Disclaimer: Todos los derechos de Owari no Seraph (Seraph of the End) pertenecen a Takaya Kagami, Yamato Yamamoto y a Daisuke Furuya.

Advertencias: AU ǀ Yaoi (Boy's Love) ǀ Incesto ǀ Yuri (Shojo ai) ǀ Heterosexual ǀ OoC ǀ Uso de sufijos honoríficos ǀ Contenido sexual.

Pairings: MikaYuu (Mikaela x Yūichirō) ǀ Secundarias: GureYuu (Guren x Yūichirō). MikaKrul (Mikaela x Krul). MitsuNoa (Shinoa x Mitsuba). KimiYoi (Kimizuki x Yoichi).

N/A: Qué mejor manera de comenzar el año que con una actualización :3


Porque tengo demasiada vida

Corriendo por mis venas

Desperdiciándose

Feel Robbie Williams


.

ǀ Monochrome ǀ

.


La vida de la princesa ya no era la misma, a partir de la partida de su caballero jamás volvería a serlo.

¿Por qué las cosas debieron terminar de esa manera? ¿Por qué no tuvo el valor de aceptar su propuesta? ¿Por qué era tan masoquista?

La última oportunidad de ser feliz acababa de dar la media vuelta hacia un rumbo desconocido.

De nueva cuenta era momento de buscar resignación, de hacerse a la idea de que su vida sería miserable, más de lo que ya lo era, a partir de ese instante. Que sus pecados cometidos hasta ahora debía expiarlos entre las garras del dragón que la apresaba; bajo su yugo, bajo su manto, como al parecer debía ser.

¿Cómo era que se sentía tan derrotada? Ella, siempre valiente y tenaz, ya no era más que una muñeca de trapo a disposición del mejor postor. Qué patético, su existencia era tan vacía y detestable.

Su vida, al lado del caballero que acababa de partir, de seguro hubiera sido buena, mejor que la que actualmente tenía. Sin embargo, a él ya lo había dañado demasiado; y debido a que lo quería tanto, su deber era dejarlo libre para que conociera la verdadera dicha muy lejos de ella.

La princesa solo traía desgracias, no podía condenar a nadie a una vida a su lado.

Así continuaría durante todo el tiempo, con su verdugo, juntos hasta el momento en que partieran a ese otro reino en el que comenzarían de cero. Tan malditamente desalentador. No obstante, así tenía que ser, el mismo monstruo se lo dijo.

Y así pasaron algunos días en los que se la pasó autocompadeciéndose de su desgracia, después lo asimiló hasta que llegó el día en que pudo volver a sonreír de manera falsa, como si nada le estuviera sucediendo.

Antes de partir, tenía muchas cosas por hacer.

Capítulo XVI

Príncipe encantador

Se quedó mirando a través de la ventana durante todo el transcurso de las clases. No era que se encontrara aburrido, al contrario, su mente tenía demasiadas cosas en las cuales pensar, tantas que le impedían concentrarse en las palabras de sus profesores.

De nueva cuenta el tiempo hizo de las suyas, sin que se diera cuenta diciembre y sus heladas ventiscas habían vuelto a hacerse presentes. Su tiempo en tierras niponas estaba por terminar. Guren le había informado apenas hacía unos días que partirían a Estados Unidos a finales del mes. Así era como todo estaba a punto de terminar. Adiós a sus amigos, adiós a Mika, adiós a todos. Lo más prudente que podía hacer era comenzar a despedirse y disfrutar intensamente los días que le quedaban en Shinjuku.

El timbre que anunciaba la hora de salida retumbó en todo el colegio. Sus compañeros comenzaron a guardar sus útiles a la par que él lo hacía. Antes de alzar el maletín, su vista se detuvo en el umbral de la puerta de entrada. Kimizuki se encontraba cruzado de brazos, mirando insistentemente el interior del salón de clases.

De manera instintiva, se giró a donde Yoichi el cual también ya había guardado sus cosas y se dirigía animado hacia el chico de lentes. Antes de que se retiraran, miraron a donde Yuu y se despidieron con un gesto de mano para después dirigirse a quien sabe dónde. A Yuu le alegraba que a sus amigos les fuera tan bien, al menos así podría irse más tranquilo; Yoichi y Kimizuki habían avanzado muchísimo en su relación aunque desconocía si ya eran pareja o no y en el caso de Shinoa con Mitsuba, ellas también se veían animadas, más ahora con el nacimiento del pequeño Tenri, el sobrino de ambas.

Cuando él se fuera, sus amigos podrían sobrellevar la situación, se tenían los unos a los otros después de todo. Y siempre, en esos casos, las redes sociales eran aliadas para seguir manteniendo contacto. Tenía al menos parte de ese punto solucionado. El otro que quedaba a la deriva eran los pendientes que tenía para con todo el clan; quizá en esos días podría llevar a Shinoa a algún restaurante e invitarle esa pizza de doble queso que siempre le pidió, le daría a Kimizuki unas cuantas clases de inglés que le servirían de mucho en la vida, a Yoichi le regalaría todos los libros que su tío le dio alguna vez de los cuales su amigo parecía ser fanático y a Mitsuba... a ella le ofrecería la explicación que siempre le pidió y el perdón que siempre se mereció. Eso era lo más importante, la prioridad en su lista imaginaria.

Tal vez debería hacerlo justo en ese momento así que sin más tiempo que perder también salió del salón a paso apresurado, con un poco de suerte podría encontrarse con Sangū por los pasillos. Y así fue. La vio junto a Shinoa cerca de la entrada del colegio. Vaya, ¿Shinoa había salido antes del salón? No se dio cuenta de en qué momento. Debía dejar de ser tan despistado, perderse en sus pensamientos de forma tan profunda no siempre era bueno, más bien, nunca era bueno.

—¡Chicas! —las llamó, ambas se giraron a verlo.

Shinoa sonrió; Mitsuba se mostró indiferente.

—¿Necesitas que te pase los apuntes otra vez, Yuu-san? Pues déjame decirte que tampoco escribí nada —bromeó Hīragi.

Yuu ignoró aquello y enfocó sus ojos en los de Mitsuba. La chica le sostuvo la mirada por unos segundos mas terminó desviándola. Ya no se sonrojaba, ni de nervios ni de coraje. Fue ahí cuando Ichinose fue consciente de que había pasado demasiado tiempo, quizá el suficiente para que las heridas de su exnovia sanaran.

—¿Podemos hablar? —Fue conciso, no tenía razones para darle vueltas que darle al asunto.

Mitsuba alzó una ceja.

—¿De qué? —Al menos no fue tan esquiva; lucía confundida pero no enojada.

—Sé que ha pasado mucho tiempo y de seguro ya no tiene sentido pero en serio necesito que hablemos… como nunca lo hicimos.

Shinoa también parecía extrañada de aquello. Le dijo a Mitsuba algo acerca de que se adelantaría para poder darles privacidad.

Una vez a solas, Sangū volvió a tomar la palabra.

—¿No crees que es un poco tarde para esto? Está bien, lo he superado, Yuu —aseveró, sus ojos no dejaban lugar a dudas —. Ha pasado mucho tiempo, ya no estoy molesta; incluso creo que podríamos comenzar a tratarnos de nuevo.

—Necesito decirte esto para estar tranquilo conmigo mismo. Yo en verdad...

Con un gesto de mano, Mitsuba detuvo su explicación.

—No quiero oírlo, estoy demasiado bien como para abrir la herida de nuevo. Me quedo con lo bonito de nuestra relación, tampoco es que hayas sido un pésimo novio solo... —se detuvo en esa instancia, parecía pensar la manera exacta de cómo continuar, de poner sus pensamientos en palabras —. Creo que solo lo que necesito saber es si en algún momento me quisiste. Es lo único que de verdad me carcome la cabeza.

Yuu se quedó sorprendido. Esperaba que Mitsuba estuviera más afectada; la chica no era una persona rencorosa pero suponía que aún no superaba lo ocurrido. Luego recordó que ya un año había pasado y que ella quedó completamente decepcionada de él. Le debió ser fácil olvidarlo.

—Fuiste mi primer amor, Yuu —confesó Mitsuba debido a que el moreno continuaba callado —, y a pesar de lo sucedido siempre me quedará algo positivo de la experiencia. Así que te lo vuelvo a preguntar: ¿realmente me quisiste?

—Como no tienes una idea. —Pocas veces había sido tan sincero —. También fuiste mi primer amor y también lamento haber terminado todo de esa forma. No lo merecías.

—Como te dije, siempre recordaré lo bonito de todo. Ahora solo me queda pedirte que intentemos volver a ser amigos.

—Si realmente no tienes inconveniente, sí, sí me gustaría que volviéramos a ser amigos. Extraño todo.

—Sabes, Yuu, también te deseo que te vaya muy bien con Bathory, que todo te haya valido la pena.

Antes de que Yūichirō pudiera aclararle que entre ellos dos no existía nada, Mitsuba se marchó balbuceando algo acerca de que debía alcanzar a Shinoa.

No pudo explicarle la verdad a Mitsuba pero en parte así era mejor. No era lo que tenía pensado sin embargo tampoco había terminado mal.

«… Que te vaya muy bien con Bathory». A una parte de él le gustaría que las cosas fueran como Mitsuba de seguro las imaginaba. Lástima que no eran así.

Prefirió negar con la cabeza, como si de esa forma fuera a esfumarse el pensamiento, y continuó su camino. Debía llegar temprano a casa y seguir lamentándose un rato más antes de que Guren llegara.

.

.

.

Mitsuba corrió lo más que sus piernas se lo permitieron. Se sentía casi volar, como si sus pies fuesen a despegarse del asfalto. Todo era como un sueño, no terminaba de creerse lo que recién había sucedido.

Yuu quiso explicarse. Estuvo a nada de escuchar la respuesta que añoró durante tantos meses mas en el último minuto consideró que ya no le era necesaria, que ya no hacía falta. Eso le demostraba a sí misma que pudo lograr su objetivo de superarlo. No obstante, también debía reconocerse que todavía dolía un poco.

Al menos tenía el consuelo de que la amó de la misma manera en que ella lo amó a él. Ciertamente lo demás ya no le interesaba. No iba a mancillar más el recuerdo de su primera experiencia amorosa.

Cuando logró alcanzar a Hīragi, la abrazó. Necesitaba el consuelo de su mejor amiga. Ya no le dolía pero las palabras de Yuu habían removido todo.

—Mi-chan —susurró Shinoa contra su oído, acariciando su espalda —. ¿Yuu-san volvió a ser idiota?

Mitsuba negó. Se separó un poco del agarre para poder mirarla a los ojos.

—Me dijo algo hermoso, estoy feliz —sonrío, la sonrisa llegó también al rostro de Shinoa —, aunque también me siento algo decaída, tal vez hasta un poco enojada. Sea como sea, creo que he cerrado el ciclo.

—Me alegro mucho por ti.

Ambas se separaron y continuaron con su camino. Detuvieron su andar cerca de la cafetería que solían visitar entre todos y, como el olor a café era demasiado tentador, las dos decidieron entrar.

Pidieron una mesa, dos cappuccinos y una rebanada de pastel de crema para cada una. Mientras esperaban su encargo, la conversación volvió a fluir.

—... Yuu siempre será importante, fue mi primero en todo —reveló Sangū con un suave sonrojo adornando sus mejillas —, pero también me siento feliz de que todo lo que tenga que ver con él ya no me afecta. Es una sensación hermosa, me siento liberada.

—Estuviste mucho tiempo amargada con eso —mencionó Shinoa entre risas.

—No estaba tan amargada.

—Lo estabas, por eso me da mucho gusto haber recuperado a mi amiga. Te extrañaba.

—Si te soy sincera, también echaba de menos todo esto —admitió Mitsuba —. Y espero que ahora que Yuu y yo arreglamos nuestras diferencias podamos volver a reunirnos todos. Además, por lo que veo, Kimizuki y Yoichi han progresado.

—Y mucho. —Shinoa soltó un suspiro esperanzado —. El caballero Kimizuki por fin logró conquistar a Yoichi, su eterno amor —recitó cual poema u obra teatral —. El amor se respira en el aire.

—Y ahora también podemos aunar más en tu amor por el doctor Narumi —puntualizó Mitsuba con una sonrisa pícara en el rostro.

Ahí fue cuando Shinoa recordó esa mentira que había mencionado para zafarse de una situación incómoda: su falso enamoramiento por Makoto Narumi. ¡Cómo se le fue a olvidar!

Por suerte, en ese instante llegó una mesera a entregarles su pedido, así tuvo un poco más de tiempo para pensar acerca de qué le inventaría a Mitsuba esta vez.

Comenzaba a cansarse de mentir.

—¿Ha pasado algo nuevo entre ustedes? —cuestionó Mitsuba luego de darle un sorbo a su café.

—Nada —soltó, tajante, más brusca de lo que hubiera querido.

—Shinoa, ya no me mientas. Quiero que me hables de tus sentimientos, de quién te gusta y si has tenido acercamientos. Quiero ser la persona que tú has sido para mí.

Ese «ya no me mientas» le caló hondo. Llevaba mintiéndole tanto tiempo que ya ni recordaba cuánto con exactitud. ¿Era momento de ser honesta?

Primero la detenía el desconocimiento de lo que sentía por su amiga con exactitud, luego su enamoramiento por Yuu y su posterior noviazgo. Ahora, con el tema de Ichinose superado, quizá era el momento adecuado para poner las cartas sobre la mesa.

Shinoa suspiró hondo. Era mejor ahora que nunca, sacarse la duda y no vivir siempre pensando en el «si hubiera». Fuera lo que fuera quería saberlo ya, ¡lo necesitaba! Aprovecharía ese momento de valentía.

—¿Quieres que sea sincera? —preguntó hasta un poco tímida, ella misma se desconoció.

—Es lo que he querido todo este tiempo. Somos amigas, tú sabes todo de mí, yo confío en ti; pero de ti yo no sé nada y pareciera que no me tienes confianza.

—No es tan fácil —admitió Shinoa. Antes de poder continuar, Mitsuba la interrumpió.

—¿Acaso no somos amigas?

Cuando Sangū dejaba atrás su capa ácido y comenzaba a ponerse sentimental, nada bueno se avecinaba.

—Es más complicado que eso.

—¿Entonces puedes decirme de qué se trata? Me preocupa que le des tantas vueltas al asunto.

En la mente de Hīragi se maquilaron mil y un frases con las que podría confesar sus sentimientos. Aun así, de sus labios no salió nada. Era tan patético poder alardear acerca de la vida amorosa de loa demás y que ella fuera un desastre en la propia. De cualquier manera no permitiría que nadie descubriera esa faceta suya.

Como sus intentos terminaban en balbuceos sin sentido, decidió pasar de las palabras a las acciones, de esa manera sería más fácil entregar el mensaje y no quedaría duda alguna de lo que quería expresar.

Se acercó al rostro de Mitsuba de a poco, deteniéndose unas décimas de segundo para volver a darse valor y continuar. De seguro Mitsuba ni se imaginaba lo que estaba por venir ya que no hizo ningún ademán de retirarse. Shinoa quiso imaginar que su mejor amiga lo deseaba también.

Faltaban algunos centímetros para por fin poder unir sus labios con los de Mitsuba. Cerró los ojos para poder disfrutarlo más.

Tan cerca, demasiado cerca. Un poco más y rozaría el cielo.

Por eso, cuando las manos de Mitsuba acunaron su rostro deteniendo la acción, abrió los ojos visiblemente sorprendida y hasta un tanto perturbada.

El rostro de Sangū continuaba estando cerca, no obstante, esta vez la miraba de una forma diferente. Había una chispa en los ojos de Mitsuba, la estaba mirando con ternura y compasión a la vez. Shinoa supo al instante de que se trataba. Esa «chispa» era simple y llana lástima. Se sintió una tonta por haber imaginado que podría ser distinto.

Retiró las manos de Mitsuba de manera tosca. Quiso decirle algo, disculparse o pedirle que hicieran como si nada, sin embargo, su maldita garganta continuaba estando cerrada.

Era una combinación de tantas cosas. Miedo, tristeza, furia, vergüenza. Así que de esa manera se sentía el rechazo...

—Shinoa.

Mitsuba la sostuvo del brazo antes de que pudiese levantarse de su asiento. En contra de su voluntad, Hīragi continuó sentada a su lado.

Joder, quería irse ya, ¡ya! ¿Era difícil de comprender? Necesitaba ir a esconderse bajo sus sábanas y con algo de suerte al día siguiente el bochorno le habría pasado.

—Tengo que irme. —Su voz era un hilo, sentía vergüenza —. Entendí, no te preocupes.

—Debemos hablar, no puede quedarse así como así.

Hīragi apenas y podía escuchar. Cómo agradecía que hubiera poca gente en el local, de otra forma no lograría descifrar las palabras de su amiga y el bochorno hubiese sido mayor.

—Fue un impulso —reveló la chica de baja estatura —, no volverá a repetirse. Yo solo fui honesta, como quisiste. A mí no me gusta el doctor Narumi, me gustas tú, Mi-chan.

Cuando se lo dijo, un gran peso se evaporó de sus hombros. Se sabía rechazada pero al menos más tranquila. No podía ser peor, aquí no podía aplicar la maldita ley de Murphy[1].

Mitsuba sonrío un poco, sin embargo la sonrisa no llegó hasta sus ojos. Shinoa recordó cuando su amiga le llegó con la noticia de que Yuu le había pedido que fuera su novia, pocas veces la vio tan feliz; y ahora la expresión en su rostro estaba a años luz de esa que Hīragi guardaba en su memoria.

—Shinoa, yo te adoro, te quiero muchísimo. Eres mi mejor amiga, eres como una hermana... Yo nunca te vi de otra manera. Lamento si hice algo que pudiera confundirte.

También lucía afectada, no tan triste como ella misma pero sí realmente decaída. Shinoa pudo percatarse en ese momento de que, a pesar de todo, tenía el amor de Mitsuba. No el amor romántico que ella hubiera querido pero sí un lazo fraternal lo bastante fuerte como para afrontar dicha confesión.

—Está bien, eres honesta y lo aprecio. —Shinoa intentó reconfortarla; Mitsuba lucía tan fuera de sí.

—Perdona...

—Ya, no te hagas la mártir que me robas protagonismo. Está bien. Al menos me he sacado el peso de encima, ya no viviré con la duda de nada.

Lo primero logró sacarle una risa a Mitsuba, lo segundo al parecer pudo hacerla sentir un poco mejor.

—Quiero que sepas que eres mi mejor amiga y eso nada va a cambiarlo —declaró Sangū —. Respeto tus sentimientos, te daré tu espacio, solo prométeme que seguiremos siendo amigas, por favor.

Shinoa se alegró por ello. Uno de sus mayores temores era, si Mitsuba no sentía lo mismo, arruinar su relación con ella. Por suerte ella la estimaba demasiado como para dejarla ir. Era un premio de consuelo que, aunque doloroso, lo prefería a tener que alejarse definitivamente. De eso a nada, prefería continuar con su amistad. Al menos ya no habría más incertidumbres de por medio.

—Solo te pido que me des tiempo —pidió Shinoa. Mitsuba asintió —. Necesito asimilar todo...

—Entiendo. Solo quiero que sepas que no voy a alejarme así como espero que no te alejes.

—Eres demasiado amable, Mi-chan —quiso terminar con un «por eso me gustas» pero no quiso agregar más tensión al momento. Ya se llegaría el día en que pudieran volver a bromear.

—Te quiero mucho como para perder tu amistad.

Sus palabras la reconfortaron tanto como la hicieron sentirse miserable. Shinoa cerró los ojos, dándose fuerza para continuar.

—Tampoco quiero eso, te quiero... También eres mi mejor amiga.

Tantos sentimientos encontrados.

Mitsuba la abrazó como una manera de sellar aquella tácita promesa de no alejarse y ser siempre amigas. Shinoa Hīragi fue al cielo y al infierno en ese momento.

Entre el todo y la nada, un punto medio no era tan malo como parecía.

.

.

.

Salieron juntos de la escuela, caminaron un rato con rumbo hacia el parque más cercano y finalizaron su cita sentados en una banca comiendo imagawayaki[2] del puesto ambulante de la esquina.

Cuando Yoichi se terminó el suyo miró hacia su compañero, Kimizuki parecía abstraído en sus pensamientos. Saotome se preguntó qué asunto lo tendría tan meditabundo. Por un instante la idea de que fuera a proponerle algo más formal cruzó su mente, sin embargo, pronto también la desechó. Ya había pasado bastante tiempo y Shihō no había hecho nada, de seguro ya no sentía nada de lo que le confesó en un principio.

Durante ese tiempo en el que se trataron como algo más, Yoichi no pudo ser más feliz. Y es que Kimizuki era excepcional. Ahora fue el de ojos verdes el que terminó cayendo enamorado. No obstante, ahora parecía que el que se había desanimado era el muchacho de lentes. Yoichi temió por ello.

—Yoichi, Yoichi... —Ahora el aludido fue el que se distrajo. Volvió a la realidad ante el llamado de su amigo —. Tengo rato hablándote.

—Disculpa, Kimizuki-kun. Solo pensaba.

—¿En?

—En muchas cosas. —Lo tomó desprevenido, Saotome debía improvisar —. En la universidad, en eso principalmente. ¿Si te había dicho que me decidí por Leyes?

—No, no lo hiciste. —Shihō mencionó —. Me alegra que ya hayas escogido. Ahora solo faltan que Shinoa y Yuu nos digan qué harán de su vida.

Kimizuki estudiaría Gastronomía, Mitsuba optó por Economía y ahora Yoichi eligió Leyes. Cada uno comenzaba a forjar el rumbo de su futuro.

Permanecieron en silencio un rato, no uno incómodo sino más bien de meditación. Shihō se llevó la mano hacia el rostro, se subió las gafas por el puente de la nariz para luego comenzar a hablar de manera suave.

—Me voy a mudar cuando terminemos la preparatoria. —Yoichi soltó una exclamación. Apenas pasó la sorpresa, Shihō pudo continuar —. Hablé con mis padres y están de acuerdo, de hecho me apoyarán con algo de dinero para comenzar a pagar el departamento. No es muy grande pero es lo necesario para un estudiante universitario.

Saotome se quedó sorprendido ante tal revelación. Él aún no se detenía a pensar en ello pero suponía que, tal y como su hermana Tomoe, viviría más tiempo al lado de sus padres; no se le había cruzado ni la más remota idea acerca de cambiar de residencia. Kimizuki sí que era una persona independiente.

—Y bueno, no es muy caro, pero sé que si me... Asocio con otra persona, entre los dos podremos pagarlo mucho más rápido.

Un switch se activó dentro de la cabeza del de cabello castaño. Entendió al instante la indirecta.

—¿Quieres que vivamos juntos?

—Sí.

Shihō desvió la mirada, notablemente avergonzado. Yoichi también sintió cómo su cara comenzaba a arder. Esa propuesta nunca se la hubiera esperado.

Ninguno dijo nada, demasiado abochornados como para confrontarse. Después de algunos minutos, a pesar de que todavía no salía del shock, Saotome fue quien tomó la palabra.

—Es una gran idea —admitió —. Y sería bueno comenzar a valerme por mí mismo.

—¿Entonces aceptas? —El de gafas se atrevió a encararlo.

—Lo hablaré con mis padres, aunque lo más seguro es que sí me apoyen. Se van a alegrar de que quiera dar un paso así, además confían mucho en ti y tu palabra.

A manera de agradecimiento, Kimizuki tomó la mano de Yoichi; entrelazó sus dedos y le dio un leve apretón. Saotome se sintió ruborizar de nuevo pero esta vez por una razón diferente.

—Y ahora que vamos a dar un paso tan importante, creo que lo más conveniente es que comencemos a aclarar todo entre nosotros. —Yoichi fue firme, tal y como debía ser —. Llevamos tanto tiempo tratándonos de esta forma... Y todavía no damos ningún paso, ni para atrás ni para enfrente. —Ahora fue él quien apretó la mano de Kimizuki —. Necesito que lo planteemos de nuevo.

Honestamente, Shihō no se lo esperaba.

—¿Quieres dar el paso hacia adelante, atrás o a dónde?

—¿Tú a dónde quieres?

—Yo pregunté primero.

—Lo sé, lo sé, es solo que...

—No le des más vueltas, Yoichi, ¿quieres que seamos pareja o no?

Demasiado drástico. Tratándose de él, Kimizuki siempre tenía tacto pero esta vez debió haberlo sacado de sus casillas. Era mejor así, después de todo ahora sus respuestas solo se reducían a «sí» y a «no», y eso era más fácil de sobrellevar.

—Sí quiero —reconoció, fue tan sencillo y logró sentirse tan bien —. Me he enamorado de ti durante estos meses y realmente quiero que vayamos en serio.

Los ojos de Kimizuki se abrieron lo más que podían. Joder, ¡joder! Lo había soñado tanto tiempo que apenas y podía creerse que en verdad estaba pasando. ¿Yoichi correspondiéndole? Mierda, ¡se volvió realidad! Sus más locas fantasías se estaban volviendo reales.

Las orejas se le calentaron, todo el rostro también por igual; debía estar del mismo color de su cabello, apenas sobresaliendo sus anteojos. Y es que... ¡por todo lo sagrado! ¡Yoichi estaba enamorado también!

—Kimizuki-kun, si vas a rechazarme tú ahora... —comenzó Yoichi debido a que estaba tardando en contestar.

—No, no, no, no. Es solo que... es la emoción. Yoichi, he esperado esto por mucho.

Aquello pareció enternecer al de ojos verdes. Acunó el rostro de Shihō entre una de sus manos para después sonreírle de forma radiante. La sonrisa más hermosa que Kimizuki había visto.

—Voy a compensarte todos los malos ratos que pasaste por mí culpa. —Yoichi se lo prometió, era imposible no creerle.

—Desde ahora ya lo haces.

Y ya sin que ninguno de los dos quisieran perder más tiempo, ambos se acercaron el uno al otro, cerrando los ojos y ladeando el rostro, para culminar con el esperado choque de labios que tanto estuvieron ansiando. Un beso suave, un beso tierno, el primero de muchos que iban a compartir.

Rieron al separarse y juntaron sus frentes después. Otro beso y otro y otro no se hicieron esperar. Debían reponer el tiempo perdido.

.

.

.

—¿Qué te sucede, Mikaela?

Ante la pregunta, el aludido despegó la vista de su portátil y la enfocó en Krul la cual yacía sobre el sofá.

—¿A qué te refieres?

—Llevo más de una hora en tu departamento y no me has prestado la más mínima atención.

—Disculpa, Krul —dijo en tono conciliador, sonriendo levemente —. Tengo un par de trabajos atrasados...

—¿De tanto tiempo? —replicó ella —. Tienes semanas de esa manera, has estado ignorándome.

Bathory se quedó helado. El reclamo lo tomó por sorpresa, no tanto porque no se lo esperara sino más bien era el hecho de que Krul había tardado en hacerlo.

Desde su encuentro con Yuu a finales de octubre nada había sido igual. Verlo removió todos los sentimientos que trató de ocultarse a sí mismo durante tiempo. El enojo, la tristeza, la decepción... el amor que todavía sentía por él y que tenía clavado en el alma.

Seguía igual a como lo recordaba. La misma estatura, el mismo estilo de vestir, incluso el corte de cabello permanecía igual. Yuu n sonrió pero estaba seguro de que si lo hubiera hecho de nueva cuenta aparecerían mariposas en su estómago, esas que solo el moreno había logrado provocarle.

Se dio cuenta que estuvo demasiado tiempo en silencio; Tepes lucía impaciente. Mika soltó un suspiro. ¿Cómo iba a decirle todo eso a su novia?

—Sea lo que sea, dímelo, Mika —pidió ella en tono severo.

Él tragó grueso. No deseaba herirla pero debía ser honesto, decir todo lo que pensaba: que había visto a su antiguo amor y que desde ese instante no podía sacárselo de la cabeza. Además, que luego de ese encuentro, consideró que su relación con ella fue sido demasiado apresurada.

Se pasó una mano por el cabello, un tanto frustrado. ¿Cómo debía comenzar para no herirla... tanto?

—¿Conociste a alguien más, cierto?

Mika abrió los ojos, sorprendido. Balbuceó reiteradas veces un «no» por respuesta.

—No, no he conocido a nadie más.

—¿Entonces?

Krul no era como todas las otras chicas con las que se había relacionado, su perfil mucho menos encajaba con el perfil de sus anteriores novias; Aiko lo hubiera dejado apenas sospechara que le era infiel y Chess de seguro le habría armado un berrinche para después ponerse a llorar. Krul no, Krul continuaba firme y exigía una explicación; no parecía irritada pero el aura que destilaba era aterradora.

Durante ese ínfimo instante conoció un poco más de su novia a comparación de todos los meses en los que habían estado juntos compartiendo la misma cama.

—Krul, es que yo...

—¿Te gusta otra persona, viste a alguna ex, hice algo que te molestara? ¿Qué?

—Podría decirse que es lo segundo.

—¿Una ex importante?

Uno importante —corrigió. El ceño de Krul se alzó unos milímetros debido a la sorpresa.

—Nunca me lo comentaste.

—Es parte de mi intimidad, no es algo que esté pregonando a los cuatro vientos.

—Como sea. Eso no es lo que importa. —Krul hizo un ademán con la mano a modo de zanjar ese tema. Mika se sorprendió, supuso que esa noticia tendría mucho más peso —. Bien, viste a ese chico, ¿qué más pasó?

—Lo quise muchísimo. Fue muy importante.

El rostro de Tepes continuó estoico. No sabía si la estaba lastimando o no.

—¿Removió todo? —adivinó. Bathory asintió —. ¿Aún lo quieres?

—Le pedí que huyera conmigo.

Reveló sin anestesia, de manera seca y hasta desconsiderada. Las cejas de Krul volvieron a alzarse, incrédula; parpadeó reiteradas veces. Ahora fue ella la que permaneció en silencio. Mika le dirigió la mirada, esperando alguna respuesta de su parte, mas no hubo nada. Por largos minutos no salió ni una sola palabra de los labios de Krul.

—Te dijo que no por lo que veo. —La voz de Tepes volvió a hacer eco en el lugar. Mika la miró, contrariado —. Si te hubiera dicho que sí no estarías aquí ahora con el rabo entre las piernas.

—No es de esa manera.

—¿Entonces de cuál? —En la voz de Tepes se distinguía cierto deje de resentimiento —, no importa lo que pase, siempre volverás a él, ¿verdad?

Mikaela no contestó, el silencio fue la respuesta. Krul negó con la cabeza y se levantó de su lugar, encaminándose a la salida

—¡Krul, espera! —Mika se levantó dispuesto a detenerla. Apenas rozó su brazo, ella se zafó del agarre.

—Mika, yo no soy como tú, no soy ese tipo de persona. Yo no voy a quedarme esperando una oportunidad, tampoco voy a amargarme pensando en el hubiera o en el porqué. No voy a perder el tiempo con una persona que no me quiere ni respeta lo que hay entre nosotros. Dime, si ese chico te hubiera dicho que sí, ¿qué habría pasado conmigo?

La mente de Bathory quedó en blanco.

—Yo de verdad te estimo. —Fue lo único que se le ocurrió contestar.

—Tú lo has dicho, me estimas, pero no me quieres y mucho menos me amas. Y yo detesto los puntos medios.

Sabía que Tepes estaba en todo su derecho de mandarlo al diablo. No podía culparla de ello. Fuera como fuera, a pesar de no quererla de esa manera, la ruptura dolía.

Decidió no decir nada más. Se retiró un par de pasos para poderla dejar marcharse en paz. Krul no perdió el tiempo y salió dando un portazo. Mika se preguntó si en verdad llegó a quererlo tanto o si todo era cuestión de orgullo. De seguro siempre viviría con esa duda.

Cerró la puerta con pestillo y se encaminó de nuevo a su lugar de trabajo. Cerró todas las ventanas que tenían que ver con su vida universitaria y abrió el documento de word en el que tenía escrita su novela. Después de lo sucedido se sintió particularmente inspirado, además escribir siempre le había servido para canalizar emociones.

En ese momento tenía mucho por drenar: una confesión, una ruptura y su delirio de ojos verdes que seguía sin salir de su cabeza.

¿Qué hubiera sucedido si Yuu hubiera aceptado fugarse con él? Tal y como Krul dijo, no habría pasado tiempo con ella; quizá ahora sería Yūichirō quien estuviera recostado en el sofá mientras él terminaba sus deberes. Casi pudo imaginárselo reposando en dicho mueble cuando se giró en su dirección.

¿Qué mierda iba a hacer con todos esos sentimientos? Seguía sintiéndose traicionado, no obstante el enamoramiento por el moreno continuaba bastante fuerte. No sabía cuales pesaban más, si las emociones negativas o las positivas.

Mientras lo deliberaba, sus dedos comenzaron a teclear.

.

.

.

Yuu apagó la televisión. Estiró sus extremidades y se levantó del sofá. No había nada interesante para entretenerse así que la mejor opción era subir a su cuarto y perder el tiempo navegando en internet.

Subió las escaleras y se encaminó hacia su cuarto. No obstante, apenas iba a entrar, se percató de que la puerta de la habitación de Guren se encontraba entreabierta. Aquello lo extrañó. Su hermano siempre cerraba muy bien antes de irse. El culpable de esas extremas precauciones era el mismo Yuu; Guren jamás le perdonó que hurgara entre sus cosas.

Se debatió entre si respetar la privacidad de su hermano o volver a saciar su curiosidad. Había pasado tanto tiempo desde ese incidente que tal vez Guren ya debía haberlo olvidado. Con eso en mente, cambió el rumbo de su cuarto al de Guren que estaba justo frente al suyo.

No era como si nunca hubiese vuelto a entrar a esa alcoba, de hecho ahí pasaba la mayoría de las noches debido que era el lugar predilecto de su hermano para hacerle el amor. Pero entrar solo, sin Guren que lo vigilara de por medio, lograba que la adrenalina se incrementara a niveles inimaginables.

La cama, las cómodas, los muebles en general estaban tal y como siempre, sin nada interesante que ofrecer. Yuu soltó un suspiro. Examinó todo el lugar de nuevo con la mirada y posó sus ojos en el clóset. Sin tiempo que perder abrió las puertas de este. Justo en ese momento lo recordó.

Esa vez que había hurgado entre las cosas de Guren en busca de pornografía, también inspeccionó el closet; abrió todas las cajas y le quedó una sin inspeccionar, una de color azul que su hermano le arrebató y la colocó en la repisa de arriba.

Yuu alzó la mirada, buscándola, por suerte no fue difícil dar con ella. Esa caja azul continuaba ahí. El moreno intentó alcanzarla y con solo pararse un poco de puntas lo logró. Cuando tuvo el objeto en sus manos, fue a sentarse a la cama para poder abrir la caja con comodidad.

Con lo primero que se topó fue con la fotografía de una hermosa chica. A primera instancia pensó en Shinoa, la mujer en la foto tenía rasgos similares a los de ella; no obstante debía reconocer que por muy bonita que fuera su amiga, la chica de la imagen era una preciosidad.

Dejó eso de lado y continuó observando. Más y más fotografías de la chica fueron apareciendo, algunas estando sola y otras al lado de Guren. En una en la que ella parecía estar en la playa, el chico giró la foto; leyó escrito al reverso y con una caligrafía hermosa: «para ti con amor, mi cielo. Mahiru».

Así que Mahiru era su nombre y obviamente debía estar relacionada con los Hīragi. Yuu hizo memoria y recordó una conversación en la que Shinoa le confesó que tuvo una hermana mayor la cual ya había fallecido. ¿Acaso esa chica y la de la foto serían la misma persona?

No pudo con la duda. Continuó rebuscando en la caja algún indicio que le dijera de quién se trataba esa mujer. No encontró nada. Solo fotos y más fotos de ella y de Guren en diferentes momentos de su vida, lo que también le confirmaba que aquella chica había sido una especie de novia de su hermano.

Cuando estaba por cerrar la caja, vio hasta el fondo un sobre. Lo sacó de entre las fotografías y presuroso comenzó a abrirlo. Dentro, envuelta en un fino sobre más pequeño, había lo que parecía ser una invitación la cual tenía escritas en una bonita letra cursiva las iniciales «M» y «G».

Yuu abrió ese sobre y comenzó a leer el contenido. En efecto, era una invitación, una invitación a la boda entre Mahiru Hīragi y Guren Ichinose con fecha a efectuarse en abril del mismo año en que él llegó a vivir con su hermano.

¿Qué mierda significaba todo eso?

—¿Qué estás haciendo en mi habitación, Yuu?

El aludido se giró al umbral de la puerta. Ahí, de pie en la entrada y cruzado de brazos, se encontraba el mismo Guren. Se pasó una mano por el cabello y se adentró a la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

—Lo volveré a repetir, ¿qué se supone que haces aquí?

A pesar de la visible molestia de su hermano, Yuu no contestó. No pudo dejar de observar la caja y su contenido.

Ahora él era el molesto y Guren tenía varias explicaciones que darle.

.

.

.

Próximo capítulo: Batalla a muerte.


Aclaraciones:

[1]: La ley de Murphy se basa en la siguiente frase: si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal.

[2]: El imagawayaki se hace a partir de rebozado en una sartén especial y se rellena con pasta dulce de judía azuki.


¡Hola!

Aquí con el antepenúltimo capítulo :3

Gracias a NightMist0210❤, Belle Coquelicot❤, Cleoru Misumi❤, the killer of the full moon❤, ZorraSenpai❤, Jane❤, Lizzirice❤, Raynalle❤ y a Bet-hana❤ por sus reviews.

Espero poder actualizar antes de entrar a clases, así que la demora no será demasiada.

¡Gracias por leer!

¡FELIZ AÑO NUEVO 2017!

Arrivederci…