasta los calcetines. Yuu estaba sorprendido debido a lo lejos que estaban llegando.

Cuando sintió la mano de su hermano bajar por su espalda, supo que él quería rebasar los límites hasta ahora impuestos.

—Guren... —Su voz era apenas un hilo —. Vamos... a...

—¿Por fin dejarás de ser un calienta pollas?

Yuu le lanzó un golpe, Guren rió y lo esquivó. El momento no llegó a arruinarse.

—Vamos arriba.

Guren lo tomó de la mano, guiándolo a su habitación.

No hicieron falta muchos juegos previos. Besos por aquí, caricias por allá; no pasaron ni veinte minutos en ello cuando Guren le puso boca abajo y comenzó a introducirle uno a uno los dedos en el ano.

La penetración casi le desgarró el alma, después esta volvió a su cuerpo en forma de abrumador placer.

Después de perder la virginidad, en lugar de permanecer abrazado a Guren, decidió tomar un baño de tina. Ahí permaneció por horas intentando asimilar lo que había sucedido y tratando de convencerse que no era una mala persona por ello.

Mimos descarados, besos apasionados, noches de desenfreno.

Eran lo más parecido a una pareja, una pareja que debía mantener sus sentimientos ocultos del mundo porque nadie lo entendería. Un par de hermanos, uno siendo menor de edad; aunque Guren jamás se lo dijo, Yuu sabía que se sintió mejor consigo cuando cumplió los quince.

Después de llevar su relación más en serio, aprovechando el ingreso de Yuu a la preparatoria, decidieron mudarse a una casa que quedara más cerca. Era una residencia pequeña en comparación a la anterior pero perfecta para una pareja como ellos, aparte de todo no llamaba mucho la atención. Era lo ideal tomando en cuenta la situación que enfrentaban.

Las peleas nunca desaparecieron del todo, de hecho si no fuera por el hecho de los mimos y el sexo hasta pasarían por amigos. A Yuu le gustaba que fuera así, prefería no usar el término «amantes» para ambos.

—Oh, Yuu.

Sea como sea, había algo entre ambos, la misma complicidad que tenían al mantener relaciones sobre el escritorio del estudio de Guren.

Ambos tenían los pantalones por los tobillos, el cabello revuelto y una capa de sudor envolviéndolos; cuando Yuu terminó también se les agregó el olor a semen.

Luego de alcanzar su orgasmo, Yuu observó a su hermano con una sonrisa mientras este alcanzaba el climax.

—¿De qué te ríes? —cuestinó Guren luego de correrse dentro de él.

—De la cara que pones cuando acabas.

Guren rodó los ojos.

—A veces me pregunto por qué te soporto.

—Porque soy genial y me amas.

—Eres un engreído.

—Sabes que es verdad.

—Lo de que eres genial lo pongo en duda.

Ahora el ceño de Yuu se frunció.

—Cállate.

Después de esa amistosa pelea, Guren volvió a tomarlo.

Su tío Saito solía visitarlos ocasionalmente. Ese día fue una de esas maravillosas sorpresas.

Llegó a la nueva residencia de lo más animado. Entregó algunos regalos a Yuu y otros más sobrios a Guren. Mientras charlaban entre los tres, Yuu no resistió la emoción y comenzó a abrir algunos obsequios; videojuegos, coches de juguete de colección, algunos mangas y una chaqueta.

La última pareció encantar tanto a Yuu que quiso probársela en ese instante. Se quitó su sudadera y comenzó a colocarse el regalo.

—¿Qué tienes en el cuello, Yuu?

El aludido palideció. Hasta ese momento recordó la marca que Guren le había dejado, un chupón que hasta se había tornado púrpura.

—Me pegué de una forma estúpida. Nada relevante —inventó. Mentir ya le salía más natural.

Saito no quedó demasiado convencido con la explicación. Aprovechó el momento en que Guren se retiró a atender una llamada para acercarse a Yuu y susurrarle:

—Si algo pasa, confía en mí —seguido le dio un apretón fraternal en el hombro.

Al parecer Guren sí logró escucharlo, ya que después de que Saito se retirara, entre ambos tuvieron que acordar una coartada.

Su nombre, Mitsuba; su edad, la misma que él; su estado, perdidamente enamorada de Yūichirō.

La mejor coartada era una novia quien fuera la encargada de dejar esas marcas. Por suerte conseguirla como pareja no fue difícil; Sangū gustaba de él y Shinoa adoraba jugar a ser cupido.

Todo le salió bien a Yuu. Demasiado bien.

¿Quién iba a decir que él también acabaría enamorándose de Mitsuba?

Era muy diferente a lo que Guren le despertaba. Tan diferente. A Mitsuba quería protegerla, quería siempre estar a su lado, ayudarla y resguardarla siempre que pudiera.

Pensar en ella le hacia suspirar, saber que la vería lograba que se pusiera ansioso, se esmeraba en su arreglo personal en sus citas y, por amor a todo, como disfrutaba el entrar entre sus piernas y volverse uno con ella.

Estaba enamorado, lo sabía y eso se sentía de maravilla.

Era momento de ponerle fin a eso que tuviera con Guren y que no tenía futuro.

Sin embargo, los planes de su hermano eran distintos.

—¿Qué pensaría Mitsuba si se enterara de lo que hemos estado haciendo? Se decepcionaría de ti y sentiría asco, ¿no crees?

—Si se lo dijeras, se haría público. Mi tío Saito también acabaría sabiéndolo.

—Saito te alejaría de mí y al alejarte también te alejará de tus amigos y de ella. Además, ¿podrías estar tranquilo a sabiendas de lo que él podría hacerme cuando se entere de todo?

No, Yuu no lo estaría. Después de todo Guren era su hermano… su familia.

Mil veces maldito

—No puedes terminar esto así como así. Comprende, esto te marcará de por vida.

—No es verdad.

—Lo es y lo sabes. Por eso seguiste mi consejo y la terminaste, por eso y porque eres mío y me perteneces.

¡Se las iba a pagar!

Y continuó resentido con la vida algunas semanas más, sin una idea de cómo desquitarse de Guren y, para empeorar su situación, al idiota de Mikaela Bathory le había dado por acercarse a él.

Era molesto, exasperante, irritante y llegó al punto en el que el imbécil incluso se atrevió a invadir su privacidad. ¿Quién se creía? Ni Yoichi ni Kimizuki ni Shinoa habían llegado a tanto.

Esa tarde en la que se hizo una buena paja pensando en la chica que había perdido, en su amor que no pudo ser, y al saberse observado por Mika, quien se encontraba excitado, lo comprendió.

La manera de desquitarse llegó a él más pronto de lo esperado.

Nombre: Mikaela Bathory. Ocupación: estudiante modelo y principal fantasía de las chicas del colegio. Estado: interesado en él lo suficiente como para espiarlo.

Conseguir que Mika le deseara fue demasiado sencillo. Sin embargo, mientras más intentara alejarlo, más se acercaba; mientras más se le negara, más lo seguía. Así era la lógica en esas cuestiones, concluyó.

Mas no todo era tan sencillo. Al principio Mika parecía interesado en él verdaderamente y no era como si Yuu fuese a jugar con ello.

Pronto el mismo Mikaela refutó ese hecho.

Así, a sabiendas de que Mika no buscaba nada serio, decidió experimentar con él.

Lástima que durante todo ese tiempo tuvo que darse la oportunidad de conocerlo mejor. Lo que al principio creyó una ventaja —que Bathory fuera un niño mimado al que no le dolería lastimar— nunca existió. Mikaela era un ser más profundo y encantador de lo que aparentaba. No solo físicamente, en su interior también.

Lo único que tranquilizaba a Yuu era la idea de que Mika tan solo buscaba saciar su curiosidad sin la necesidad de forjar lazos profundos. Al menos Bathory insistía en ello. Eso fue una suerte, al final nadie saldría lastimado y quizá hasta podrían ser amigos.

Mikaela Bathory, el chico que logró cerrar su herida por Mitsuba y hacerle olvidar sus problemas.

Yuu comprendió que quizá le atraían las personas rubias de sentimientos sinceros.

Una lástima que, si permitía que lo de Mika llegara más lejos, Guren volvería a amenazarlo con contar la verdad para ahora alejarlo de él. Era mejor mantener esa línea, sin que su hermano lo supiera y manteniendo a raya las ilusiones de Mikaela así como las suyas para poder seguir disfrutando de él de la forma en que fuera posible.

Una buena relación con Mikaela, una buena relación con su hermano. No quería que ninguno de los dos saliera lastimado. No se perdonaría arruinar más las cosas de lo que de por sí ya estaban.

Lástima que a Yuu volvió a salirle todo mal.

«Te quiero más de lo que creo, supongo».

—Kureto me ofreció la oportunidad de hacerme cargo de la nueva farmacéutica que abrirán en Estados Unidos. Podremos irnos los dos a vivir allá, donde nadie nos conozca ni sepa nuestro parentesco. Tú serás de vuelta Yūichirō Amane así que nadie lo sabrá. No seremos hermanos, seremos una pareja normal.

Yuu no quería dejar a sus amigos ni a Mika. La vida lo detesta en verdad.

La vida parecía odiarlo en serio.

Guren no lo terminó alejando de Mika. El mismo Mika se alejó de él.

Mikaela descubrió la verdad y, como Guren predijo tantas veces, sintió repulsión hacia Yuu por lo que hacía.

Aunque Yuu quiso explicarle, Mika no lo permitió. Solo se fue de donde estaban sin decir nada más, dejándole destrozado.

Guren puso una mano en su hombro. Yuu tembló ante el contacto.

—Soy lo único que te quedará al final.

Yuu se resignó a que así sería.

Guren era su familia a final de cuentas, lo único que tenía seguro. En todos los sentidos de la palabra era su destino.

Y por ello de dedicó a esperar ese desenlace. Irse con su hermano lejos, dejar a sus amigos, a su antiguo amor y al chico que lo hizo volver a sentirse vivo.

Mika no quiso volver a verlo y el destino parecía impedírselo. Y por si fuera poco, incluso Akane terminó por ser arrebatada de su vida.

Una reverenda mierda.

«Yo no veo más allá de mis ojos. Hago las cosas por impulso sin pensar en las consecuencias, por eso me involucré en el juego de Guren.

Cuando supe que había cosas qué perder ya era demasiado tarde. Ya había metido la pata muchas veces en la vida y todavía logré equivocarme más. Quise usar a Mitsuba y terminé queriéndola, quise usarte y terminé igual. Así que supongo que perderlos fue una especie de castigo por mis malos actos. Concluí que luego de esos errores lo único que me quedaba por hacer era estar con Guren tal y como eran sus planes, de cualquier forma nunca he tenido lo que quiero, ¿qué más da una vez más?

Mi padre nos dio a mi madre y a mí una vida en las sombras, cuando quiso reivindicarse falleció junto con ella; me hicieron pasar por hijo de una mujer que detesté mientras estaba viva; mi tío Saito no tenía tiempo para mí y también me dejó; Guren no sé qué rayos vio en mí pero terminó tomándome como pareja en lugar de ser el hermano mayor que yo necesitaba; no pude ser para Mitsuba lo que tanto ella como yo queríamos y por eso tuve que alejarme, dejando atrás mis ilusiones...

Y tú, Mika, tú al parecer buscabas una princesa cuando yo no soy más que un estúpido adolescente con un pasado demasiado horrible como para que tú también lo cargues.

¿Ahora lo entiendes?»

.

.

.

—¿Y aun así permitiste que me enamorara?

Yuu negó con la cabeza sin saber exactamente qué contestar. Veía a Mika, destrozado, apenas pudiendo contener la tristeza de su alma. Aquello no ayudó en nada a que se sintiera mejor, al contrario, lo hacía sentirse como una mierda. Él era el único culpable de que Mikaela se encontrara de esa forma y, peor aún, no podía hacer nada por ayudarlo.

Intentó acercarse un par de pasos, mismos que Bathory retrocedió. Tal vez se hubiera alejado más de donde él de no haber topado con la tumba de Akane. Aprovechando esa involuntaria ayuda, Yuu lo acorraló. Tenía que explicarse, debía hacerlo. Todavía quedaban un par de cosas por aclarar.

—Yo no lo sabía —alegó —. Tú me dijiste…

—¡Ya sé lo que te dije! ¡Pero era evidente, Yuu-chan! —Dentro de sí hubo un respingo, hacía tanto que nadie lo llamaba así —. Era evidente que yo te quería, que sentía algo por ti y aun así hiciste lo que hiciste, ¡me usaste! Dime, ¿qué ibas a hacer cuando comenzara a estorbar? ¿Abandonarme sin más como a Mitsuba?

—Es que se suponía que no sería así. Tú querías experimentar, yo te ayudé a eso. Creí que cuando ya satisficieras tu curiosidad… no habría problema alguno.

En lugar de arreglar la situación, la estaba empeorando mucho más. Mika cerró los ojos, conteniendo las lágrimas, el coraje o ambos. Se pasó una mano por el cabello, desordenándolo mucho más de lo que de por sí estaba. Estaba desesperado, Yuu lo sabía, eso era imposible de no notar.

—Eres una persona horrible… —soltó Bathory en un susurro. Yuu no pudo estar más de acuerdo.

—Lo lamento.

—No, no lo lamentas. Tú no sientes nada —recriminó, después su semblante comenzó a suavizarse —. Y aun así no tienes la culpa de todo. —Yuu no entendió a qué se refería con exactitud mas tenía una idea cercana a ello —. Tú eres un asco de persona y a pesar de ello terminé enamorado de ti. No creo que te hayas esforzado para conseguir eso.

—Mika…

Mikaela estaba enamorado de él. A pesar de la situación, del ambiente, aún y cuando la atmósfera fuera tan trágica, la declaración había sido maravillosa.

—Yo también te quiero, Mika —soltó sin pensar.

Bathory lo miró como si hubiese dicho la cosa más tonta en todo el mundo. Sabía que no le había creído, eso lo daba por sentado. Era una lástima. En todo ese tiempo sí había logrado llegar a estimar a Mikaela Bathory. ¿Quién lo hubiera dicho?

Recordó cuando recién entró a la preparatoria y llegó a verlo por los pasillos, Mika ni debía recordarlo. Aunque al principio pensó que se trataba de un sujeto pedante y alzado, ahora podía afirmar que se trataba de una persona maravillosa e inteligente.

Había llegado a enamorarse de Mitsuba, no obstante lo que sintió por ella y lo que sentía por Mika eran cosas muy diferentes. ¿Acaso podría afirmar de nueva cuenta que se había vuelto a enamorar? Yuu deseaba que esos asuntos fuesen más sencillos.

—Si dices quererme... —La voz de Mika lo sacó de su mente. Al menos había vuelto a dirigirle la palabra, comenzaba a preocuparse —. Entonces deja todo atrás y huye conmigo.

Yuu sonrió por los nervios. Miró el rostro de Mika esperando cualquier indicio de duda o que, en dado caso, le soltara un «es una broma», situaciones poco probables tomando en cuenta la seriedad de la conversación.

Mika no se retractó. Continuó tan firme como hasta el momento.

Al notar que iba en serio, Yuu meditó la propuesta. ¡Claro que era una idea atractiva! Huir con Mika lejos de todo y todos significaría un respiro para s existencia. No más yugo de Guren, no más supuesta familia feliz, no más «Ichinose». Pero por otro lado, huir era de cobardes y eso también significaría despedirse de sus amigos y su hermano quien a pesar de todo era su familia, lo único que le quedaba.

A pesar de que se moría por aceptar, la razón ganó en esa ocasión. No era tan impulsivo como todos creían, no en cuestiones de esa índole: en las que tenían que ver sus personas especiales.

—No… no puedo —respondió. Sabía que con esas simples palabras dejaría todo claro.

Iba a perder para siempre a Mikaela.

—¿A pesar de lo que te ha hecho? ¡Por favor! Técnicamente abusó de ti… lo sigue haciendo en todos los sentidos.

—Es mi familia.

Mika permaneció un momento en silencio, a Yuu se le figuró una eternidad.

—Lo sabía. —Bathory rio sin ganas, debía esperarse esa respuesta —. Lo volviste a hacer, volviste a ilusionarme.

Quiso detenerlo, decirle que no se fuera. Pero cuando vio que comenzaba a caminar, aleándose de él, no pudo hacer nada por evitar que se fuera. Tal vez era mejor así.

—No voy a dejar que me humilles más, Yuu.

Yūichirō permaneció mirando la tumba de Akane. Las palabras de Bathory fueron tan acertadas.

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Próximo capítulo: Príncipe encantador.


Aclaraciones:

[1]: Amane (天音) significa «sonido celestial». Ichinose(一 瀬) significa «rápido».


¡Hola!

Este capítulo quería escribirlo desde hacía tanto. ¡Por fin se me hizo!

Cuando terminé de escribir, después de por fin haber cumplido este deseo, también me di cuenta de algo: estamos a nada del final. Sin contar este, quedan solo tres capítulos por publicar. ¡Cosa de nada!

En verdad gracias por haber llegado hasta este punto conmigo :3

También gracias a NightMist0210❤, Cleoru Misumi❤, NekoAle❤, GiisselCasari❤, Bet-hana❤, Raynalle❤, the killer of the full moon❤ y a ZorraSenpai❤ por sus reviews.

¡Gracias por leer!

Arrivederci…