Disclaimer: Todos los derechos de Owari no Seraph (Seraph of the End) pertenecen a Takaya Kagami, Yamato Yamamoto y a Daisuke Furuya.

Advertencias: AU ǀ Yaoi (Boy's Love) ǀ Incesto ǀ Yuri (Shojo ai) ǀ Heterosexual ǀ OoC ǀ Uso de sufijos honoríficos ǀ Contenido sexual.

Pairings: MikaYuu (Mikaela x Yūichirō) ǀ Secundarias: GureYuu (Guren x Yūichirō). MikaKrul (Mikaela x Krul). MitsuNoa (Shinoa x Mitsuba). KimiYoi (Kimizuki x Yoichi).

N/A: Tal y como lo prometí, actualización antes de mi regreso a clases. De hecho bastante antes de mi regreso a clases jajaja.

Espero y disfruten el capítulo :3


Dejando ir el ciclo sin fin

De acciones repetitivas

Karma Kokia


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ǀ Monochrome ǀ

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A la princesa se le cortó la respiración.

El dragón se encaminó hasta ella y la tomó por ambos brazos, zarandeándola, levantándola del lugar en el que se encontraba sentada en el proceso.

Cuando por fin ella pudo asimilar lo que sucedía, usó toda su fuerza para poder deshacerse de ese agarre. Logró salir victoriosa con esa pequeña jugada. Aun así, el dragón no se dio por vencido.

Antes de que él volviera a usar la violencia, la princesa le exigió una explicación. ¿Por qué había reaccionado de esa manera? ¿Qué era lo que ocultaba? ¿Quién era esa otra mujer?

El dragón se quedó callado, incapaz de darle una respuesta.

En ese instante, la princesa lo comprendió.

Esa era la verdadera naturaleza del que alguna vez consideró su caballero; un ser violento y despiadado al que no le interesaba hacerle daño con tal de mantenerla bajo su yugo.

El dragón no la veía como un igual. Para él, ella era un ser inferior cuyo único fin era satisfacer sus necesidades afectivas y carnales.

Un verdadero monstruo.

Por primera vez en años se olvidó del respeto y de la devoción que se había acostumbrado a profesarle. Todavía aturdida, con el corazón en la garganta y con cientos de preguntas sin respuesta dentro de su mente, se atrevió a cuestionarle una en especial:

«¿Qué demonios quieres de mí?»


Capítulo XVII

Batalla a muerte


—Contesta, Guren.

A pesar de insistirle, su hermano no le dio ninguna respuesta. Permaneció callado, apacible, demasiado sereno en comparación del torbellino de emociones que era Yuu en ese momento. Y así pasaron largos minutos en los cuales el silencio fue la única contestación. Yūichirō comenzó a desesperarse, odiaba sentirse ignorado.

Gritó su nombre y de nuevo recibió la nada. Su hermano, en lugar de enfrentar la situación, se acercó a la cama para comenzar a guardar todas las fotografías de esa chica; una vez que todo estuvo en su lugar, tomó la caja y volvió a ocultarla dentro del clóset.

—Es algo que no te interesa. Y, por favor, no vuelvas a hurgar entre mis cosas. Es un hábito detestable, mocoso.

Tomó a Yuu por el brazo, un agarre demasiado fuerte al usual. Antes de que Guren lo sacara de la habitación, el de ojos verdes logró zafarse y se dirigió a su propio cuarto, molesto.

—¡Ya no voy a soportarlo más!

Guren habría pensado que se trataba de una rabieta usual que se la pasaría con las horas, sin embargo, apenas Yuu entró a su recamara, sacó una maleta de su propio armario y comenzó a guardar sus pertenencias en ella.

El jodido de su hermano menor era un impulsivo en todos los sentidos. Tenía que calmarlo antes de que la situación adquiriera mayor peso.

—Espera, espera —detuvo sus acciones cerrando la maleta y poniendo una mano sobre esta —. ¿Qué mierda se supone qué haces?

—¿Quién era esa mujer? —contraatacó —. ¿Y por qué no quieres decirme nada de ella?

—¿Estás celoso?

—¡Contesta!

Yuu era insoportable cuando se ponía así de terco. Cuando se le alzaban los humos, debía bajárselos a como diera lugar. Su hermanito era un cordero con piel de lobo y con un buen regaño sería suficiente. Lo conocía demasiado bien como para saber cómo aplacarlo y volver a la rutina de siempre.

Le tiró la maleta, esparciéndose toda su ropa en el suelo. Lo tomó por los hombros, de nuevo apretando; como el porte altanero de Yuu no cambiaba ni un poco, estampó su cuerpo contra la pared, haciendo que la cabeza del menor retumbara un poco. No obstante, aún y con esa leve contusión, aquellos ojos verdes no dejaron de mirarlo con furia.

—Eso es algo que no te interesa, Yuu —volvió a aseverar Guren —. Cálmate y déjate de idioteces. Ya vamos a cenar.

Eso logró enfurecer todavía más al aludido. Empujó a Guren fuertemente y para después acercarse a donde su maleta, agachándose para recoger todo. No iba a permanecer ni un minuto más en esa casa ni mucho menos a su lado.

—Todo eso es mío. —Guren volvió a acercarse y a arrebatarle sus cosas. Yuu frunció el ceño —. Esta casa, esta maleta, lo que llevas puesto, tú mismo eres mío. Y no voy a permitir que un capricho tuyo arruine todos mis planes.

—Tú lo has dicho, tus planes. Y debes dejar de verme como parte de ellos. ¡Yo quiero algo diferente!

—Ya es tarde para que digas eso. Te quedarás aquí o asumirás las consecuencias.

—¡Prefiero asumirlas a quedarme contigo!

—¡Deja de gritar o vas a alarmar a todos!

—¡Oblígame!

De nueva cuenta la violencia. Esta vez Guren lo lanzó a la cama y se colocó encima de él, sosteniéndolo por las muñecas para evitar que escapara. Lo besó de nuevo, como hace tantos años lo hizo, mordiendo su labio su labio para introducir su lengua y explorando toda la cavidad de Yuu, reclamándolo como lo que era: suyo.

Los ojos del más joven continuaban abiertos, su cuerpo paralizado y su mente evocando aquel mal recuerdo que se había esforzado por enterrar en su memoria. Guren continuaba moviendo los labios sobre él, pasando de su boca a sus mejillas y después a su cuello. Pronto su hermano mayor deshizo el agarre con el que lo apresaba para comenzar a acariciar por debajo de su ropa, recorriendo su cintura, mientras que con la otra mano desabrochaba sus pantalones y comenzaba a bajarlos.

—No sé por qué te resistes si se nota que lo disfrutas —susurró Guren contra su oído mientras comenzaba a tironear de su playera.

En ese momento Yūichirō lo comprendió.

Volvió a tener el control de su cuerpo. Cuando Guren se acercó de nuevo para besarlo, volvió a alejarlo de un empujón. Antes de que pudiera apresarlo de nuevo, Yuu hizo de su mano un puño y se lo estampó de lleno en el rostro. Una acción que debió haber hecho hacía tantos años atrás.

Aprovechando el desconcierto de su hermano, tomó una sudadera de la pila de ropa tirada y salió corriendo de la habitación. Bajó las escaleras a una velocidad increíble y se dirigió a la puerta de entrada. Abrió la puerta y salió disparado hacia ningún rumbo realmente. El único pensamiento que rondaba su cabeza era el de alejarse lo más que se pudiera de Guren Ichinose.

Guren salió de la casa poco después, sin embargo, mirara a donde mirara, ya no había rastro de Yuu por ningún lado. Maldijo en voz baja y comenzó a sobarse la mejilla y parte de la quijada. Estúpido mocoso, sí que pegaba fuerte.

Ahora lo único que le quedaba por hacer era buscarlo por los alrededores. No podía haber ido muy lejos, no tenía tantas opciones. Y cuando lo encontrara tendría que volver a hacerle entender quién llevaba las riendas y quién obedecía.

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No había sabido nada de Yuu desde hace veinticuatro horas; el muchacho no respondía llamadas ni mensajes. Debido a que no había vuelto a comunicarse, las esperanzas de que volviera a casa por voluntad propia se reducían considerablemente.

Guren sabía que era su culpa, perdió el control de una manera en la que incluso él mismo se desconoció; sin embargo, ver a Yuu fisgoneando la caja en la que mantenía los recuerdos de Mahiru fue demasiado para él. Lo había hecho enfadar. Eran objetos preciados que su hermano menor se atrevió a ultrajar y eso no iba a perdonárselo tan fácilmente, mucho menos a darle explicaciones de aquellos hechos.

Mahiru fue el amor de su vida la cual le fue arrebatada poco tiempo antes de que pudiera unir su existencia a la de ella. Perderla le ocasionó un dolor tan grande y profundo que creyó nunca iba a poder superar. No obstante, la vida le sonrió más pronto de lo que hubiera esperado. Llegó Yuu a iluminar su vida y a rescatarlo del oscuro pozo en el que comenzaba a caer.

Yuu era su hermanito, el hijo bastardo de su padre y, por ende, inferior a él en todos los sentidos. Él mismo comprendía su posición. Ya fuera por respeto, culpa o calentura, Yūichirō le permitió hacer con él todo lo que quisiera sin siquiera replicar. ¿Quién se imaginaría que la imagen de chico rebelde que Yūichirō brindaba se esfumaba cuando estaba a solas con Guren?

Yūichirō Amane se lo merecía, por llegar justo en el momento en el que más lo necesitaba y como castigo por ser la personificación de los problemas que ocasionaron que su familia se desmoronara.

Cualquiera podría concluir que lo usó para superar su tristeza y como una especie de desquite, aun así tampoco podía decir que no lo quería, al contrario, lo amaba a su manera y lo amaba muchísimo. Yuu era suyo, su regalo, la persona que lo acompañaría por el resto de los días de ambos. Él jamás lo abandonaría y, debido al lazo consanguíneo que compartían, estaba obligado a amarlo por siempre. Todo eso era algo de lo que al parecer su hermano menor quería destruir. Y eso jamás se lo permitiría.

¿Dónde se encontraría el muy idiota? ¿Con sus amigos? No, ya había llamado a las residencias Hīragi, Saotome y Kimizuki respectivamente. Pensó en comunicarse también con los Sangū pero lo descartó al instante; las cosas entre Mitsuba y Yuu habían quedado tan mal que su hermano jamás volvería a recurrir a ella.

¿A quién más pudo acudir Yūichirō? No le conocía más amistades, Saito no se encontraba en el país así que tampoco pudo recurrir a él. Ya no quedaban más opciones, lo más seguro es que se encontrara solo deambulando por las calles…

Aunque justo en ese momento lo recordó: Mikaela, Mikaela Bathory, el chico que los había descubierto. Primero consideró que la opción era poco probable, después de todo ese tipo debía encontrarse desconcertado con todo lo ocurrido; debía detestarlos a su hermano y a él. Sin embargo, también era muy evidente que a Mikaela le atraía Yuu y la atracción era un arma muy poderosa; con tal de poder poseer a Yūichirō, el tal Bathory pudo tragarse su orgullo y perdonarlo, de paso darle asilo donde sea que viviera. Podía ser una teoría bastante fantasiosa pero era lo único que tenía por el momento. Ahora el punto era descubrir dónde diablos podía encontrar a ese tipo.

Sacó su celular y marcó el número de la persona que podía ayudarlo. Escuchó tres pitidos y antes de que sonara el cuarto, escuchó una voz al otro lado de la línea.

—¿Qué pasa, Guren? —escuchó una voz femenina. No era quien esperaba pero al menos podría aprovechar para saludar.

—Mito, ¿cómo te va? ¿Puedes pasarme a Goshi?

—Siempre eres tan oportuno.

—¿Los interrumpí en un momento íntimo?

—Cállate. —Se la pudo imaginar roja hasta las orejas, como su cabello —. Te lo paso.

Escuchó un leve ajetreo y a los pocos segundos tuvo a Norito al habla.

—¿Qué pasa, Guren? No llamas en el mejor momento.

—Después puedes follarte a Mito en paz. Necesito pedirte un favor.

—Lo haré sin dudas así que dime rápido qué necesitas.

—Necesito que investigues todo lo posible acerca de Mikaela Bathory. Debe ser extranjero así que supongo que no te será muy difícil.

—Me haces usar mi profesión para cosas que parecen ilegales.

—Hago tu vida interesante con eso de sentirte hacker. Además no es nada fuera de la ley.

—Eso espero. Ahora, si me disculpas, dejé algo a medias.

—No lo vayas a olvidar por la calentura...

Antes de poder terminar, Goshi colgó. Ahora lo único que Guren podía hacer era esperar.

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Shinoa se levantó ya bastante entrada la madrugada. Con pasos sigilosos bajó escaleras, cruzó pasillos y abrió puertas con tal de llegar a la cocina. Sin tiempo que perder, se dirigió al refrigerador y sacó algunos trozos de queso; cerró el frigorífico y ahora sus ojos se posaron en el cesto de frutas del cual tomó varias manzanas; también se hizo de un poco de pan de la alacena. Apenas y podía sostener entre sus brazos lo que cargaba. Cuando estuvo lista con su merienda de media noche, subió de nueva cuenta a su habitación.

Empujó su puerta suavemente y con el pie volvió a cerrar. Dejó todo sobre su mesita de café y se regresó a poner el pestillo. Yuu, el cual se encontraba sentado en uno de los puff que rodeaban la mesa, alzó una ceja al ver los alimentos.

—¿No había más?

—Mira que eres todo un niño mimado —exclamó en un susurro, alzando las manos —. Todavía que te ofrezco refugio en mi humilde habitación, te pones exigente.

Yuu había llegado el día anterior poco antes de que oscureciera por completo. Estaba demasiado agitado y parecía en estado de shock. Shinoa quiso preguntarle qué sucedía pero antes de poder plantear su pregunta el moreno le pidió asilo en su casa. Después, entre balbuceos, solo dijo que no podía volver con Guren; Hīragi se hizo a la idea de que indagaría mucho más después.

—Tengo mucha hambre y traes solo esto. No sé, esperaba algo más... Apetitoso.

—A mí me gusta esto —rebatió con una sonrisa —. Además si uso la estufa o el microondas alertaría a alguien de que algo anda mal. Tendrás que conformarte. Tómalo como una medida de prevención.

—Ya qué.

Yuu tomó una rebanada de pan con un trozo de queso. Para estar comiendo sin muchas ganas, acabó por terminarse todo en tiempo récord.

Una vez estuvo satisfecho, se levantó de donde estaba para ir de nuevo al sofá en el que había armado una improvisada cama. Shinoa estaba por ir a la suya, no obstante, creyó que ya era el momento de hacer que Yuu le soltara toda la verdad. Si fuera por él jamás lo haría.

—¿Ya me vas a decir qué sucedió entre Guren y tú?

El cuerpo de Yuu dio un respingo. Se quedó en silencio un largo rato para solo soltar:

—Es... complicado.

—¿Qué tan complicado pudo ser para que terminaras saliéndote de casa? —El moreno no se dignó siquiera a mirarla, eso la irritó un poco —. Conociendo a ambos, puedo apostar que es un capricho tuyo.

—¡No es eso! —Al percatarse que había alzado su tono de voz, se mordió la lengua para contener otro grito.

—Para mí eres ese tipo de persona, Yuu-san. Eres un chico el cual con su encanto consigue lo que quiere y cuando ya no lo necesita lo deshecha sin importar qué.

—¿De qué demonios estás hablando? —Yuu lucía incrédulo.

—De Mitsuba, y de Guren también.

Yuu abrió los ojos, abrió la boca dispuesto a decir algo, después de algunos segundos la cerró. Nunca se hubiera imaginado que su mejor amiga tuviera ese pésimo concepto de él.

—Yo no me considero de esa manera...

—Lo eres, al menos un poco. Eres impulsivo, algo egoísta, inmaduro, no sabes tomar decisiones, no sabes pedir ayuda, no sabes comunicarte y por eso nadie te entiende. Nunca dices nada y eso logra desesperarnos a todos.

Yuu replicó entre balbuceos, pero no pudo quebrantar la firmeza de Shinoa. Además de todo, dentro de sí sabía que ella tenía razón en eso. Se había equivocado muchas veces, lo seguía haciendo, y cuando fue consciente de sus errores, en lugar de enfrentarlos, huyó.

Se retiró la manta con la que se arropaba y se levantó para ir de nuevo al puff y dejarse caer en él. Shinoa interpretó ese gesto como el indicio de que por fin hablaría. Imitando su acción, se sentó en otro justo al lado suyo.

—Yo siempre lamenté lo de Mitsuba, me arrepiento mucho de todo —comenzó Yuu.

Debía comenzar con el principio y para Shinoa eso debía ser lo primero.

—Y yo me arrepiento de haber intervenido. Si lo hubiera sabido... —Al darse cuenta que sus sentimientos estaban por relucir, guardó silencio.

—¿Tanto la quieres? —Yuu se atrevió a preguntar —. Digo...

—Si estás insinuando que la quiero de esa forma, sí, la quiero de esa forma.

Los gestos de Yuu pasaron de abatidos a sorprendidos. No era justamente lo que iba a dar a entender. Sabía que Shinoa adoraba a Mitsuba pero jamás creyó que lo hiciera de esa manera. La noticia le cayó con demasiado peso.

—¿Entonces por qué la ayudaste para que nos hiciéramos novios?

—Porque la quiero y me gusta verla feliz. Creí que contigo iba a serlo. Al final las cosas no salieron como debían. —Ichinose estaba por preguntar otra cosa mas Shinoa le interrumpió, adivinando —. Ella ya lo sabe, me rechazó. Está bien, al menos ya no tengo esa intriga, y Mi-chan es tan amable que me pidió que siguiéramos siendo amigas.

Yuu permaneció en silencio después de esa confesión. Comprendió un poco respecto de la forma de pensar de Shinoa; deseaba poder entenderla plenamente.

—Lo siento. —No se le ocurrió otra cosa qué decir.

Shinoa rio, tal vez un poco por los nervios o quizá por lo irónico de la situación. Cuando Yuu estaba por hablar de nuevo, lo interrumpió.

—Pero estábamos hablando de ti, Yuu-san, y todavía no me dices nada.

—Es que en verdad es complicado.

—Sí, sé que eres medio tonto como para darte a entender pero yo soy muy lista y te aseguro que me quedará todo claro. Y tampoco voy a juzgarte, ya no te guardo ningún rencor —estiró su mano para tomar la de Yuu y entrelazar sus dedos.

Y así Yuu se animó a comenzar.

Empezó a relatar toda su historia, lo mismo que le había contado a Mikaela; acerca de su vida humilde con su madre, de la llegada de Sakae Ichinose, de cómo ejerció su rol paternal y cuándo se los llevó a su mamá y a él a vivir en Shinjuku a un departamento cuando falleció su esposa. Fue difícil relatar la pérdida de sus padres, el abandono de Saito y su llegada a vivir con Guren, y fue todavía mucho más complicado tener que revelar el tipo de relación que mantenía con él.

Shinoa le escuchó, atenta, sin atreverse a interrumpirlo a pesar de que él hacía pausas como si esperara su opinión. De algunas partes ya tenía una idea, como de que Yuu no era hijo de la señora Ichinose y que el cuento de mantenerlo en el extranjero era falso. Cuando Sakae Ichinose falleció ella era una niña pero no era tonta; no entendía como su padre y Kureto pudieron creer que se tragaría esa mentira.

Cuando Yuu le explicó el motivo por el cual Guren se había molestado tanto, sus ojos brillaron ante la mención del nombre de su Diosa.

—En efecto, Mahiru era mi hermana mayor y la prometida de Guren —confirmó durante una de las tantas pausas de Yuu.

—¿Y qué sucedió para que ellos no se casaran?

Shinoa suspiró con pesar.

—Como ya te había contado, mi hermana falleció hace ya varios años. Mi padre tuvo sus roces con los yakuza[1] y en venganza asesinaron a mi hermana.

Shinoa no tenía más detalles acerca de ese suceso, tampoco quería meditarlos. Lo que sabía era por puras suposiciones. De seguro a Tenri Hīragi se le hizo fácil hacer alguna clase de negocios con ellos, tal vez quiso romper la relación y estos, como una especie de pago y desquite, asesinaron a su hija favorita y a la futura heredera de todo su imperio.

Mahiru falleció un veintiséis de diciembre durante la flor de su juventud, siendo hermosa e inteligente y a unos cuantos meses de casarse con el amor de toda su vida. A pesar de que la mayoría parecía ya haberla olvidado, en su momento todos lloraron a los pies de su tumba. Su padre lamentó sus malas decisiones, Kureto se juró tomar su lugar y Guren… durante todo el funeral y el entierro él parecía un muerto en vida, como si se le hubiera evaporado el alma.

—Mahiru murió varios días antes de que mi padre dijera que habías llegado a vivir con Guren. —Al momento de recordar todo aquello, Shinoa meditó esa información.

—Guren me tomó como premio de consuelo a lo que veo. —Yuu concluyó.

—No lo sé, tal vez deberías preguntarle.

—No pienso volver con él.

—¡Yuu-san, justo hablamos de eso! —se tapó la boca al darse cuenta de que gritó —.No vas a poder permanecer toda la vida escondido en mi cuarto, ¿ya no piensas comer? ¿Y la escuela?

—Bueno, no, pero…

Shinoa lo interrumpió.

—Mira, suficiente la has cagado, no arruines más todo. Ya diste el primer paso, ya pudiste ser consciente de todo. Ahora tienes que enfrentarlo. Y el que sea tu familia ya no es excusa alguna. Tienes que liberarte, tomar las riendas de tu vida y madurar.

Yuu volvió a quedarse callado, de nuevo los argumentos de Shinoa siendo demasiado convincentes y buenos como para rebatirlos. ¡Y es que tenía tanta razón!

El momento había llegado, era justo y necesario, debía reparar los daños, aprender de sus errores y por fin hacer lo correcto. Lo que debió comenzar a hacer hace tantos años.

—Gracias, Shinoa.

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Goshi dijo que no fue tan sencillo como parecía. El tal Mikaela podía ser extranjero pero mantenía un perfil demasiado bajo así que lo que pudo averiguar de él fue muy poco: era mestizo, combinación entre un japonés y una rusa; de familia acomodada y adinerada; mantuvo un noviazgo fugaz con una aspirante a modelo francesa y actualmente estudiaba Literatura en Tōdai.

El último dato era el que más le servía a Guren. Ahora, a sabiendas del lugar en el que seguro podría encontrarlo, decidió acudir a la facultad de Literatura de dicha universidad.

Iba a buena hora; tuvo que ausentarse del trabajo para poder asegurarse de que encontraría a Mikaela. Aparcó en el primer lugar libre que encontró en el estacionamiento y, una vez que puso la alarma al auto, ingresó al recinto.

Había jóvenes por doquier. Por suerte tenía la ventaja de que la cabellera de Mikaela sobresaldría por su inusual color. Sería fácil encontrar a una persona rubia y sería todavía mucho más sencillo dar con un chico con las características que Bathory poseía; lo recordaba de buena estatura, con ojos azules y muy guapo. Mientras lo buscaba, se preguntó si Yuu se habría llegado a sentir atraído por Mikaela; no lo culparía pero sí que se molestaría con él de ser así.

Tal y como predijo, alcanzó a distinguir la figura de Mikaela Bathory de entre la multitud; parecía ir atareado, su aspecto se encontraba desaliñado y llevaba un montón de libros entre manos. La universidad debió haberlo absorbido a niveles inimaginables. No obstante, sin importarle si le quitaba tiempo o no, Guren se encaminó a su encuentro.

—¡Mikaela! —gritó cuando se encontró a una distancia prudente de él.

El aludido salió de su burbuja de estrés. Miró hacia los lados, buscando a la persona que lo había llamado; al no dar con ella se giró hacia atrás con la idea de encontrarse con quien fuera.

Sin embargo, al ver a esa persona a unos metros delante suyo, se arrepintió de haber volteado. El estómago se le revolvió y no pudo evitar que un nudo se le formara en la garganta, un nudo de coraje puro.

Estaba por dar media vuelta y continuar con su camino mas la mano de Guren en su hombro lo detuvo. Se la quitó de un manotazo y clavó sus ojos azules en los de él. Viéndolo de cerca, a excepción del cabello oscuro, Yuu no se parecía mucho a Guren; según las fotos que vio, Yuu era la viva imagen de Sakae, los rasgos de Guren debían ser los mismos de la señora Ichinose.

—¿Qué quieres? —Mika no se esmeró en ser amable, Guren no hizo escándalo por ello.

—Seré breve ya que es evidente que mi presencia te molesta.

—Entonces no le des más vueltas al asunto, ¿quieres?

—¿Dónde está Yuu? —soltó de pronto en un tono más hostil que con el que comenzó la conversación.

Mikaela pasó del enojo al desconcierto. ¿A qué se estaba refiriendo con eso de que si sabía dónde se encontraba Yuu? Vamos, Guren debía saberlo mejor que él, se suponía que ellos vivían juntos, que ellos eran una especie de pareja. A no ser que...

Cuando esa idea cruzó por su mente, una nueva sensación se apoderó de él, una que interpretó como esperanza. Por más que detestara ilusionarse de nuevo, era inevitable no emocionarse con esa posibilidad.

—Yuu-chan huyó de ti —soltó de manera suave, ya no con el seno fruncido. Lo daba como un hecho —. Te dejó.

—¿Dónde está Yuu-chan? —Guren preguntó de nuevo, ignorándolo.

Mika ignoró la alerta y continuó.

—Algo dentro de mí siempre supo que Yuu-chan iba a entrar en razón, que tarde o temprano se iba a dar cuenta de que lo que estabas haciendo con él era una porquería.

Guren tomó a Mikaela por el brazo y lo alejó a un punto en el que no hubiera demasiados estudiantes alrededor. Los dos se encaminaron hacia una fuente que no estaba en funcionamiento, lugar que debido a su ubicación y al gélido clima se veía poco transitado. Ichinose soltó con coraje al muchacho el cual ni se inmutó por el dolor que pudo haberle causado esa acción. Al contrario, continuó firme y con un porte altanero que provocaba que a Guren le dieran ganas de asestarle un puñetazo en su bonito rostro.

—Tú no sabes nada acerca de mí relación con Yuu.

—Sé más de lo que te imaginas —alegó Bathory —. Conozco la versión de Yuu-chan por lo que sé la clase de persona qué eres. —Guren no parecía sorprendido. Mika supuso que solo debía saber ocultar muy bien sus emociones —. Él me lo contó todo. Sé que son medio hermanos por parte de su padre, que lo maltrataste y que apenas entró a la pubertad abusaste de él.

—¿Y crees en la versión de Yuu? —rebatió con seguridad —. Todo lo que te dijo es mentira. Yuu solo fue un mocoso precoz que vivía caliente todo el tiempo. Como su madre con mi papá; él inició todo, él fue quien me sedujo.

—¡Mientes!

—¿Tanto te afecta descubrir la clase de persona qué es? Debes quererlo mucho, entonces. Una lástima. Tú no tienes cabida en esta historia.

Mika intentó que el enojo no lo cegara. Tenía una idea de la táctica que Guren estaba empleando y no iba a permitirse caer en su juego. A pesar de lo que Yuu le había hecho, su historia era más coherente que la simple justificación de Guren.

—¿Y quién dice que no la tengo? —Iba usar la misma jugada —. Yuu-chan no te quiere tanto. Digo, aun estando contigo me veía a mí. Estábamos en algo.

—No voy a creerme eso. Yuu solo está para mí.

—Es verdad —aseguró —. Al poco tiempo de conocernos comenzamos con ese tipo jugueteo. Nos veíamos, nos besábamos, ¡incluso cuando te fuiste a Estados Unidos follamos en tu casa sin parar!

Guren tomó a Mika por el cuello de la camiseta, haciendo que en el proceso soltara todos los libros que cargaba. Bathory no se inmutó. No iba a permitirse caer como al parecer Ichinose lo estaba haciendo. La actual cabeza de la familia Ichinose estaba llegando a su límite.

Al darse cuenta de que estabaperdiendo el control nuevamente, Guren soltó a Mikaela de forma brusca. Mientras Bathory acomodaba sus ropas, Ichinose miraba hacia los lados, confirmando que nadie los hubiera visto. Mika sonrió.

—¿Te asusta de que alguien pueda darse cuenta de lo que está sucediendo?

El de cabello oscuro le ignoró. Mika comenzó a alzar sus libros y antes de que pudiera recoger el último, Guren lo pateó lejos. Bathory intentó pasar de esa grosería.

—No tengo miedo a nada realmente. Solo te considero una molestia.

—¿Por qué me puedo meter en tu pseudo relación?

—No creo que tengas el suficiente poder para eso. Yuu permaneció a mi lado a pesar de ti.

—¿No acabas de decirme que huyó?

Guren volvió a acercarse a donde Mikaela. Esta vez no recurrió a la violencia, solo permaneció mirándole fijo como si de esa manera pudiera perpetrar hasta su alma. Mika se sintió hasta cierto punto vulnerable.

Sin embargo, no permitió que esa sensación le ganara. Él no tenía por qué sentirse menos que Ichinose. Ambos eran iguales, ambos estaban al mismo nivel. Y entre los dos, Mika se sabía una mejor persona y quien pudo ofrecerle un futuro mejor a Yūichirō.

Tal vez Yuu no era una princesa, tal vez ni siquiera eran el uno para el otro, pero de algo estaba seguro: no iba a permitir que Guren siguiera haciéndole daño. Iba a salvarlo a como diera lugar

—Ya no tiene sentido esta conversación. Solo estoy perdiendo tiempo contigo —aseveró Guren a la vez que le quitaba la vista de encima.

—Como digas, solo déjame continuar en mis cosas.

—Lamento quitarte el tiempo.

—Lamento que lo hicieras.

Dieron por terminada la conversación. Mika con sus libros en brazos y Guren con información que no le interesaba al principio, cada uno se enfocó en su propio trayecto. Antes de alejarse demasiado, Guren solo giró el rostro. Soltó:

—Espero no verte rondando de nuevo.

Mika sonrió mas prefirió no mirar a Ichinose de frente, no quería dar más motivos para una verdadera pelea.

—No prometo nada.

Siendo así, cada uno tomó su camino.

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Después de aquel desafortunado encuentro y de descartar la opción de que Yuu se encontrara con Mikaela, Guren fue un momento a su oficina a arreglar algunos pendientes. Ya no podía hacer más que rogar que el malnacido de su hermano se dignara a comunicarse.

Mientras se encontraba, extrañamente, en su oficina, recibió una llamada directo a su celular. Creyó que podría ser Yuu por lo que cuando vio el número del ama de llaves en la pantalla, chasqueó la lengua y contestó de mala gana.

—¿Qué quieres?

—Señor, como usted me pidió que le dijera, le aviso que su hermano acaba de llegar y está recogiendo sus cosas. No creo poder retenerlo. El joven Yūi…

Colgó al instante, esa información era suficiente. Dejó todo sobre el escritorio y salió rápidamente de la farmacéutica hacia su hogar.

El trayecto nunca le pareció tan eterno como ahora. Cuando aparcó el automóvil, bajó lo más veloz que pudo e ingresó a su residencia en tiempo record. Yuu aún debía encontrarse ahí, con un poco de suerte ya habría reaccionado y estaría dispuesto a volver a quedarse en casa. Eso era lo que Guren esperaba, reconciliarse con él, no sin antes darle un merecido castigo por haberse metido con el rubio bonito de Bathory.

La ama de llaves lo recibió, Ichinose cortó el saludo preguntándole dónde se encontraba Yuu y apenas lo supo la dejó con la palabra en la boca para subir hacia la habitación de su hermano. Cuando estuvo en el segundo piso, lo vislumbró salir de su cuarto con la maleta que había intentado tantas veces desarmarle. Cuando estuvieron de frente, Yūichirō no retrocedió, pareció haber adquirido valor mientras no estuvo con él. Por su parte, lo único que Guren pudo hacer al tenerlo tan cerca fue darle la bofetada que bien merecida se tenía.

Yuu enderezó el rostro al instante. Se quedó mirando a su hermano un largo rato, sin quejarse ni decir ni una palabra, para después decir de manera suave, algo bastante extraño en él:

—Ya sé que la chica se llama Mahiru Hīragi y que iba a convertirse en tu esposa pero la asesinaron. También sé que comenzaste lo nuestro debido a la depresión, o lo supongo. —Yuu hizo una mueca. Apretó el agarre de la maleta —. Y ahora quiero que sepas que yo ya no estoy dispuesto a soportarlo. Aguanté demasiados años por… ni siquiera sé por qué, solo sé que ya estoy harto y que no quiero pasar ni un minuto más contigo.

Aún y con la tensión que se había formado en el ambiente, Guren se vio obligado a preguntarle:

—¿Y a dónde se supone qué te irás? Sin mí no tienes nada.

—Lejos —respondió con simpleza —. Por fin entendí todo, Guren, esto no está bien.

—¿Y lo dices ahora, así como así?

—Yo no quiero esto para mí. —Yuu se escuchaba afligido. Guren pudo darse cuenta que en verdad se estaba esforzando —. No quiero irme de aquí —supo que se refería al país no a la casa —, no quiero tener que inventarme otra vida.

Yuu estaba extrañamente tímido, de seguro consciente de la magnitud de sus acciones. Guren alzó una ceja, incrédulo.

—No lo entiendo. ¿Sales con escrúpulos a estas alturas?

—¡Somos hermanos! —Alzó la voz, por fin su personalidad reluciendo

—¿Después de todo lo que hemos pasado?

—No lo digas de esa forma cuando tú me obligaste a estar contigo. ¿De verdad crees que esto tiene futuro? ¡El idiota eres tú!

—Teníamos un plan —replicó, interrumpiendo —. Estamos a nada de partir a Estados Unidos, se suponía que íbamos a empezar de cero. Ahí nadie tiene porque enterarse de nuestro parentesco.

—¿Qué parte de que no quiero eso no entiendes? Yo me voy a quedar aquí en Japón, con mis amigos. No voy a mandar todo a la mierda por una relación que nunca deseé. ¡Yo no te veo de esa forma! ¡Nunca te quise de esa manera!

Yuu tomó las maletas y comenzó a caminar, Guren se interpuso en su camino, deteniéndole. No iba a salirle con esa idiotez así como si nada.

—Tú no vas a irte.

—Eso lo decido yo.

—No, lo decido yo. Eres mío, me perteneces, entiéndelo de una vez.

—Que me follaras no me hace de tu propiedad. Entiende que yo soy el dueño de mi puta vida —gruñó, apenas conteniendo la rabieta. Parecía que explotaría en cualquier instante —. Desde hace tanto solo haces las cosas y no me preguntas si estoy de acuerdo.

—Las hago y nunca objetas nada.

Guren lo moldeó de esa manera; que obedeciera su voluntad, que terminara acatando sus órdenes, que no le importara ser utilizado por él. Ya fuera de manera directa o manipulándole, Yuu terminaba sometido.

—¡No me diste opciones! —aseveró —. Y siempre haces lo mismo. Nunca me preguntas si estoy de acuerdo o si quiero, solo llegas y haces lo que se te da la gana. Y eso se acabó.

Guren se pasó una mano por el cabello, desordenándolo. Yuu era un idiota, un mocoso y un malagradecido. Después de todo lo que vivieron, después de haberle dado todo, de haberle perdonado que destruyera su familia, ¿cómo se atrevía a hablarle así? ¿Acaso no le había quedado claro que era suyo y debía estar siempre con él? ¡No iba a permitir que lo abandonara!

—Yuu, no digas idioteces.

—No son idioteces. Todo lo que has hecho me afecta. Tú me arruinaste la vida y quieres seguir haciéndolo. Te dije que no voy a permitirlo más, ya tengo mis planes y no estás en ellos de la forma que esperas.

Yuu veía su vida a futuro en Japón tal vez estudiando en una universidad especializada, al lado de sus amigos y reuniéndose con ellos por las tardes a comer comida chatarra y jugar monopoli. Quizá visitaría a su tío Saito de vez en cuando y también acudiría varias veces a la tumba de Akane a dejarle flores. Ya no veía a Guren entre sus planes, al menos no de la forma en que él esperaba.

Quería que Guren fuera lo que realmente era: su hermano; charlar acerca de idioteces y de sus inquietudes a futuro, pelear con él a manera de juego para después reconciliarse a los escasos minutos; quizá hacer todo lo que hasta ahora hacían pero con la diferencia de no dormir juntos ni tocarse más de la cuenta. Para Yuu todo eso sería sencillo, fue lo que esperó durante toda su vida, sin embargo, sabía que los planes de Guren eran distintos. Y ya no estaba dispuesto a tolerarlo.

—Tampoco seas melodramático. Te di todo, te he perdonado todo, porque tú también me has hecho daño y aun así sigo amándote como si nada. —Ante el desconcierto de su hermano, Guren puso las cartas sobre la mesa —. Estuviste con Mitsuba.

—Estuviste de acuerdo con que me acercara a ella. —Yuu no estaba nada orgulloso de ese asunto. Podría ser una herida ya cicatrizada pero todavía le enervaba la sangre el recordarlo.

—¿Y qué me dices de Mikaela? Sé que te metiste con él cuando yo estaba de viaje.

Yuu abrió los ojos lo más que pudo. ¿Cómo Guren sabía eso? No había manera, no había testigos. La única forma en la que su hermano pudo haberse enterado fue hablando con el mismo Mika. ¿Acaso se habrían visto? Si era así, ¿le habría dicho algo? ¿Lo habría lastimado?

—Dime que no lo hiciste nada. —Su tono de voz era una mezcla entre súplica y amenaza. El de ojos verdes hizo un esfuerzo para no imaginarse lo peor.

Si el maldito se atrevió a hacerle algo a Mikaela no se lo perdonaría jamás.

Por otra parte, Guren sonrió. Ya había encontrado un nuevo talón de Aquiles en Yuu. Aún y cuando muriera de celos debido a la preocupación que su hermano expresaba por Mikaela, si podía aprovecharse de eso para retenerlo, lo haría.

—Lo haré si sigues con esas ideas tan estúpidas.

Cuando esas palabras fueron pronunciadas, Yūichirō flaqueó. Por su mente cruzó la idea de tirar la maleta y convencer a Guren de que no hiciera una tontería, de que dejara en paz a Mika y a cambio se quedaría con él. No obstante, hizo un gran esfuerzo por mantener la calma y no permitir que la preocupación pudiera con él. Su hermano mayor, aunque importante, no podía hacer nada contra Mikaela; Bathory tenía las suficientes armas para defenderse de cualquier ataque.

Mika no corría peligro y Yuu hasta se sentía un tanto orgulloso de él por eso. No tenía nada que temer. Y si Guren llegaba a hacer algo, lo cual era poco probable, ahora era el turno de Yuu de ver por Mikaela y protegerlo. Se la debía y, de ser necesario, haría todo por él con tal de garantizar su seguridad.

Fue como si pensar en Mika le diera fuerzas para continuar. A pesar de que Bathory no quería volver a verlo, Yūichirō no quería decepcionarlo más. Haría lo que tenía qué hacer desde hace tanto tiempo sin pensar en Guren como su familia. Ahora sí que debía actuar de forma temeraria e impulsiva. Llegó el momento.

—¿Sabes qué? Vete al diablo.

Yuu aventó a Guren lejos de él, dispuesto a irse para ya nunca más volver. El mayor le detuvo y comenzó a forcejear con él, impidiendo que se alejara. El de ojos verdes comenzó a gritar que lo dejara en paz y que si no se retiraba lo delataría ante las autoridades por todo lo que le había hecho.

—¡Diré todo! ¡Déjame en paz!

Ya no le importaba que todo el mundo se enterara, por él podían escucharlo los vecinos y todo el mundo. Si ese era el precio de su libertad, lo pagaría sin importar las consecuencias. No estaba pensando más allá de salir por la puerta del que alguna vez consideró su hogar.

Pudo retirarse de su hermano con un empujón. Se acercó a las escaleras y, antes de poder comenzar a bajar, de nueva cuenta el mayor lo jaló para impedir que avanzara. Nuevamente comenzaron a forcejear. La paciencia de Yuu comenzaba a agotarse por lo que, sin pensarlo, volvió a aventar al otro fuertemente, ocasionando que este perdiera el equilibrio y resbalara en el primer escalón.

Guren cayó y comenzó a rodar por las escaleras sin que Yūichirō pudiera hacer algo para evitarlo.

La escena comenzó a transcurrir en cámara lenta. Guren cayendo, golpeándose con los escalones y el barandal. Los ojos de Yuu permanecían bien abiertos observando todo.

El cuerpo de su hermano quedó tirado en el suelo, inconsciente. No se movía, no alcanzaba a ver si respiraba, no daba señales de nada. Temió lo peor. Bajó tan rápido como pudo y se acercó a donde su hermano para cerciorarse al menos de sus signos vitales.

El ama de llaves llamó a emergencias.

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Próximo capítulo: Felices por siempre.


Aclaraciones:

[1]: Mafia japonesa. Crimen organizado en Japón.


¡Hola!

El penúltimo capítulo y uno de los más complicados que he escrito.

Ya me siento emocionada y nostálgica con respecto a esta historia, una parte de mí va a echar de menos escribirla cuando la termine pero, por otra parte, me siento casi realizada.

Ustedes también son parte de esto, hermosas personas :3

Gracias a ZorraSenpai❤, the killer of the full moon❤, NightMist0210❤, Belle Coquelicot❤, Scarlet Crimson❤, Cleoru Misumi❤ y a Raynalle❤ por sus reviews.

Nos vemos en el siguiente capítulo, el final.

¡Gracias por leer!

Arrivederci…